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camino. E así, nos partimos con harto temor de que aquellos quísiesen perseverar en nos hacer alguna burla; pero como ya habíamos publicado ser allá nuestro camino, no me pareció fuera bíen dejarlo ni volver atrás , porque no creyesen que falta de ánimo lo impedia. Aquel dia que de la ciudad de Churultecal me parti, fui cuatro léguas á unas aldeas de la ciudad de Guasucingo‘, donde de los naturales fuí bíen recibído, y me dieron algunas esclavas y ropa y ciertas piecezuelas de oro, que de todo fué muy poco, porque estos no lo tienen, á causa de ser de la liga y parcíalidad de los tlascaltecas, y por tenerlos, como el dicho‘Muteczuma los tiene, cercados con su tierra, en tal manera, que con ningunas provincías tienen contrataeion mas que en su tierra, y á esta causa viven muy pobremente. Otro dia siguiente subí al puerto por entre las dos sierras que he dicho, y á la bajada dél, ya que la tierra del dicho Muteczuma descubríamos por una provincía della, que se dice Chalco, dos leguas antes que llegásemos á las poblaciones hallé un muy buen aposento nuevamente hccho, tal y tan grande, que muy cumplidamente todos los de mi compañía y yo nos aposentamos en él, aunque llevaba conmigo mas de cuatro mil indios de los naturales destas provincías de Tascaltecal, y Guasueingo, y Churultccal, y Cempoal, y para todos muy complidamente de comer, y en todas las posadas muy grandes fuegos y mucha leña, porque hacia muy gran frio. á causa de estar cercado de las dos sierras, y ellas con mucha nieve. .

Aqui me vinieron á hablar ciertas personas que parecian principales, entre las cuales venia uno que me dijeron que era hermano de Muteezuma, y me trajeron hasta tres mil pesos‘l de oro, y de parte dél me dijeron que él me envíaba aquello, y me rogaba que me volviese y no curase de ir á su ciudad, porque era tierra muy pobre de comida, y que para ir á ella había muy mal camino, y que estaba toda en agua3, y que no podría entrar á ella sino en canoas, y otros muchos inconvenientes que para la ida me pusieron. Y que viese todo lo‘que quería, que Muteczuma, su señor, me lo mandaría dar: y que asimismo concertarían de me dar en cada año certum quid, el cual me llevarían hasta la mar ó donde yo quisiese. Yo los recibí muy bíen, y [es dí algunas cosas de las de nuestra España, de las que ellos tenian en mucho, en especíal al que decian que era hermano de Muteczuma, é á su embajada le respondí que si en mi mano fuera volverme, que yo lo hiciera por facer placer _á Muteczuma, pero que yo había venido en esta tierra por mandado de V. M. , y que de la principal cosa que della me mandó le hiciese relacion, fué del dicho Muteczuma y de aquella su gran ciudad, dela cual y dél había mucho tiempo que V. A. tenía noticía; y que le dijesen de mi parte que le rogaba que mi ida á le ver tuviese por bíen , porque della á su persona ni tierra ningun daño, antes pro, se le había de seguir, y que después que yo le viese, si fuese su voluntad todavia de no me tener en su compañía , que yo me volvería; y que mejor daríamos entre él y mí órden en la manera que en el servicio de V. A. él había dc tener, que por terceras personas, puesto que ellos eran tales, á quien todo crédito se debía dar; y con esta respuesta se volvieron. En este aposento que he dicho, segun las aparencías que para ello vimos y el aparejo que él había, los‘ indios tuvieron pensamiento que nos podrían ofender aquella noche, y como galo sentí puse tal recaudo, que conociéndolo ellos, mudaron su pensamiento, y muy secretamente hicieron ir aquella noche mucha gente que en los montes que estaban junto al aposento tenian junta, que por muchas de nuestras velas y escuchas fué vista.

l Parece el mismo Guajozingo arriba nombrado.

’ Quiere decir en el valor, pues los mejicanos no acuñaron moneda, como nosotros.

’ La situacion de Méjico y de los pueblos de Tlahuac y Mísquic es encima del agua, y aunque hoy hay calles y plazuclas de tierra mas que en tiempo de Muteezuma, es por artificio. En Iztacalco hay casitas de indios, y huertas pequeñas con verduras y flores, que se llaman chinampas, y se mueven , porque el fundamento es césped sobre agua.

Y luego siendo de dia, me parti á un pueblo que está dos leguas de allí, que se dice Amaqueruea , que es de la provincía de Chalco, que terná en la principal poblacion, con las aldeas que hay á dos leguas dél, mas de veinte mil vecinos, y en el dicho pueblo nos aposentaron en unas muy buenas casas del señor del

lugar. E muchas personas que parecian principales me vinieron

allíá hablar, diciéndome que Muteczuma, su señor, los había envíado para que me esperasen allí, y me hiciesen proveer de to

‘ Amecameca, que está dos leguas de Tlalmanalco.

das las cosas necesarías. El señor desta provincía y pueblo me dió hasta cuarenta esclavas y tres mil castellanos; y dos días que allí estuve, nos proveyó muy eumplidamente de todo lo necesario para nuestra comida. E otro día, yendo conmigo aquellos principales que de parte de Muteezuma dijeron que me esperaban allí, me partí y fui á dormir cuatro leguas de allí á un pueblo pequeño que está junto á una gran laguna, y casi la mitad dél sobre cl agua della, é por la parte de la tierra tiene una sierra muy áspera de piedras y peñas, donde nos aposentaron muy bíen. E asimismo quisieran allí probar sus fuerzas con nosotros, excepto que segun pareció, quisieran hacerlo muy á su salvo, y tomarnos de noche descuidados. E como yo iba tan sobre aviso, hallábanmc delante de sus pensamientos. E aquella noche tuve tal guarda, que así de espías que venian por el agua en canoas, como de otras que por la sierra abajaban á ver si había aparejo para ejecutar su voluntad, amanecieron casi quince ó veinte que las nuestras les habían tomado y muerto. Por manera que pocas volvieron á dar su respuesta del aviso que venian á tomar; y con hallarnos siempre tan apereebídos, acordaron de mudar el propósito y llevarnos por bíen.

Otro dia por la mañana, ya que me quería partir de aquel pueblo, llegaron fasta diez ó doce señores muy principales, segun después supe, y entre ellos un gran señor, mancebo de fasta veinte y cinco años , á quien todos mostraban tener mucho acatamiento, y tanto, que después de bajado de unas andas en que venía, todos los otros le venian limpíando las piedras y pajas del suelo delante él; y llegados donde yo estaba, me di— jeron que venian de parte de Muteczuma, su señor, y que los enviaba para que fuesen conmigo, y que me rogaba que le perdonase porque no salía su persona á me ver y recibír, que la causa era el estar mal dispuesto; pero que ya su ciudad estaba cerca, y que pues yo todavia determinaba ír á ella nos veríamos, y conoeería dél la voluntad que al servicio de V. A. tenía; pero que todavía me rogaba, si fuese posible, no fuese allá , porque padecería mucho trabajo y necesidad, y que él tenía mucha vergüeñza de no me poder allá proveer como él deseaba, y en esto ahincaron y porfiaron mucho aquellos señores; y tanto, que no

les quedaba sino decir: que me defenderían el camino si todavía e

porfiasc ir. Yo les satislice y aplaqué con las mejores palabras que pude, haciéndoles entender que de mi ida no les podia venir daño, sino mucho provecho. E así se despidieron, después de les haber dado algunas cosas de las que yo traía. E yo me partí luego tras ellos, muy accompañado de muchas personas, que parecian de mucha cuenta, como después pareció serlo. E todavia seguia el camino por la costa de aquella gran laguna, é á una legua del aposento donde partí, vi‘ dentro en ella, casi dos tiros de ballesta , una ciudad pequeña que podría ser hasta dc mil ó dos mil vecinos, toda armada sobre cl agua, sin haber para ella ninguna entrada , y muy torreada, segun lo que de fuera parecia‘. E otra legun adelante entramos por una calzada tan ancha como una lanza jíneta, por la laguna adentro, de dos tercios de legua, y por ella fuimos á dar á una ciudad, la mas hermosa, aunque pequeña, que hasta entonces habíamos visto, así de muy bíen obradas casas y torres, como de la buena órden que en el fundamento della había, por ser armada toda sobre agua. Y en esta ciudad, que será fasta de dos mil vecinos, nos recibíeron muy bíen y nos dieron muy bíen de comer. E allí me vinieron á hablar el señor y las personas principales della, y me rogaron que me quedase allí á dormir. E aquellas personas que conmigo iban de Muteczuma me dijeron que no parase, sino que me fuese á otra ciudad que está tres leguas de allí, que se dice Iztapalapa, que es de un hermano del dicho Muteczuma, y asi lo hice.

E la salida desta ciudad, donde comimos, cuyo nombre al presente no me ocurre á la memoría, es por otra calzada que tira una legua grande, hastar llega a la tierra-firme. E llegado á esta ciudad de Iztapalapa, me salió á recibír algo fuera della el señor, y otro de una gran ciudad que está cerca della, quo será obra de tres le— guas, que se llama Calaualcan’, y otros muchos señores que allí me estaban esperando, é me dieron hasta tres ó cuatro mil castellanos, y algunas esclavas y ropa , é'me hicieron muy buen acogimiento.

l Las ciudades de que aqul hace mencion Cortes sun, la primera, Iztapaluca que está dcspues de Chalco; camino de Méjico; después Thlahuac, Misquic y Culuaean, que todas están fundadas en el agua.

’ Guluacan.

Terná esta ciudad de Iztapalapa doce ó quince mil vecinos‘; la cual está en la costa de una laguna salada grande, la mitad dentro en cl agua y la otra mitad en la tierra iirme. Tiene el señor della unas casas nuevas que aun no están acabadas, que son tan buenas como las mejores de España, digo de grandes y bíen labradas, así de obra de cantería como de carpintería y suelos, y complimientos para todo género de servicio de casa, excepto mazoncrías y otras cosas ricas que en España usan en las casas , y acá no las tienen. Tiene en muchos cuartos altos y bajos jardines muy frescos, de muchos arboles y flores olorosas; asimismo albercas de agua dulce muy bíen labradas, con sus escaleras hasta lo fondo. Tiene una muy grande huerta junto la casa , y sobre ella un mirador de muy hermosos corredores y salas, y dentro de la huerta una muy grande alberca i de agua dulce, muy cuadrada, y las paredes della de gentil cantería, é al rededor della un anden de muy buen suelo ladrillado, tan ancho, que pueden ir por el cuatro paseándose, y tiene de cuadra cuatrocientos pasos, que son en torno mil y seiscientos. De la otra parted el anden, hácia la pared de la huerta, va todo labrado de cañas con unas vergas, y detrás dellas todo género de arboledas y yerbas olorosas , y dentro del alberca hay mucho pescado ymuchas aves, asi como lavancos y cercetas y otros géneros de aves de agua; y tantas, que muchas veces casi cubren el agua. Otro dia después que á esta ciudad llegué me partí, y á medía legua andada entré por una calzada que va por medio desta dicha laguna dos leguas, l’asta llegar á la gran ciudad de Tenuxtitan, que está fundada en mcdio de la dicha laguna; la cual calzada es tan ancha como dos lanzas, y muy bíen obrada, que pueden ir por toda ella ocho de caballo á la par, y en estas dos leguas dc la una parte y dela otra de la dicha calzada están tres ciudades, y la una dellas, que se dice Mesicalsingoa, está fundada la mayor parte della dentro de la dicha laguna, y las ‘otras dos, que se llaman la una Nicíaca y la otra Huchilohu

‘ Iztapalapa conserva hoy el mismo nombre, y muchos vestigios de las casas que aquí describe Cortés, pues de resultas de sacar tierra para adobe‘s, se ven unos terraplcnes altos, sobre los que edilicaban para defenderse en tiempo de lllUll'l‘lClOll.

3 La alberca está hoy ocupada por la laguna de Tezcuco; pero aun se ven restos y fragmentos del edificio.

5 lllcxicalzingo.

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