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partes, principalmente por la region oriental, por otras muchas es llana. Aun en aquellas, ni las montañas son inaccesibles, ni su configuracion es de tal naturaleza, que siempre pongan al viagero en la necesidad de pasarlas, pues á escepcion de la parte oriental, entendiendo por tal toda la jurisdiccion de Baracoa y Santiago de Cuba, por donde las cordilleras atraviesan toda la Isla desde el mar del Norte hasta la gran sierra de Jurquino sobre el mar del Sur, las demas se esienden por la parte central de ella, formando grupos acá y aliá, y dejando franco el paso asi por un lado como por el otro.

Esta indicacion sencilla manifiesta claramente que bien podrá salvarsé en muchas partes el escollo de las montañas, dando otro rumbo á los caminos; pero en el esta lo imperfecto de los conocimientos que tenemos sobre la Isla, es imposible designar cuales serán los lugares donde nos podremos desviar de la recta direccion, pues esto depende de la estructura, estension y elevacion de las montañas ¿cuál es la inclinacion que se deberá dar á las subidas y bajadas Aun entre los autores mas célebres, han sido várias las oponiones; pero en medio de esta incertidumbre, presentaré algunos datos que, derramando alguna luz, podrán conducirnos al acierto.

En Inglaterra, cuyos caminos son un modelo digno de imitacion, los coches y los carros pueden subir y bajar por los terrenos quebrados sin cesar el trote de los caballos; y á la verdad que esto no podria hacerse si no fuesen muy suaves las inclinaciones de los caminos. Edgeworth calcula, que la mayor inclinacion de estas rampas debe ser una trigésima parte por unidad de longitud, v. gr. de un pié en cada 30. En tal caso, opina tambien, que miéntras se corre esta distancia de 30 pies, es preciso levantar a trigésima parte de todo el peso que tienen el coche, su carga y los caballos uncidos á él; resultando por consecuencia, que durante esta operacion, la trigésima parte del peso se opone continuamente al tiro de los caballos; de manera que un carro de seis toneladas debe esperimentar una resistencia, igual á la fuerza ordinaria de dos caballos.

Telford refiere, que algunos de los caminos de la Gran-Bretaña, compuestos en estos últimos años, tenian una inclinacion de un pié en cada seis, siete, ocho, nueve y diez. Tan rápido descenso es incompatible con la seguridad del viagero y con la prontitud de las comunicaciones; para impedir que en lo sucesivo se reproduzcan males de semejante naturaleza, propone como modelos, los caminos que bajo su direccion se han construido por los montañosos lugares del norte del principado de Gales; cuya inclinacion longitudinal generalmente es de casi un pié en cada 30; y aunque hay partes por donde su declive es de un pié en 22 y de uno en 17, todavía los coches y carros

Direccion verlical. - .

Nada parece tan conforme al fin con que se hacen los caminos, como el acortar las distancias de un punto á otro. Los menores gastos de construccion, y la prontitud de los viages, son razones suficientes para decidirse en favor de los que se estienden en línea recta; pero ni siempre puede dárseles esa rectitud tan decantada, ni tampoco es tan necesaria como generalmente se cree. Si volvemos la vista á los de la isla de Cuba, los encontrarémos en aquel estado que corresponde á los paises, donde sin haberse hecho jamas buenos caminos, todos los esfuerzos del hombre solamente se han dirigido á abrir por entre los bosques una senda para comunicarse de un lugará otro: senda que, sobre ser irregular é imperfecta, hubo tambien de ser tortuosa por necesidad, puesto que el estado anegadizo de algunos terrenos, el hondo ó rápido curso de los rios, la altura de las montañas, la profundidad de los precipicios, y otros muchos obstáculos que á cada paso le presentó la naturaleza, hubieron de obligarle á torcer continuamente la primitiva direccion de sus caminos. Que estos deben enderezarse, acercando, por decirlo así, nuestros pueblos y ciudades; que al viagero se deben ahorrar los gastos y fatigas de una jornada en que anda inútilmente leguas y mas leguas, son puntos, ni tan desconocidos, ni tan olvidados entre nosotros, que no hayan dejado de merecer la atencion pública, y aun de ser el objeto de trabajos importantes. Entre los documentos que yacen sepultados en los archivos de Santiago de Cuba, existe una Memoria que sobre apertura y construccion de caminos estendió en 1797 D. Juan Francisco Salazar, entónces administrador tesorero de aquella ciudad. Acompáñanla várias tablas, y en una de ellas se demuestra la distancia que entre sí tienen la mayor parte de los pueblos comprendidos entre Cuba y Baracoa: en otra se enumera la diminucion de las distancias que habria de un lugará otro, abriendo los caminos en linea recta; y en la última se indica la diferencia de leguas entre los caminos viejos, y los nuevamente propuestos. Y pareciéndome que estas tablas podrán derramar bastante luz en la materia que nos ocupa, me atrevo á insertarlas aquí, recomendándolas como dignas de la consideracion de la Sociedad.

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no esperimentan inconveniente, porque el camino tiene en esos parages gran consistencia é igualdad.

El célebre baron Dupin, confiesa en una de sus mejores obras, titulada Viages por la Gran-Bretaña, que la Francia dista mucho todavía de haber reducido la inclinacion de sus caminos á los límites que ofrecen los del principado de Gales; y por tanto recomienda que seria útil darles una trigésima parte en las rampas largas, y una vigésimaquinta en las cortas. Felices nosotros, si enseñados por la esperiencia de pueblos que marchan á la vanguardia de la civilizacion, podemos evitar todos los escollos en que han caido, y sabemos aprovecharnos de las ventajas que han alcanzado a

Casos hay, en que los collados tienen tan rápido declive, que no puede darse á las subidas y bajadas una suave inclinacion, sin alargar la ruta demasiado. Para entónces convendrá adoptar un método distinto, que consiste, en rebajar la cima del collado, pues al paso que así se disminuye la altura que se ha de subir, los materiales de que se compone, pueden servir para rellenar los valles ó partes inferiores del camino.

Cuando estos hayan de correr por una estensa montaña, bueno será hacer de trecho en trecho esplanadas horizontales, donde puedan los animales pararse á tomar resuello. Piensan algunos que omitido este requisito, la senda no quedará bien trazada: pero si se trae á la memoria que la inclinacion dada recientemente en Inglaterra á varios de los antiguos caminos que pasan por largas montañas, es por todas partes uniforme y sin interrupcion, entónces se conocerá cuán equivocado es el concepto de los que asi piensan.

Aun entre hombres de mérito es válida la opinion, que las sendas undulatorias, ó compuestas de pequeñas inclinaciones se deben preferir á las enteramente planas, y fúndanse para esto, en que la alternacion de subidas y bajadas permite á los animales poner en accion distintos músculos, dando á los unos tiempo de descansar miéntras trabajan los otros; ventaja que dicen no se consigue cuando los caminos son enteramente llanos. Pero yo creo que el exámen de esta cuestion, despues de dar orígen á brillantes teorías, y á cálculos muy científicos, muy poca ó ninguna utilidad podrá ofrecer en la práctica. Asi que, contentándome con indicarla, y no con discutirla, pasaré á tratar de la

Anchura de los caminos.

Una latitud estrema y una estrechez reducida son los escollos en que se puede caer al tiempo de construirlos. Si son mas anchos de lo necesario, mayores gastos y tiempo para hacerlos y repararlos y terreno perdido para la agricultura, son las consecuencias que se derivan- Si son mas estrechos de lo que exigen las necesidades del pais, habrá dificultad en el tráfico, pérdidas de tiempo considerables y grandes erogaciones que hacer para remediar estos males, comprando á los propietarios los terrenos que se necesiten para darle mas amplitud. Francia ha caido en la primera falta, Inglaterra en la segunda, no obstante que en muchas partes tienen sus caminos la latitud suficiente. Cautos nosotros, y hallándonos en circunstancias muy ventajosas, por lo mismo que todavía carecemos de caminos, bien podemos salvar ámbos estremos, abriendo los nuestros conforme á las necesidades presentes y futuras de nuestra agricultura y comercio. Y pues que estas son la base en que se debe fundar su anchura, ya se deja percibir, que no puede ser igual en todos ni por todas partes. Un camino muy transitado, claro es que pide mas amplitud que otro de poco tráfico. Un camino que conduzca á la capital, ciudades principales y puertos de mucho comercio, se debe ir ensanchando á proporcion que se vaya acercando á ellos, puesto que son los puntos de gran confluencia. Ni será nuestra norma en su construccion el estado presente en que nos hallamos. Nuestras miras se deben estenderá lo futuro; y en aquellos lugares donde la naturaleza ó la industria del hombre puedan llamar un gran concurso, allí debemos trazar las rutas, no conforme á lo que hoy somos, sino á lo que con el tiempo serémos.

No es posible prescribir desde ahora reglas fijas sobre la anchura que debe dárseles, porque esta debe variar segun las circunstancias á que he aludido; y lo único que se puede hacer es dar el máximo y el mínimo, sujetando siempre estos térmi

nos á las modificaciones que dicte la necesidad ó la convenien

cia. Si quisiéramos guiarnos por el ejemplo de otros pueblos, la Gran-Bretaña nos ofrece una acta de su Parlamento, en la que se manda que los caminos tengan en las inmediaciones á las grandes ciudades 60 pies de ancho. Todavia es mucho mayor la de los caminos reales en Francia, pero sin deslumbrarnos con tan brillantes modelos, tengo para mí que tanta amplitud es supérflua, puesto que un camino de 16 á 20 varas, es suficiente y de bastante desahogo para permitir el tránsito simultáneo de tres carros apareados, y gentes á caballo y á pié. Parece qué la minima anchura de los caminos reales, particularmente en los que sean de mucho tráfico, nunca debe ser ménos de nueve varas, para que así quede paso franco á dos carruages en direcciones encontradas, y á los viageros de á pié y á caballo; debiendo contarse con que mejorados los caminos, habrá muchos que emprendan esta marcha, ya por necesidad, ya por diversion. Estrechar los límites que acabo de señalar, seria oponerse á los mismos males que todavía se esperimentan en algunas partes de Inglaterra, donde estando reducida su lati

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