El parnaso español; ó Las nueve musas de don Francisco de Quevedo Villegas ...

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Delgado y c.a, 1886
 

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Página 99 - Salíme al campo, vi que el sol bebía los arroyos del hielo desatados; y del monte quejosos los ganados que con sombras hurtó su luz al día. Entré en mi casa: vi que amancillada de anciana habitación era despojos; mi báculo más corvo y menos fuerte. Vencida de la edad sentí mi espada y...
Página 349 - Pues que da y quita el decoro y quebranta cualquier fuero, poderoso caballero es don Dinero. Son sus padres principales, y es de nobles descendiente, porque en las venas de Oriente todas las sangres son reales; y pues es quien hace iguales al duque y al ganadero, poderoso caballero es don Dinero.
Página 78 - Ya no es Ayer; Mañana no ha llegado Hoy pasa, y es, y fue, con movimiento que a la muerte me lleva despeñado. Azadas son la hora y el momento, que, a jornal de mi pena y mi cuidado, cavan en mi vivir mi monumento.
Página 145 - Pudo sin miedo un español velloso llamar a los tudescos bacanales, y al holandés hereje y alevoso. Pudo acusar los celos desiguales a la Italia; pero hoy de muchos modos somos copias, si son originales. Las descendencias gastan muchos godos; todos blasonan, nadie los imita, y no son sucesores, sino apodos.
Página 349 - ... poderoso caballero es don Dinero. Nace en las Indias honrado, donde el mundo le acompaña; viene a morir en España y es en Genova enterrado. Y pues quien le trae al lado es hermoso, aunque sea fiero, poderoso caballero es don Dinero.
Página 143 - Hilaba la mujer para su esposo la mortaja, primero que el vestido; menos le vio galán que peligroso. : \ Acompañaba el lado del marido, más veces en la hueste que en la cama; sano le aventuró, vengóle herido. Todas matronas y ninguna dama; que nombres del halago cortesano no admitió lo severo de su fama.
Página 322 - Solo llamo majestad al rey con que hago la suerte,. No temo en damas la muerte tanto como en un doctor; que las cosas del amor, como me vienen las tomo. Yo me soy el rey Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como.
Página 142 - No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca, o ya la frente, silencio avises, o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Página 24 - Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!, y en Roma misma a Roma no la hallas: cadáver son las que ostentó murallas, y tumba de sí propio el Aventino. Yace donde reinaba el Palatino; y, limadas del tiempo las medallas, más se muestran destrozo a las batallas de las edades que blasón latino. Sólo el Tibre quedó, cuya corriente, si ciudad la regó, ya sepultura la llora con funesto son doliente.
Página 347 - SOLAMENTE UN DAR ME AGRADA, QUE ES EL DAR EN NO DAR NADA.

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