Fruto vedado: costumbres argentinas

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M. Biedma, 1884 - 405 páginas
 

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Página 70 - ... los caballos seguían al tranco durante la última legua; subía por intervalos el graznido de alguna ave nocturna, o partía de en medio del camino el quejido fatídico de un buho oscuro, que remeda la tos cascada de un enfermo. En el monte vecino crujían las ramas muertas bajo el peso de un extraviado animal. Era el momento en que cada viajero revolvía en su mente los lejanos recuerdos o sentía la vaga y tenebrosa aprensión de la vida sombría; y entonces parecía que la tristeza universal...
Página 98 - ... se lo esperaba; el peluquero había ido a pescar, el cliente se afeitaría mañana. Una anunciada carrera en La Banda por dos o tres mil pesos, era un feriado para toda la población. Aquélla era una vida patriarcal. . ., en que nada valía el tiempo, y como se decía allí: la vida daba para todo. Tenía por cierto sus lados más levantados que esta febril persecución de la ganancia diaria que constituye el vivir jadeante de las ciudades . . . ; la cariñosa solicitud con que se practicaba...
Página 70 - ... propia del temperamento poético, y que yo mismo, atenaceado por la quimera, solía estar en las nubes. Estas hipótesis, aceptables en el día ebrio de colores y de luz, se desvanecieron con la última pirueta solar. Al caer de la tarde, todo se tornó melancólico. A intervalos llegaba de la noche el quejido fatídico de un buho oscuro, que remeda la tos cascada de un enfermo. Era el momento en que cada viajero revolvía en su mente los lejanos recuerdos o sentía la vaga; y tenebrosa aprensión...
Página 27 - ... de aventura que cabe en las posibilidades ilimitadas de la juventud. Y ahora, cumplido el propósito de ver y andar, entre peripecias y días buenos, con un pasado a cuestas a trueque de sus esperanzas regresaba a la tierra natal. "Cerca de doce años hacía que llegó al Río de la Plata, apenas hombre, creyendo cruzarlo y recorrer el mundo, siempre encantado y bebiendo la ciencia en todas las fuentes del universo.
Página 71 - ... tenebrosa aprensión de la vida sombría; y entonces parecía que la tristeza universal de las cosas se exhalara hasta en el canto de algún peón payador, que lanzaba en falsete su trova agreste, siempre impregnada de esperanzas fallidas y desgraciado amor: Al monte antes tan verde Y al claro cielo, Quise llevar mi queja Por tu desprecio; Pero ya estaba el monte Pelado y seco, Y al cielo azul tapaba Un manto negro — Ni escapan a la aguda vivisección los políticos de aldea con que su protagonista...
Página 70 - ... las ramas muertas bajo el peso de un extraviado animal. Era el momento en que cada viajero revolvía en su mente los lejanos recuerdos o sentía la vaga y tenebrosa aprensión de la vida sombría; y entonces parecía que la tristeza universal de las cosas se exhalara hasta en el canto de algún peón payador, que lanzaba en falsete su trova agreste, siempre impregnada de esperanzas fallidas y desgraciado amor: Al monte antes tan verde Y al claro cielo, Quise llevar mi queja Por tu desprecio;...
Página 346 - ... a la amistad, que enloda un hogar y anega de desesperanza el alma pura de Rosita, su novia, no les queda ya sino el "acre sabor del fruto vedado". "Cada mañana, más que como amantes, se separaban como cómplices: cada cual recelaba de la denuncia del otro ante la propia conciencia. Y ¿cómo amarse, ellos que no podían sino atribuirse mutuamente sus angustias y actual ruina, ellos que habían profanado sus recuerdos, y, sin esperanza posible, comían día a día el fruto vedado de un árbol...
Página 35 - ... hallábase más frío que nunca, experimentando el nostálgico pesar de la tierra argentina como de una patria perdida.
Página 97 - No existían vencimientos ni plazos perentorios; hallábase cazando un comerciante, se lo esperaba; el peluquero había ido a pescar, el cliente se afeitaría mañana. Una anunciada carrera en La Banda por dos o tres mil pesos, era un feriado para toda la población. Aquélla era una vida patriarcal. . ., en que nada valía el tiempo, y como se decía allí: la vida daba para todo.
Página 98 - ... tiempo, y como se decía allí: la vida daba para todo. Tenía por cierto sus lados más levantados que esta febril persecución de la ganancia diaria que constituye el vivir jadeante de las ciudades...; la cariñosa solicitud con que se practicaba la hospitalidad del corazón, ahorrando al recién llegado las horas indeciblemente amargas de la soledad entre la multitud y de la acomodación penosa al medio ambiente, era un recuerdo grato que, en ningún viajero, se borraba jamás".

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