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ma del terreno, que en lugar de abrir un foso, se levanten dos paredes laterales casi tan altas como la superficie del camino á fin de retener los materiales; mas si estos han de ocupar toda la amplitud de la senda trazada, y hay ademas cercas de un lado y otro, entónces no habrá necesidad de paredes. Cuando el terreno sea blando ó pantanoso, se procurará secarlo bien; y esto se consigue, abriendo fosos profundos de ambos lados en una direccion paralela al camino, y dejándolo así por el espacio de un año á lo ménos, á fin de que tenga tiempo de desaguar perfectamente, y de que aparezcan todas las desigualdades de nivel, producidas, ó por la distinta naturaleza de los materiales que componen el terreno, ó por la diversa profundidad del agua que lo cubre. Estas cavidades se llenarán con los materiales de las partes prominentes rebajadas, ó con otras sustancias; y sobre la base así preparada, se echará turba ú otro cuerpo equivalente. Entónces se trazará la anchura que se ha de dar al camino; cubriráse toda ella de arena ó de otra sustancia porosa hasta el grueso de diez ó doce pulgadas: y esta capa se asenterá con un gran rodillo tirado por caballos ó por hombres si el terreno no tuviere la consistencia necesaria para resistir el peso de aquellos. De este modo, dice Beatson, se hará un camino tan sólido sobre un terreno pantanoso como sobre la base mas firme. Y esta asercion no la funda en meras teorías, pues asegura haber visto, convertidos por este método en buenos caminos, varios pantanos que se tenian por intransitables. Creyeron otros que el método mejor consistia en convertir el terreno en una roca artificial, y que esto se conseguiria hundiendo en él muchas piedras. Tal fué la práctica comun hasta poco tiempo seguida en Inglaterra y Escocia. Empezaban por abrir un foso, echaban en él muchas piedras grandes, y sobre estas, otras partidas pero mas pequeñas, cuyo peso generalmente era de siete á ocho libras; y estos materiales formaban la base ó fondo del camino, cuya profundidad era muy variable, pues dependia del capricho de los directores y del dinero que manejaban. Por último, se colocaban encima de ellos muchas capas de cascajo ó de piedras quebrantadas hasta que formaban el grueso de un pié, ópié y medio. Si los materiales, segun observa Me Adam, que componen estos caminos, hubieran sido bien escogidos y bien puestos, se habrian evitado algunos de los inconvenientes de este sistema; pero el descuido con que siempre se han hecho estas operaciones, deja espuestos los caminos á que el agua los penetre, la que depositándose en el foso, produce sus fatales efectos en el curso de las estaciones. Piensa Edgeworth que cuando no es firme el terreno que ha de servir de base, se deben echar en él ramos de pino, ó de

otros palos duros; y que si se pueden conseguir piedras planas, se pondrán encima de éstos para dar mas solidez al terreno. Concluida que sea esta operacion, se echarán sobre las piedras, otras de distinta figura y de seis ó siete libras de peso; se las cubrirá hasta la altura de ocho ó diez pulgadas con otras partidas, cuyo diámetro no esceda de pulgada y media; y encima de éstas se podrá echar una capa ligera de caseajo limpio y angular para que se introduzca en los intersticios de las piedras, y adquiera el camino toda la consistencia posible.

Telford recomienda que al terreno se dé una forma elíptitica, y que se prepare con fragmentos de piedra de seis ú ocho onzas de peso: pero que si el suelo es arcilloso ó de otra sustancia elástica que retenga el agua, se cubra con tierra vegetal, siempre que lo permita la forma del terreno. Conviene , segun él, dejar la superficie original, y donde hubiere desigualdades, llenarlas tambien con tierra vegetal hasta que quede cortada toda comunicacion con la arcilla. Donde no es muy firme ek terreno, deposita una cama de piedras muy unidas, y las asienta por el lado mas ancho que será casi de cinco pulgadas. Sobre esta echa, conforme lo exijan las localidades, ó cascajo lavado, ó pedazos de piedra; y por último coloca del mismo modo una segunda capa de seis pulgadas de grueso. Es de advertir que el cascajo se debe lavar ó cerner para quitarle la tierra y demas cuerpos estraños que le estén adheridos; ámbas operaciones se harán en el mismo lugar donde se recoja, pues así se evitan el trabajo y costo de conducir sustancias inútiles y el de quitarlas despues de los parages donde solo servirian de estorbo. Las piedras redondas que se encontraren en el cascajo, ú otras cualesquiera de que se usare, se romperán con un martillo, cuyo peso y tamaño deben ser proporcional al de las piedras. Estas dos circunstancias y el modo de manejar ese instrumento son, segun Telford de mas importancia de lo que generalmente se cree, pues ademas de lo que influyen en la perfeccion de los caminos, dan en el producto del trabajo una diferencia de diez por ciento.

Tales son los diversos métodos propuestos, ó adoptados para construir los caminos; y todos, á escepcion del último distan mucho de la perfeccion. Ningun pais moderno ha hecho tantos esfuerzos por llegará ella como la Gran—Bretaña; pero por lo mismo ninguno ha sentido tanto las fatales consecuencias de esas vanas teorías; y despues de gastos enormes y aun costosos sacrificios, el tiempo vino á manifestarles que era preciso abandonarlas, y buscar un nuevo sistema capaz de conciliar la economía y duracion de los caminos, con la prontitud y seguridad de las comunicaciones. Tal fué la grande empresa que acometió el célebre Me Adam; y al cabo de treinta años de aplicacion y constancia logró coronar sus desvelos con el éxito mas ventajoso. Espondré sencillamente todas las reglas que él establece; y ya que la esperiencia ha confirmado en aquella nacion la solidez de sus principios, yo me atrevo á presentar los trabajos de este benemérito ingles como el modelo mas digno de imitacion en nuestro suelo cubano.

Si el hombre se ve en la necesidad de hacer caminos es porque la humedad ablanda el terreno por donde transita. Pudiera este mantenerse siempre seco, entónces nunca necesitaria de composicion, porque jamas sus materiales cederian al peso de los carros ni animales. El gran objeto pues de la construccion de caminos consiste, primero: en secar bien el suelo natural que es el que realmente sostiene el peso de los carruages y animales; y segundo: en conservarlo siempre seco por medio de una cubierta impenetrable al agua, cuya cubierta es el camino artificial. En el conocimiento, dice Me Adam, de las medidas necesarias para lograr estos objetos, estriba toda la ciencia de la construccion de caminos. ¿Pero cuáles son estas medidas? Hablemos ántes de las relativas al suelo natural, y despues de las pertenecientes á la cubierta, ó sea al camino artificial.

Lo primero que se ha de hacer es elevar el suelo que ha de servir de base, procurando dejarle la caida suficiente para que derrame el agua por los costados, la cual, así como el terreno adyacente debe quedar algunas pulgadas bajo el nivel del suelo destinado al camino. Esto se consigue, ó haciendo desaguaderos á los costados para rebajar el terreno, ó si no pudieren practicarse porque el lugar no lo permita, echando algunos materiales sobre la cama ó base del camino, hasta que quede mas alta que el nivel del agua que existe en los desaguaderos. Pero como la elevacion de ella depende de las localidades, la altura del terreno se aumentará ó disminuirá segun las circunstancias. Caminos hay en la Gran—Bretaña que por estar espuestos á iuundaciones ó grandes humedades tienen por espacio de dos leguas una altura de seis y medio y aun de diez pies. Si, pues, el gran objeto que se busca es mantener siempre seco el terreno natural; nada, concluye Mc Adam, puede ser mas contrario á su formacion que el abrir fosos en su centro que sirvan de depósito ó de conducto para dar salida al agua. Si esto es exacto, como me parece serlo, Patterson se equivoca cuando recomienda que en los terrenos espuestos á grandes humedades ó inundaciones, se abra á lo largo del centro del camino un foso muy angosto de dos á tres pies de profundidad; que se llene de piedras hasta nivelarlo con la superficie del terreno, procurando que las de abajo sean sobre poco mas ó ménos de seis pulgadas de diámetro; y que de este foso central salgan tambien á intervalos, otros construidos del mismo modo, para que el agua derrame hácia los desaguaderos laterales del camino.

Hay parages donde los acueductos subterráneos construídos para mantener secos los caminos, son de cuatro á ocho pies de profundidad y casi tres de ancho. Formáronse poniéndose en su fondo una cama de haces de arbustos espinosos de dos pies de grueso, echándoles encima turba ó rastrojo, y cubriéndolos despues con tierra. Estos acueductos, dice Dupin, duran 25 años. El que escribe esta Memoria no tiene ninguna esperiencia en la construccion de caminos; pero consultando á su sola razon, le parece que el método recomendado por Patterson, será únicamente aplicable á los caminos mal construidos, y que dan al agua libre acceso para que penetre hasta el fondo; mas en el sistema de Me Adam, en que son impenetrables á ella, semejantes fosos serán inútiles, costosos y á veces perjudiciales. Ocúrreme tambien que aun en el caso de que el agua pueda penetrar los caminos y llegar á los fosos, no podria salir libremente por estar obstruidos con piedras y otros materiales; y ya se deja entender, que bien sea cálido, bien frio el pais donde se hagan, el estancamiento del agua en el fondo del camino siempre producirá ruinosas consecuencias. Aunque el suelo natural debe estar seco, jamas conviene que sea duro, pues la esperiencia enseña que los caminos hechos sobre rocas presentan las mayores dificultades para su construccion, y duran mucho ménos que los formados sobre un suelo seco y algo blando. Y la razon es muy fácil de concebir, porque así como un yunque puesto sobre una piedra, dura ménos que sobre un trozo de madera; del mismo modo un camino artificial colocado entre el fondo duro del suelo y las ruedas de carruages pesadamente cargados, se destruye mas pronto que otro construido sobre un terreno blando pero seco; porque aquel tiene que resistir todo el tráfico sobre una base inflexible, cual es la roca; miéntras este hallándose como montado sobre un resorte, en virtud de la elasticidad del suelo blando y seco, puede soportar mayor peso y sufrir menor detrimento. Siempre, pues, que se haya de hacer algun camino sobre un suelo compuesto de rocas, éstas se deben rebajar, y llenar las cavidades con tierra comun ú otro cualquier material blando y seco. No exigiendo Me Adam para la sólida construccion de los caminos, sino la sequedad del terreno que ha de servirles de base, condena como errónea y perjudicial la práctica de echar várias capas de piedras de distintos tamaños en los terrenos muy blandos, creyendo darles por este medio, no solo la consistencia de que carecen, sino impedir que las aguas los penetren. A esta opinion atribuye él casi todos los defectos de los antiguos caminos de la Gran—Bretaña, pues se ha observado que las piedras grandes suben poco á poco con el movimiento y choque de los carros; miéntras que las pequeñas se hunden por tener ménos resistencia; y destruido entónces el nivel de la superficie, el agua penetra hasta el fondo del camino, y acumulándose en él, ora se congele, ora permanezca líquida, sus estragos son inevitables. Huyendo M.c Adam de estos escollos, se atrevió á poner en práctica y á consignar despues en sus obras un método enteramente contrario aun en los terrenos pantanosos. Pensó, y yo no sé si piensa todavía, que para construir un camino sobre un tremedal, no era necesario poner piedras grandes, ni palos, ni ninguna especie de materiales, sino que las piedras pequeñas de que usa, son suficientes para que estando bien colocadas, formen un solo cuerpo tan compacto como una tabla ó un madero. Todavía se estendió á decir que cinco toneladas de piedras partidas en pequeños pedazos producian tan buen efecto como siete sobre un terreno duro. Pero la esperiencia desgraciadamente ha venido á manifestar que es falsa esta parte de su sistema: y asi es que, aunque los hombres mas célebres de la Gran—Bretaña, versados en la construccion de caminos, siguen generalmente su método, creen que es necesario echar camas de piedras planas ú otros materiales fuertes sobre los terrenos pantanosos. Preparado ya el suelo natural, veamos de qué modo se mantendrá siempre seco por medio de un camino firme y de superficie igual que impida el tránsito del agua hasta el fondo de aquel. Conseguiráse este fin, haciendo buena eleccion de materiales, dándoles el tamaño correspondiente, y colocándolos en capas muy delgadas. Varios son los materiales de que se pueden hacer buenos caminos. El granito, los pedernales, los guijarros y toda clase de piedras, ó de cuerpos duros que puedan resistir al tráfico, servirán para su construccion; y aunque á veces algunos de ellos han sido desechados como inútiles, esto ha provenido no de su naturaleza, sino de la impericia de los constructores. Debe sin embargo, darse á algunos la preferencia, ocupando el último lugar las piedras calizas, porque si bien se consolidan mas pronto que los demas materiales, no son de muy larga dura,ClOn. Con las escorias de los hornos de las fundiciones de hierro, y con las cenizas de las estufas de las máquinas de vapor sa han hecho en algunas partes del principado de Gales caminos no ménos sólidos que duraderos; y á falta de buenos materiales se han construido tambien en varios parages de Inglaterra é Irlanda con arcilla cocida á manera de ladrillos, y partida despues en pedazos pequeños. Mas este recurso solamente ha sido adoptado por la necesidad, porque tiene contra sí el gran inconveniente del combustible. En la construccion de caminos proscribe Me Adam ente

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