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los escritores entran sentando este principio: así lo acredita la historia de todos los tiempos y de todos los pueblos mercantes de la tierra. Pero la política ha favorecido y favorece las leyes peculiares del comercio hasta aquel saludable punto en que los demas intereses del Estado no padezcan: porque si al Estado le faltan las riquezas del comercio y las facultades de dar salida á los productos abundantes de su agriculturan, pierden su fuerza y se acerca con precipitacion á la ruina.

De doscientos años á esta parte ha mudado mucho la constitucion de la América: nosotros casi solos éramos los únicos que sabiamos el camino á ella, y teniamos puertos para asegurar las naves. Hoy es muy diferente, la mitad de la América pertenece á los estrangeros: todos sus puertos abundan de navíos grandes y pequeños, de efectos y de frutos. Nuestras embarcaciones por su cortísimo número se pueden considerar como estrangeras en su pais; al paso que muchas embarcaciones estrangeras pueblan sus mares, y las vemos acercarse á nuestras costas como naturales de él, y el comercio que no podemos hacer por los embarazos de nuestra constitucion, nos lo usurpan; donde no tienen compañías ocultas de comercio, tienen agentes y prácticos de costa que los aguardan en todos los surgideros y entradas de los rios para conducirlos. Esta es su presente situacion que con respecto á la antigua no hay término de comparacion.

Los ingleses, franceses y holandeses son sin duda los mas ilustrados de toda la Europa en el comercio y en la práctica de sus mejores principios, pues vemos que lo hacen con mayores progresos. ¿Cuál es el ejemplo que nos dan?

- En sus colores de América siempre tienen establecidos abundantes depósitos ó almacenes de mercaderías, ya para socorrer mútuamente las necesidades de sus posesiones, y ya para hacer el trato ilícito sobre nuestras costas. La colonia del Nuevo—Boston, capital de la Nueva-Inglaterra, consta por la historia de su comercio y de las demas colonias inglesas en América setentrional, que mantiene seiscientos buques de diferentes tamaños solo para hacer el comercio de Europa, y mas de mil pequeñas embarcaciones para inundar los mares de América, repartiendo el depósito de sus embarcaciones. A proporcion, pues, sucede lo mismo en las demas que rodean nuestras posesiones, y no podemos remediarlo á viva fuerza.

Cuando los ejemplares son buenos y se acreditan como estos con lo infalible de sus efectos, no pueden dejar de tomarse en consideracion. La prudencia escoge de ellos la mejor parte y la mas necesaria, determinando en que puede ser adaptable, y en que nó al pais que trata de remediarse, y tanto mas si faltan otros medios oportunos para conseguirlo.

, A mediados del siglo pasado cuando los estrangeros no tenian colonias en América capaces de hacer el trato, porque de las que hoy son tan famosas, las unas empezaban á establecerse y las otras á descubrirse, padecimos los insultos de las piraterías. Un enjambre de foragidos con el nombre de Filibustieres, asaltaron y robaron nuessros puertos, internaron con crueldades y ultrajaron las costumbres en algunas partes, y tomaron nuestras embarcaciones con sus tesoros y carga. Por Setiembre de 1628 el holandes Pedro Hein atacó delante de Matanzas la flota que conducian el general Bazan y el almirante Laoz ántes de arribar á la Habana. En este solo desgraciado suceso perdimos ocho millones de pesos: cuatro mas que valian los frutos; y diez ó doce navíos de que constaba la flota, vergonzosamente abandonada por el pánico terror que concibieron sus gefes. Y aunque fué degollado en la plaza mayor de Sevilla el almirante Laoz, acusado en la causa por el Sr. Solorzano, famoso fiscal de aquellos tiempos, esto no reparó una pérdida tan grande para el Estado. Podria dudarse si en aquella época fué mayor la suma de nuestros males que la suma de nuestros bienes relativa á los negocios de América. Por todas partes nos insultaron las barbaridades, los robos y latrocinios. Sin embargo, á pesar de la decadencia del Erario Real, entónces mismo se tomó la saludable providencia de establecer una armada en los puertos del Seno Mejicano para defender el comercio y acompañar á España nuestras flotas. Precedida consulta del Consejo de Indias y Junta de guerra que se formó, quedó resuelta esta Armada con el nombre de Barlovento, compuesta de doce bajeles de buen porte y dos Pataches. Y para su manutencion se estableció el derecho de armada en todos los puertos de América. Ya en 1641 salió á navegar por primera vez: su admirable institucion se cumplió á la letra, pues consta que condujo á España con felicidad las flotas de 1743 y 1745, de donde prontamente refrescadas de víveres, volvian á salir para hacer sus campañas en los puertos del Seno Mejicano. Esta armada subsiste hoy con el mismo título y se cobra aquel derecho para mantenerla; pero el servicio que hace no es el mismo ahora que entónces. La diferencia desde aquel tiempo á este en el transcurso de ciento veinte años consiste en que los piratas se han convertido en contrabandistas. Luego que los comerciantes tuvieron puertos comenzaron el contrabando en que hacen consistir uno de los ramos mas resplandecientes de su comercio. Los almacenes de sus colonias nunca están escasos. Las embarcaciones europeas comercian derechamente con la metrópoli y las embarcaciones mas pequeñas de América hacen trato repartiendo á todas partes sus géneros por medio de sus comisarios que los reciben en la costa, en los rios ó surgideros desiertos, de modo que por semanas saben en las colonias por el gran número de embarcaciones que emplean, cual es el género que abunda y cual el que se escasea en una provincia para proporcionar con acierto las remisiones. Este es su acertado manejo y así recogen el fruto por todas partes. Cuando yo salí de Cádiz para esta Isla quise imponerme con alguna formalidad de este trato y consulté á nuestro famoso Areicoechea que en la guerra de 1740 habia hecho tantas proezas en estos mares contra los corsarios. Con este motivo escribí el proyecto que es adjunto. El moderno autor ingles de la historia de Jamayca es el primero á quien he visto imputar los productos de aquella isla por su trato con nosotros en relacion á las remisiones de plata que cada año se hacen á Europa, aunque no en relacion á los fondos que con él se aumentan en la misma Isla. Sus palabras son estas: Cada año se llevan de la Jamayca á Inglaterra 300.000 pesos fuertes á lo ménos, que no es una mediana ventaja para la nacion. En una palabra, esta Isla es una feria subsistente donde se venden todas las especies de mercancías que produce la Gran—Bretaña, y donde se pagan á dinero de contado ó se cambian con otras á eleccion del vendedor. “Un establecimiento como este, dice mas adelante, debe ser sostenido por muchas razones. No solo es importante á la nacion con relacion á su comercio, sino que lo es todavía mas por otros motivos. Su situacion es tan ventajosa que con poco trabajo y poco gasto se puede tener á la España en arma. Cualesquiera navíos de guerra, cualesquiera ligeras barcas que corran las costas de los franceses y españoles bastan para inquietarlos.” Añade despues que la Jamayca es una mina inagotable de donde la nacion inglesa saca inmensas riquezas, y se cargan todos los años quinientos buques para Europa valuados á 150 toneladas cada uno, que hacen el número de 75.000: que el producto de su azúcar monta á corta diferencia á un millon de libras esterlinas y otro millon ó mas, en que se puede valuar el importe de los demas géneros que produce, al cambio de los cuales se dan los de las manufacturas de la Gran—Bretaña: que por un cálculo moderado resulta mantener la Jamayca con su comercio mas de cien mil almas, sin contar 40.000 blancos á lo ménos, de los cuales los 17.000 son propios para llevar las armas como establecidos en su seno. “Imaginad por aquí, prosigue el autor, de cuanta importancia es esta Isla para el Estado y qué riquezas le produce. No lo es ménos por su situacion en el centro de los establecimientos de los españoles en América. Ningun navío puede ir hácia el continente, ó volver sin pasar á la vista de Jamayca. Cuántos caerían en nuestras manos si armásemos en corso un número suficiente con buenos oficiales! ¿Tendríamos que temer la guerra! El provecho que sacaríamos de estas presas no nos desquitaria de los gastos de armamento! Los navíos que vienen de Cartagena, tocan en la Isla Española, de donde no pueden hacer vela para la Habana sino pasando por nuestras vecindades. La Habana es el puerto general de la flota y fácilmente se conoce cuanto importa su entera union para su seguridad: pues nada seria mas fácil que impedir esta union haciéndonos dueños de los mares que nos rodean.”

Así piensa este autor ingles hablando á su nacion y su gobierno calculando las utilidades. Otros ingleses se glorian de que el total ingreso por su trato en nuestras costas asciende á seis, ó siete millones de pesos en plata y frutos cada año, pero no he visto como le ajustan, ni como le reparten entre sus colonias. De todo lo espuesto debe resultar necesariamente una cuestion:

Si será conveniente en el presente estado de los negocios de América respecto de nuestro comercio y sabia politica del gobierno el variar alguna parte de la forma y constituciones con que lo hacemos. Será conveniente examinar algunos puntos esenciales á este comercio, v. gr. Proteccion del comercio de América estableciendo en ellas algunas fuerzas: aumentar la cantidad de las espediciones mercantiles: acortar la demasiada grandeza de los buques; remover los estorbos que le embarazan; hacer menores riesgos de caudales y repartirlos por muchas manos; facilitar la circulacion del dinero para que el interes aliente mayor número de operarios de todas especies: surtir mejor de lo que está por nosotros á la América: balancear los precios en concurrencia de otros géneros para que tengan la preferencia; crear una marina mercantil con adelantamiento de nuestra construccion: contener en cuanto sea posible el trato ilícito etc. Estos y otros muchos serian dignos del mas serio exámen y de la reflexion de muchos hombres.

El sabio autor de los elementos del Comercio en su primer tomo capo 5o de Navegacion, y en otros establece principios admirables, cuya certidumbre parece que no puede revocarse en duda.—Acabo aquí mi informe, y si he equivocado los medios

no se equivocan mis deseos del mejor servicio del Rey y de la Patria.

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