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10 chelines y un klafter (*) de leña á 18, al paso que se disminuia el valor de las tierras. Los alimentos y el combustible er un pues baratos é ilimitado el consumo del azúcar y traia por lo tanto ventajas cultivar remolachas y sacar la renta de las tierras en azúcar. Pero estas circunstancias han variado. La medida de trigo cuesta hoy 18 chelines, la de leña de 30 á 36. Los salarios han subido y el azúcar de las colonias ha bajado. Dentro de los límites de la Liga alemana de aduanas, por ejemplo en Franctfort, una libra del azúcar blanco mas refinado se vende á 7 dineros y como el derecho de importacion es 8 d. quedan otros 33 para representar el precio del azúcar. En el año 1827 pues, un malter de trigo era igual á 40 libras de peso de azúcar, míéntras que en el dia aquella cantidad de trigo vale 70 libras de azúcar. Si el combustible estuviera al mismo precio que entónces y se pudieran ahora estraer 70 libras de azúcar de la misma cantidad de remolacha que rendia 40, todavía habria ganancia en elaborarla; pero la porcion que hoy se consigue, aun por los métodos mas perfeccionados, es inferior á esta, y como al propio tiempo el combustible y la mano de obra han aumentado el valor, resulta que tiene mas cuenta al presente cultivar trigo y comprar azúcar. Otros elementos deben entrar en nuestros cálculos; pero todo contribuye á confirmar nuestra asercion de que la fabricacion del azúcar de remolacha, como especulacion mercantil tiene que cesar. Las hojas y el residuo de las raices despues de estraido el jugo se daban á comer al ganado y su valor aumentaba naturalmente cuando aumentaba el del trigo. Por el método que ántes se seguia, 100 libras de raiz rendian 75 de jugo y 5 de azúcar. Por el método de Schuntzenbach, que todos los fabricantes adoptaron, de la misma cantidad de raiz se estraen 8 libras de azúcar; pero á costa de mayores gastos y de la pérdida del residuo para alimento eel ganado. El aumento de gastos por este método proviene de la mayor cantidad de combustible que en él se emplea para evaporar el agua, porque en vez de evaporar solo el jugo se hace remojar el agua del residuo; y por consiguiente se requiere combustible suficiente para evaporar 106 libras de fluido en vez de las 75 de ántes, y el residuo solo sirve para abono de los campos. Las 3 libras mas de azúcar se consiguen á espensas de mayor cantidad de combustible y de la pérdida de alimento en el residuo. Si el valle del Rhin poseyera minas de diamantes tan abundantes como las de Golconda, de Visiapur y el Brasil, es probable que no tuvierá cuenta esplotarlas. En aquellos parages el costo de estraccion es de 28 á 30 ch. por quilate. En Alemania. subiría á 2 y aun á 3 veces mas, es decir, á mas de lo que se pa

(*) Klafter, monton de leña de á 6 pies por todos lados. 7 4

ga por el diamante. Las arenas del Rhin contienen oro y hay en el gran Ducado de Baden personas que se ocupan en separarlo por el lavado cuando los salarios están bajos; pero en el mcmento que suben cesa esta industria. La fabricacion del azúcar de remolachas dejaba hace 12 ó 15 años ganancias, y ahora no. Así que en lugar de continuarla haciendo, al efecto, sacrificios, seria mas cuerdo y mas económico cultivar otras producciones mas lucrativas y comprar azúcar. En ello ganaria no solo el Estado sino cada uno de los que le componen. Este argumento no se aplicará, tal vez niá Francia niá Bohemia en donde los precios del combustible y del azúcar colonial son diferentes de Alemania.

Lo que del azúcar de remolacha, podemos decir los a manes, de la fabricacion por medio de carbon de piedra y de la misma por medio del aceite y la resina del gas para el alumbrado.

Los materiales con que se fabrica ese gas en Inglaterra están en proporcion directa con el precio de los granos. Alli el sebo y el aceite valen doble que en Alemania; pero el carbon de piedra y el hierro dos terceras partes ménos; y con todo aun en Inglaterra mismo solo tiene cuenta la fabricacion del gas, cuando hay facilidad de vender el coke ó residuo y los demas productos de la destilacion de carbon de piedra.

Uno de los mas provechosos descubrimientos del siglo seria el lograr condensar el gas estraido del carbon mineral en una sustancia blanca, seca, sólida, inodora, fácil de trasportar, y que pudiera colocarse en un candelero y quemarse en una lámpara. La cera, el sebo, el aceite son gases combustibles en forma de sólidos ó fluidos que ofrecen várias circunstancias apreciables para el alumbrado de que carece el gas, dado que dan en lámparas bien construidas tanta luz como aquel, sin los cuantiosos gastos de los aparatos que para hacerle servir se requieren, y son ademas mas económicos. En las ciudades populosas ó en las grandes posadas ó establecimientos, donde se hace mucho uso del carbon, y donde los desperdicios en sebo y aceite han de ser considerables y subido el gasto de espabilar las velas y limpiar las lámparas, el precio mayor del alumbrado por gas es compensado. En donde el gas se puede fabricar de resina, aceite de trementina ú otro barato, como sucede en Francfort, hay en hacerlo así ventaja, siempre que no sea en demasiado estensa escala. Si las grandes ciudades se alumbrasen todas del mismo modo, estos materiales subirían de precio y todos los que en el dia existen bastarían apénas para el alumbrado de Berlin y Munich. Con todo, no se pueden fundar cálculos muy exactos en el precio actual de la resina y de la trementina: que no se producen en grande abundancia.

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Habiendo ya estudiado lo bello en nosotros mismos, en las facultades que lo perciben y lo aprecian, la razon, el sentimiento, la imaginacion, el gusto; llegamos, segun el órden que nos prefija el método, á esta segunda cuestion. ¿Qué es lo bello en los objetos? El estudio de lo bello seria imperfecto, si no coronásemos estos rápidos análisis con el de lo bello en sí mismo, en sus caracteres, en sus especies, en su principio. La historia de la Filosofía nos presenta unas teorías sobre la naturaleza de lo bello; ni pretendemos enumerarlas ni discutirlas todas; señalarémos las mas importantes: si queremos conocer una refutacion sencilla y notable escrita hace dos mil años de las falsas teorías de la belleza, podemos leer el Hippias de Platon. El Phedro contiene el cuadro descubierto de la teoría propia de Platon; pero en el Banquete y principalmente en el discurso de Diotimo, debe buscarse el pensamiento platónico, en la completa esplanacion, y revestido de toda la belleza del lenguaje humano, Hay alguna de estas teorías, bien groseras por cierto, que define lo bello, lo que complace á los sentidos, lo que le proporciona una impresion agradable. No nos detengamos en esta opinion, que queda ya suficientemente refutada al haber demostrado lo imposible de reducir la idea de lo bello á la sensacion de lo agradable. Un empirismo algo mas refinado pone lo útil en lugar de lo agradable, esto es, cámbia la forma del mismo principio. Lo bello pues no se reduce al objeto que nos procura en aquel momento una sensacion agradable, pero pasagera, si es el que por su naturaleza nos procura muchas veces esta sensacion ó que puede proporcionárnoslas frecuentemente. No es menester un gran esfuerzo de observacion ni de raciocinio para convencerse de que la utilidad no tiene nada que ver con la belleza. Lo útil no es siempre bello, ni lo bello es siempre útil; y lo que es á la vez útil y bello, no es esto último por la parte en que está su utilidad. Una palanca, una polea son ciertamente cosas muy útiles, sin embargo, á nadie le ha ocurrido decir que son cosas hermosas. Si descubrimos un vaso antiguo, admirablemente trabajado, esclamamos al punto que es bello, sin detenernos en averiguar para que ha de servirnos. En fin, la simetría y el órden son bellos, y al mismo tiempo útiles, ya porque facilitan mas espacio, ya porque los objetos colocados simétricamente se encuentran mas fácilmente cuandose buscan; pero no por esto consideramos bellos este órden, esta simetría; porque sin pensar en ello percibimos al instante su belleza, y no conocemos su utilidad sino por una reflexion posterior. Sucede todavía que admiramos la belleza de un objeto, sin que adivinemos el uso que hayamos nunca de hacer de él, aunque ciertamente lo tenga. Lo útil pues, léjos de ser el fundamento de lo bello, es cosa ciertamente muy diversa,

Una teoría célebre y bien antigua, establece lo bello en la perfecta conveniencia de los medios, con respecto á su fin. Aquí lo bello no es ya lo útil, es lo conveniente. Distingamos estas dos ideas. Una máquina produce escelentes efectos, economía de tiempo, de trabajo &c. es pues útil. Si examino ademas su construccion, y hallo que cada pieza está en su lugar y que todas están hábilmente dispuestas para el resultado que deben dar; sin detenerme en la utilidad de este resultado, como los medios están tan acomodados para su fin, juzgo que hay en ella conveniencia. Ya nos acercamos á la idea de lo bello, pues no consideramos lo que es útil, sino lo que existe como debe existir. Sin embargo aun no hemos llegado al verdadero carácter de la belleza; pues que efectivamente hay objetos muy bien acomodados para su fin y que no llamamos bellos. Una silla sin adorno ni elegancia, con tal de que sea sólida, que todas sus piezas encajen bien, que se pueda uno sentar con toda seguridad, que se esté con comodidad, y hasta con gusto en semejante asiento, puede ofrecer el ejemplo de la mas perfecta conveniencia de los medios con el fin, sin que nadie crea que semejante mueble es bello. Hay no obstante esta diferencia entre la conveniencia y la utilidad, que un objeto para ser bello no necesita ser útil; pero que no tiene belleza si carece de conveniencia si hay desacuerdo entre el fin y los medios.

Se ha creido encontrar la belleza en la proporcion, y por cierto que esta es una de las condiciones de la belleza; pero no es mas que una de ellas. En verdad que un objeto mal proporcionado no puede ser bello. Existe en todos los objetos bellos, por mas remotos que estén de las formas geométricas, una especie de geometría viva. Pero pregunto, ¿es la proporcion la que domina en ese árbol elevado, de ramas tan flexibles y graciosas, de un follage tan frondoso y matizado! ¿Qué constituye la belleza de una tempestad, la de una grande imágen, la de un verso por sí solo. ó de una oda sublime! No es, lo sé muy bien, la infraccion de la regla y de la ley, pero tampoco es esta ley y esta regla; y aun muchas veces lo que mas nos llama la atencion desde luego es una aparente irregularidad. Seria absurdo pretender que lo que nos hace admirar todas estas cosas y muchas otras, es lo mismo que nos hace admirar una figura geométrica; esto es, la exacta correspondencia de las partes. Lo que se ha dicho de la proporcion se entiende lo mismo del órden, que es una cosa algo ménos matemática que la proporcion, pero que no esplica tampoco mucho mas, lo que hay de libre, de variado, de irregular en ciertas bellezas. Todas esas teorías que concentran la belleza, en el órden, en la armonía, en la proporcion, no son en el fondo nada mas que una misma, que sobre todo descubre en la belleza la unidad. Y seguramente la unidad es bella; es una parte considerable de la belleza, pero no la constituye enteramente. La mas verdadera teoría de lo bello es la que lo compone de dos elementos contrarios é igualmente necesarios, la unidad y la variedad. Obsérvese una bella flor; sin duda la unidad. el órden, la proporcion, la simetría tambien se encuentran en ella. porque sin tales cualidades no habria allí razon, y todas las cosas están hechas con una maravillosa razon; pero al mismo tiempo ¡qué diversidad! ¡qué matices en el color! ¡Qué riquezas en sus mas ligeras partes. En las mismas matemáticas lo que es bello no es un principio abstracto, es este principio, engendrando una larga serie de consecuencias. No hay belleza sin vida, y la vida es el movimiento, es la diversidad. La unidad y la variedad se aplican á todas las clases de belleza. Recorramos rápidamente todas estas clases. Lo primero, hablando con propiedad, hay objetos bellos, y objetos sublimes. Un objeto bello, ya lo hemos visto, es una cosa acabada, circunscripta, limitada, que abrazan fácilmente todas nuestras facultades, porque todas sus diferentes partes están sujetas á una exacta medida. Un objeto sublime es el que por formas no desproporcionadas, en sí mismas, pero ménos determinadas y mas dificiles de penetrar, despierta en nosotros la idea de lo infinito. Hé aquí pues dos especies de belleza; pero la realidad es inagotable, y para cada grado de realidad hay una belleza. En los objetos sensibles, los colores, los sonidos, las figuras, los movimientos son capaces de producir la idea y el sentimiento de lo bello: todas estas bellezas se clasifican en ese órden, que con razon ó sin ella, se llaman fisicas. Si del mundo de los sentidos nos elevamos al del entendi

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