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chico‘, están en la costa della, y muchas casas dellas dentro en el agua. La primera ciudad destas terná tres mil vecinos, y la segunda mas de seis mil, y la tercera otros cuatro ó cinco mil vecinos, y en todas muy buenos edificios de casas y torres, en especíal las casas de los señores y personas principales y de las de sus mezquitas ú oratorios donde ellos tienen sus ídolos. En estas ciudades hay mucho trata de sal, que hacen del agua de la dieha laguna y de la superficie que está en la tierra que baña la laguna; la cual cuecen en cierta manera y hacen panes de la dicha sal, que venden para los naturales y para fuera de la comarca. E así seguí la dicha calzada’, y á medía legua antes de llegar al cuerpo de la ciudad de Tenuxtitan, á la entrada de otra calzada que viene á dar de la Tierra-Firme á esta otra , está un muy fuerte baluarte con dos torres, cercado de muro de dos estados , con su pretil almenado por toda la cerca que toma con ambas calzadas, y no tiene mas de dos puertas, una por do entran y otra por do salen. Aquí me salieron á ver y á hablar fasta mil hombres principales, ciudadanos dc la dicha ciudad, todos vestídos de una manera y hábíto, y sdgun su_ costumbre bíen rico; y llegados á me fablar, cada uno por sí facia, en llegando á mí, una ceremonía que entre ellos se usa mucho, que ponia cada uno la mano en la tierra y la íesaba; y así estuve esperando cási una hora fasta que cada uno tilciese su ceremonía. E ya junto á la ciudad está una puente de madera de diez pasos de anchura, y por allí está abíerta la calzada, porque tenga lugar el agua de entrar y salir, porque crece y mengua, y tambíen por fortaleza de la ciudad, porque. quitan y ponen unas vigas muy luengas y anchas, de que la dicha puente está hecha, todas las veces que quieren, y destas hay muchas por toda la ciudad, como adelante , en la relacion que de las cosas della faré, V. A. verá. Pasada esta puente, nos salió á recebír aquel señor Muteczuma con fasta docientos señores, todos descalzos y vestidos de otra‘ librea ó manera de ropa, asimismo bíen rica á su uso, y mas que la de los otros; y venian en dos procesiones, muy arrimados á las

‘ Hoy se llama Churubusco, antes oclíolopozco.
2 Calzada que desde Mcxicalzingo va á la calzada de San Anton.

paredes de la calle‘, que es muy ancha y muy hermosa y derecha, que de un cabo se parece el otro, y tiene dos tercios de legua, y de la una parte y de la otra muy buenas y grandes casas, así de aposentamientos como de mezquitas;y el dicho Muteczuma venia por medio de la calle con dos señores, el uno á la mano derecha y el otro á la izquierda; de los cuales el uno era aquel señor grande que dije que me había salido á fablar en las andas, y el otro era su hermano del dicho Muteezuma, señor de aquella ciudad de Iztapalapa, de donde yo aquel dia había partido; todos tres vestidos de una manera, excepto el Muteezuma, que iba calzado, y los otros dos señores descalzos: cada uno le llevaba de su brazo; y como nos juntamos, yo me apeé, y le fui á abrazar solo : é aquellos dos señores que con él iban me detuvieron con las manos para que no le tocase; y ellos y él ficieron asimismo ceremonía de 2gs>ar la tierra; y hecha, mandó á_ aquel su hermano que venia con él que se quedase conmigo y me llevase por el brazo, y él con el otro se iba adelante de mi poquito trecho; y después de me haber él fablado, vinieron asimismo á me fablar todos los otros señores que iban en las dos procesiones, en órden uno en pos de otro, é luego se tornaban á su procesion. E al tiempo que yo llegué á hablar al dicho Muteezuma, quitéme un collar que llevaba de margaritas y díamantes de vidrio, y se lo eché al cuello; é después de haber andado la calle adelante, vino un servidor suyo con dos collares de camarones, envueltos en un paño, que eran hechos de huesos de caracoles colorados, que ellos tienen en mucho; y de cada collar colgaban ocho camarones de oro, de mucha perfeccion, tan largos casi como un geme; é como se los trujeron, se volvió á mi y me los echó al cuello, y tornó á seguir por la calle en la forma ya dicha, fasta llegar á una muy grande y hermosa casa, que él tenía para nos aposentar, bíen aderezada. E alli me tomó por la mano y me llevó a una gran sala, que estaba frontero de un patio por do entramos. E allí me fizo sentar en un estrado muy rico, que para él lo tenía mandado hacer, y me dijo que le esperase allí, y ól se fué, y dende á poco rato, ya que toda la gente de mi compañía estaba aposentada, volvió con muchas y

‘ Por estar hoy en otra forma las calles, no se puede dar idea cabal; pero esta de que habla parece claramente ser la que desde el hospital de San Anton atraviesa la ciudad.

diversas joyas de oro y plata, y plumajes, y con fasta cinco ó seis mil piezas de ropa de algodon, muy ricas y do diversas maneras tejidas y labradas. E después de me las haber dado, se sentó en otro estrado, que luego le iicieron allí junto con el otro donde yo estaba; y sentado, propuso en esta manera :

« Muchos dias há que por nuestras escrituras tenemos de nuestros antepasados noticía que yo ni todos los que en esta tierra habítamos no somos naturales della, sino extranjeros y venidos á ella de partes muy extrañas‘; é tenemos asimismo que á estas partes trajo nuestra generacion un señor, cuyos vasallos todos eran, el cual se volvió á su naturaleza, y después tornó á venir donde en mucho tiempo, y tanto, que ya estaban casados los que habían quedado con las mujeres naturales dc la tierra, y tenian mucha generacion y fcchos pueblos donde vivian; é queríéndolos llevar consigo, no quisieron ir, ni menos recibírlo pro señor; y así, se volvió. E siempre hemos tenido que de los que dél descendiesen habían de venir á sojnzgar esta tierra y á nosotros, como á sus vasallos. E segun de la parte que vos decis que venis, que es á do sale el sol , y las cosas que decis dese grand señor ó rey que acá‘os envió, creemosy tenemos por cierto él ser nuestro señor natural; en especíal que nos decis que él há muchos dias que tiene noticía de nosotros. E por tanto vos sed cierto que os obedecerémos y ternémos por señor en lugar de ese gran señor que decis, y que en ello no habra falta ni engaño alguno; é bíen podeis en toda la tierra, digo en la que yo en mi señorio poseo, mandar a vuestra voluntad, porque será obedecido y fecho, y todo lo que nosotros tenemos es para lo que vos dello quisiéredes disponer. E pues estaís en vuestra naturaleza y en vuestra casa, holgad y descansad del trabajo del camino y guerras que habcis tenido; que muy bíen sé todos los que se vos han ofrecido de Puntunchan3 acá, é bíen sé que los de Cempoal y de Tlascaltecal os han dicho muchos males de mi : no creaís mas ‘le lo que por vuestros ojos verédes, en

‘ Los mejíeanos por antigua tradícíon vinieron por el norte de Quívira.

3 Esto fué equivocada creencia de los indios, porque sus antecesores vinieren por ln parte del norte, y aun viniendo de la península de Yucatan, decían con verdad, del

. oriente respecto de Méjico.

’ Provincia de l’ontinchan ó l‘otonehan, en Tabasco; hoy se llama el pueblo la Victoria; en mejicano Pontonchan significa lugar que hícde.

especíal de aquellos que son mis enemigos, y algunos dellos eran mis vasallos, y hánseme rebelado con vuestra venida, y por sc favorecer con vos lo dicen; los cuales sé que tambíen os han dicho que yo tenía las casas con las paredes de oro y que las esteras de mis estrados y otras cosas de mi servicio eran asimismo de oro, y que yo que era y me facía dios, y otras muchas cosas. Las casas ya las veis que son de piedra y cal y tierra.» Y entonces alzó las vestiduras y me mostró el cuerpo, diciendo á mi : u Veisme aquí que so de carne y hueso como vos y como cada uno, y que soy mortal y palpable. » Asiéndose él con sus manos de los brazos y del cuerpo. a Ved cómo os han mentido; verdad es que yo tengo algunas cosas de oro que me han quedado de mis abuelos: todo lo que yo tuviere teneis cada vez que vos lo quisiéredes. Yo me voy á oíras casas, donde vivo; aquí seréis proveido de todas las cosas necesarías para vos y vuestra gente, é no reeibaís pena alguna, pues estáis en vuestra casa y naturaleza.» Yo le respondí á todo lo que me dijo, satisfaciendo á aquello que me pareció que convenía, en especíal en hacerle creer que V. M. era á quien ellos esperaban, é con eso se despidió; y ido, fuimos muy bíen proveidos de muchas gallinas y pan y frutas y otras cosas necesarías, especíalmente para el servicio del aposento. E desta manera estuve seis dias, muy bíen proveido de todo lo necesario, y visitado de muchos de aquellos señores.

Ya, muy católico Señor, dije al principio desta, cómo á la sazon que yo me partí de la villa de Veracruz en demanda deste señor Muteezuma, dejó en ella ciento y cincuenta hombres para facer aquella fortaleza que dejaba comenzada; y dije asimismo cómo había dejado muchas villas y fortalezas de las eomarcanas á aquella villa puestas debajo del real dominio de V. A., y á los naturales della muy seguros, y por cierto vasallos de V. M.; que estando en la ciudad de Churultecal ‘, recibí letras del capitan que yo en mi lugar dejé en la dicha villa, por lascuales me lizo saber cómo Qualpopoca, señor de aquella ciudad que se dice Almería’, le había envíado á decir por sus mensajeros que él tenía de ser vasallo de V. A., y que si fasta entonces no había venido

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ni venía á dar la obediencía que era obligado y á se ofrecer por tal vasallo de V. M. con todas sus tierras, la causa era que había de pasar por tierra de sus enemigos, y que temiendo ser dellos ofendido, lo dejaba; pero que le envíase cuatro españoles que viniesen con él, porque aquellos por cuya tierra había de pasar, sabíendo á lo que venian, no lo enojaran, y que él vernía luego; y que cl dicho capitan, creyendo ser cierto lo que el dicho Qualpopoca' le envíaba á decir‘, y que así lo habían hecho otros muchos, le había envíado los dichos cuatro españoles; y que después que en su casa los tuvo, los mandó matar por cierta manera como que pareciese que él no lo hacía, y que había muerto los dos dellos, y los otros dos se habían escapado por unos montes, heridos; y que había ido sobre la dicha ciudad de Almería con cincuenta españoles y los dos de caballo, y doce tiros de pólvora, y con hasta ocho ó diez mil indios de los amigos nuestros, y que había peleado con los naturales de la dicha ciudad y muerto muchos de los naturales della, y los demás echado tuera, y que la habían quemado y destruido; porque los indios que en su compañía llevaban, como eran sus enemigos, habían puesto en ello mucha diligencía. E que el dicho Qualpopoca, señor de la dicha ciudad, con otros señores sus alíados, que en su favor habían venido allí, se habían escapado huyendo; y que de algunos prisioneros que tomó en la dicha ciudad se había informado cúyos eran los que allí estaban en defensa della, y la causa por qué había muerto á los españoles que él envió. La cual diz que fué que cl dicho Muteczuma había mandado al dicho Qualpopoca y á los otros que allí habían venido, como á sus vasallos que eran, que saliendo yo de aquella villa de la Veracruz, fuesen sobre aquellos que se le habían alzado y ofrecido al servicio de V. M., é que tuviesen todas las formas que ser pudiesen para matar los españoles que yo allí dejase, porque no los ayudasen ni favoreeiesen, y que á esta causa lo habían hecho.

Pasados, ínvictísimo Príncipe, seis dias después que en la gran ciudad de Tenuxtitan entré, é habíendo visto algunas cosas della, aunque pocas, segun las que hay que ver y notar, por aquellas me pareció, y aun por lo que de la tierra había visto, que convenía al real servicio y á nuestra seguridad que aquel señor estuviese en mi poder, y no en toda su libertad, porque no mudase el propósito y voluntad que mostraba en servir á V. A., mayor

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