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nuxtitlan í, por otro nombre Méjico, córte y residencía del gran emperador de los aztecas.

Velazquez, mientras tanto, no perdonaba medio alguno para frustrar los designios de Cortés. Había este despachado á Castilla con cartas para el Emperador y un grueso cargamento de oro, á dos de sus oficíales llamados Francisco de Montejo y Alonso Hernandez de Puertocarrero, los cuales se habían visto precisados por el mal tiempo y contra las expresas órdenes de su general, á tocar en la costa norte de la isla de Cuba. Como era natural, la nueva de los ricos despojos que la nao llevaba y de los triumfos ale canzados por Cortés habían estimulado la codicía del 30bernador, y acrecentado su sed de venganza. Prosiguieron los comisionados su víaje arribando á la Península en octubre de 1519, y aunque el entusíasmo que produjo su llegada parece haber sido en su principio igual, ya que no mayor, al causado por la noticía del descubrimiento del Nuevo-Mundo por Colon, muy pronto hubíeron aquellos de experimentar los efectos del odio implacable de Velazquez, quien desde el momento mismo en que Cortés, desconociendo su autoridad, se había lanzado por su cuenta á la: conquista de un dilatado imperio, no había cesado de representar contra él, ya á la Real Audiencía de Santo Domingo, ya al mismo Emperador en su Real Consejo de las Indías, acusándole de traidor y rebelde, y aún de reo de lesa majestad. Habítaba á la sazon en Sevilla un clérigo llamado Benito Martin, grande amigo y agente del gobernador de Cuba, el cual no bien supo la llegada de los comisionados, cuando interponiendo una demanda ante los jueces de la Contratacion de Indias, logró primeramente el embargo, y más tarde el secuestro ‘, de todo el oro que en la nave venia, ya para S. M. ya para particulares : á duras penas si Montejo y Puertocarrero pudieron conseguir licencía para presentarse en la córte y dar cuenta de su mensaje. Llegados á Tordesillas, donde Carlos V se hallaba á la sazon, todos sus esfuerzos para obtener una audiencía y hacer valer su derecho se estrellaron contra la conocida parcíalidad de don Juan Rodriguez de Fonseca, obíspo de Burgos, y presidente del Real Consejo de las Indías, el mismo que tan hostil se mostró á Colon, y fué mientras vivió enemigo acérrimo de Cortés ’. Salió el Emperador de España sin tomar resolucion alguna en negocio tan importante, y Velazquez que á los pocos días de haber su rival salido de Cuba subrepticíamente, había recibído de España, juntamente con el titulo de adelantado, nuevos y mas ámplios poderes, no vaciló un instante en dictar las providencías y hacer los preparativos necesarios para castigar al rebelde capitan, y revindicar para si el territorio conquistado. A dicho fin dispuso una considerable armada, superior en número de naves y gente á la que llevara Cortés, y dió el mando de ella á un capitan de toda su confianza llamado Pánfilo de Narvaez. En la página 39 hallarán los lectores la carta, hasta ahora inédita, en que el licencíado Lucas Vazquez de Ayllon da cuenta detallada de sus negocíaciones para evitar un rompimiento, y cómo á pesar de sus esfuerzos la armada de Narvaez se hizo a la vela el 1° de marzo, y aportó al puerto de la Veracruz contra lo dispuesto por la Audiencía de Santo-Domingo. A no haber sido por la prudencía, valor y firmeza de Cortés en aquella ocasion, es muy probable que se hubíeran malogrado cn flor los ópimos frutos de la conquista. Así y con todo, y á pesar del refuerzo de gente que la victoría alcanzada sobre Narvaez le proporcionó, Cortés se vió precisado á desamparar á Méjico, después de una lucha terrible con sus habítantes alzados en masa z solo las dotes de gran capitan que en tan criticas circunstancías desplegó, su admirable perseverancía en los desastres, su increíble valor en los combates, y la confianza que á los suyos supo inspirar, le salvaron á él y á su pequeño ejército de una muerte cási segura.

t Así se escribía en lo antiguo el nombre de esta ciudad : Temístítan y Tenuxtítan no son mas que corrupciones introducidas por los copíantes.

í Tenemos á la vista la provision original del Consejo, con fecha de 15 de febrero de 1521, enviada á. los oficiales de la casa de la Contratacion de Sevilla. Empieza así : a Por cuanto de tierras de Coluacan ha venido navio, y en él por procurador Diego de Ordaz, Alonso d'Avila, Alonso de Mendoza é pasageros con oro para si, SS. MM. y otras personas que estaa en estos reynos en rebelion é desobediencia de S. M. eu aquellas provincias, y para mercaderes que por haber dado fama, ayuda y mantenimientos á los destruidores de las dichas provincias, han incurrido en graves penas, así de sus personas como de sus bienes, por ende mandamos, etc.

’ Segun Bernal Diaz era grande amigo y favorecedor do Velazquez, quien

pensó casar con doña Catalina de Fonseca, su sobrina. b

Pero á pesar de sus gloriosos triumfos la posioion de Cortés se hacía cada día mas difícil y precaría. La primera y segunda de sus cartas estaban aun sin contestar; ni una sola palabra de consuelo y aprobacion había llegado á sus oídos, é ignoraba por completo si su conducta, algun tanto irregular, por no decir otra cosa, había sido sancionada por la córte, y si la acusacion de desobediencía y rebeldía que sobre él pesaba sería ó no atenuada por los brillantes resultados de la conquista y los nuevos y dílatados dominios recientemente adquiridos por su espada. Desde Cuyoacan, adonde había trasladado su residencía, escribió al Emperador su carta tercera, después de haber preparado un cuantioso y rico presente de oro y pedreria, en que ademas del quinto de los despojos, se incluían no pocos objetos, á cual mas extraños y preciosos, y entre ellos 1a célebre esmeralda, « grande » dice Gómara, « como la palma de la mano, aunque cuadraday rematando en punta como pirá

mide. » A la carta de Cortés acompañaba otra del nuevo ayuntamiento de Tenuxtitlan, encareciendo los servicios prestados por su ilustre caudillo, y suplícando al Emperador se dignase aprobar lo hecho hasta entónces y confirmarie en su verdadero empleo y autoridad. Dos oficíales llamados Alonso de Avila y Antonio de Quiñones fueron los encargados de traer á Castilla las cartas y mensaje; mas en una de las Azores ‘, donde la nave aportó, Quiñones fué muerto en una pendencía nocturna, y continuando Avila su viaje, escoltado por otras dos caravelas de Domingo Alonso, topó á la altura del cabo de,San Vicente con unos corsarios franceses , y los ricos despojos de los aztecas fueron á henchir el tesoro de Francisco 1°.

La ocasion, además, era poco favorable para dirimir la cuestion pendiente entre Cortés y Velazquez. Ardía por entonces en Castilla el fuego de las Comunidades, amena’ zando extenderse á los demás reinos; Carlos V se hallaba en Alemania preocupado con los negocios del Imperio ; las riendas del gobierno habían sido encomendadas en la Península al cardenal de Tortosa, Adríano de Utrecht, hombre de sana intencion, aunque de escaso talento y ninguna experiencía en la administracion. No es, pues, de extraña si las brillantes hazañas de Cortés no produjeron al pronto el entusíasmo que era de esperar. Redoblaron sus esfuerzos los amigos y partidarios de Velazquez, hicieron nuevas reclamaciones al Consejo, y consiguieron sin dificultad poner de su parte al obispo de Burgos, su presidente, el cual obtuvo del débil Adríano una provision, que de haberse cumplido, hubíera dado en tierra con los grandiosos proyectos de Cortés, y arruinado su crédito en los mismos momentos en que, llevada á cabo su gloriosa empresa, debía

l La de Santa Maria.

2 Una de ellas llamada la caravela Sancti Spiritus, se salvó. Los corsarios se comentaron con robar el cargamento que traía, y dejaronla continuar su viaje. En la col. Muñoz (tom. LXXVI, fol. 280) se halla el extracto del registro de la Contratacion, del cual consta que entró en Sevilla á, 7 de noviembre de 1522. El patron se llamaba Anton Sanchez. Dávila fué preso y llevado á la

Rockola por Florin, que así se llamaba el Corsario francés.

recojer el fruto de sus fatigas y desvelos. En ella, después

de enumerar los agravios, reales ó supuestos, conferidos por Cortés á Velazquez, se nombraba un juez con ámplios poderes para visitar el pays, instituir una pesquisa minuciosa de todos sus actos, apoderarse, si necesario fuese, de su persona, y secuestrar su hacienda. Firmóla Adríano el ll de abril de 1521.

Mas la persona nombrada para residencíar al conquistador de Méjico sobre el teatro mismo de sus hazañas, y en medio de sus fieles compañeros de armas, era poco á propósito para tan delicada empresa; carecía de las dotes necesarías para ello, y no tenía autoridad, ni firmeza. Llamábase Grlstobal de Tapía y había sido veedor de las fundiciones del oro en la isla Española. Al poco tiempo de su desembarco en Veracruz la legalidad de sus provisiones le fué disputada con pretextos mas ó menos plausibles por los regidores, á quienes Cortés había encargado el gobíerno municipal de aquella villa; la marcha al interior le fué expresamente vedada, y él mismo, medíante un rico presente que le envió Cortés, consintió en volverse á la Península, acompañado de Narvaez, ya por entonces puesto en libertad.

Mientras tanto los enemigos de Cortés, y en especíal Fonseca, procuraban su ruina, y la‘hubíeransin duda conseguido á no ser por la saludable intervencion de algunos, aunque pocos y fieles, amigos. Su padre don Martin, á quien desde su salida de Cuba Cortés había envíado plenos poderes para representarle, el duque de Bejar, don Alvaro de Zuñiga, los condes de Aguilar, y Medellin, y otros personajes influyentes en la Córte, continuaban defendiéndole

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