Spanish literature

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Boosey and sons, 1823 - 405 páginas
 

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Página 466 - ... miedo. ¿ No ha de haber un espíritu valiente ? ¿ Siempre se ha de sentir lo que se dice ? ¿ Nunca se ha de decir lo que se siente? Hoy, sin miedo que libre escandalice, puede 'hablar el ingenio, asegurado de que mayor poder le atemorice. En otros siglos pudo ser pecado severo estudio, y la verdad desnuda, y romper el silencio el bien hablado.
Página 179 - Por ti el silencio de la selva umbrosa, por ti la esquividad y apartamiento del solitario monte me agradaba; por ti la verde hierba, el fresco viento, el blanco lirio y colorada rosa y dulce primavera deseaba.
Página 108 - Pues si vemos lo presente cómo en un punto se es ido y acabado, si juzgamos sabiamente daremos lo no venido por pasado.
Página 177 - Pues en un hora junto me llevastes todo el bien que por términos me distes, llevadme junto el mal que me dejastes. Si no, sospecharé que me pusistes en tantos bienes, porque descastes verme morir entre memorias tristes.
Página 243 - Que no le enturbia el pecho de los soberbios grandes el estado ni del dorado techo se admira, fabricado del sabio moro, en jaspes sustentado.
Página 516 - Estas, que fueron pompa y alegría Despertando al albor de la mañana, A la tarde serán lástima vana, Durmiendo en brazos de la noche fría. Este matiz, que al cielo desafía, Iris listado de oro, nieve y grana, Será escarmiento de la vida humana: ¡Tanto se emprende en término de un día! A florecer las rosas madrugaron, Y para envejecerse florecieron: Cuna y sepulcro en un botón hallaron. Tales los hombres sus fortunas vieron: En un día nacieron y expiraron; Que pasados los siglos, horas...
Página 243 - ¡Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruido y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!
Página 418 - Iba cogiendo flores Y guardando en la falda Mi ninfa para hacer una guirnalda; Mas primero las toca A los rosados labios de su boca, Y les da de su aliento los olores. Y estaba (por su bien) entre una rosa Una abeja escondida, Su dulce humor hurtando; Y como en la hermosa Flor de los labios se halló, atrevida La picó, sacó miel, fuese volando.
Página 181 - ¿Do están agora aquellos claros ojos que llevaban tras sí, como colgada, mi alma doquier que ellos se volvían? ¿Do está la blanca mano delicada, llena de vencimientos y despojos, que de mí mis sentidos le ofrecían?

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