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cion, Cortés se dirigió á casa del gobernador Ovando, que á la sazon se hallaba ausente en lo interior de la isla; su secretario, Medina, le recibíó con afabílídad, y preguntado acerca del estado de las cosas, y de lo que debía hacer, le aconsejó que se avecindase allí, prometiéndole en nombre del gobernador un solar para edificar casa, y ciertas tierras para labrar. « Yo no vine aquí para cultivar la tierra como un labriego, » le contestó Cortés, « sino para buscar oro. » Esto sin embargo, Cortés aceptó poco después del mismo Ovando un repartimiento de indios en Daíguao, y la escribanía de la recien-fundada villa de Azua, hacíéndose muy pronto acreedor á mayores mercedes por sus servicios en la guerra que contra Anacaona, reina viuda de Haiti dirigía a la sazon‘ Diego Velazquez. Cuando en l5M este caudillo emprendió la conquista de la vecina isla de Cuba, Cortés le acompañó en calidad de oficíal de la Real Tesoreria á cargo de Miguel de Pasamonte. Conquistada la isla, obtuvo repartimiento de indios en Manicarao, y se estableció en Santíago de Barucoa, logrando poco después el favor de Diego Velazquez hasta alcanzar, segun Las Casas, plaza de secretario suyo. Naturalmente activo y emprendedor se dió á la cria de ganados, siendo el primero de los conquistadores que tuvo « hato y cabaña », con cuya grangería y el oro que sacó con sus indios. llegó en breve á ser rico.

Entre las familías que poblaron en la isla había una granadina del apellido Xuarez, compuesta de una honrado viuda, un mancebo hijo suyo, y cuatro hermanas jóvenes y apuestas. La mayor de estas, llamada Catalina, pasaba por la mas hermosa muger de la isla, y era galanteada de muchos que solicitaban su mano. Era Cortés el preferido ; mas habíendo dado á la dama promesa de matrimonio, hubo

‘por razones que se ignoran de retardar su cumplimiento hasta el punto de atraer sobre sí las justas reclamaciones del hermano y demás familía, así como la persecucion y enemistad del gobernador Velazquez, que festejaba, segun dicen, á otra de las hermanas. Reuníanse por aquel tiempo en casa de Cortés muchos pobladores que descontentos con Velazquez porque ó no les daba repartimiento de indios, ó se le daba menor del que creían merecer, hablaban mal de él y su administracion. Llegaron los descontentos a proponer que Cortés pasase secretamente á la isla Española, donde residía la Audiencía, y se quejase ante los juezes de ella los de agravios que cada cual pretendía haber recibído del gobernador. No fué menester mós para que Velazquez, que, segun queda dicho, andaba disgustado con Cortés, le hiciese sentir el peso de su autoridad. Noticioso del caso, le mandó llamar, le maltrató de palabra delante de muchos que se hallaban presentes, y le metió en la cárcel, si bíen Cortés quebrantando las esposas con que estaba aherrojado, apoderándose de la espada y rodela del alcaide, abrió una ventana, se descolgó por ella, y se recogió al sagrado de una iglesía que había próxima. No se atrevió Velazquez á sacarle por fuerza de allí; mas habíendo apostado en las cercanías á un su alguacil, llamado Juan Escudero, este con ayuda de otros logró sorprenderle un día que, descuidado se paseaba por delante de la iglesía, y llevarle á una nave que surta en el puerto, no aguardaba más que viento favorable para hacerse á lawvela con rumbo á la Española. Segunda vez pudo Cortés burlar la vigilancía de sus guardas; aquella misma noche logró, aunque con grandísimo dolor, sacar los pies de los grillos, salir por la bomba sin ser sentido de nádie, meterse en el esqulfe que estaba al costado de la nave, y remar hacía tierra. Mas era tal la corriente del rio Macaguanigo, sobre el cual está asentada la ciudad de Santíago, que estuvo á punto de zozobrar y perderse. Entonces con aquella resolucion impavida, de que tantas muestras dió después en los trances mas duros y peligrosos de su azarosa vida, desnudóse, atóse con un paño sobre la cabeza ciertas escrituras que, como oficíal de la tesoreria, y escribano de ayuntamiento tenía, y podían perjudicar á Velazquez, y echándose al agua logró ganar la tierra, nadando. Fuése luego á su casa, habló con Juan Xuarez, el hermano de Catalina, á quien consiguió apaciguar y poner de su lado, y bíen armado, se acogió segunda vez al sagrado de la iglesía. Sabedor del caso Velazquez disimuló su enojo, y le envió á decir que fuesen amigos y {o pasado pasado, prometiendo restituirle á su favor y privanza, si queria salir con él en busca de ciertos indios que se le habían alzado. Receloso Cortés, ningun caso hizo por entónces de las ofertas del gobernador, antes bíen siguió retraido en la iglesía, aunque poco después dió su mano á doña Catalina, reconciliándose así con los parientes de la dama, y con el mismo Velazquez.

Ocurrió por este tiempo la llegada á Cuba de Pedro de Alvarado con la inesperada nueva del descubrimiento de Yutacan por Juan Grijalba‘, y los cuantiosos y ricos rescates que en su costa había conseguido. Impaciente el gobornador porque aquel capitan, sobrino suyo, no volvía á dar cuenta de su víaje, decidió mandar en busca suya á Cristóbal de Olid con una caravela, y con órden expresa de que volviese luego, dejando la tierra poblada; mas no pudo hallar á Grrijalba, y se volvió á Cuba sin noticías suya. Subíó con esto de punto la impaciencía del gobernador quien decidió envíar á aquellas partes otra expedicion mayor que la pasada, para cuyo mando escogió á Cortés, no sólo por conocer en él valor, prudencía y demás dotes necesarías para dicho cargo, sino porque Cortés que segun queda dicho, era rico, podria contribuir con sus fondos al armamento de la flota. Así se hizo, y Cortés fué poco después nombrado capitan general de la nueva armada, empleando toda su fortuna que era considerable, en el equipo y aprovisionamiento de once naos entre caravelas y bergantin‘és, y en adelantar dinero á muchos de los voluntarios que se alistaban debajo de sus vanderas.

l Antes de la expedicion de Grijalba hubo otra que fué desgraciada. Mandabala Pedro Fernandez de Córdova, el cual salio de la Habana á. 8 de febrero de 1517.

Mas antes que Cortés se hiciese á la vela con su pequeña armada, volvió Grijalba a Cuba, habló con Velazquez, y él y otros trataron de disuadirle de la proyectada expedicion, aconsejándole que no diese más bastimentos ni pertrechos para ella, y que cuando no revocase el nombramiento de capitan general hecho enla persona de Cortés. En prueba de los grandes esfuerzos que con el gobernador hacían los enemigos del que había de llegar á ser conquistador de Méjico, cuenta Bernal Díaz del Castillo la siguiente anecdota. Un domingo que el gobernador iba á misa, acompañado de los mas notables vecinos de Santíago, y llevando á Cortés, á su derecha, para mas le honrar, un truhan, llamado Cervantes, que iba delante haciendo los gestos y chocarrerías que acostumbran á hacer los de su clase, diio así : « l A la gala de mi amo! Diego y qué capitan has elegido? que es de Medellín de Extremadura, capitan de gran ventura. Mas temo, Diego, que no se te alze con el armada, que le juzgo por muy gran varon en sus cosas. » Díóle luego de pescozones el secretario Andrés de Duero, que iba allí junto con Cortés, y le dijo : « Calla, borracho, loco; no seas más bellaco, que bíen entendido tenemos que esas malicías so color de gracías, no salen de ti. » Todavía iba diciendo el loco ; « viva, viva la gala de mi amo Diego, y del su Venturoso capitan Cortés! é juro á Dios de mi, amo Diego, que por no verte llorar tu mal recaudo que agora has hecho, quisiera ir con Cortés á aquellas ricas tierras. n

Estas y otras insinuaciones parecidas de tal manera labraron en el ánimo naturalmente suspicaz de Diego Velazquez, que determinó quitarle el mando de la armada, y darselo á un capitan, natural de Cáceres, que había nombre Vasco Porcallo. Para ello envió provisiones á su cuñado Francisco Verdugo, alcalde mayor de la Trinidad; mandándole que á toda costa estorbase la salida de la flota, puesto que había revocado el nombramiento hecho en Cortés; y cómo este hubíese ya salido para el puerto de la Habana con el finde embarcar allí ciertos bastimentos de que tenía falta, y recojer además la gente de aquel distrito, despachó á dicho puerto iguales mandamientos disponiendo que le prendiesen. Mas avisado Cortés de esta determinacion, una noche que se contaron 10 de febrero de 1519, mandó zarpar el ancla, y se hizo á la vela para las costas de Yucatan.

Su desembarco en Cozumel, sus tratos con los naturales de la isla, su llegada á Campeche, la marcha de su pequeño ejército al rio de Tabasco, por otro nombre de Grijalba, y sus encuentros con los indios forman el asunto de la que pasa por relacion primera, y que segun queda dicho en otro lugar, está firmada por la Justicía y regidores de la Villa Rica de la Veracruz, poblacion fundada por Cortés.

Trata la segunda de su marcha á Cempoalla, de las repetidas embajadas que Muctezuma envió con el fin de explorar sus intenciones y detenerle en el camino, de la quema de sus naves ordenada para quitar á los suyos toda esperanza de retirada, de sus tratos con los tlascaltecas, y por último de su entrada triumfante en la gran ciudad de Te

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