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reconoce en esta señal, que produce, ayudada de sus representaciones, la misma impresion, y hasta mas viva, que la naturaleza ayudada de sus objetos reales. Si la hermosura ausente ó soñada no obra en nosotros tanto ó mas que cuando está presente, podrémos poseer otros mil dotes; pero el de la imaginacion nos es negado. A los ojos de la imaginacion, el mundo real desfallece al lado de sus ficciones. Podemos conocer que nos domina la imaginacion por el fastidio que nos causen las cosas reales presentes. Las fantasmas de la imaginacion tienen una vacilacion y una indecision de formas que conmueven mil veces mas que la claridad y la distincion de las percepciones actuales. Y ademas, á ménos de estar locos, y la pasion no nos hace siempre este servicio, es muy dificil ver la realidad de otro modo que no es, esto es muy imperfecta. Por el contrario, de la imágen se hace todo lo que se quiere, se la embellece sin que lo advierta, se la transfigura á voluntad. Existe en el fondo del alma humana un poder infinito de sentir y de amar, al que el mundo entero no iguala; mucho mé nos una sola de sus criaturas, por mas embelesadora que la supongamos. Toda hermosura mortal vista de cerca no basta á este poder insaciable que ella escita y no puede satisfacer: pero á lo léjos, los defectos se desvanecen ó se debilitan; los matices se mezclan y se confunden con el claro oscuro del recuerdo y del ensueño; y los objetos agradan mas porque están ménos determinados. Es peculiar de los que tienen gran imaginacion el representar las cosas y los hombres de diferente manera que son, y de apasionarse por estas imágenes fantásticas. Los que se llaman hombres positivos son los que sin imaginacion no se aperciben mas que de lo que tienen en frente de los ojos, y admiten la realidad tal como es, en lugar de transformarla. En general poseen mas razon que sentimiento, y son mas capaces de cálculo que de arrebato. Pueden ser séria y profundamente honrados, pero no serán ni artistas ni poetas. Lo que constituye al poeta y al artista, es con un fondo de buen sentido y de razon, sin lo cual todo lo demas es nada, un corazon sensible, hasta irritable, y sobre todo una viva, una enérgica imaginacion. Si el sentimiento obra sobre la imaginacion, se ve, que la imaginacion se lo paga cou usura. Digámoslo; esta pasion pura y ardiente, ese culto á la belleza que constituye al grande artista, no puede encontrarse sino en un hombre de imaginacion. Con efecto, el sentimiento de lo bello puede escitarse en cada uno de nosotros á la presencia de un objeto hermoso; pero cuando este ha desaparecido, si su imágen no subsiste vivamente retratada, el sentimiento que escitó por un instante se disipa poco á poco: podrá reanimarse á la vista de otro objeto, pero para desvanecerse otra vez, muriendo siempre para volverá nacer por casualidad; no siendo nutrido, acrecentado, exaltado por la vivífica y continua reproduccion de su objeto en la imaginacion, carece de esta potencia de inspiracion, sin la que no hay artista ni poeta. Una palabra todavía sobre una facultad, que no es simple, sino una feliz mezcla de las que acaban de ser recordadas, el gusto, tan mal tratado, tan arbitrariamente limitado en todas las teorías. Si, despues de haber oido una bella composicion poética ó musical, ó admirado una estatua, un cuadro, podeis retrazaros vivamente lo que han percibido vuestros sentidos, ver aun el cuadro que ya no está ante , vuestros ojos, oir los sonidos que ya no resuenan, en una palabra si teneis imaginacion, poseeis una cualidad sin la que no hay verdadero gusto. ¿Para gustar de las obras de la imaginacion, no es menester estar uno mismo dotado de ella! ¿No se necesita para que un autor agrade, no el igualarlo sin ánda, pero el asemejarlo en algun grado? Un entendimiento sensato, pero seco y severo, como Le Batteux, como Condillac, ¿no sería insensible á los mas felices arrojos del genio, y no introducirá en su crítica una severidad limitada, una razon poco razonable, pues que no comprende todas las partes de la naturaleza humana, una intolerancia que mutila y aja el arte, creyendo purificarlo? Así pues el que no se represente vivamente las cosas, no las juzgará debidamente; pero, por otra parte no es esta facultad de representacion en sí misma la que pronuncia en cuanto á su belleza. Y ademas esta vivacidad de imaginacion, tan precisa al gusto cuando está un poco contenida, no produce, cuando domina, sino un gusto muy imperfecto, que no teniendo por base la razon, no se cuida de lo que aprecia, y arriesga, el no comprender la mayor de las bellezas, la belleza regular. La unidad en la composicion; la harmonía en todas las partes, la justa proporcion en los pormenores, la hábil combinacion de los efectos, la eleccion, la sobriedad, la medida, son otros tantos méritos que sentirá muy poco, y que pondrá en su debido lugar. La imaginacion entra por mucho, sin duda, en las obras del ar. te, pero en fin, no es todo en ellas. ¿Lo que hace de Athalía y del Misántropo dos maravillas incomparables es únicamemte la imaginacion? ¿No hay tambien en la sencillez profunda del an, en la esplanacion mas usada de la accion, en la verdad sostenida de los caracteres, una razon superior, diferente de la imaginacion que proporciona los colores, y de la sensibilidad que da la pasion? Ademas de la imaginacion y de la razon, el hombre de gusto debe poseer el sentimiento y el amor de la belleza: es forzoso que se complazca en encontrarla, que la buso,que la 3

llame. Comprender y demostrar que una cosa no es bella, es un placer mediocre, una obligacion molesta; pero discernir una cosa bella, penetrarla, ponerla en evidencia, hacer participar este sentimiento á los demas, este si es un goce esquisito, un generoso trabajo. La admiracion es á la véz para el que lo esperimenta, una felicidad y un honor. Es una fel cidad el sentir profundamente lo que es bello, es un honor el saber reconocerlo. Esta admiracion es signo de una razon elevada, servida por un corazon noble. Es superior á esa crítica mezquina, escéptica, impotente; pero es el alma de la gran critica, de la critica fecunda; es por decirlo así la parte divina del gusto.

DEL ESTUDIO DE LAS MATEMATICAS.

(FINAizA.)

I)' Alambert es nuestro cuarto matemático. “Parece que los grandes geómetras debieran ser escelentes metafísicos, á lo ménos sobre los objetos de que se ocupan; y sin embargo distan mucho de serlo siempre. La lógica de algunos de ellos se encierra dentro de sus formulas y no se estiende mas allá. Puede comparársela á un hombre que tuviese el sentido de la vista contrario al del tacto, ó en quien el segundo de estos sentidos no se perfeccionase sino á costa del otro. Estos malos metafísicos en una ciencia en que es tan fácil no serlo, lo serán con mayor razon infaliblemente como lo prueba la esperiencia, sobre las materias en que no les guie el cálculo.” (1) Podemos asimismo colocar muy bien en esta categoria á Dugald—Stewart, que aunque no escribió sobre las matemáticas, fué sin embargo un profesor distinguido de esta ciencia ensu juventud, y cuyas obras filosóficas prueban que jamás abandonó sus primeros estudios. Bajo las otras relaciones es inútil decir que su autoridad es del mayor peso. “Por exacto que pueda ser el procedimiento lógico, no hay absurdo por grande que sea que no estemos dispuestos á adoptar, si hemos admitido temerariamente nuestros primeros principios, ó si nuestros términos son ambiguos, y están mal definidos; por, desgracia los estudios matemáticos, ejercitando la facultad de, raciocinar ó la deduccion, dejan sin ocupacion las otras facultades del entendimiento que intervienen en la investigacion de la verdad. Aun mas, tienden á inspirar gran facilidad , en recibir los data y á circunscribir el campo de la especulacion con definiciones esclusivas y arbitrarias. . . . Cuando el matemático raciocina sobre asuntos estraños á sus estudios favoritos, está dispuesto á suponer con demasiada confianza ciertos principios intermedios, como bases de sus argumentos.... Creo haber observado entre los matemáticos una inclinacion particular

(1) Elementos de Filosofía, ch. 15.

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á prevalerse de los principios sancionados con nombres importantes, y á evitar toda discusion que pudiese conducir al exámen de verdades fundamentales, ó que necesitasen un riguroso análisis de sus ideas. (1)

Añade otras muchas cosas aun, que no citarémos porque

la obra está ó debe estar en manos de todos aquellos á quienes
esta discusion pueda ofrecer algun interes,
Con respecto á las otras autoridades las referirémos cro-
nológicamente. - N
El mas antiguo (despues de sir Kenelm Digby, ya citado,
y al que nos referimos de nuevo) es el de Sorbiere, historiógrafo
real de Francia, que no era, es cierto, autor de matemáticas,
pero que fué amigo íntimo de los mas eminentes matemáticos
de su tiempo, tales como Gassendi (de quien era, segun confie-

sa el mismo Bernier, el mejor discípulo),—Mersenne, Fermat,

Carcavi, &c.

“Es cierto, (dice á propósito del desprecio de Gassendi á la geometría y álgebra sublime, y dé su opinion sobre las matemáticas en general, que consideraba simplemente como un instrumento para las ciencias mas importantes), es cierto que las matemáticas mas abstrusas casi no nos enseñan, por no decir algo peor, á raciocinar exactamente, y contribuyen muy poco á la esplicacion de la naturaleza, y todo el mundo ademas sabe, que los matemáticos mas distinguidos, en los altos ramos de su ciencia, no son muchas veces los mas perspicaces en materias estrañas á sus estudios.” (2)

Y en otra de sus obras:—

“Es cierto, y todo el mundo puede observarlo, que nada hay tan deplorable como la conducta de algunos célebres matemáticos en sus propios negocios, ni nada tan absurdo como sus opiniones sobre las ciencias que no son de su jurisdiccion, Los he visto que se arruinaban en pleitos mal fundados, que disipaban todos sus bienes buscando la piedra filosofal; que edio ficaban de un modo estravagante que emprendian negocios que todo el mundo veia su mal resultado; que temblaban de miedo al menor accidente de la vida; y que eran tan estraños á nuestra civilidad como si hubiesen nacido entre los Margayatas, Tapuyos ó Iroqueses.” (Y despues de haber dado un ejemplo muy curioso, añade): “Y juzgad por esto, Señor, de lo que el álgebra será al buen sentido, cuando no se trate del arreglo y combinacion de los números, y si no tengo razon para creer que las meras abstracciones no producen buen efecto en los negocios de la vida. Son demasiado sutiles para el uso comun de la sociedad civil; es necesario incorporarlas con algu

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(1) Elementos de Filosofía de esp. humano. III. p. 271, 288, 290, (2) Vida de Gassendi; pref Operum Gassendi,

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