Estudios filológicos:o sea exámen razonado de las dificultades principales en la lengua española

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Trübner y c, 1857 - 516 páginas
 

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Página 270 - ¿Qué es la vida? Un frenesí ¿Qué es la vida? Una ilusión una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
Página 487 - Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío.
Página 328 - Tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas (quiero, amiga, que me diga) ¿son de alguna utilidad? Yo me afano; mas no en vano. Sé mi oficio, y en servicio de mi dueño, tengo empeño de lucir mi habilidad.
Página 488 - No había la fraude, el engaño ni la malicia mezcládose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen.
Página 235 - Laurcalco, señor de la puente de plata : el otro de las armas de las flores de oro, que trae en el e'scudo tres coronas de plata en campo azul , es el temido Micocolembo...
Página 268 - Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así, qué delito cometí contra vosotros, naciendo : aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido : bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor, pues el delito mayor del hombre es haber nacido.
Página 488 - ... que eran menester para cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra; y no eran sus adornos de los que ahora se usan...
Página 275 - Son mi música mejor aquilones, el estrépito y temblor de los cables sacudidos, del negro mar los bramidos y el rugir de mis cañones.
Página 274 - Que es mi barco mi tesoro, que es mi Dios la libertad, mi ley la fuerza y el viento, mi única patria la mar.
Página 160 - En estotro escuadrón vienen los que beben las corrientes cristalinas del olivífero Betis; los que tersan y pulen sus rostros con el licor del siempre rico y dorado Tajo; los que gozan las provechosas aguas del divino Genil; los que pisan los tartesios...

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