Lecciones sobre la retorica y las bellas letras ...

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Impr. real, 1804
 

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Página 269 - Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos...
Página 287 - ... un día Lucinda, y por los hierros del portillo fuésele de la jaula el pajarillo al libre viento en que vivir solía. Con un suspiro a la...
Página 302 - La dulce boca que a gustar convida un humor entre perlas destilado, ya no invidiar aquel licor sagrado que a Júpiter ministra el garzón de Ida, amantes, no toquéis, si queréis vida...
Página 333 - Ya sólo venían de aquellas partes lamentos y querellas de lo que allí se padecía: el celo de la religión y la causa pública cedían enteramente su lugar al interés y al antojo de los particulares, y al mismo paso se iban acabando aquellos pobres indios que gemían debajo del peso, anhelando por el oro para la avaricia ajena, obligados a buscar con el sudor de su rostro lo mismo que despreciaban, ya pagar con su esclavitud la ingrata fertilidad de su patria.
Página 299 - Y el Santo de Israel abrió su mano, y los dejó, y cayó en despeñadero el carro, y el caballo y caballero.
Página 304 - Cierran y ocupan el espacio que entre ciprés y ciprés se hace, mil olorosos rosales y suaves jazmines, tan juntos y entretejidos, como suelen estar en los vallados de las guardadas viñas las espinosas zarzas y puntosas cambroneras. De trecho en trecho...
Página 354 - Y suspirar divino. Serpea entre la yerba el arroyuelo, En cuya linfa pura Mezclado resplandece el claro cielo Con la grata verdura. Del álamo las hojas plateadas Mece adormido el viento, Y en las trémulas ondas retratadas Siguen su movimiento.
Página 298 - Acude, corre, vuela, traspasa el alta sierra, ocupa el llano, no perdones la espuela, no des paz a la mano, menea fulminando el hierro insano.
Página 322 - Telesio la miraron, volviendo el rostro a toda aquella agradable compañía, con sosegada voz y lamentables acentos, les dijo: -Veis allí, gallardos pastores, discretas y hermosas pastoras; veis alli, digo, la triste sepultura donde reposan los honrados huesos del nombrado Meliso, honor y gloria de nuestras riberas.
Página 300 - Poco le valia al sacerdote su santimonía , y al fraile su retraimiento, y al viejo sus nevadas canas , y al mozo su juventud gallarda , y al pequeño niño su inocencia simple , que de todos llevaban el saco aquellos descreídos perros...

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