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por medio, no se puede creer sino que el Virey entcndia y sabia aquella regla de derecho que dice: Id possumus (fiod jure possumus, aquello podemos que por derecho podemos, y poder contra derecho no es poder, sino destruicion, y hacerse, el que así es poderoso siervo, y esclavo de sus apetitos é intereses, pues por acudir á ellos deja de cumplir con las leyes santas y cánones sagrados. El padre Comisario respondió á esta carta loque le pareció que convenia por entónces, conformándose tambien con la pragmática, entendiendo que, pues el Virey usaba ya della, que tambien le obligaba á él á guardarla, aunque despues se entendió que se habia desabrido desto, porque no quiso que con él se guardase la pregmática, diciendo que á él no le comprendia.

Tuvo asimesmo nueva cierta en aquel convento el padre Comisario, en cartas que le vinieron de México, que le habia venido otro pliego de España, y en él una patente muy favorable del padre Ministro general, con otros despachos, y que todo estaba en poder de fray Francisco Sellez, el cual le envió un traslado simple de la patente, y le avisó que convenia ir muy en breve á México.

Asimesmo se le avisó de México, que dos frailes de la parte del provincial habían querido prender en la mesma cibdad, en medio del dia en la calle, á fray Francisco Sellez y á su compañero fray Juan Domínguez, y que no pudiendo prender al Sellez, porque no quiriendo ponerse en defensa, por no dar escándalo, se retrujo á una iglesia, habían prendido al Domínguez, y afrentándole de obra y de palabra, le habían llevado á San Francisco de México, ^ero luego, confusos de lo que habían hecho, le soltaron. Pasó esto así realmente, y sospe

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chóse, y aun túvose casi por cierto, que lo habian hecho por cogerles el pliego sobredicho, pero no salieron con su ruin intento, y quedó la cibdad muy indignada contra ellos viendo su desorden y desconcierto.

De como el padre Comisario salió de Uruapan, y tomando el camino de Acambaro dio consigo en México.

Habiendo el padre Comisario concluido y expedido los negocios del capitulo de aquella provincia de Michoacan, leida la tabla y despedidos los frailes é idos á sus casas, partió de Uruapan de madrugada, jueves treinta de Abril, la via de Patzquaro, sin que los frailes de aquella provincia entendiesen donde iba, antes imaginaban que iba á los conventos de la laguna de Cintzunza á concluir algunos negocios, y asi ninguno pudo saber ni entender que iba á México; y pasado el pueblo de San Andrés y andadas cuatro leguas por el mesmo camino que á la ida habia llevado, llegó á decir misa al convento de Tingambato, de frailes augustinos, tomó alli un poco de refresco y luego volvió á su tarea, y subida aquella mala cuesta y pasando de largo por Viramangaro y por Axuno, y andadas otras cuatro leguas, llegó á mediodia al convento de Patzquaro, tan cansado y fatigado del recio sol y de la larga jornada, que estuvo muy indispuesto; alli halló cartas de fray Francisco Sellez y de algunas personas principales de México, en que le decian que convenia mucho ir luego á México para que se concluyesen aquellos pleitos y por esto no se detuvo en Patzquaro mas de aquel dia, aunque estaba algo achacoso.

Viernes primero de Mayo salió á la una de la madrugada de Patzquaro, y andadas aquellas siete leguas llegó á decir misa, á horas de misa mayor, á la cibdad y convento de Valladolid, no poco cansado y quebrantado de tan grande madrugada y larga jornada y detúvose alli hasta la tarde; alli dió muestras de querer ir á Queretaro para aguardar alli la determinacion de la Audiencia de México, porque no proveyendo que entrase á hacer su oficio en aquella provincia irse á la custodia de Zacatecas, donde pedian visita, y donde no habia ningun pleito ni contradicion, por estar en la jurisdicion de la Audiencia de Guadalajara; para con esto desvelar á los frailes inobedientes de México y á sus amigos de Michoacan, y descuidarlos de pensar que iba á aquella cibdad, y entrar en ella antes de ser sentido, tomando el camino para allá desde Acambaro, como en efecto se hizo por el orden que se sigue.

El mesmo viernes en la tarde primero de Mayo, poco antes que el sol se pusiese, salió el padre Comisario de Valladolid, y andadas aquellas tres leguas y media llegó entre las nueve y las diez de la noche al pueblo de Uindaparapeo, donde fué recebido con música de trompetas, y el beneficiado le hizo mucha caridad y le dió su aposento y cama en que descansase un poco.

Sábado dos de Mayo salió de aquel lugar entre las dos y las tres de la madrugada, y andadas tres leguas y media llegó á decir misa al convento de Tzinapicuaro, donde fué muy bien recebido; y habiendo tomado un poco de refresco prosiguió su viage, y andadas otras tres leguas llegó poco antes de mediodia al convento de Acambaro, con un sol muy terrible, donde fué muy bien recebido de muchos indios de á caballo que le salieron al camino, y de otros muchos de á pié que estaban á la entrada del pueblo, los cuales con inflnidad de indios le acompañaron hasta el convento, donde descansó todu aquel dia.

El mesmo sábado dos de Mayo, á las nueve de la noche, salió el padre Comisario general de Acambaro con dos españoles armados de cotas y arcabuces, y con cuatro ó cinco indios con sus arcos y flechas, por haber de pasar un paso peligroso adonde algunas veces suelen acudir chichimecas, y dejando el camino que va á Queretaro tomó el de México, por el cual andadas cinco leguas con grandisima obscuridad y con terrible pesadumbre de sueño, y pasado un arroyo al fin de ellas, llegó á las tres y media de la mañana á un poblecito de siete ó ocho casas de indios tarascos del Obispado de Michoacan, visita de clérigos, llamado Marauatio, y por otro nombre Los Pescadores: fué luego uno de los españoles á tañerla campana para que acudiesen los indios á dar recado para decir misa, y muchos dellos se alborotaron pensando que habia chichimecas en el pueblo, pero entendido lo que era acudieron luego de buena gana, y dieron recado con que el padre Comisario dijo misa, oyéndola los demás compañeros y mucha gente del pueblo , porque para la demás quedaba un clérigo que les habia de decir la mayor. Despues de haber dicho misa el padre Comisario, descansó un rato y tomó un poco de refresco á la lumbre, porque hacia mucho frio, y luego prosiguió su viage.

Domingo tres de Mayo salió el padre Comisario de aquel pueblo, ya salido el sol, y pasados dos arroyos y unas largas dehesas, en que hay algunas estancias de ganado mayor, y pasado sin peligro ni contraste el paso peligroso atrás dicho, y andadas cuatro leguas no largas, llegó á un riachuelo, y en su ribera, á la sombra de unos fresnos, descansó más de dos horas, y comió de lo que en Acambaro habian dado para aquel desierto. Desde alli se volvieron los españoles y indios de pelea á Acambaro, y el padre Comisario prosiguió su viage, partiendo de aquel puesto poco despues de las doce de mediodia; pasó muchas sabanas y valles muy largos y espaciosos, donde habia infinidad de ganado mayor, de lo cual habia mucho tendido y muerto por aquellos campos, y lo demás estaba flaco, en los puros huesos, de hambre, por estar la yerba abrasada y seca, que era una lástima ver lo uno y lo otro; pasó algunas cuestas y barranquillas, y entre ellas uno de camino pedregoso y malo, al subir de la cual sobrevino una tempestad de granizo tan de improviso y con tanto impetu, que parece queria defender la subida y hacia detener á las cabalgaduras, y aun volver atrás; acudió luego un aguacero terrible, con tantos y tan espesos truenos y relámpagos, que juntándose con el granizo hizo una sopa de agua al padre Comisario mojándole toda la ropa, y causó terrible temor y espanto á todos. Pero al fin pasó aquella furia, y andadas seis leguas, y pasados en ella cinco arroyos, y últimamente el rio de Toluca por una puente de madera, llegó al anochecer á un bonito pueblo de indios matzaguas, llamado Tlaxomulco, del Arzobispado de México, visita de clérigos; fuese derecho á la casa del beneficiado, el cual le recibió con mucha voluntad, diólc de cenar y cama en que dormir, y descansó alli aquella noche.

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