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indios, visita y Obispado, llamado Santa Clara, y andada otra media legua de cuesta arriba, llegó á un pueblo grande de los mesmos indios y Obispado, visita de augustinos, llamado San Philipe. Recibiéronle alli con música de trompetas, y acudieron los principales con la justicia, y otros muchos indios á tomar su bendicion; agradeceselo el padre Comisario y pasó adelante, y andada legua y media por un camino nuevo lleno de hoyos y tuzares, en que se iban hundiendo las bestias y tropezaban á cada paso, llegó muy lleno de polvo y fatigado del sol al pueblo y convento de Charapa; hizosele alli muy solemne recelamiento, salieron muchos indios de á pié y de á caballo casi una legua, haciendo mucha fiesta y mil monerias, iban los de á pié en trage de chichimecas con sus arcos y flechas, entre los de á caballo iban dos, asimesmo en aquel trage, los cuales corrian sus caballos sin tomar las riendas, yendo danzando y haciendo meneos con las cabezas y con los arcos, afirmándose sobre los estribos; dábanles grita los de á pié y todos daban grandes risadas, de la manera que lo suelen hacer los chichimecas verdaderos, cuando cogen algunos caballos á los españoles, que van asi haciendo burla y escarnio dellos. Está aquel pueblo en un alto y súbese una buena cuesta para entrar en él por la parte donde entró el padre Comisario; es de mediana vecindad de indios tarascos, de los cuales son los demás pueblos de aquella guardiania, y todos caen en el Obispado de Michoacan: no hay pozo ni fuente en aquel pueblo, pero de unas peñas que hay en él se distila tanta agua, que se hinche una cisterna que tienen hecha abajo, de la cual beben los frailes y los indios, y aun de alli sale un arroyuelo con que se riega una hortecita del convento, y aun pasa adclante y beben dél las bestias. El convento que se intitula San Antonio, es pequeño, que no era mas de una casa de visita con su iglesia, hecho todo de adobes, y aun no acabado, no moraba en él mas de un fraile; visitóle el padre Comisario y detúvose alli aquel (lia y el siguiente, hasta la tarde.

Martes diez y ocho de Noviembre, entre las dos y las tres de la tarde salió el padre Comisario de Charapa, y con él muchos indios y indias que salieron á despedirse dél y tomar su bendicion; agradecióles su devocion y comedimiento, y ancladas tres leguas y media por montañas de pinares, la incitad de cuesta abajo con algunas barranquillas y malos pasos, llegó poco antes de ponerse el sol á un bonito pueblo llamado Patamba, de los mesmos indios y obispado de la guardiania de Tarequato, donde fué recebido con grandisima fiesta, solemnidad y regocijo. Salieron media legua antes de llegar al pueblo mas de veinte indios á caballo, medianamente aderezados, vestidos todos como españoles; llevaban muchos dellos unas varas largas á manera de picas, sin hierros, otros llevaban espada de palo y uno un arcabuz, y otro una espada blanca de un español. Este llegó á caballo delante del padre Comisario, y en lengua castellana le dijo que fuese bien venido á su tierra, y que porque habia alli chichimecas, venia él con sus compañeros á aseguralle el paso y guardarle, y que no tuviese miedo, que alli estaba él; luego comenzaron todos á correr á una parte y á otra por entre aquellos pinos, dando voces y diciendo y repitiendo muchas veces Santiago, Santiago, y á cabo de un rato salieron de entre las matas de improviso diez ó doce indios de á pié, vestidos como chichimecas, con sus arcos y Hechas, y comenzaron á hacer monerias y ademanes, dando gritos y alaridos con que los caballos se alborotaron. Pasando adelante con su fiesta y arremetiendo los unos á los otros, trujo de alli á poco el indio sobredicho de la espada blanca, un chichimeca de aquellos, con una cadena al cuello como de trailla, diciendo que lo babia captivado, y haciendo muestras y ademan de quererlo presentar al padre Comisario. El captivo hacia visages, fuerza y piernas, como que se queria soltar, y al fin el de á caballo le hizo soltadizo y se le huyó corriendo como un gamo, que aunque los de á caballo corrieron tras él, él como de antes quedó libre y los unos y los otros fueron delante del padre Comisario, basta llegar al pueblo, los de á caballo dando carreras por entre los pinos á una parte y á otra, repitiendo muchas veces y diciendo Santiago, Santiago, y los de á pié danzando á uso de chichimecas, llevando en medio de todos á unoá caballo con una cabellera blanca. En la entrada y puerta del patio, estaba todo el resto de la gente, los indios á una banda, y las indias á otra, los cuales, puestos en procesion y de rodillas, pidieron la bendicion al padre Comisario; diósela, y acudieron luego todos á besarle la mano y hábito con una devocion estraña, tenian alli muchas cruces y mangas, y hecho un altar donde habia música de chirimias, y estaba un fraile de Tarecuato vestido con capa, el cual recibió al padre Comisario como si fuera en el convento. Los indios se fueron á la plaza que estaba pegada con el patio de la iglesia, y los chichimecas se subieron á un peñol y castillo de madera muy alto que tenian hecho, en el cual bailaban mientras los de á caballo andaban corriendo al rededor, pero viendo que anochecia se apearon los de á caballo, y bajaron los del castillo, y todos juntos hicieron un baile y bailaron á su modo un rato al son de un teponastle, hasta que la noche los hizo ir á sus casas. Acudieron muchos indios é indias con presentes de plátanos, manzanas y peras, guayabas y pan de Castilla, y uno ofreció una bota de vino que por alli se estima en mucho; los principales y sus mugeres trajeron tambien sus presentes, y una dellas en nombre de todos con un largo preámbulo, pidió al padre Comisario que pusiese en el convento do Tarequato un religioso mas, para que de quince en quince dias, y las Pascuas, les fuese á decir misa. Dióles el padre Comisario gracias por lo que habian hecho, y agradecióles su devocion, concediéndoles lo que pedian, con que ellos quedaron muy contentos y consolados. Es aquel pueblo muy alegre y sano, y en que se dan muchas frutas de Castilla, traen á él los indios, para beber, una fontecita de muy buena agua y fria, desds muy lejos, atravesando muchas barrancas, y viene por unas canales de madera. Alli en aquel pueblo hizo colacion el padre Comisario, y descansó aquella noche, aunque poco, por el demasiado frio que hacia.

Miércoles diezinueve de Noviembre salió de aquel lugar, cuando ya salia el sol, y andadas tres leguas y media de buen camino entre pinares, la mitad de cuesta arriba, y la otra mitad de cuesta abajo, llegó al pueblo y convento sobredicho de Tarecuato, donde se le hizo muy buen recebimiento; halló alli á los otros dos difinidores de la parte de Xalisco, con los cuales y con los otros dos de la parte de Michoacan y con el provincial, se detuvo en aquel convento en negocios que se ofrecieron tocante á la provincia, hasta el martes siguiente, que fué la fiesta de Santa Catalina, la cual se celebró (por ser abogada del padre Comisario) con mucha solemnidad y devocion: compúsose la iglesia con muchos arcos y flores, y adornóse el patio de altares, por el cual anduvo la procesion con mucha música y grande acompañamiento de indios y de algunos españoles, á los cuales predicó el padre Comisario. Iba entre los cantores un indio que muy al vivo remedaba la voz de un pájaro que en lengua mexicana se llama cezontlatole, que quiere decir cuatrocientas lenguas, porque (como atras se dijo) hace muchas diferencias de voces y cantos y estas hacia el indio, contrapunteando con las flautas y chirimias, que á todos ponia espanto, hacialo con una hebra ó telilla de cebolla que se ponia debajo de la lengua, casi sin abrir la boca, cosa cierto muy rara. El pueblo de Tarecuato es de mediana vecindad, mas caliente que frio, por estar fundado al pié de unas cuestas abrigado del Norte, dánse en él todo genero de naranjas y limas y otras frutas de tierra caliente y de tierra templada, y viene á él una fuente de agua muy buena. El convento, cuya vocacion es de Santa Maria de Jesús, está acabado con su iglesia, claustro, dormitorios y huerta, y es de los antiguos, hecho de piedra y adobes; residen en él cuatro frailes á los cuales visitó el padre Comisario. Todos los indios de aquella guardiania son tarascos y caen en en el Obispado de Michoacan.

Desde este convento despachó el padre Comisario general á México á fray Francisco Sellez, que es el otro religioso que vino desde Guatemala, con recados para el Virey, Audiencia y oidores como queda dicho, el cual, despues de haber estado recluso y detenido en el convento de San Francisco de México muchos dias, á voz de que el Virey ó Audiencia lo mandaba, al fin sin nego

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