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Velazquez cómo yo envíaba la nao que á V. A. envié, y lo que en ella iba, y el camino que la dicha nao había de llevar, para que el dicho Diego Velazquez pusiese navíos en guarda para que la tomasenfcomo después que lo supo lo puso por obra; que, segun he sido informado, envió tras la dicha nao una caravcla, y sino fuera pasada‘, la tomara. E asimismo confesaron que otras personas tenian la misma voluntad de avisar al dicho Diego \"elaz— quez. E vistas las confesiones destos delincuentes, los castigué conforme á justicía y á lo que segun el tiempo me pareció que había necesidad, y al servicio de V. A. coniplía. Y porque demás de los que, por ser críados y amigos de Diego Velazquez, tenian voluntad de salir dc la tierra, había otros que, por verla tan grande y de tanta gente, y tal, y ver los pocos españoles que éramos, estaban del mismo propósito; creyendo que si allí los navíos dejase, se me alzarían con ellos, y yendose todos los que desta voluntad estaban, yo quedaría casi solo, por donde se eslorbara el gran servicio que á Dios y á V. A. en esta tierra se ha hecho; tuve manera como, so color que los dichos navíos no estaban para navegar, los eché á la costa; por donde todos perdieron la esperanza de salir de la tierra, ‘y yo hice mi camino mas seguro, y sin sospecha que vueltas las espaldas no había de faltarme la gente que yo en la villa había de dejar.

Ocho ó diez días después de haber dado con los navíos en la costa, y siendo ya salido de la Veracruz hasta la ciudad de Cempoal, que está á cuatro leguas .della, para de allí seguir mi camino, me hicieron sabm de la dicha villa cómo por la costa della andaban cuatro navii s, y que el capitan que yo allí dejaba había salido á ellos con una barca, y les habían dicho que eran de Francisco de Garay, teniente y gobernador en la isla ‘dc Jamáica, y que venian á descubrir. Y que dicho capitan los había dicho cómo yo en nombre de V. A. tenía poblada esta tierray hecho una villa allí á una

legua de donde los dichos navíos andaban; y que allí podían ir con

ellos y me i'arían saber de su venida; ó sialguna necesidad trajesen, se podrían reparar della, y que el dicho capitan los guíaría con la barca al puerto; el cual les señaló donde era; y que ellos le habían respondido que ya habían visto el puerto, porque pasa

' Esto es, sino hubiera pasado el canal de Bahama.

ron por frente dél, y que así lo l'ar'ían como él se lo decía. E que se había vuelto con la dicha barca, y los navíos no le habían seguido ni venido al puerto, y que todavía andaban por la costa, y que no sabía qué era su propósito, pues no habían venido al puerto. Visto lo que el dicho capitun me tizo saber, á la hora me parti para la dicha villa, donde supe que los dichos navíos estaban surtos tres leguas la costa abajo y que ninguno no había saltado en tierra. E de allí me fui por la costa con alguna gente para ha

‘ ber lengua, y ya que casi llegaba á una legua dellos, encontró

tres hombres de los ‘dichos navíos, entre los cuales venía uno que decia ser escribano, y los dos traía, segun mo dijo, para que fuesen testigos de cierta notificacion, que diz que el eapitan le había mandado que me hiciese de su parte un requerimiento que allí lraía; en el cual se contenia que me hacía saber cómo él había descubíerto aquella tierra y quería poblar en_ella; por tanto, que me requería que partiese con él los términos, porque su asiento quería hacer cinco leguas la costa abajo después do pasado Nautecal‘, que es una ciudad que es doce leguas dela dicha villa que agora se llama Almería. A los cuales yo dije que viniesc su capítan y que se fuese con los navíos al puerto de la Veracruz, que allí nos hablaríamos y sabría de qué manera venía. E si sus ¡1ïlVÍ«S y gente trajesen alguna necesidad, les soeorrería con lo que yo pudiese. E que pues él decia venir en servicio de V. S. M.. que yo no deseaba otra cosa sino que se me ofreciese en que sirviese á V. A., y que en le ayudar creia que lo hacía. Y ellos me respondieron que en ninguna manera el capitan ni otra

gente verían á tierra ni adonde yo estuviese. E creyendo que de- ,

bían de haber hecho algun daño en la tierra, pues se re‘celaba’n de venir ante mí, ya que era noche me puse muy secretamente junto á la costa de la mar, frontermdc donde los dichos navíos estaban surtos. y allí estuve encubíerlo fasta otro dia casi á mediodía, creyendo que el eapitan ó piloto saltarían en tierra, para saber dellos lo que habían hecho ó'por qué parto habían andado, y si algun daño en la tierra hubíesen hecho, envíarselos á V. S. M., y jamás salieron ellos ni otra persona; é visto que no salian, fice quitar los vestidos á aquellos que venian á fa

' Puede ser el pueblo de la diócesi (le Puebla que hoy se llama Nauthl’p.

cerme el requerimiento y que se los vistiesen otros españoles de los de mi compañía, los cuales fice ír á la playa y que llamasen á los de los navíos; é visto por ellos, salió á tierra una barca con fasta dicz ó doce hombres con ballestas y escopetas, y los españoles que llamaban de la tierra se apartaron de la playa unas matas que estaban cerca, como que se iban á la sombra dellas. E así saltaron cuatro, los dos ballesteros y los dos escopeteros; los cuales, como estaban cereados de la gente. que yo tenia en la playa puesta, fueron tomados. Y el uno dellos era maestre de la una nao, el cual puso fuego á una escopeta, y matara á aquel capitan que yo tenía en la Veracruz, sino que quiso nuestro Señor que la mecha no dió fuego. E los que quedaron en la barca se hicieron á la mar, y antes que llegasen á los navíos ya iban á la vela, sin aguardar ni querer que dellos se supiese cosa alguna. E de los que conmigo quedaron me informé como habían llegado á un rio que está treinta leguas de la costa abajo después de pasar Almería, y que allí habían habído buen acogimiento de los naturales, y que por rescate les habían dado de comer, é que habían visto algun oro que traían los indios, aunque poco. E que habían rescatado fasta tres mil castellanos de oro. E que no habían saltado en tierra, mas de que habían visto ciertos pueblos en la ribera del rio tan cerca, que de los navíos los podian bíen ver. E que no había edificios de piedra, sino que todas las casas eran de paja, excepto que los suelos dellas tenian algo altos y hechos á mano. Lo cual todo después supe mas por entero de aquel gran señor Muteczuma y de ciertas lenguas de aquella tierra que él tenía consigo; á los cuales, y á un índio que en los dichos navíos traían del dicho rio, que tambíen yo les tomé, envié con otros mensajeros del dicho Muteczuma para que hablasen al señor de aquel rio, que se dice Pánuco, para le atraer al servicio de V. S. M. Y él me envió con ellos una persona principal, y aun, segun decian, señor de un pueblo; el cual me dió de su parte cierta ropa y piedras y plumajes, é me dijo qué él y toda su tierra eran muy contentos de ser vasallos de V. M. y mis amigos, E yo les dí otras ‘cosas de las de España; con que fué muy contento, y tanto, que cuando ellos vieron otros navíos del dicho Francisco de

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Garay (de quien adelante á V. A. faré relacion), me envió á decir el dicho Pánuco cómo los dichos navíos estaban en otro rio lejos de allí hasta cinco ó seis jornadas‘. E que les hiciese saber si eran de mi naturaleza los que en ellos venían, porque les darían lo que hobíesen menester; é que les habían llevado ciertas mujeres y gallinas y otras cosas de comer.

Yo fuí, muy poderoso Señor, por la tierra y señorio de Cempoal tres jornadas, donde de todos los naturales fui muy bíen rccibido y hospedado. Y á la cuarta jornada entré en una provincía que se llama Sienchimalen’, en que hay en ella una villa muy fuerte y puesta en recio lugar, porque está en una ladera de una sierra muy agra, y para la entrada no hay sino un paso de esca

,lera, que es imposible pasar sino gente de pié, y aun con farta di

fieultad si los naturales quieren defender el paso; y en lo llano hay muchas aldeas y alquerías de á quinientos y á trecientos y á docientos vecinos labradores, que serán por todos hasta cinco ó seis mil hombres de guerra; y esto es del señorío de aquel Muteezuma. E aquí me recibíeron muy bíen y me dieron muy cumplidamente los bastimentos‘necesarios para mi camino, é me dijeron que bíen sabían que yo iba á ver á Muteezuma, su señor, y que fuese cierto que él era mi amigo, y les había envíado á mandar que en todo caso me‘ficiesen‘ muy buen acogimiento, porque en ello le servirían. E yo les satisfice á su buen comedimiento, ‘liciendo que V. M. tenía noticía dél, y me había mandado que le viese, y que yo no iba á mas de verle; é así pasé un puerto que está al fin desta provincía, al que pusimos nombre el puerto del Nombre de Dios3, por ser el primero que en estas tierras habíamos pasado. El cual es tan agro y alto, que no lo hay en España otro tan dificultoso de pasar. El cual pasé seguramente. y sin contradiccion alguna; y á la bajada deldicho puerto están otras alquerías de una villa y fortaleza que se dice Ceyco

' Puede ser el río que entra en la bahía del Nuevo Santander. 3 Sienchimalen de los otonacos, que fueron los que le dieron á Cortés bagaje, cuando iba

‘ acompañado delos principales de Cempoal, á saber Mamexi, Teuch y Tamalli. Su ruta la

dirijió por Xalapa, aunque en un dia no es regular pudiese llegar allí, por haber quince leguas desde Cempoal á Xalapa : desde Xalapa pasó (i Texuthla; después de haber pasado algunos puertos fue á Xocothla, sujeto al rey de Méjico.

3 Hoy se llama Paso del Obispo.

nacan‘, que asimismo era del dicho Muteczuma; que no menos que de los de Sienchimalen fuimos bíen recibídos, y nos dijeron de la voluntad de Muteczuma lo que los otros nos habían dicho. _yo asimesmo los salisfice.

Desde aquí anduve tres jornadas de despoblado y tierra inhabítable á causa de su esterilidad y falta dc agua y muy gran fríaldad quc en ella hay; donde Dios sabe cuánto trabajo la gente padeció de sed y hambre, en especíal de un turbíon de piedra y agua que nos tomó en el dicho despoblado, de que pensé que pereeiera mucha gente de frio. E así murieron ciertos indios de la isla Fernandina, que iban mal arropados. E á cabo destas tres jornadas pasamos otro puertoi, aunque no tan agro como el prímero, y en lo alto dél estaba una torre pequeña, casi como humi— lladero, donde tenian ciertos ídoles, y al derredor de la torre mas de mil carretadas de leña cortada muy compuesta. á cuyo respeto le pusimos nombre el puerto de la Leña; y á la abajada del dicho puerto, entre unas sierras muy agras, está un valle muy poblado de gente, que, segun pareció, debía ser gente pobre; y después de haber andado dos leguas por la poblacion ‘sin saber della, llegué á un asiento algo mas llano, donde pareció estar el señor de aquel valle, que tenia las mayores y mas bíen labradas casas que hasta entonces en esta tierra habíamos visto, porque eran todas de ean— tería labradas y muy nuevas, é había en ellas muchas y muy

. grandes y hermosas salas, y muchos aposentos muy bíen obradosf

y este valle y poblacion se llama Caltanmi. Del señor y gente fui muy bíen recibído y aposentado. E después de haberle hablado de parte de V. M., y le haber dicho la causa de mi venida en estas partes, le pregunté si él era vasallo de Muteezuma ó si era de otra parcíalidad alguna. El cual, admirado de lo que le preguntaba, me respondió diciendo que quién no era vasallo de Muteozuma? Queriendo decir que allí era señor del mundof Yo le lorné á aquí á replicar y decir el gran poder y señorío de V. M., que otros muy muchos y muy. mayores señores que no Mulrczuma eran vasallos de V. A., y aun que no lo tenian en pequeña merced, y que así lo había de ser Muteczuma y todos los

' Ceycooenacan, hoy Ishuacan de los Reyes.

’ Este sitio con fundamento se conjetura ser el que hoy llaman Sierra del Agua, pasado el Cofre de Perote.

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