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el Rey de los franceses, de que ninguno de sus hijos se casaría con la Reina de España, y en segundo lugar el otro igualmente espontáneo contraido en Eu por S. M. y por su ministro en setiembre de 1845, de que el duque de Montpensier no se casaria con la Infanta antes de que la Reina contrajese matrimonio, y tuviese hijos que aseguraran la perspectiva de una sucesion directa á la corona de España. ¿ No prueba el segundo de estos empeños, que los que le contrajeron comprendian el primero exactamente en el mismo sentido que yo le he dado, y que la objecion cuya fuerza y justicia reconocia S. M. el Rey de los franceses, era no á que uno de sus hijos se casase con una princesa de la casa de Borbon, sino á que no llegase á ser esposo de la Reina de España? S. M. conociendo y admitiendo la fuerza de esta objecion propuso voluntariamente que el matrimonio que deseaba entre su hijo y la Infanta se difiriese hasta que naciendo hijos á la Reina desapareciese el temor de que se creyese que era una tentativa para llegar indirectamente al objeto que se habia renunciado á alcanzar por vias directas. Es evidente que este último empeño de Eu no bastaba para destruir las objeciones del gobierno inglés al matrimonio propuesto del duque de Montpensier con la Infanta, pero tal como era debió cumplirse. En este caso, los dos gobiernos habrian tenido tiempo de discutir con reflexion las diversas cuestiones que surgian del asunto, y hubieran tratado de llegar á algun arreglo amigable que hubiese conciliado sus miras y sus mútuos intereses; pero el objeto del gobierno francés en esta ocasion parece haber sido precipitar el negocio , de modo que todo arreglo y toda inteligencia mútua se hiciesen imposibles. Este empeño que el gobierno francés habia contraido expontáneamente ha sido roto ¿Bajo qué pretesto? M. Guizot da dos razones en su despacho para excusar la violacion: la una es una circunstancia que tuvo lugar bajo la administracion del precedente gobierno de S. M.; la otra se apoya en ciertas circunstancias que segun dice se han realizado al advenimiento del gobierno actual. M. Guizot alude á una comunicacion hecha en 29 de febrero de este año al precedente gobierno de S. M. Tenia por objeto anunciar que en el caso de que se realizase cierta eventualidad el Rey de los franceses se consideraria como libre de los empeños que habia contraido relativamente al matrimonio de la Reina y de la Infanta, y creeria poder pedir para el duque de Montpensier la mano de la una ó de la otra. Esta eventualidad, segun el despacho de M. Guizot, se definió así: “Si tomasen consistencia algunas combinaciones que hiciesentemer al gobierno francés, que el esposo de la Reina no fuese elegido entre los descendientes de Felipe V.” Esta comunicacion de 29 de febrero de 1845, sobre la cual se insiste tanto, como en justificacion de la marcha seguida por el gobierno francés, era una comunicacion verbal y no oficial. No existe de ella señal alguna en el Foreign-office. Ninguna prueba existe de que el gobierno anterior de S. M. haya prestado nunca su adhesion, y las pretensiones aducidas así como las intenciones anunciadas estan en desacuerdo con los principios y las opiniones de la precedente administracion británica y de la actual. Muy recientemente he oido hablar por la vez primera de ese memorandum. Jamás ha hecho alusion á él M. Jarnac hasta despues del suceso que hoy se cita para justificarle. Dícese que era un aviso dado en tiempo hábil, pero el doble matrimonio estaria justificado por el hecho mismo de haber descuidado el aviso; y sin embargo la primera vez que yo tuve noticia de su existencia por el conde de Jarnac, fué despues de recibida la noticia del doble casamiento. A mediados de setiembre, me enseñó el conde de Jarnac un memorandum sin firma, que dijo ser copia de la comunicacion de que se trata. Yo recuerdo que en el memorandum estaba el pasaje citado por M. Guizot; pero la eventualidad particular mencionada en él, como para salvar al gobierno francés de sus compromisos, era el caso de que “ en una época cualquiera hubiese peligro inmediato de un enlace entre la Reina ó la Infanta de España y el príncipe Leopoldo de Sajonia-Coburgo, ó cualquier otro príncipe extranjero que no fuera Borbon y descendiente de Felipe V de España." En este caso declaraba el memorandum que S. M. el Rey de los franceses se juzgaria en libertad de pedir para el duque de Montpensier la mano de la Reina ó de la Infanta. Es notable que de esta suerte coloque el memorandum en la misma categoría política el casamiento de la Reina y el de la heredera presunta del trono. Pero si en opinion del gobierno francés habia esta identidad de carácter político entre ambas bodas, ¿por qué ese mismo gobierno conocedor de los motivos de conveniencia que hacian apetecible un acuerdo con el nuestro, con motivo de uno de estos matrimonios, ha creido poder concluir el otro por medio de un arreglo secreto y subrepticio? El memorandum establece ademas, que cada una de las dos princesas debe casarse con un descendiente de Felipe V, y que por consiguiente ni una ni otra se casaria con el duque de Montpensier, escepto en caso de que hubiera inminente peligro de que el esposo de alguna de ellas no fuera de la casa de Borbon.

¿Cuáles son pues las circunstancias alegadas para probar que esta eventualidad era inminente? La primera de estas circunstancias se realizó como lo he indicado, en tiempo de la precedente administracion. M. Guizot dice: “En el mes de mayo último nos informaron con certeza de que el gobierno español acababa de dirigir al duque reinante de Sajonia-Coburgo entonces de visita en la corte de Lisboa, un mensaje al efecto de negociar el matrimonio del príncipe Leopoldo de SajoniaCoburgo con la Reina Isabel. Al mismo tiempo y con la misma certeza, supimos que este matrimonio habia sido préviamente comunicado al ministro de Inglaterra en Madrid, Mr. Bulwer, y habia recibido su aprobacion. El gogobierno del Rey manifestó inmediatamente á los de Lóndres y Madrid su sorpresa é inquietud, y recibió de Lord Aberdeen seguridades que probaban toda su lealtad.” ¿Qué impresion está destinada á producir esta esposicion de los hechos, en cuanto al asunto á que se refiere? De ella aparece que noticioso el gobierno francés, por sus propios conductos de informacion, de que se habia escrito una carta por la corte de España al duque de Sajonia-Coburgo, y de que esta carta habia sido vista por Mr. Bulwer antes de ser enviada, expresó á Lord Aberdeen su sorpresa y su inquietud, y recibió de él por respuesta las seguridades mas satisfactorias. Pero precisamente lo que tuvo lugar entre los dos gobiernos en lo concerniente á la comunicacion, es todo lo contrario. Por el mismo Lord Aberdeen fué por quien tuvo el gobierno francés la primera noticia de la carta de la Reina Cristina. Por el mismo conducto supo que habia sido vista por Mr. Bulwer. La sorpresa manifestada por el gobierno francés, era de que lo sabia por Lord Aberdeen, y la primera expresion de esta sorpresa, fué acompañada, segun se dice, no tanto de inquietud como de señales de incredulidad. El gobierno francés parecia negarse á creer que se hubiese escrito esta carta, y que el primer informe que hubiese recibido sobre el asunto le viniese por otro conducto que el de su propio ministro en Madrid.

M. Guizot dice que Lord Aberdeen, en respuesta á la comunicacion del gobierno francés, dió seguridades que probaban su lealtad. M. Guizot habria debido decir mas bien que Lord Aberdeen dió una prueba de su lealtad al comunicar espontáneamente al conde S. Aulaire un hecho de que el gobierno francés declaró no estar informado. Lord Aberdeen se creyó obligado á dar parte al gobierno francés de la existencia de esta carta, porque supo que antes de enviarla á su destino, habia sido vista por el ministro inglés en Madrid; y como él habia dicho al gobierno francés que el de S. M. se proponia no tomar parte alguna activa en favor del príncipe de Coburgo, creyó deberle informar de lo que habia pasado, temiendo que solo el conocimiento que habia tenido de este paso el ministro de S. M. en Madrid, espusiese á su gobierno á la sospecha de haber cambiado de política en aquel negocio, en secreto y sin informar préviamente al francés de que tal era su intencion. Es forzoso confesar que en lo que concierne á Lord Aberdeen, el modo con que está presentado el negocio en el despacho de M. Guizot, podria hacer suponer “ alguna falta de memoria ó de justicia.”

En todo caso, este ejemplo de escrupulosa lealtad de

parte de Lord Aberdeen, podria ser alegado como una razon capaz de libertar al gobierno francés de los empeños que habia contraido espontáneamente para con el de la Gran Bretaña.

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