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UTILl DADES COM PROBADAS

DEL USO

DEL ARRADO EN LOS INGENIOS.

La Diputacion de la Sociedad Económica en la villa de Güines, deseando inspeccionar por sí misma los resultados obtenidos por el sistema aratorio (nuevo todavía desgraciadamente para nosotros) nombró una comision para que examinase los campos del ingenio La Providencia del Sr. D. Antonio María de Escovedo, y diese cuenta de los beneficios obtenidos á virtud del uso del arado; y cumplida esta comision, y llevado el informe á la Junta de la Diputacion, ha sido dirigido á nuestro digno Escmo. Sr. Presidente Gobernador y Capitan general, quien se ha servido transmitirlo á la Real Sociedad madre, por medio del oficio que copiamos á continnacion:—

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Original incluyo á V.E. el adjunto pliego de la Diputacion Económica de la villa de Güines que me ha remitido aquel Teniente Gobernador, en el cual se recomienda el arado que usa en su ingenio el Sr. D. Antonio María Escovedo, por los beneficios que se reportan, á los fines que en dicho escrito se solicitan.

Dios guarde á V. E. muchos años. Habana 25 de Mayo de 1846.—Leopoldo O—Donnell.—Escmo. Sr. Director de la Sociedad Económica.

9, olivectov Stes. Scies.

Nombrados por esta Diputacion para reconocer el sistema aratorio que en su ingenio Providencia, tiene establecido

el Sr. D. Antonio Maria Escovedo, pasamos á dicha finca el ocho del corriente mes: y habiendo manifestado al mayoral de ella, por hallarse el dueño en la capital, la comision que íbamos á desempeñar, se prestó con el mayor gusto y amabilidad á enseñarnos el campo y los arados; contestando á cuantas preguntas le hicimos, y dándonos cuantas esplicaciones le pedimos.

El Sr. de Escovedo con una constancia digna de los mayores elogios, se ocupa hace años en mejorar el cultivo de sus tierras, haciendo traer de fuera los arados, cuyo resultado oia celebrar. Pero todos sus esperimentos fueron desgraciados, hasta que introdujo en su ingenio el arado frances de Roville, único de que hoy hace uso. Por largo tiempo lo vimos trabajar, y sus ventajas son de la mayor consideracion. Es tanto lo que profundiza la tierra, que un solo hierro es suficiente para que se pueda sembrar; y como al sacarla la vuelca, resultan dos bienes de gran tamaño; siendo el primero traer á la superficie tierra descansada, y enterrar á gran profundidad la depauperada; y el segundo, estirpar las yerbas, por quedar sus raices espuestas al sol.

A beneficio de estos arados no será ya necesario demoler por cansadas las grandes haciendas; porque uno de ellos con un buen gañan, un muchacho arreador y dos yuntas de bueyes puede arar perfectamente al dia cuatro cordeles de frente por cuatro de fondo, ó sean diez y seis cordeles planos, que son la vigésima parte de una caballería: de manera que un solo arado puede beneficiar al año diez y seis caballerías. Y como, segun hemos manifestado ántes, las yerbas se estirpan casi enteramente, resulta que se puede preparar y sembrar cuanta tierra se quiera sin temor de que les falte el cultivo necesario para que las plantas vegeten con igual lozanía á la de los terrenos mas nuevos y feraces; cuando ántes era raro el ingenio que podia habilitar y sembrar de seis á ocho caballerías al año. Prueba de nuestro aserto es lo que en la Providencia se vé. Del mes de Febrero del año próximo pasado al mismo de este año se han sembrado en él diez y seis caballerías de caña, que todas están bajo un pié de escelente cultivo, y quien como nosotros las examine, admirará que terrenos tan cansados y enyerbados como los de esa finca, hayan podido producir cañas tan lozanas.

Quien quiera que recorra el campo de la Providencia y reconozca el sistema aratorio en él establecido, sacará por consecuencia que este ha ¿? en nuestra agricultura una verdadera revolucion, de la que se derivan las ventajas siguienteS:—

1: Reducir á un solo hierro la labor de la tierra que ántes necesitaba tres ó cuatro,

2. Que la labor profundice doce y catorce pulgadas, cuando con el arado del pais solo se profundizaban de cuatro á Se 1S. 3. Que el arado saca la tierra descansada á las doce pulgadas de profundidad, para colocarla encima de la que está depauperada por la accion del sol y de las yerbas. 4: Que al tiempo de sacarla la vuelca, esponiendo al sol las raices de las yerbas que se estirpan de tal modo que en mucho tiempo no necesitan las labores del chapeo. 5o Que un gañan inteligente con dos yuntas de bueyes y un muchacho arreador puede arar perfectamente al dia cuatro-cordeles de frente por cuatro de fondo, ó diez y seis cordeles planos, que son la vigésima parte de una caballería; lo que produce la habilitacion de esta en veinte dias que es la tercera parte del tiempo que ántes se empleaba en arar imperfectamente la misma superficie. 6: Que la habilitacion de una caballería que ántes se pagaba de doce á diez y ocho onzas, queda reducida á doce pesos, jornal del gañan en veinte dias; doce pesos el alquiler de dos yuntas de bueyes, y uno el alquiler del arado, lo que suma veinte y cinco pesos. 7 Que un solo gañan puede habilitar al año (calculado este de trescientos veinte dias) diez y seis caballerías. 8: Que no habrá labrador que no pueda cómodamente aspirar á todas las cosechas que la estacion le brinde. 9o Que no se demolerán por cansadas las grandes haciendas ántes bien se pondrán en produccion, al igual de las mas nuevas y feraces. 10: Que se podrán generalizar los pastos artificiales, tan dificiles ántes por la carestía de la labor de la tierra. Otro arado hemos visto tambien en el espresado ingenio, que produce ventajas considerables. Tiene dos orejeras de hierro que se alarganó acortan por medio de unas cadenas del mismo metal; y como aquellas vuelcan la tierra al igual de la del arado de Roville, lo emplean en tapar caña. Conduciéndolo por entre dos surcos, tapa ámbos con tanta perfeccion, como pueden hacerlo los negros con azadones. De donde resulta que haciendo ese trabajo con mas prontitud y sin necesidad de negros, los que en él se empleaban se destinan ó á cortar caña ó á regarla; y la siembra de un cañaveral se concluye en la mitad del tiempo que antes se necesitaba. Estos adelantos se deben á la perseverancia del Sr. de Escovedo (*) en introducir el sistema aratorio que hoy se sigue en

(*) Nada nos es mas grato que ver consignado aquí cste rasgo de justicia en favor de nuestro antiguo y distinguido amigo el Sr. de Escovedo; pero entre estos laudables esfuerzos, al lado de esta inteligencia y buen cálculo en sus intereses, colocamos tambien al no ménos apreciable amigo, al no menos ilustrado hacendado el Sr. D. José

su finca, á fuerza de ensayos personales, y de esperiencias desgraciadas, de las que al fin está recibiendo la recompensa. Dicho Sr. ha ofrecido francamente á labradores y hacendados que vayan á su ingenio á convencerse prácticamente de las ventajas de sus arados, y á tomar la instruccion necesaria para su manejo.

Al concluir nuestro informe faltaríamos al sagrado deber de la gratitud si no recomendáramos al Cuerpo la eficaz cooperacion del Sr. D. Gabriel María de Azcárate en el desempeño de esta comision, pues que asociados de dicho Sr. pasamos al ingenio la Providencia, y contando con su juicio ilustrado en la materia, nos hemos convencido de los bienes inmensos que ha de producir al pais la generalizacion del sistema aratorio, que á fuerza de afanes ha logrado establecer en su finca el Sr. de Escovedo; y no podemos ménos de manifestar que, á nuestro entender, seria muy conveniente para su logro que, con la recomendacion que el asunto requiere, se eleve por conducto de nuestro digno Presidente al Escmo. Sr. Capitan general como Presidente de la Sociedad Patriótica de la Habana. Güines y Mayo 12 de 1846.—R. Francisco de las Cagigas.—Ldo. Patricio Sarmiento.

Pizarro y Gardin, cuyos acertados esperimentos acerca del uso del arado se han hecho públicos ántes de ahora. Por lo demas no hay sobre este punto el mérito de la invencion, sino el de saber calcular bien los trabajos, mejorando y perfeccionando el cultivo de la caña. Este es objeto á que han debido dedi arse mucho tiempo ha nuestros hacendados; y cuando vemos que hombres de conocida ilustracion como el Sr. de Escovedo, el Sr. Pizarro y acaso otros de que no tenemos noticias han establecido en sus posesiones un sistema aratorio en beneficio de los campos y con ventajosa economía de tiempo y brazos, justo es que les tributemos nuestsa gratitud; porque ejemplos de esta elase son los que necesitan las nuevas operaciones en la industria, si así se pueden llamar, para que sean adoptadas por los que saben conocer cuanto importa perfeccionar el cultivo—(El Director)

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sobre el número y valor de los ganados de la Isla, obstáculos que se oponen á su producto, y medios de fomentar su consumo y el de nuestras pesquerías. (")

OBSERVACIONES PRELIMINARES.

Encargado por la Seccion de Agricultura y Estadística de la Real Sociedad de indicar los medios de aumentar el consumo de nuestras pesquerías y carnes alimenticias para libertarnos si es posible del tributo que pagamos á los estrangeros, impotando sumas inmensas de Montevideo y otros puntos, desempeñaré hasta donde me sea posible el encargo, esperando de las luces de nuestros amigos concurrentes á las juntas, las mas acertadas de su discusion.

Al fijarse la atencion de la clase en este asunto, ha tenido presente el consumo de nuestras haciendas en que se usa para los siervos del tasajo de Buenos-Aires ó bacalao de Terranova, así como de alimentos de su especie preparado en salazones en otros puntos. La completa resolucion de lo propuesto exige no solo reconocer la importancia de los espresados alimentos; sino tambien los obstáculos que se oponen á que se logre el objeto.

Preséntase desde que se comienza este exámen el fenómeno de que la carne fresca vale ménos generalmente que la salada, siendo esta sin embargo el alimento del siervo y del pobre fuera de las grandes poblacionos. Sin embargo segun las

(*) Se ha dispuesto la publicacion de esta Memoria en las periódicas de la Real Sociedad, y nos complacemos en cumplir este ac erdo que nos ofrece un motivo mas de dar á conocer los interesantes trabajos en que vemos siempre ocupado á nuestro amigo y colaborader el Sr. D, Antonio Bachiller y Morales,

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