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constancia y santidad, como adelante se verá. Con los frailes de la provincia del Santo Evangelio fué menester guardar otro modo para notificarles las patentes, porque como el provincial y sus secuaces estaban en México tan favorecidos del Virey, que no hacia él entonces en estos negocios mas de lo que ellos querian y le voqueaban, estaba claro que si se notificaban las patentes al provincial hacia de acudir luego con ellas al Virey, y él no habia de querer que se ejecutasen ni tuviesen el dicho efecto, y asi no solo no se hiciera nada, pero aun tambien quedaran las patentes enterradas y perdidas, y asi ftté necesario presentarlas á la Audiencia de México y pedir diese favor y ayuda para que libremente se notificasen y usase dellas el padre Comisario; vistos por la Audiencia los traslados de las dichas patentes, autorizados por un escribano real, y por ante un alcalde ordinario de Guadalajara con aprobacion de otros tres escribanos, luego los admitieron y mandaron que se notificasen en el convento de México y en otros tres de aquella provincia, como en las patentes mesmas se contenia. Fué un escribano á notificarlas á San Francisco de México, y el fraile que en aquel convento tenia nombre de guardian no se las dejó notificar, y asi se volvió sin hacer nada, mandó despues la Audiencia que su mesmo secretario las notificase, el cual cuando lo quiso hacer no halló juntos sino á los novicios y coristas con el sobredicho guardian, á los cuales los notificó, y el guardian usando de una cautela maliciosisima, con que pensaba quedar disculpado y que lavaba sus manos de la sangre del justo, respondió que no se usaban en la orden traslados de patentes, que pareciesen los originales y que entónces, pecho por tierra; losobedeceria, como si fuera de menos autoridad la Audiencia, la cual los habia admitido y dado por bastantes, y mandado que se notificasen, y como si no fuese cosa ordinaria cuando un comisario ó visitador llega á una provincia, enviar traslado auténtico de su comision, y darle luego entera fé y crédito, pero como tenian al Vire y de su mano decian y hacian cuanto querian, y salianse con todo. En los otros tres conventos que fueron Tlatilulco, Tlacuba. y Tlanepantla, se notificaron tambien, y lo que respondieron fué lo que les tenian avisado, y fué que aquello competia al provincial y difinidores y que respondiesen ellos, como si esto bastara á librarlos de la obediencia y censura de excomunion mayor, latm sententice, que en las dichas patentes ponia su prelado: quiso Dios que al cabo de pocos dias pareció en palacio un pliego de España para el mesmo padre Comisario, y abierto por el fray Francisco Sellez, halló dentro un duplicado de las patentes del padre Comisario general de todas las Indias, originales y pasadas asimesmo por el consejo real delas mesmas Indias, y haciendo demostracion dellas á la Audiencia de México, pidió dejasen hacer su oficio al padre Comisario fray Alonso Ponce, la cual proveyó en acuerdo un decreto, á dos de Marzo, diciendo que hiciese el dicho padre Comisario su oficio conforme á aquellas patentes y las notificase como en ellas se contenia. Púsose este decreto á las espaldas de la mesma peticion, de letra y rúbrica de unos de los oidores, como es uso y costumbre en las Audiencias, para que conforme á él hiciese el secretario un auto, pero ó por yerro de cuenta ó con alguna cautela ó malicia, este decreto se dió al Sellez; el cual, teniendo aviso que le querian impedir lo que trataba acerca de los negocios del padre Comisario, y sospecitando algun fraude, no quiso aguardar á que se hiciese el auto, porque así se lo aconsejaron, sino partióse luego á lo de Michoacan, á la presencia del padre Comisario, llevando consigo el dicho duplicado de las patentes y el decreto sobredicho y otras cartas y recados que vinieron en aquel pliego, y fué á alcanzarle al convento de Xiquilpa, como adelante se dirá. Háse dicho esto aquí por venir apropósifo, aunque es antes de tiempo, y así no será menester repetirlo en su lugar.

Mediado el mes de Febrero partió para España, del puerto de San Juan de Ulúa, un navichuelo, en el cual se embarcaron dos frailes de la provincia del Santo Evangelio por mandado del provincial, y con orden del Virey, con papeles y recados contra el padre Comisario, el uno de los cuales era fray Alonso de San Sebastian, de quien ya se ha tratado atrás dos ó tres veces, al cual, como le dijesen que no se embarcase en aquel navio porque era muy pequeño é iba muy cargado, replicó á los que se lo decían, que por su madre la provincia en una canoa se embarcara, cuanto más en aquel navio; todos los que entendían algo de mar y de navegar les dijeron á estos frailes que era temeridad muy grande meterse en aquel vaso, y de nada desto hicieron caso, y asi los castigó Dios, porque (segun despues se tuvo por nueva cierta) al navio sorbió la mar y con él á los frailes y todo lo que llevaban, entre lo cual iba mucha suma de pesos en dinero y cédulas de crédito, para que allá en Españ les diesen mas. Juicio por cierto y castigo grande de Dios que los quiso atajar tan malos pasos, y castigar su temeridad y atrevimiento, viendo que ni querían volver sobre sí y sujetarse á su prelado, ni escarmentar en lo que habia sucedido al custodio y á su compañero, que habia ido por el mesmo camino y con los mesmos intentos, como atrás queda dicho.

De como el padre Comisario prosiguió su visita y llegñ á Zapotitlan, y de algunas cosas notables.

Domingo primero de cuaresma, quince de Febrero, salió el padre Comisario, despues de comer, del convento y pueblo de Autlan, acompañado del alcalde mayor y de otros españoles, los cuales fueron con él un gran trecho, y vueltos para sus casas prosiguió él su viaje; y andadas dos leguas de camino llano, con un bravisimo sol, llegó antes que se pusiese á un poblecito pequeño llamado Zacapala, visita de Autlan y de aquella lengua, donde fué recebido con música de flautas y chirimias y con algunas danzas, y se le hizo mucha caridad. Por cerca de aquel pueblo corre el riachuelo que el padre Comisario pasó por cuatro brazos junto á Ayuquila el dia que entró en Autlan, el caal, segun le certificaron frailes y seglares, habia venido pocos dias antes con tan grande y furiosa avenida y creciente, que no solo destruyó á los pobres indios las milpas de maiz que tenian en sus riberas, pero aun no les dejó tierra en que poder sembrar otras, porque se la llevó con su creciente, y dejó en su lugar mucha piedra guijeña que trajo de otras partes. Derribó y anegó muchas casas de indios, pero saliéronse los moradores huyendo con tiempo; solas seis personas, ó porque les cogió durmiendo, ó porque estaban descuidados, no pudieron huir porque

cuando lo quisieron hacer se hallaron cercarlos de agua; hicieron un agujero en el techo de la casa, que era de maderos y paja, por el cual subieron á lo alto y se pusieron sobre el caballete, pensando librarse allí, entendiendo que presto se amansaria aquel impetu; pero fué tanta el agua que cubrió las paredes de la casa, y tan recia su furia, que arrancó el techo todo entero, y se le llevó yendo sobre él las seis personas, que eran marido, mujer y cuatro hijos; quiso Dios que no se trastornase el techo, y que llevado asi por el agua se detuviese atravesado en unos árboles, donde estuvieron los pobres cuatro dias hasta tanto que pasó la avenida y los socorrieron y remediaron: halláronlos muy fatigados y desmayados, porque no habian comido sino algunas cañas y mazorcas de maiz que pudieron coger de las que el rio llevaba de las milpas y casas que habia destruido, solo un niño de teta murió con el frio y humedad del agua y tiempo, y por no poderle la madre socorrer con leche; sucedió esto el dia de la Natividad de Nuestra Señora, ó en su infraoctava, y túvose por misericordia y beneficio de la madre de Dios.

Lunes diez y seis de Febrero salió muy de madrugada el padre Comisario de Zacapala, y pasado alli junto el rio sobredicho, que ya entonces llevaba poca agua, y andadas dos leguas de buen camino, salió al amanecer del valle de Autlan, por una cuesta llena de muchas piedras; y subidas y bajadas otras muchas, y pasado otro arroyo que corre una legua mas adelante, y andadas despues otras dos, y pasado al cabo dellas un rio que llaman de Tuchcacuexco, en que se pescan buenos vagres y algunas truchas, llegó al mesmo pueblo de Tuchcacuexco cinco leguas de Zacapala de la guardiania de Za

Tomo LV1II. 7

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