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Investigar las verdaderas causas de esta de cadencia y su remedio seria sin duda el asunto mas digno de ocupar los mejores talentos de la patria. De muchos años á esta parte se oye decir que el comercio de Nueva—España está arruinado: que en algunas flotas se ha perdido parte del capital de España: que en el concepto general cuando se sale mejor es con un interes de veinte y cinco ó treinta por ciento del caudal que se embarcó y regresa á Cádiz (*): que ya pasó aquel tiempo en que nuestras espediciones dejaban un ochenta ó ciento por ciento de ganancia: que los efectos se quedan rezagados en el Reino: que muchos no se vendieron sino con plazos, ó largas esperas, y aun perdiendo del capital de España, y que la plata acuñada suele escasear en el Reino.

22—Causas á que se atribuye su decadencia.

Puede muy bien entrar alguna exageracion en estos lamentos, pero la conformidad en las voces y su firmeza derivada de año en año parece que funda el derecho de la verdad. ¿De qué viene pues una desgracia tan sensible! Dícese que de la abundancia porque no se hace la remision de géneros en proporcion al consumo del Reino; que el número de toneladas de las flotas es muy escesivo; que son las muchas las cargas que sufre el comercio, así en España como en América: que las espediciones son muy dilatadas por el tiempo que gastan en el retorno; y que la introduccion de ropas por el desórden del ilícito comercio, son las principales ó mas activas causas de esta ruina. Si ellas son las verdaderas, parece pues que el remedio de muchas está en las propias manos de los españoles.

Pero este remedio no debe ser únicamente relativo al comercio de Nueva—España. Es preciso poner en consideracion todas las costas del Seno Mejicano, y doblando el Cabo Catoche estender la providencia hasta Cartagena y provincias de Caracas: porque todas aquellas partes están infestadas con el contrabando estrangero y poco asistidas del comercio español. La sabiduría del Gobierno hará sin duda que los deseos de la nacion en este asunto tengan su justo cumplimiento.

3—Reflexiones sobre las causas á que se atribuye la decadencia de este comercio.

Sobre esto habría que decir en cuanto á la abundancia de géneros en el reino y ser mas lo que se embarca en Cádiz que

(*) Cuanto se aplaudiría nuestro comercio en 1846 si en sus mayores ganancias pudiera obtener este interes de que se quejaban en 1768.

lo que se puede consumir en Nueva—España; que la abundancia considerada en sí mismo ó en cierto punto de conveniencia comun léjos de perjudicar al comercio de España, le favorece. No habrá una ganancia de 70 á 80 p.3 como otras veces; pero habrá una ganancia regular sucesiva y bastante para mantener el comercio, porque la moderacion en los precios de las cosas que se llevan por viá de Cádiz, cerrará la puerta á la introduccion de géneros de ilícito comercio. Y porque el equilibrio de precios, la igualdad ó corta diferencia necesariamente ha de disminuir aquel trato.

O - - n e 4-Ejemplos que ofrece la esperiencia sobre la abundancia de géneros.

. Este es en efecto el que palpablemente se toca por esperiencia en la isla de Cuba. Abunda la plaza de la Habana de todo género de lencería, de caldos y comestibles: una pieza ordinaria de Bretaña que valia ántes seis ó siete pesos, se vende ahora por tres: un barril de vino de San Lúcar, cuyo flete solamente costaba diez ó doce pesos, se vende ahora por estas mismas cantidades ó poco mas y se consume infinito.. Los pueblos de Tierra—adentro se surten con conveniencia y facilidad: de donde resulta por una consecuencia necesaria que estos mismos efectos y cualquiera otros, por ejemplo, arrojados con sobresalto sobre las costas, espuestos á peligros, á robos, descaminos y otras averías inseparables ¿ ilícito, no pueden tener despacho, porque el concurso y abundancia de los anteriores no les deja una recompensa equivalente.

52—La abundancia no es verdadera causa de ruina en el comercio del modo que se dice.

Resultará pues de la abundancia que el comercio de España no logre en cada espedicion aquellas ganancias asombrosas que se ponderan de otros tiempos; pero tendrá las necesarias para mantenerse: para hacer un giro no interrumpido de comercio: para multiplicar las espediciones arriesgando ménos intereses, y para poner como se ponen ya otras economías y otros ahorros que jamas se habian conocido en la carrera de

Indias.

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6o—Las espediciones de buques pequeños son las mas útiles y prontas para el comercio.

Las espediciones en buques grandes siempre son muy costosas por las muchas plazas de oficiales de mar, mucha marinería que ocupan ranchos y carnes. Por el contrario: estamos viendo en este puerto que la mayor parte del comercio libre se hace con paquebotes, goletas, bergantines y saetías de ciento cincuenta y doscientas toneladas. Las tripulaciones que traen no pasan de quince á veinte hombres, sus ranchos son limitados y poco costosos: viven á bordo los oficiales y sobre-cargos, sin tomar casa en tierra: miéntras se descarga la embarcacion, si no necesita una carena de firme, se le recorren las costuras y cubierta: se le da fuego y sebo: toma su carga de azúcar ó tabaco, comprada y á flete, y sale del puerto á los veinte dias, al mes, ó á los dos meses cuando mas: hay embarcaciones que en un año han completado dos viages que llaman redondos: y hay individuo que trafica con Cataluña, que confesándome la ganancia de diez y ocho mil pesos en un viage por las ventas y fletes de su embarcacion, se ha retirado muy contento y en ánimo de no perder un instante para volverá cargar y regresar á la Habana.

Si este género de comercio nunca interrumpido se pudiera estender y establecer en todos ó los mas puertos y costas de América para que nunca faltasen los efectos de España y á precios acomodados se cerraria la puerta á los estrangeros y acortaríamos su trato ilícito en una buena parte.

7o—Costos é inconvenientes que resultan de las espediciones en
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buques grandes. (*)

Pero vemos que lo comun de nuestras espediciones de España á cualquiera puerto de América es hacerlas en embarcaciones mayores que no salen de Cádiz sino despues de unos gastos sumamente crecidos. A proporcion de ellos, de la marinería que necesitan y de sus ranchos, crecen los fletes de la carga, llegan á los puertos y se eternizan en ellos, porque el retorno no se verifica sino al cabo de uno ó dos años. La broma de

(*) Nosotros no hemos querido impugnar ninguno de los principios equivocados que contiene este documento, pues nuestra idea solo es presentar el estado de nuestro comercio en aquella época y el sistema á que estaba reducido; pero al leer este punto mos ocurre manifestar que en nuestros dias se calcula de otro modo: los buques pequeños en largas navegaciones nunca ofrecen las ganancias que los buques mayores.

que abundan tanto los puertos de América, pasa á las embarcaciones y obliga á nuevos gastos y carenas. Los cargamentos de frutos se juntan con mayor dificultad; las demoras son casi inevitables y por estas demoras se pierden las buenas estaciones del año para navegar y los vientos favorables para salir de los puertos.

Sería proceder al infinito dar ejemplos en confirmacion. De navíos de flotas he visto regresar algunos sin carga, despues de haber estado consumiéndose cinco ó seis meses en Veracruz: vienen bajo de bandera de guerra y no pueden regresar si no es cuando se les permite: de navíos sueltos con destino á determinados puertos he visto lo mismo: actualmente quedan en la Habana el Vigilante y San Nicolas de Bari que regresan del golfo de Honduras para Cádiz. El primero salió de España el dia 24 de Julio de 1765: ha tenido que carenarse en Omoa y salir al mar en muy mal estado por nuevas demoras que tuvo; volver de arribada á Omoa; venir á este puerto para descargar, y ponerse en carena de firme: haber buscado ántes de salir del golfo socorro de pertrechos y de marina entre los mismos ingleses que hacen corte de palo y contrabando en su establecimiento de Bacalar sobre nuestra costa: traer gastados mas de tres años y cincuenta mil pesos en estas andanzas y composturas.

El segundo salió de Cádiz en 2 de Noviembre de 1766 y ha sido algo mas feliz en despachar, pero viene con la misma necesidad de carenarse: queda descargando, y es preciso que cuando uno y otro lleguen á salir para Cádiz dejen gastados todas las utilidades de los fletes y acaso mucho mas de su carga.

Es una consecuencia casi precisa el demorarse las espediciones de buques de tanto porte; porque su carga es mucha, y las ventas son dilatadas. La carga de frutos para el retorno baja con dificultad á los puertos; y en tanto las embarcaciones perecen por la broma y por otras mil causas.

8o—Recuerdo de nuestras antiguas navegaciones á la América y otras partes y de lo que floreció nuestra marina.

De nuestros autores españoles consta que en el año de 1586 pasaban de mil navíos los que teniamos en varios puertos de la Península pertenecientes á particulares españoles: que desde Vizcaya navegaban mas de doscientos á Terranova para la pesca del bacalao, y á Flandes para llevar lanas: que en Galicia, Asturias y Montañas habia otros doscientos que hacian viages á Francia, Flandes, Inglaterra y Andalucía con nuestros frutos y mercaderías, y que en los puertos de Andalucía habia cuatrocientos empleados solamente en la navegacion de Indias y de Canarias. Así navegamos y así teniamos marina en aquel tiempo; pero ya en el año de 1611 en que publicó su arte de fabricar naos el capitan Tomé Cano, estaba tan abandonado este arte y tan cadavérica nuestra nacion y marinería como consta de la historia de aquel tiempo y de muchas desgraciadas espediciones. Aun estando las costas de América ménos conocidas en el siglo XVI la navegacion se hacia con mayores progresos que ahora. Se pasaba de unos puertos y se llevaban los sobrantes de nuestros frutos, se socorrian mútuamente las necesidades de las provincias y llegamos á crear una marina tan floreciente que fué digna de merecer todo el desvelo de los Sres. Reyes católicos, concediendo privilegios á los naturales que se dedicasen a la construccion, segun consta de sus leyes recopiladas. Decayó aquel espíritu y se subrogó otro órden de navegacion; pero en vez de prosperar la marina y el comercio se fueron aniquilando. Esta desgracia ha seguido y va siguiendo hasta el punto en que la representan los lamentos del comercio español, sin que por esto veamos que las provincias de América estén mejor socorridas por nosotros. Sucede muchas veces que nuestros tegidos de seda y lana, nuestros vinos, frutos y comestibles españoles abundan mucho en un puerto, al paso que en otro de la misma costa ó de la de en frente no tienen sus habitantes que comer, que beber ni que vestir; sin embargo, el sobrante del primer puerto no puede pasar al segundo por mano de los españoles ni en sus mismas embarcaciones para socorrer la necesidad despachando sus efectos. Los registros se han de cumplir precisamente en el puerto ó la provincia para donde se sacaron; y meiéntras que esta sujecion de nuestro comercio límita así sus facultades, las colonias estrangeras celosas siempre del suyo, tienen gran cuidado de aprovecharse de los efectos de esta constitucion y proveer á buenos precios las provincias que nosotros dejamos en una escasez tan urgente. Esto es tan notorio en toda la América, que seria inútil recurrir á las pruebas. Pues si los daños son ciertos, las leyes, los buenos principios de comercio con las leyes de política es preciso que concurran á combinar los estremos y á desvanecer tantas contradicciones como aparecen.

9o—Graves razones que obligan á pensar en el remedio.

Enemigo irreconciliable de la opresion, el comercio huye siempre de ella para buscar el pais de las franquicias. Todos

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