Obras de D. Jose de Espronceda: poesias

Portada
Imp. del Mercurio, 1844 - 248 páginas
 

Comentarios de usuarios - Escribir una reseña

No hemos encontrado ninguna reseña en los sitios habituales.

Otras ediciones - Ver todo

Términos y frases comunes

Pasajes populares

Página 104 - Allá muevan feroz guerra ciegos reyes, por un palmo más de tierra; que yo tengo aquí por mío cuanto abarca el mar bravio, a quien nadie impuso leyes. Y no hay playa, sea cualquiera, ni bandera de esplendor que no sienta mi derecho y dé pecho a mi valor. Que es mi barco mi tesoro... A la voz de
Página 115 - Vayan leyes , Quiten reyes, Reyes den ; Yo soy pobre, Y al mendigo, Por el miedo Del castigo, Todos hacen Siempre bien. Y un asilo donde quiera Y un lecho en el hospital Siempre hallaré , y un hoyo donde caiga Mi cuerpo miserable al espirar. Mio es el mundo : como el aire libre, Otros trabajan porque coma yo : Todos se ablandan si doliente pido Una limosna por amor de Dios.
Página 106 - Y del trueno Al son violento, Y del viento Al rebramar, Yo me duermo Sosegado, Arrullado Por el mar. »Que es mi barco mi tesoro, Que es mi Dios la libertad, Mi ley la fuerza y el viento, Mi única patria la mar.
Página 151 - ¿Quién eres tú, lucero misterioso, Tímido y triste entre luceros mil, Que cuando miro tu esplendor dudoso, Turbado siento el corazón latir? ¿Es acaso tu luz recuerdo triste De otro antiguo perdido resplandor, Cuando engañado como yo creíste Eterna tu ventura que pasó?
Página 103 - Bajel pirata que llaman Por su bravura el Temido, En todo mar conocido Del uno al otro confín. La luna en el mar riela, En la lona gime el viento, Y alza en blando movimiento Olas de plata y azul...
Página 157 - El sudor mi rostro quema, y en ardiente sangre rojos brillan inciertos mis ojos, se me salta el corazón.
Página 239 - Y temerario alzándole su velo, Tirando de él la descubrió la faz. ¡Es su esposo!! los ecos retumbaron, ¡La esposa al fin que su consorte halló!! Los espectros con júbilo gritaron, ¡Es el esposo de su eterno amor!! Y ella entonces gritó: ¡Mi esposo!! Y era (¡ Desengaño fatal! ¡ triste verdad! ) Una sórdida, horrible calavera La blanca dama del gallardo andar!
Página 151 - Luciste acaso, mágico lucero, Protector del misterio y del placer. Y era tu luz voluptuosa y tierna La que entre flores resbalando allí, Inspiraba en el alma un ansia eterna De amor perpetuo y de placer sin fin. Mas ¡ay!
Página 157 - Donde aun los besos palpitan De tus amantes de ayer. ¿Qué la virtud, la pureza? ¿Qué la verdad y el cariño? Mentida ilusión de niño Que halagó mi juventud. Dadme vino : en él se ahoguen Mis recuerdos ; aturdida Sin sentir huya la vida; Paz me traiga el ataúd.
Página 159 - Mujeres vi de virginal limpieza entre albas nubes de celeste lumbre; yo las toqué, y en humo su pureza trocarse vi, y en lodo y podredumbre. Y encontré mi ilusión desvanecida y eterno e insaciable mi deseo; palpé la realidad y odié la vida: sólo en la paz de los sepulcros creo.

Información bibliográfica