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los que estaban en la villa de la Veracruz, por el cual me hacian saber que toda la gente de los naturales de la tierra estaban levantados y hechos con el dicho Narvaez, en especíal los de la ciudad de Cempoal y su partido;y que ninguno dellos quería venir a servir á la dicha villa, así en la fortaleza como en las otras cosas en que antes solian servir;porque decian que Narvaez les había dicho que yo era malo, y que me venía á prender á mí y á todos los de mi compañía, y llevarnos presos y dejar la tierra; y que la gente que el dicho Narvaez traía era mucha, y la que yo tenía poca. E que él traía muchos caballos y muchos tiros, y que yo tenia pocos, y que querían ser á viva quien rence. E que tambíen me facían saber que eran informados de los dichos indios, que el dicho Narvaez se venía á apos'entar á la dicha ciudad de Cempoal, y que ya sabía cuán cerca estaba de aquella villa; y que creian, segun eran ínformados del mal propósito que el dicho Narvaez contra todos traía, que desde allí vernia sobre ellos, teniendo de su parte los indios de la dicha ciudad, y por tanto me hacian saber que ellos dejaban la villa sola por no pelear con ellos , y por evitar escándalo se subían á la sierra á casa de un señor, vasallo de V. A. y amigo nuestro , y que allí pensaban estar hasta que yo les envíase á decir lo que ficiesen. E‘como yo vi el gran daño que se comenzaba á revolver, y cómo la tierra se levantaba á causa del dicho Narvaez, parecióme que con ír yo donde él estaba se apaciguaría mu— cho, porque viéndome los indios presente, no se osarían levantar. Y tambíen porque pensaba dar órden con el dicho Narvaez cómo tan gran mal como se comenzaba cesase. E así, me partí aquel mismo dia, dejando la fortaleza muy bíen bastecida de maíz y de agua, y quinientos hombres dentro della y algunos tiros de pólvora. E con lo otra gente que allí tenía, que serían hasta setenta hombres, seguí mi camino con algunas personas principales de los del dicho Muteczuma. Al cual yo, antes que me partiese, hice muchos razonamientos, diciéndole que mirase que él era vasallo de V. A., y que agora había de recibír mercedes de V. M. por los servicios que le había hecho ; y que aquellos españoles le dejaba en— comendados con todo aquel oro y joyas que él me había dado y mandado dar para V. A. ; porque yo iba á aquella gente que allí había venido, á saber qué gente era, porque hasta entonces no lo había sabído, y creia que debía ser alguna mala gente, y no vasal

los de V. A. Y él me prometió de los hacer proveer de todo lo necesario, y guardar mucho todo lo que allí le dejaba puesto para V. M., y que aquellos suyos, que iban conmigo, me llevarían por camino que no saliese de su tierra, y me harían proveer en él de todo lo que hobiesen menester, y que me rogaba, sí aquella fuese gente mala, que se lo ficiese saber, porque luego proveería de mucha ‘gente de guerra, para que fuesen á pelear con ellos y echarlos fuera de la tierra. Lo cual todo yo le agradecí, y certifiqué que por ello V. A. le mandaría hacer muchas mercedes, y le dí muchas jo‘yas y ropas á él y á un hijo suyo, y á muchos señores que estaban con él á la sazon. Y en una ciudad que se dice Chururtecal , topé á Juan Velazquez, capitan que, como he dicho, envíaba Quacucalto, que con toda la gente se venía, y sacados algunos que venian mal dispuestos, que envié á la ciudad, con él y con los demás seguí mi camino, y quince leguas adelante de Chururtecal topé aquel padre religioso de mi compañía , que yo había envíado al puerto á saber qué gente era la del armada que allí había venido. El cual me trujo una carta del dicho Narvaez, en que me decia que él traía ciertas provisiones para tener esta tierra por Diego Velazquez; que luego fuese donde él estaba á las obedecer y cumplir, y que él tenia hecha una villa y alcaldes y regidores. E del dicho religioso supe cómo habían prendido al dicho licencíado Ayllon, y á su escribano y alguacil, y los habían envíado en dos navíos, y cómo allá‘le habían acometido con partidos para que él atmjese algunos de los de mi compañía que se pasasen al dicho Narvaez; y cómo habían hecho alarde delante dél y de ciertos indios que con él iban, de toda la gente, así de pié como de caballo, y soltado el artillería que estaba en los navíos y la que tenian en tierra, á fin de los atemorizar, porque le dijeron al dicho religioso: « Mirad cómo os podeis defender de nosotros, si no haceis lo que quisiéremos. » E tambíen me dijo cómo había hallado con el dicho Narvaez á un señor natural desta tierra, vasallo del dicho Muteczuma, y que le tenia por gobernador suyo en toda su tierra de los puertos hácía la costa de la mar, y que supo que al dicho Narvaez le había hablado de parte del dicho Muteczuma, y dádole ciertas joyas de oro ; y el dicho Narvaez le había dado tambíen á él ciertas cosillas , y que supo que había despachado de allí ciertos mensajeros para el dicho Muteczuma, y envíado á le decir que él le soltaría, y que venía á prenderme á mí y á todos los de mi compañía, é irse luego y dejar la tierra; y que él no quería oro, sino, preso yo y los que conmigo estaban, volverse y dejar la tierra y sus naturales della en plena libertad. Finalmente, que supe que su inten— cion era de se aposesionar en la tierra por su autoridad, sin pedir que fuese recibído de ninguna persona ; y no queriendo yo ni los de mi compañía tenerle por capitan y justicía en nombre del dicho Diego Velazquez, venía contra nosotros á tomarnos por guerra; y que para ello estaba confederado con los naturales de la tierra, en especíal con el dicho Muteczuma, por sus mensajeros; y como yo viqe tan manifiesto el daño y deservicio que á V. M. de lo susodicho se podia seguir, puesto que me dijeron el gran poder que traía, y aun que traía mandado de Diego Velazquez que á mí y á ciertos de los de mi compañía que venian señalados, que luego que nos pudiese haber nos ahorcase, no dejé de me acercar mas á él, creyendo por bíen hacelle conocer el gran deservicio que á V. A. hacía, y poder apartar del mal propósito y dañada voluntad que traía; é así seguí mi camino, y quince leguas antes de llegar á la ciudad de Cempoal, donde el dicho Narvaez estaba aposentado, llegaron á mí el clérigo dellos, que los de la Veracruz habían envíado, y con quien yo al dicho Narvaez y al licencíado Ayllon había escrito, y otro clérigo y un Andrés de Duero, vecino de la isla Fernandina, que asimismo vino con el dicho Narvaez; los cuales, en respuesta de mi carta, me dijeron de parte del dicho Narvaez, que yo todavía le fuese á obedecer y tener por capitan, y le entregasela

l Cholula. ’ El padíe Olmedo. l’ide supra, page H5.

tierra, porque de otra manera me sería hecho mucho daño; por

que el dicho Narvaez traía muy gran poder, y yo tenia poco; y demás dc la mucha gente de españoles que traía, que los mas de los naturales eran en su favor; é que si yo le quisiese darla tierra, que me daría de los navíos y mantenimientos que él traía los que yo quisiese y me dejaría ir en ellos á mí y á los que conmigo qui— siesen ir, con todo lo que quisiésemos llevar, sin nos poner impedimento en cosa alguna. Y cl uno de los dichos clérigos me dijo que así venía capitulado del dicho Diego Velazquez, que hiciesen conmigo el dicho partido, y para ollo había dado su poder al dicho Narvaezy á los dichos dos clérigos juntamente, é que acerca desto me harían todo el partido que yo quisiese. Yo les respondí que no veía provision de V. A. por donde le debiese entregar la tierra, é que si alguna traía, que la presentase ante mí y ante el cabíldo de la Veracruz, segun órden y costumbre de España, y que yo estaba presto de la obedecer y cumplir; y que hasta tanto, por ningun interese ni partido haría lo que él decia; antes yo y los que conmigo estaban moriríamos en defensa de la tierra, pues la habíamos ganado y tenido por V. M. pacífica y segura, y por no ser traídores y desleales á nuestro rey. Otros muchos partidos me movieron por me atraer á su propósito, y ninguno quise aceptar sin ver provision de V. A. por donde lo debíese hacer, la cual nunca me quisieron mostrar. Y en conclusion, estos clérigos y el dicho Andrés de Duero y yo quedamos concertados que el dicho Narvaez con diez personas, y yo con otras tantas, nos viésemos con seguridad de ambas las partes, y que allí me notificase las provisiones, si algunas traía, y que yo respondiese; y yo de mi parte envié firmado el seguro, y él asimismo me envió otro firmado de su nombre; el cual, segun me pareció, no tenia pensamiento de guardar; antes concertó que en la visita se tuviese forma como de presto me matasen, é para ello se señalaron dos de los diez que con él habían de venir, y que los demás peleasen con los que conmigo habían de ir; porque decían que, muerto yo, era su hecho acabado, como de verdad lo fuera, si Dios, que en semejantes casos remedía, no remediara con cierto aviso que de los mismos que eran en la traicion me vino, juntamente con el seguro que me envíaban. Lo cual sabído, escribí una carta al dicho Narvaez y otra á los terceros, diciéndoles cómo yo había sabído su mala intencion, y que yo no quería ir de aquella manera que ellos tenian concertado. E luego les envié ciertos requerimientos y mandamientos, por los cuales requería al dicho Narvaez que si algunas provisiones de V. A. traía, me las notificase; y que hasta tanto no se nombrase capitan ni justicía, ni se entremetiese en cosa alguna de los dichos oficios, so cierta pena que para ello le impuse. E asimismo mandaba, y mandé por el dicho mandamiento á todas las personas que con el dicho Narvaez estaban, que no tuviesen ni obcdeciesen al dicho Narvaez por tal capitan ni justicía ; antes dentro de cierto término , que en el dicho man

damiento señalé, pareciesen ante mí, para que yo les dijese lo que debían hacer en servicio de V. A., con protestacion que, lo contrario haciendo, procedería contra ellos como contra traídores y aleves y malos vasallos, que se rebelaban contra su rey, y querían usurpar sus reinos y señoríos, y darlos y aposesionar dellos á quien no pertenecian, ni dellos ha accion, ni derecho compete. E que para la ejecucion desto, no pareciendo ante mí ni haciendo lo contenido en el dicho mi mandamiento, iría contra ellos á los prender y cautivar, conforme á justicía. E la respuesta que desto hube del dicho Narvaez, fué prender al escribano y á la persona que con mi poder le fueron á notificar el dicho mandamiento, y tomarles ciertos indios que llevaban, los cuales estuvieron deteni— dos hasta que llegó otro mensajero que yo envié á saber dellos, ante los cuales tornaron á hacer alarde de toda la gente, y amenazar á ellos y á mí, si la tierra no les entregásemos. E visto que por ninguna via yo podia excusar tan gran daño y mal, y que la gente de naturales de la tierra se alborotaban y levantaban á mas andar, encomendándome á Dios, y pospuesto todo el temor del daño que se podia seguir, considerando que morir en servicio de mi rey, y por defender y amparar sus tierras y no las dejar usurpar, á mí y á los de mi compañía se nos seguia farta gloría, dí mi mandamiento á Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor, para prender al dicho Narvaez y á los que se llamaban alcaldes y regidores; al cual dí ochenta hombres, y les mandé que fuesen con él á los prender, y yo con otros ciento y setenta, que por todos eramos docientos y cincuenta hombres, sin tiro de pólvora ui caballo, sino á pié, seguí al dicho alguacil mayor, para le ayudar si el dicho Narvaez y los otros quisiesen resistir su prision.

Y cl día que el dicho alguacil mayor y yo con la gente llegamos á la ciudad de Cempoal, donde el dicho Narvaez y gente estaba aposentada, luego que supo de nuestra ida, salió al campo con ochenta de caballo y quinientos peones, sin los demás que dejó en su aposento, que era la mezquita mayor de aquella ciudad, asaz fuerte, y llegó casi una legua de donde yo estaba; y como lo que de mi ¡da sabía era por lengua de los indios, y no me halló, creyó que le burlaban, y volvióse á su aposento, teniendo apercebída toda su gente, y puso dos espías casi á una legua de la dicha ciudad. E como yo deseaba evitar todo escándalo, parecióme que sería el menos, yo

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