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todo aquello le ofrecia; luego se descubrió el ángel en la torrecilla sobredicha, y dixo á los reyes que se volviesen á su tierra por otro camino, y asi ellos se salieron del patio, y la fiesta se concluyó. A la cual se hallaron presentes diez ó doce frailes y muchos españoles seculares, y más de cinco mil indios, asi de los de aquella guardiania, como de otros pueblos, porque todos los de aquella comarca acuden á aquella fiesta.

De como el padre Comisario general siguió su visita, y tleal convento de Xala.

Pasada esta fiesta, otro dia siguiente siete de Enero de mil quinientos ochenta y siete años, salió muy de madrugada el padre Comisario de Tlaxomulco, y andadas tres leguas largas de razonable camino, aunque de rodeo, llegó al amanecer á un pueblo llamado Acatlan, de la guardiania de Zacualco. Pasó de largo, y pasado un arroyo que corre junto á las mesmas casas, y andada una legua de camino llano, llegó á otro pueblo pequeño llamado Titzapan, de la guardiania de Cocula; poco antes de llegar á él está en el mesmo camino una fuente de agua caliente, y bajo de la fuente una laguna en que se crian unos pescadillos sabrosos que llaman sardinas, y en sus riberas hay infinidad de patos, ánsares y grullas. Alli en aquel pueblo descansó un poco el padre Comisario y prosiguió luego su viage, y andada otra legua, llegó á unas milpas y casa del convento de San Agustin de Guadalajara; pasó de largo y andada otra gran legua y pasados en ella muchos manan tiales de agua que salen en el mesmo camino, de que se hace un arroyo con que muele un molino del mesmo convento de San Agustin, llegó al mesmo molino. Pasó tambien de largo, y pasadas algunas caserias y heredades de trigos, y un arroyo con que se riegan, y andada otra gran legua, y al fin della pasado otro arroyo, llegó el padre Comisario muy cansado y fatigado al pueblo y convento de Cocula, donde le recibieron los indios con muchas danzas, fiestas y regocijos, y con ellos algunos españoles que alli moran. El pueblo es grande y caluroso, de unos indios cuya lengua materna se llama tachtoque, y desta mesma son casi todos los demás de aquella guardiania, pero todos entienden y hablan la mexicana, y en ella se confiesan y se les predica; caen en el Obispado de Guadalajara y en la provincia de Avalos, pero son de la jurisdicion de México. El convento de Cocula aun no estaba acabado, es pequeño y de aposentos bajos, hecho de adobes, con su iglesia; tiene una bonita huerta, en la cual entra un gran golpe de agua, con que se riegan muchos naranjos, cidros y limas y nogales de la tierra, y otros árboles de tierra caliente que hay en ella, la vocacion del convento es de San Miguel: moraban en él dos religiosos, visitólos el padre Comisario y detúvose con ellos hasta el lunes siguiente.

En algunos pueblos de aquella guardiania se hallan unos animalejos pardos, de tres cuartas de largo, que parecen un poco á los lagartos de España, aunque son mas rollizos; tienen cuatro piés, cada uno dellos de un codo de largo, y sin coyuntura ninguna en ellos, salvo en los dedos, tienen un niervo que les va desde la punfa del cogote hasta la punta de la cola, por causa del cual no pueden doblar el cuerpo; la lengua tienen harpada, y por eso los españoles los llaman escorpiones. Es animal torpisimo, no acomete ni hace mal á nadie si no se le hacen á él, cuando le siguen huye, aunque poco y muy despacio, y en escondiendo la cabeza, piensa (como la perdiz) que todo está seguro, aunque deje descubierto todo el cuerpo; y como no le lleguen á la cola tampoco se menea ni hace mucho sentimiento, pero si á ella le llegan da terribles saltos, y si entonces pica á algun hombre ó bestia, le quita sin remedio la vida, porque el asi picado se va hinchando hasta quedar sin figura, y dentro de veinticuatro horas dicen que muere. Alli en Cocula mostraron al padre Comisario el pellejo de uno destos animales lleno de paja, y le contó el guardian que yendo á una visita le habia muerto en el camino un indio que iba con él, el cual primero le habia dado un palo en la cola, y habia dado un salto el animal y pasado por encima del caballo en que él iba sin tocar en él ni en el caballo, y que lo habia tenido esto por milagro.

Lunes en la tarde, doce de Enero, salió el padre Comisario de Cocula, y andadas dos leguas de buen camino, y pasados dos arroyos, llegó á un pueblo de aquella guardiania llamado San Martin, donde fué muy bien recebido de los indios, los cuales le ofrecieron gallinas, codornices y plátanos, y le hicieron mucha caridad. El uno de aquellos dos arroyos corre por junto á Cocula, y el otro por junto á las casas de San Martin; hay en aquellas dos leguas algunas estancias de ganado mayor.

Martes trece de Enero salió el padre Comisario muy de madrugada, y tornando á pasar el arroyo sobredicho, que corre por junto á las casas, y andadas dos leguas llegó á un rio que pasa por junto á una estancia, pasóle antes que amaneciese por dos partes (si no es que fuesen dos rios) y siendo aun todavia de noche pasó unas malas ciénagas y pantanos; despues que amaneció anduvo un gran rato perdido, porque la guia que llevaba no atinaba con el camino, al fin le halló, y pasadas unas barranquillas y otra estancia llegó á un poblecito de la guardiania de Etzatlan, llamado Xalco, cuatro leguas y media de San Martin; saliéronle á recebir unos pocos de indios que alli babia, agradecióselo el padre Comisario, y pasó adelante, y andada otra media legua llegó á un bonito pueblo de la mesma guardiania de Etzatlan, llamado Ayaualulco, donde se le hizo muy solemne recebimiento; dijóles misa, y ofreciéronle un gallo de la tierra y gallinas de Castilla, plátanos y pan, y una bota de vino, y detúvose alli hasta la tarde; viene á aquel pueblo un arroyuelo de buen agua que bebe la gente, y con que se riega un huerto que tienen alli para los frailes, los cuales les dicen cada domingo misa, por ser mucha gente y muy devota; á la banda del Sur, en unas sierras, no muy lejos de aquel pueblo, hay y se benefician muchas minas de plata, en que residen muchos españoles. A. la banda del Oriente, cerca tambien del mesmo pueblo, hay una laguna pequeña que cria muy buenos vagres, y otros pescadillos sabrosos que llaman sardinas.

Aquel mesmo dia en la tarde salió el padre Comisario de Ayaualulco, y andadas dos leguas y media, cu que se pasa un arroyuelo, llegó al pueblo y convento do Etzatlan donde asimesmo fué muy bien receñido. El convento es pequeño pero fuerte, labrado de cal y canr to, con su dormitorio, claustro é iglesia, tiene una bonita huerta en que se dan muchas legumbres, hortalizas y frutas de Castilla, y se crian viznagas; riégase todo con un buen golpe de agua que viene encañada á ella: la vocacion de aquel conventó es de la Concepcion de Nuestra Señora, moraban en él tres religiosos y no los visitó el padre Comisario hasta la vuelta, ni se detuvo alli mas de aquella noche. El pueblo de Etzatlan es pequeño, pero de gente muy devota, su lengua materna, y la de los otros pueblos de aquella guardiania, es particular, pero todos entienden y hablan la mexicana, y en ella se confiesan, y se les predica: todos caen en el Obispado de Guadalajara y son de la jurisdicion de México. Media legua de Etzatlan, entre Oriente y Norte, está una laguna de tres leguas y mas de largo, y ocho de box, poco honda y de mal agua, la cual cria vagres y mucho pescado pequeño, de lo cual pescan los indios mucha cantidad y lo llevan á vender á muchas partes. Habia en ella los años pasados (segun certificaron al padre Comisario) muy grandes peces, y el año de sesenta y seis hubo tan grande temblor de tierra en aquella parte de Xalisco que se cayeron muchos edificios, y entre ellos algunos conventos nuestros, y atravesando el mesmo temblor aquella laguna se hundieron todos los grandes, y no quedaron sino los chicos que agora hay. Tiene aquella laguna dos islas pobladas, la mayor se llama San Juan, en la cual moran mas de doscientos indios que la siembran y cogen en ella maiz; la otra tiene ménos del cuarenta, y llámase Santiago. Entre el Oriente y Sur de Etzatlan hay muchas minas de plata, y en ellas muchos ingenios para beneficiarlas, y muchos españoles los cuales aunque tienen su cura clérigo acuden á nuestro convento

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