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confusion en los campos, ahuyentarian la paz de su mas sagrado asilo.

Que los hacen dados pagasen por tres cuatrienios un nuevo diezmo; tal fué el segundo arbitrio propuesto. Prescindiendo pues de lo que pudiera ser allá en 1695 que fué cuando se hizo esta indicacion, ya hoy va acompañada de dificultades que no existieron en aquel entónces: porque estando exentos de esta contribucion, desde principios de este siglo, todos los nuevos ingenios, cafetales y vegas de tabaco, el peso vendria á recaer sobre las fincas viejas; fincas, que así por haber estado sujetas al diezmo desde que se fundaron, como por tener ya sus tierras cansadas con el trabajo de tantos años, léjos de imponérseles nuevas cargas, son dignas de alivio y proteccion. Bien veo que ese tributo podria estenderse á toda especie de fincas rústicas; pero establecerlo y arreglarlo en unos términos que sean los ménos onerosos á los hacendados, es cosa que está enlazada con materias del todo agenas de esta Memoria, y que no podria ni aun ligeramente tocar, sin apartarme de mi objeto.

Pero sea enhorabuena que asi estas como las demas contribuciones de cualquiera especie se recauden con la mayor facilidad; sea que ya el Gobierno tenga en sus arcas todas las cantidades que necesite; todavía quedan obstáculos que, si no son absolutamente insuperables, son á lo ménos muy dificiles de vencer. No pudiendo el Gobierno intervenir por sí mismo en la construccion de caminos, es preciso que se entregue á manos de individuos, cuyos conocimientos y actividad, cuyo desinteres y patriotismo no pueden encontrarse en todos en aquel sublime grado, del que únicamente se puede esperar un éxito ventajoso. Nacen, pues, de aquí como consecuencias necesarias, el nombramiento de una multitud de empleados con crecidos sueldos; la lentitud y poca economía en todas las operaciones; el descuido é imperfeccion de los trabajos; la malversacion de los fondos públicos en algunos casos; y lo que es mas doloroso de todo, el descontento universal del pueblo, al ver que sus contribuciones, el fruto precioso de sus sudores, pasan á enriquecer á un puñado de individuos, dejando burladas las esperanzas y la confianza que el Gobierno depositó en ellos. Una integridad á toda prueba, un patriotismo acendrado son virtudes que pueden encontrarse en este ó aquel hombre; pero pensar que ellas son el distintivo de un conjunto de individuos nombrados por acaso ó por consideraciones de que no es muy fácil prescindir; de individuos que solo buscan una carrera y un sueldo con que mantenerse, sin acordarse jamas de que el bien público debe ser el principio y fin de sus operaciones; pensar, repito, que esas virtudes sean el distintivo de tales hombres, es desconocer los o resortes que mueven el corazon humano. -

No deben ser perdidas para nosotros las saludables leccio

nes de la esperiencia. La Gran-Bretaña con todas sus virtudes públicas, con la inflexibilidad de sus leyes, y con el enorme peso de la opinion, víctima ha sido de esos desórdenes; y entre nosotros por mas eficacia, por mas energía que desplegase el Gobierno, los males necesariamente se habrian de agravar, pues sin aprendizage anterior en la construccion de caminos, sin conocimiento exacto de los terrenos, ni de los materiales que se han de emplear, forzoso es pasar por varios ensayos, que cuando no sean inútiles, siempre serán muy costosos. No siendo probable que todos los caminos queden perfectos desde el principio, será preciso reparar las faltas cometidas, y hacer por consiguiente nuevos gastos. Y si esto ha de suceder, sea quien fuere el encargado de la empresa ¿qué no será. cuando su direccion se encomiende á personas que en vez de procurar disminuir estos males, ó se muestran descuidadas y apáticas, ó tienen interes en fomentarlos? ¿Qué ancha puerta no se abriría á las especulaciones de la mala fé? ¿Qué dificil, y tal vez imposible no seria averiguar los fraudes y exigir la responsabilidad á los delincuentes?

Hay tambien otra desventaja, y es que la odiosidad que lleva consigo toda contribucion, en el presente caso se agravaría, porque siendo nueva, el pueblo no está acostumbrado á pagarla; y considerando este como un nuevo sacrificio, solamente puede tolerarlo ó por las utilidades inmediatas que le proporciona, ó por la esperanza de verlas pronto realizadas. Pero si él no columbra el dia que ha de empezar á recojer el fruto de su contribucion; luego luego la condena como injusta, y creyéndose autorizado para evadirla, pone en práctica cuantos medios y recursos le sugiere su interes.

Si, pues, he demostrado á mi entender, cuán dificil y espinoso es que el Gobierno sea quien construya los caminos de la isla de Cuba, ¿á quién, es natural preguntar, á quién se confiará un objeto de tanta importancia? Confiarse debe al interes individual, permitiendo al hacendado, al comerciante y a todo hombre industrioso que empleen sus capitales libre y seguramente en esta empresa. Libre y seguramente digo, porque si una mano estraña viene á dirigirlos en sus operaciones, señalándoles el modo de gastar sus fondos, y si no se les da la firme garantía de que las condiciones de sus compromisos serán cumplidas inviolablemente, nada tenemos que esperar; si se les llega á inspirar la íntima confianza de que estas dos grandes bases se respetarán á todo trance, desde ahora debemos empezar á darnos los mas gratos parabienes.

Los caminos por empresas están exentos de todos los obstáculos con que tiene que luchar el Gobierno cuando los hace por su cuenta. No pudiendo él dirigir personalmente los trabajos, así por su posicion como por estar recargado de atenciones,

tiene que valerse de agentes pagados y depositar en ellos su confianza y su dinero: mas los empresarios exentos de cuida dos, podrán velar noche y dia, y siendo tesoreros de sí mismos, no encomendarán á ningun estraño la peligrosa inversion de sus fondos. El Gobierno tiene que nombrar una muchedumbre de empleados que no haciendo en desempeño de sus funciones sino lo que baste para conservar sus destinos, y disfrutar de sus sueldos, do hay que esperar de ellos, ni prontitud en las operaciones, ni economía en los gastos, y acaso ni aun solidez en los trabajos; mas los empresarios, no tienen que nombrar empleados, y si acaso lo hacen, serán los que fueren absolutamente necesarios, asignándoles el menor sueldo posible, y haciéndoles desempeñar sus deberes con actividad y constancia los trabajos serán sólidos, porque á proporcion de su duracion, así será la utilidad de los empresarios, y porque cada reparo que tengan que hacer, será una diminucion de sus ganancias: todas las operaciones se harán con prontitud, porque cuanto mas se retarde la conclusion de los caminos, tanto mas tiempo estará sin percibir el rédito de los capitales invertidos en ellos: habrá mas economía en los gastos, porque este es uno de los elementos principales que entra en todo género de empresas, y basta decir que está de por medio el gran interes individual. El Gobierno tiene que empezar pidiendo al pueblo sumas considerables, las cuales deben invertirse mucho ántes que este comience i disfrutar de sus utilidades; y si por desgracia, como es factible que suceda, las obras no corresponden á las esperanzas concebidas, el público queda perjudicado con la pérdida ó mala inversion de sus fondos: mas los empresarios nada piden al pueblo con anticipacion; cuentan solamente con sus recursos; y si los caminos quedan malos, ellos son los únicamente perjudicadosdos, sin que se infiera al público ningun daño. Ultimamente, los caminos por empresas tienen una ventaja que no se puede lograr por ninguno de los otros medios que se adopten; esta es una igualdad relativa la mas justa que puede desearse en cuanto á la contribucion que se exige. Porque ¿quiénes son los pue la pagan? Unicamente los que transitan los caminos. ¿Y cómo la pagan? En proporcion al uso que hagan de ellos. Si por cada carreta, que pase, se cobran cuatro reales, claro es que el individuo por cuya cuenta pasen veinte, hará doble uso del camino respecto de otro que solamente haga pasar diez: y como que por una parte los descompone mas, suma proporcional á los perjuicios que causa y á las ventajas que recibe. : Sé que hay algunos que están prevenidos contra los portazgos, y que los consideran si no imposibles, á lo ménos muy dificiles de establecer entre nosotros. Lo único que podrá suceder al principio, será que algunos se resistan á pagar el portazgo; pero el pronto y condigno castigo que se debe imponer á los reos por el desacato contra la ley y la propiedad del empresario, servirán de freno para contener cualquier desórden. Al temor del castigo será conveniente añadir el de la opinion: y aunque esta no puede tener entre nosotros el influjo saludable que se esperimenta en otros paises, por lo ménos producirá algun efecto. Publíquese pues, en los periódicos el nombre del infractor, sea cual fuere su clase ó gerarquía, y tambien la pena que se le imponga; y si se dice que estas medidas serán ilusorias, porque el hombre fuerte siempre arrastrará al débil, no se olvide que los empresarios no serán personas desvalidas, pues que ya por sus fondos, ya por su número serán dignas de respeto y consideracion; viniendo á ser la última consecuencia el choque del fuerte contra el fuerte; choque que estando de parte del uno acompañado de la justicia y de la opinion, siempre triunfará sobre los esfuerzos del otro. Hemos hablado hasta aquí en la hipótesis de que existan empresarios; pero supóngase que no se presenta ninguno, ó que en caso de haberlos, son tan pocos, que ya por su número, ya or sus fondos, no pueden hacer los caminos que se necesitan. n tales circunstancias, se dirá, forzoso es apelará nuevas contribuciones, ó abandonar el gran proyecto que nos ocupa. Ni lo uno ni lo otro, porque entre ámbos estremos se encuentra un

medio que nos libra de los males que se nos anuncian. Puede ocurrirse al sistema de empréstitos, dividiendo las cantidades que se necesiten en muchas acciones de poco valor, para que aun los cortos capitalistas, puedan tomar algunas , si les parece. Abriráse tambien la puerta á los estrangeros, quienes halagados de la ganancia que les ofrece un pais donde el interes del dinero es mucho mayor que en el suyo, volarán á tomar parte en nuestras empresas, y á derramar aquí sus caudales. Para mas comodidad de los prestamistas y utilidad del público, estas sumas se irán dando á ciertos plazos, á proporcion de los gastos que se vayan haciendo; porque si el costo de un camino se computa en cuatro millones de pesos, la exhibicion simultánea de toda esta cantidad pondria á muchos en la imposibilidad de suplir todos los fondos de que pudiera disponer parcialmenie, y agravaría al público desde el principio con el rédito de un dinero que todavía no hubiese empleado. Hágase pues la contrata con los constructores del camino: exíjase de ellos que entreguen concluida, á períodos determinados, una parte de sus trabajos, y entónces se tomará de los prestamistas la cantidad necesaria para indemnizar á aquellos, ó para hacerles alguna anticipacion segun los términos de la contrata; bien que en este punto se debe proceder con muchísima cautela. Concluida así una parte del camino, y pagado su costo, el todo ó parte del rédito del dinero invertido se sacará del corto

derecho que se imponga á todos los que lo transiten, guardando la debida proporcion entre volantes, carretas, caballos &c.— Continuando así estas operaciones, el camino quedará concluido dentro de poco tiempo, y como el tráfico se ha de ir aumentando, los derechos impuestos no solo serán suficientes para pagar el interes del dinero, sino que dejarán un sobrante anual con que redimir poco a poco el capital. De este modo, el público se encuentra insensiblemente con caminos, sin esperimentar vejaciones, ni comprometer el respeto y decoro de la Autoridad: se abre una nueva fuente abundantísima de riqueza pública: se ofrece á los capitales un nuevo ramo de industria en que emplearse útilmente: se presenta ocupacion á las clases laboriosas: se convida al estrangero á que venga á invertir sus capitales en nuestro suelo, aumentando por una parte nuestra riqueza, y engrosando por otra nuestra poblacion blanca,

Al concluir esta Memoria, con las luminosas reflexiones emitidas por su ilustrado autor así con respecto á los portazgos, como al espíritu de sociedad para la construccion de caminos, no podemos ménos de hacer algunas advertencias y observaciones de nuestra parte. Es la primera, que no ha ofrecido entre noso. tros dificultades el establecimiento de portazgos, pues á virtud del peage impuesto á los traficantes en la calzada de Marianao es como se ha logrado construirla hasta el pueblo de Arroyo-Arenas y aun llegará en breve á Guanajay. Lo segunda es que ese espíritu de sociedad que con tan recomendable como util celo deseaba el autor ver desplegado con aplicacion á es: tas empresas, se ha aclimatado afortunadamente en nuestro pais de una manera estraordinaria. Así que puede decirse muy bien que resulta un lauro al entendido escritor; pues no puede desear mas el que consagra sus talentos al beneficio publico, que ver realizados pensamientos que ha consignado veinte años ántes en sus escritos.

Pero á la vez debemos hacer justicia á nuestro activo é ilustrado Gobierno en los distintos ramos que lo constituyen. Ese espíritu de Sociedad anónima ha nacido de las empresas en que el Gobierno mismo ha empleado fondos adquiridos por los mas acertados medios, sin afectará las rentas y sin faltará las atenciones generales. Creó la grande obra del ferro-carril de Güines, formó una estensa calzada; y convencido de que importa mas dejará sociedades particulares estas empresas, enagenó el primero en favor de una asociacion rica y de notorias garantías, y ha puesto la segunda en poder de otra, que la engrandecerá en algunas leguas de estension, conservando y mejorando su estado. . 50

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