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llamado Cánec vivía en medio de la laguna de Peten’ en la isla de Tayassal. Desde allí fué á Táica; después á Checan, residencía de un cacique llamado Amohan’, y prosiguiendo su marcha por Acuculin’ y‘Tániha, donde tuvo noticías ciertas de los españoles que buscaba, llegó á Nito ‘, por otro nombre San Gil de Buena Vista, sobre el golfo Dulce, que algunos han confundido con Naco, otra poblacíon en las partes de Honduras.

La relacion quinta, que publicamos íntegra por la copía de la Biblioteca Imperíal de Viena, cotejada con la que se ‘ conserva en la Nacional de Madrid, nos suministra datos abundantes acerca del miserable estado en que Cortés halló los restos de las varías expediciones mandadas á aquellas lejanas costas, y lo que hubo de disponer para reunir á los españoles y establecerlos en lugar conveniente. En Nito, sobre el Golfo Dulce, se embarcó para. la bahía de San Andrés, donde pobló la villa que con el tiempo se llamó la Natividad de Nuestro Señora. Fuése en seguida al puerto de Honduras, á que puso nombre Trujillo, poblacion de Francisco de las Casas, y desde allí despachó cuatro caravelas en distintas direcciones. La primera, al mando de Juan de Avalos, su primo, llevaba los enfermos de la expedicion, y debía tocar en Cozumel y en Cuba; pero dió al través en el cabo de San Anton, ahogándose Avalos y treinta españoles más : el resto de la trípulacion llegó á Guaniguanico. La segunda destinada á la Española, adonde debía dar cuenta de lo ejecutado por Cortés, y otras dos que este envió á Jamayca y Puerto Rico en demanda de víveres y pertrechos, llegaron á salvamento, si bíen no lograron el fin para que fueron despachadas.

í En la lengua de los itzáes, esta palabra peten significa « isla. »

2 En Herrera : a Tlecan y su señor Amo‘an. n

3 En la Relaciou : Acuculin; pero hallándose escrito en Herrera Azuzuün, parece natural suponer que al copiante se le olvidarla la cedilla, y que debió escribir Acuculin.

t En el Diccionario geográfico de Alcedo se mencionan dos pueblos Nito y Naco, ademas Herrera (Dec. Ill, cap. xm) trata con distincion de uno y otro. Nito fué poblada por Gil Gonzales Dávila; Naco, capital ‘del valle de su nombre, era la residencia de Cristóbal Dolíd; all! fue donde aquel caudillo, en unlon de Francisco de Las Casas, le hubo á las manos y le hizo cortar la cabeza.

Prosíguíó Cortés la conquista haciendo recorrer por sus tenientes las vecinas provincías de Champagne‘ y Papayeca, y aún se preparaba á pasar á Nicaragua, donde los capitanes envíados por Pedrarías d’Avila andaban desavenidos, cuando llegó á sus oídos la noticía de los disturbíos acaecidos en Méjico. Había aquel dejado para gobernar en su ausencía al tesorero real Alonso de Estrada, y al contador Rodrigo de Albornoz, auxílíados por el licencíado Alonso de Zuazo, en quien residía‘ la jurisdiccion civil y criminal; mas al poco tiempo de su salida para las Hibueras, á consecuencía de graves reyertas occuridas entre aquellos dos oficíales reales, Cortés se había visto precisado desde la villa del Espíritu Santo en donde se hallaba, á envíar otros dos, el factor Pero Almindez Chirinos y el veedor Gonzalo de Salazar, con provisiones y poderes bastantes para arreglar y componer sus diferencías, y si necesario fuese, tomar con Zuazo las riendas del gobíerno. Mas la ambícion de estos últimos frustró los buenos deseos del conquistador. Después de haberse desecho de Zuazo, hombre bíen intencionado, aunque débil y vacilante, y emharcádole para Cuba so pretexto de órdenes recibídas de la Córte, Almindez y Salazar lograron primero ingerirse en el gobíerno, que partieron con el tesorero y contador, y más tarde negar a estos toda participacion en él, y aún reducirlos á prision, quitando y poniendo alcaldes y algua

‘ Gómara y Herrera que le siguió en esto escriben Chiapaan‘na.

cíles, haciendo repartimientos de indios entre los que seguían su parcíalidad, despojando y encausando á los del opuesto bando, y cometiendo todo género de injusticías y desmanes.

A este estado de civil discordía y tiranía que un escritor coetáneo califica, y con razon, de comunidades de la Nueva-España, contribuyeron en gran manera los odios y rencillas mútuas de algunos de los compañeros de Cortés, la larga ausencía de este, y los rumores que de vez en cuando circulaban de su desgracíada muerte á manos de indios en una de las apartadas provincías que acababa de atravesar. Llegó á adquirir tal crédito la noticía, autorizada hasta cierto punto por los mismos críados de Cortés, que ya le lloraban por muerto señalando el lugar y hasta la época de la catástrofe, que, para salir de dudas, se dió comision á Diego de Ordaz para que entrando con dos bergantines por el rio de Xícalango, que desemboca en el golfo mejicano, tratase de averiguar la verdad. Ordaz llegó al rio, encontró con ocho mercaderes indios que venían en una conoa, y les preguntó qué sabían de Cortés y su pequeño ejército ; y aunque al principio, de miedo sin duda, negaron haberle visto y tener nuevas de él, estrechados por los españoles confesaron que el eapitan Malínche, como en su lengua le llamaban, y los hombres barbudos que con él iban, habían sido todos muertos á siete jornadas de allí, en una ciudad situada en medio de la laguna de Cuzamílco; añadiendo que Cortés, á quien conocían‘, había sido sacrificado á un ídolo principal de aquella tierra.

i a Dijeron estos indios que al capitan y á los que con él iban, 1os habían muerto más había de siete ú ocho lunas, porque ellos cuentan por cada mes una luna, en una ciudad siete jornadas de Xicalango, que está dentro de una laguna que se llama Cuzamilco, y que la causa principal fue porque el gobernador había demandado al señor de aquella ciudad oro y otras cosas, y que no se lo quiso dar, diciendo que no tenia, y que le había sobre ello maltratado, y que con aquel despecho el señor de aquella ciudad Cuzamilco apercibió toda la tierra del rededor, y el día que salieron a dormir junto á la laguna, en un lugar pequeño de aquella ciudad, á media noche que e1_g0bernador y su gente reposaban, vino mucho multidud de indios sobre los cristianos, y comenzaron á poner fuego por todas partes, y á. dar sobre ellos y los caballos; y como no pudieron ni tuvieron tiempo de se poder servir de ellos, y con el fuego desbarataron los indios á los cristianos, y se dividieron por pequeñas partes, y ya que amaneció diz que dieron sobre los que quedaban, y prendieron al capitan, que le conocieron, que tenia una herida en la garganta, y llevaronle en señal de victoria á un templo principal de sus ídolos, que llaman Uchilobos, y alli le sacrificaron á sus ídolos y dc los demás no dejaron hombre á vida. Y á los indios que de acá iban con los cristianos diz que guardaron para comer, y á los cristianos echaban en la laguna porque diz que los han probado y son duros y amarga la carne de ellos. Y dice el dicho Diego de Ordaz que los indios decían que mejor los pudieran matar dentro de la ciudad de Cuzamilco, que está en el agua, sino por no quemar y destruirla, que la tenia en mucho el señor de ella. » Carta de Albornoz al Emperador, del 25 de diciembre de i525 en Muñoz, tom. LXXVll, fol. 169.

Creció con esto la insolencía Almindez y Salazar, los cuales, creyendo la ocasion oportuna, escribíeron á la Córte y á los oidores de la Española, pidiendo la confirmacion de sus respectivos cargos. Ambos habían sido críados del secretario Francisco de los Cobos, y afin de inclinarle á su favor y lograr su pretension, le remitieron en esta coyuntura un cuantioso presente de oro y pedrería.

En este estado se hallaban las cosas de Méjico cuando Cortés recibíó una carta de Alonso de Zuazo, el refugiado en Cuba, en que le referia los graves desórdenes ocurridos durante su ausencía, el allanamiento y saqueo de su casa, y la muerte de su mayordomo, Rodrigo de Paz, á quien dejara encomendada su hacienda. Sin mas tardanza se resolvió á marchar sobre la capital y poner, si era posible, remedio á tamaños males. Después de haber despachado á Pedro Dorantes,su críado, con cartas para sus parientes y amigos, anunciándoles su próxima llegada, y reanimando sus esperanzas cási perdidas, Cortés se hizo á la vela del puerto de Tru

jíllo el 25 de abril y desembarcó en Chalchicueca no lejos de Medellin en mayo.

Mientras tanto los partidarios de Cortés, capitaneados por Jorge de Alvarado, Andrés de Tapía, Alvaro de Saavedra Ceron y otros, promueven un alzamiento en Méjico, y puestos antes de acuerdo con el tesorero y contador, que de miedo áSalazar andaban retraidos, deponen á los gobernadores y prenden á este último, de manera que á su entrada en la capital el 15 de junio de 1526, Cortés halló su autoridad restablecida, y pudo consagrarse sin tropiezo á los trabajos de la admínistracion. Desgraciadamente para él y para la nueva colonía el viento que corria en la Córte era poco favorable á sus proyectos. Tiempo había que el Consejo de las Indías, informado de los graves desórdenes ocurridos en Méjico, pensaba en ponerles el oportuno remedio, si bíen andaban sus individuos discordes en cuanto al orijen del mal y modo de atajarlo. Ignorabase aún el para

dero de Cortés, cuyo largo silencio hacía concebír serios .

temores por su vida, y por otra parte eran tantos y tan gra- ves los cargos que se le dirijían, ya por los gobernadores de Méjico interesados en desacreditarle, ya por los oidores de la Española que nunca vieron de buen ojo su creciente autoridad y nuevos descubrimientos, que aquel tribunal andaba perplejo y vacilante. De todas partes llovían informaciones contra la persona y actos de Cortés, y así es que sus enemigos tuvieron mucho aparejo para calumníarle— Acusábanle de « tener escondidos cuantiosos tesoros, tomados especíalmente á Muctezuma y Guatimoucin, con los cuales podía en cualquier tiempo atraerse á la gente española, además de ser amado y obedecido de los indios; y teniendo, como tenía, muchas armas y artilleria, hallarse dispuesto á cualquiera peligrosa novedad. De haber gastado en armadas y expediciones dispuestas tan solo en beneficio propio

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