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en su tierra, le llevó preso hasta el rio llamado de Nuestra Señora, límite y frontera de los chichimecas, y alli, para que descubriese donde tenía ocultos sus tesoros, le mandó dar crueles tormentos y por último le hizo quemar vivo. Otro tanto hizo con el señor de Cuyzco, y atravesando las provincías de Tunala, Nuchistan, y Tepique, entró en el valle de Guacetan, y llegó á Xalisco, sobre la costa del mar del Sur, ciudad que Cortés pretendía haber sido descubíerta y poblada por su teniente, Gonzalo de Sandoval, cuando de su órden fué al Pánuco. Estableciéndose allí Guzman, tomó posesion ‘, de la tierra en nombre del Emperador, y se hizo llamar gobernador y capitan general de la Mayor España, significando de esta manera el ódio implacable que á Cortés tenía, y su resolucion de separar los territorios nuevamente descubíertos de la jurisdícion de Méjico. Aprobado por el Consejo el titulo que él mismo se había dado, aunque sujetando las provincías de su mando á la Audiencía de la Nueva-España, Guzman continuó por algunos años más gobernando la Nueva-Galicía, en perpétua lucha con

‘ les oidores de Méjico, cuyas provisiones desobedecía, y mo

lestando en lo posible á Cortés que mandaba las armas. De que manera logró frustrar las dos expediciones que este mandó para el reconocimiento de las costas del Sur, tan recomendado por el Emperador y los de su Consejo, lo podrán ver nuestros lectores en sus cartas mismas que estaban inéditas y publicamos por la primera vez.

Mientras tanto Cortés, ya marques del Valle, empezaba

‘á conocer los inconvenientes y tropiezos de su nuevo cargo.

l Segun Herrera (dee. lV líb.Vll cap. I) la posesion la tomó sacando la espada y acuchilta‘ndo los árboles. Allí mismo fundó la villa del Espíritu Santo, así llamada por que en su liesta se pasó el rio que está próximo á Tepique,

el cual, así como la nueva poblacion, recibió dicho nombre que conserva aún hoy día.

El mando militar de uu vasto impario, recien consquitado por su espada, poblado en su mayor parte de sus valientes compañeros de armas, con amplías facultades para alistar gente y hacer guerra, así como para aprestar armadas y dirigírlas á las costas poco conocidas aún del mar del Sur, había necesaríamente de conllevarse mal con otro poder no ménos omm’modo y absoluto, cual era la Real Audiencía de Méjico, de quien dependía lo civil, eclesiástico y judío cíal de la colonía. Puestos frente á frente uno y‘ otro poder, naturalmente habían de encontrarse y chocar, como sucedió al poco tiempo de haber Cortés vuelto á la Nueva-España.

Había este desembarcado en la Veracruz, á. 15 de julio de 1530, viéndose poco despues rodeado de gran número de indios principales, y españoles domicilíados en Méjico y en otros ciudades, que acudieron á verle y visitarle. Quejás banse unos y otros de verse pobres y maltratados; dábanse mutuamente el parabíen por la venida del marqués, á quien miraban como su salvador, y ofrecianse á obedecer ciegamente sus órdenes y matar á cuantos no fuesen servidores suyos. No

era aún venida la Nueva Audiencía, y los oídores Matienzo ‘

y Delgadillo, sentidos de que no les’ hubíese el marqués presentado sus despachos, envíaron sus provisiones á Pablos Mexía, alcalde de la Veracruz, para que echase del lugar á cuantos alli habían acudido, mandando que cada uno volviese á su pueblo y habítacion s0 pena de muerte. Tuvieron propósito, dice Gómara ‘, de prender al marqués y envíarle á Castilla por alborotador, mas no se atrevieron porque habíéndose antes hecho pregonar por capitan general, Cortés se puso en camino para Tlascala con gran acompañamiento de españoles y multitud dc indios, llevando consigo á la marquesa, su muger, y siendo recibído en las poblaciones

t Conquista de México, 1'01. CXIV v‘“.

del tránsito como un verdadero libertador. En Tezcuco Cortés se halló con una provision de los oidores mandám dole so pena de perdimiento de bíenes que no entrase en la capital, y Cortés, que había recibído una igual de la Emperatriz, la misma que en su lugar oportuno insertamos ‘, no pasó de alli, fijando su residencía en aquella ciudad hasta tanto que llegase la nueva Audiencía. Vino por fin esta ’, y al principio todos los que la componían se mostraron amigos del marqués, haciéndole justicía en sus varías reclamaciones, y allanándole el camino de la pacificacion : empresa que él solo pudiera llevar adelante en el estado de confusion y desorden en que halló la colonía á su vuelta, alzados en muchas partes los indios, y atemorizados los vecinos de Méjico por la arrogante 3, y amenazadora actitud de los naturales.

Muy pronto, sinembargo, empezó á obrar su efecto la envidía y la desconfianza. En 22 de Enero los oidores es‘ cribían‘ al Emperador :

« El marqués entró en esta tierra ‘ con algun bollicio, haciendo pregonar su cédula de capitan général en la Veracruz, y poniendo horca en uno de sus lugares cerca de dicho puerto. Los oidores pasados hicieron derribar la horca, y castigar á la Justicía y regidores por consentir el pregon;

1 Vease la pag. 497.

i Llegó por diciembre de aquel mismo año de i530.

3 Era tanta la arrogancia que con ocasion de las discordias pasadas habían tomado los indios, que cada dia mataban muchos castellanos por los caminos, y que en Méjico nadie se creía seguro. La Audiencia no halló mejor expediente que encomendar el remedio al marqués del Valle con parecer de sus mismos émulos, porque era tanta la opinion y autoridad que tenia entre los indios que ningun castigo sufrieran de otra mano, que an ellos t‘uera de provecho etc. Herrera, Démdas de las Indias 1V, lib. IX cap. IV.

4 Esta carta, que firma solo el licenciado Salmeron en nombre de sus compañeros, se halla en el tomo LXXIX de la Col. Maños, t’ot. 22 vt". Aún no había llegado á Méjico el presidente Ramirez.

dende adeiante se moderó. De nuestra venida mostró mucho gozo. Presentó y leyóse en la Audiencía su provision y se le notificó la declaracion de ella. Parecíónos convenía se

fuese [de Méjico], por la gran mano que tiene en toda la gente natural de esta tierra, y porque se le muestre y dé á entender la supremidad del Abdiencía en cosas de justicía y gobernacion. De esta causa, aunque en algunas cosas nos podriamos ayudar de su parecer, nos excusamos de le poner en ello, y nos informamos por otras vías.

» El primer día festivo desque venimos, dijo la misa el obíspo de Tlascala ; asistimos á ella juntos, y‘oido que en las oraciones, después de la recomendacion de las personas reales, á continuacion de las palabras cum prole regia dijo et duce emercz‘tus nosm', le amonestamos que guardase al Rey su preeminencía real en aquello, é ansi se ha hecho como se debe en ciudades del Rey. n

El cumplimiento mismo de la merced hecha á Cortés, de 23.000 vasallos en varios puntos del imperio, y principalmente en los valles de Méjico y Oaxaca, sufría retraso por las dificultades delrecuento ‘, y por haber los oidores dado su dictamen de que convenía modificarla algun tanto « declarando que los dichos indios se le daban en usufruto y no en señorio ». Además de que la Audiencía opínaba que era preciso excluir de la merced los puertos de mar, y conservarlos para S. M. y que en ningun caso convenía que Teguantepeque, en la costa del mar del Sur, fuese de su señorio. De la misma manera se pretendía que los vasallos del marqués se considerasen como (( de encomienda >> contra lo dispuesto por la misma merced.

i « Pienso» decía el licenciado Salmeron en 30 de marzo de 31, a que ha de ser muy difícil la cuenta de los vasallos del Marqués. Lo mejor seria tomar un buen córte en ello, echando antes en sa favor que de otra manera. Es justo que su Majestad le haga merced, y él podría ceder algo, como lo de Oaxaca, y otros poblezuelos comarcanos, yseria provechoso que estuviese todo á un lado, y no tan sembrado por toda la tierra.» En 14 de agosto escríbían los oídores: «Los seis nombrados para 1a cuenta de los vasallos del marqués, tres por él y tres cuales convenía por nosotros, se comenzó por Coadnaguaca, y estuvieron toda la Cuaresma en contar una de las cabezeras de dicho pueblo, el cual tiene mas de 20, y aun no 1o acabaron. Vinieron los contadores diciendo ser imposible salir con ello, y si se hiciera seria muy defraudado porque no hallaran tres quintas partes de los vasallos que en comun opinion se tiene que hay. n

En Agosto de i532 los oidores, continuando la desavenencía con Cortés, escribían al Consejo de Indias : ‘

(c Ahí se escriben algunas cosas que han pasado con el marqués del Valle, y no se puede explicar todo lo que pasa. El ha sido señor absoluto de esta tierra, por que lo que no ha tomado para si halo dado y quitado como ha querido; y aun que ahora trabaja la posible por ser obediente y pacífico, coligese de algunas obras suyas que tiene mucho por descubrir. Tiene tanta maño en los naturales de la tierra, que todas las vezes que quísíere la puede poner en necesidad. Trabaja de favorecerse y tener mano en la tierra, y señaladamente por vía de esta capitanía general querria oprimir á los que no le tienen buena voluntad, y estos son tantos que creemos que S. M. no será servido de ello. Aquí estamos puestos en que no tenga más mano encosa de la que S. M. manda que tenga, y lo que de esto fuere dub— doso, se interprete antes sobre lo corto que sobre la largo.

» Dice que dejará la capitania general y se volverá á Españal Ojalá lo hiciese! Entonces podria decir que ganó la Nueva-España, cuando no volvíese á ella. Y á falta de esto nos parece que no tenga mas mano que en los pueblos que le quedaren de su merced, que es tanto estado y señorio que á la tierra le pesa. Seria bíen conservar la villa de Antequera‘,

‘ En otra del mismo u de agosto se lee lo siguiente : Cuyoacan e Tlacubaya, que se nos manda por la instruccion secreta ver si conviene ó no darlos al marqués, decimos que en ninguna manera conviene: de esta cercanía in— comodaria mucho á esta ciudad.

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