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car, las cuales, con ayuda de nuestro Señor, presto estarán, como estas otras, sujetas al real dominio de V. lll.

En cierta parte desta provincía, que es donde mataron aquellos diez españoles, porque los naturales de allí siempre estuvieron muy de guerra y muy rebeldes, y por fuerza de armas se tomaron, hice ciertos esclavos, de que se dió el quinto á los oficíales de V. M.; porque, demás de haber muerto á los dichos españoles y rebeládose contra el servicio de V. A., comen todos carne humana, por cuya notoriedad no envio á V. M. probanza dello. Y tambíen me movió á facer los dichos esclavos por poner algun espanto á los de Culúa, y porque tambíen hay tanta gente, que si no ficiese grande y cruel castigo en ellos, nunca se emendarían jamás. En esta guerra nos anduvimos con ayuda de los naturales de la provincía de Tascaltecal y Chururtecal y Guasucingo, donde han bíen confirmado la amistad con nosotros, y tenemos mucho concepto que servirán siempre como leales vasallos de V. A.

Estando en esta provincía de Tepeacá, faciendo esta guerra, recibí cartas de la Veracruz, por las cuales me hacian saber cómo allí al puerto della habían llegado dos navíos de los de Francisco de Garay, desbaratados; que, segun parece, él había tornado á envíar con mas gente á aquel rio grande de que ya hice relacion á V. A., y que los naturales della habían peleado con ellos, y les habían muerto diez y siete ó diez y ocho cristíanos, y herido otros muchos. Asimismo les habían muerto siete caballos, yque los españoles que quedaron se habían entrado á nado en los navíos, y se habían escapado por buenos piés; é que el capitan y todos ellos venian muy perdidos y heridos, y que el teniente que yo había dejado en la villa los había recibído muy bíen y hecho curar. E porque mejor pudíesen convalecer, había envíado cierta parte de los dichos españoles á tierra de un señor, nuestro amigo, que está cerca de allí, donde eran bíen proveidos. De lo cual todo nos pesó tanto como de nuestros trabajos pasados; é por ventura no les acaeciera este desbarato si la otra vez ellos vinieran á mí, como ya he hecho relacion á V. A.; porque, como yo estaba muy informado de todas las cosas destas partes, pudieran haber de mí tal aviso por donde no les acaeciera lo que les sucedió; especíalmente que el señor de aquel rio y tierra, que se dice Pánuco, se había dado por vasallo de V. M., en cuyo reconocimiento me había envíado á la ciudad de Tenuxtitan, con sus mensajeros, ciertas cosas, como ya he dicho. Yo he escrito á la dicha villa que si el capitan del dicho Francisco de Garay y su gente se quisiesen ir, les den favor, y les ayuden para se despachar ellos y sus navíos. //

Después de haber pacíficado lo que de toda esta provincía de Tepeacá se pacificó y sujetó al real servicio de V. A., los oficíales de V. M. y yo platicamos muchas veces la órden que se debía de tener en la seguridad desta provincía. E viendo cómo los naturales della, habíéndose dado por vasallos de V. A., se habían rebelado y muerto los españoles, y como estan en el camino y paso por donde la contratacion de todos los puertos de la mar es para la tierra dentro; y considerando que siesta dicha provincía se dejase sola, como de antes, los naturales de la tierra y señorío de Culúa, que estan cerca dellos, los tornarían á inducir y atraer á que otra vez: se levantasen y rebelasen , de donde se seguiría mucho daño y impedimiento á la pacificacion destas partes y al servicio de V. A., y cesaría la dicha contratacion, mayormente que para el camino de la costa de la mar no hay mas de dos puertos muy agros y ásperos, que confinan con esta dicha provincía, y los naturales della los podrían defender con poco trabajo suyo, así por esto como por otras razones y causas muy convenientes, nos pareció que, para evitar lo ya dicho, se debía hacer en esta dicha provincía de Tepeacá una villa en la mejor parte della, adonde concurriesen las calidades necesarías para los pobladores della. E poniéndole en efecto, yo en nombre de V. M. puse nombre á la dicha villa, Segura de la Frontera ‘, y nombré alcaldes y regidores y otros oficíales, conforme á lo que se acostumbra. E por mas seguridad de los vecinos desta villa, en el lugar donde la señaló se ha comenzado á traer materíales para facer una fortaleza, porque aquí los hay buenos, y se dará en ella toda la priesa que sea mas posible.

Estando escribíendo esta relacion, venieron á mí ciertos mensajeros del señor de una ciudad que está cinco leguas desta provincía, que se llama Guacachula , y es á la entrada de un puerto que se pasa para entrar á la provincía de Méjico por allí; los cuales de parte del dicho señor me dijeron que , porque ellos pocos dias ha

‘ No conserva hoy el nombre de Segura, sino el antiguo de Tepeacá. 1 Huaqueehula.

bía habían venido á me á dar la obediencía que á V. M. debian, y se habían ofrecido por sus vasallos, y porque yo no los culpase, creyendo que por su consentimiento era, me hacian saber como en la dicha ciudad estaban aposentados ciertos capitanes de Culúa, é que en ella y á una legua della estaban treinta mil hombres en guarnicion , guardando aquel puerto y paso para que no pudiésemos entrar por él, y tambíen para defender que los naturales de la dicha ciudad ni de otras provincías á ellas comarcanas sirviesen á V. A. ni fuesen nuestros amigos. E que algunos hobíeran venido á se ofrecer á su real servicio si aquellos no lo impidiesen; é que me lo hacian saber para que lo remedíase, porque demás del impedimento que era á los que buena voluntad tenian, los dela dicha ciudad y todos los comarcanos recibían mucho daño. Porque, como estaba mucha gente junta y de guerra, eran muy agravíados y maltratados, y les tomaban sus mujeres y haciendas y otras cosas; y que viese yo qué era lo que mandaba que ellos hiciesen, y que dándoles favor, ellos lo harían. E luego después de les haber agradecido su aviso y ofrecimiento, les di trece de caballo y docientos peones que con ellos fuesen, y hasta treinta mil indios de nuestros amigos. Y fué el concierto, que los llevarían por parte que no fuesen sentidos, é que después que llegasen junto á la ciudad el señor y los naturales della, y los demás sus vasallos y valedores, estarían apercebídos y cercarían los aposentos donde los capitanes estaban aposentados, y los prenderían y matarían antes que la gente los pudiese socorrer; é cuando la gente viniese, ya los españoles estarían dentro la ciudad, y pelearían con ellos y los desbaratarían. E idos ellos y los españoles, fueron por la ciudad de Churultecal y por alguna parte de la provincía de Guasucingo, que confina con la tierra desta ciudad de Guacachula hasta cuatro leguas della; y en un pueblo de la dicha provincía de Guasucingo diz que dijeron á los españoles que los naturales desta provincía estaban confederados con los de Guacachula y con los de Culúa para que debajo de aquella cautela llevasen á los españoles á la dicha ciudad, y que allá todos juntos diesen en los dichos españoles y los matasen. E como aun no del todo era salido el temor que los de Cúlua en su ciudad y en su tierra nos pusieron,puso espanto esta informacion á los españoles, y el capitan que yo envíaba con ellos hizo sus pesquisas como lo supo entender, y prendieron todos aquellos señores de Guasueingo que iban con ellos, y á los mensajeros de la ciudad de Guacachula, y presos, con ellos se volvieron á la ciudad de Churultecal, que está cuatro leguas de allí, é desde allí me envíaron todos los presos con cierta gente de caballo y peones, con la confirmacion que habían habído. E demás desto me escribíó el capitan que los nuestros estaban atemorizados; que le parecia que aquella jornada era muy dificultosa. E llegados los presos, les hablé con las lenguas que yo tengo; y habíendo puesto toda diligencía para saber la verdad, pareció que no los había el capitan bíen entendido. E luego los mandé soltar y les satisfice con que creia que aquellos eran leales vasallos de V. S. M., y que yo quería ir en persona á desbaratar aquellos de Culúa; y por no mostrar flaqueza ni temor á losnaturales de la tierra, así á los amigos como á los enemigos, me pareció que no debía cesar la jornada comenzada. E por quitar algun temor del que los españoles tenian, determinó de dejar los negocios y despacho para V. M., en que entendia, y á la hora me partí á la mayor priesa que pude, é llegué aquel dia á la ciudad de Churul‘teeal, que está ocho leguas desta villa, donde hallé á los españoles, que todavía se afirmaban ser cierta la traícion.

E otro dia fuí á dormir al pueblo de Guasucingo, donde los señores habían sido presos. El dia siguiente, después de haber concertado con los mensajeros de Guacachúla el por dónde y cómo habíamos de entrar en la dicha ciudad, me partí para ella una hora antes que amaneciese, y fuí sobre ella casi á las diez de dia. E á media legua me salieron al camino ciertos mensajeros de la dicha ciudad, y me dijeron como estaba todo muy bíen proveido y á punto, y que los de Culúa no sabían nada de nuestra venida, porque ciertas espías que ellos tenian en los caminos, los naturales de la dicha ciudad las habían prendido, é que lo mismohabían hechoá otros que los capitanes de Culúaenvíaban á se asomar por las cercas y torres de la ciudad á descubrir el campo, é que á esta causa toda la gente de los contrarios estaba muy descuidada, creyendo que tenian recaudo en sus velas y escuchas; por tanto, que llegase, que no podia ser sentido. E así, me di mucha prisa por llegar á la ciudad sin ser sentido, porque íbamos por un llano donde desde allá nos podrían bíen ver. E segun pareció, como de los de la ciudad fuimos vistos, 'viendo que tan cerca estábamos,

luego cercaron los aposentos donde los dichos capitanes estaban, y comenzaron á pelear con los demás que por la ciudad estaban repartidos. E cuando yo llegué á un tiro de ballesta de la dicha ciudad, ya me traían hasta cuarenta prisioneros, é todavía me dí priesa á entrar dentro. En la ciudad andaba muy gran grita por todas las calles : peleando con los contrarios, é yo guíado por un natural de la dicha ciudad, llegué al aposento donde los capitanes estaban, el cual hallé cercado de mas de tres mil hombres que peleaban por entrarles por la puerta, é les tenian tomados los altos y azoteas; é los capitanes y la gente que con ellos se halló, peleaban tan bíen y tan esforzadamente, que no les podian entrar el aposento, puesto que eran pocos; porque, demás de pelear ellos como valientes hombres, el aposento era muy fuerte; y como yo llegué, luego entramos y entró tanta gente de los naturales de la ciudad, que en ninguna manera los podiamos socorrer, que muy brevemente no fuesen muertos; porque yo quisiera tomar algunos á vida, para me informar de las cosas de la gran ciudad, y de quién era señor después de la muerte de Muteczuma, y de otras cosas; y no pude tomar sino á uno mas muerto que vivo, del cual me informé, como adelante diré. Por la ciudad mataron muchos dellos, que en ella estaban aposentados; y los que estaban vivos cuando yo en la ciudad entré, sabíendo mi venida, comenzaron á huir hácía donde estaba la gente que tenian en guarnicion; y en el alcance asimismo murieron muchos. E fué tan presto oido y sabído este tumulto por la dicha gente de guarnicion, porque estaban en un alto que sojuzgaba toda la ciudad y lo llano de al derredor, que casi á una sazon llegaron los que salian huyendo de la dicha ciudad y la gente que. venía en socorro á ver qué cosa era aquella; los cuales eran mas de treinta mil hombres y la mas lucida gente que hemos‘ visto, porque traían muchas joyas de oro y plata y plumajes; y como es grande la ciudad, comenzaron á poner fuego en ella por aquella parte por do entraban; lo cual fué muy presto hecho saber por los naturales, yyo salí con sola la gente de caballo, porque los peones estaban ya muy cansados, y rompimos por ellos, y retrujéronse á un paso, el cual les ganamos, y salimos tras ellos, alanceando muchos por una cuesta arriba muy agra, ytal, que cuando acabamos de encumbrar la sierra, ni los enemigos ni nosotros podiamos ir atrás ni adelante; é así, cayeron

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