Arte de retórica

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los Herederos de la V. Pla, 1877 - 246 páginas
 

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Página xiii - ¡Qué descansada vida la del que huye el mundanal ru'ido, y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido! Que no le enturbia el pecho de los soberbios grandes el estado, ni del dorado techo se admira, fabricado del sabio moro, en jaspes sustentado.
Página 9 - Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando; cuan presto se va el placer, cómo después de acordado da dolor, cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor.
Página 162 - Y como codiciosa, por ver y acrecentar su hermosura, desde la cumbre airosa una fontana pura hasta llegar corriendo se apresura. Y luego sosegada, el paso entre los árboles torciendo, el suelo de pasada de verdura vistiendo, y con diversas flores va esparciendo.
Página 41 - Un soneto me manda hacer Violante, que en mi vida me he visto en tal [aprieto : catorce versos dicen que es soneto ; burla burlando van los tres delante. Yo pensé que no hallara consonante, y estoy a la mitad de otro cuarteto; mas si me veo en el primer terceto, no hay cosa en los cuartetos que me es[pante. Por el primer terceto voy entrando, y aun parece que entré con pie derecho, pues fin con este verso le voy dando.
Página 121 - ¡Pobre de aquel que corre y se dilata por cuantos son los climas y los mares, perseguidor del oro y de la plata! Un ángulo me basta entre mis lares, un libro y un amigo, un sueño breve, que no perturben deudas ni pesares.
Página 76 - Sé que negáis vuestro favor divino a la cansada senectud, y en vano fuera implorarle; pero en tanto, bellas ninfas, del verde Pindó habitadoras, no me neguéis que os agradezca humilde los bienes que os debí.
Página 83 - El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los * campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo, que le colmen de maravilla y de contento.
Página xvi - El hombre está entregado al sueño, de su suerte no cuidando, y con paso callado el cielo vueltas dando las horas del vivir le va hurtando.
Página xxii - ¡Oh son! ¡Oh voz! ¡Siquiera pequeña parte alguna descendiese en mi sentido, y fuera de sí el alma pusiese y toda en ti, oh Amor, la convirtiese!
Página 56 - Que toda absorben la poción suave De Soconusco, y su dureza pierden. No con tanto placer el lobo hambriento Mira la enferma res que en solitario Bosque perdió el pastor, como el ayuno Huésped el don que le presento opimo.

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