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duda de haber sido compuesto este como todos aquellos romances, letrillas etc. por el mismo Castaña a principios del siglo diez y siete, ya no nos queda la menor duda de no ser esta variedad otra cosa que un juego arcaistico de algun poeta mas curioso que los demas *).

Aunque lo dicho baste para prueba , no será por demas añadir algunas observaciones sueltas sobre la primera clase. Y en primer lugar es de notar que una de las señas caracteristicas de estos romances está en las diferencias que en muchas particularidades corren entre el modo de referirse la misma aventura en el romance y en la Chronica. Asi por ejemplo, cuando la aventura del concilio y pleito entre el rei de Castilla y el emperador, en el romance el Cid echa a rodar con el pie la silla del emperador, lo que no se halla en la Chronica, ni tampoco el juramento que hace el Cid en el romance de no pelear contra los de Zamora, y asi otros rasgos semejantes. En segundo lugar no negaremos que por mas que se nos deba conceder ser aquellos romances los relativamente mas antiguos, siempre quedará mucho que decir sobre el tiempo preciso en que se compondrian. Sin embargo nos parece que la misma natura de este mas antiguo y primitivo genero de poesia popular excluye la suposicion de que se hayan ido componiendo romances nuevos sobre tradiciones o sucesos antiguos mucho tiempo despues de estos. Cada generacion celebraba los sucesos de su tiempo, y los poetas populares, o (si se puede decir asi) el genio poetico del pueblo en aquellos tiempos y aquel estado de cultura no es regular que volviese a tratar argumentos ya celebrados en romances por la generacion pasada, y que se

*) El bueno de Castaña dice mui expresamente en su prologo: „Todas las cosas nuevas, curioso lector, plazen y asi etc. me ha parecido sacar a luz esta pequeña obra, la cual te certifico que es tan nueva, que no hay en ella cosas cantadas ni salidas hasta aora, ni hay cosas recopiladas, sino que todo es trabajo proprio.“ Y esto va mui bien con lo que dice Sarmiento (p. 241). „Aun en el siglo pasado han tentado varios poetas remedar el estilo antiguo y componer algunos romances del mismo tenor.“

repetian de boca en boca con cierta piedad y sencilla reverencia. Asi que una vez que se admita generalmente el caracter y la relativa antigüedad de esta clase, y que no hayan sido compuestos bajo las ideas didacticas que en el siglo diez y seis introdujeron la moda de tratar estos sucesos del tiempo antiguo, no es facil detenerse en alguna epoca intermedia; sino que nos vemos casi irresistiblemente llevados hasta el primer punto y momento, en que la poesia popular pudo apoderarse de los sucesos sea historicos, sea tradicionales. Que los tales, pasando de mano en mano o de boca en boca desde aquel origen tan remoto hasta el siglo quince o principios del diez y seis en que fuero fijados en escritura o imprenta *), hayan padecido alteraciones e interpolaciones mas o menos materiales, esto ya de antemano se ha de admitir, y hasta en algunos casos se podrian indicar semejantes remendones relativamente modernos en la obra antigua – como por ejemplo en aquel romance del Cancionero de 1555 que empieza: En Sant Agadea de Burgos. Para concluir observarémos que nuestra opinion sobre la antigüedad de los romances es materialmente conforme al dictamen del erudito Sarmiento, cuyos vastos conocimientos y sano juicio aun en el dia de hoi le hubieran de calificar de autoridad no despreciable, aunque por supuesto no podamos suscribir todo lo que dice sobre este punto. (Vease la Memoria etc. p. 240—41.) Despues de haber a nuestro parecer con evidencia y a satisfaccion de todo lector despreocupado demonstrado la diferencia que va de romances a romances, y las calidades caracteristicas de sus principales clases, no será talvez inutil anticipar la equivocacion de que nosotros por preferir los romances que llamamos antiguos a los demas y tenerlos por infinitamente mas apreciables como productos de la poesia popular, no concedamos del todo esta calificacion de populares a los romances mas modernos y de la clase segunda y tercera. El caso es que en esta, como en otras cuestiones, para entenderse antes de todo se ha de distinguir. Nosotros en primer lugar harto sabemos de poesia popular (y mas de la española) y de historia de la cultura en España para no caer en el error tan ridiculo de creer que por tener mas o menos señas de arte y cultura y aun de culterismo, ni hasta por ser pesimo en este sentido, un romance no pueda ser popular y mui popular en varios sentidos. En primer lugar se ha de distinguir entre pueblo y pueblo, popular y popular; pues todos sabemos que aun al dia de hoi hai un abismo entre el pueblo cortesano (es decir la plebe Madrileña etc.) y el pueblo rustico, la gente del campo, y mas en aquellas localidades que estan mas secuestradas del movimiento de la epoca; y no es menester haber visto mucho de la literatura del siglo diez y seis y diez y siete para saber que la misma diferencia ya existia entonces y aun con mayor viveza y libertad de los contrastes. Para convencerse de esto bastaria dar una mirada a la historia de la poesia dramatica, y mas todavia del teatro y histrionismo; pero esto no es de nuestro asunto, ni de nuestro proposito. Serian pues mui populares en Madrid, en Sevilla, en Zaragoza, en Burgos y se cantarian por las calles y plazas de dia y de noche unos romances del Cid mui modernos, mui retoricos, mui sentimentales, o mui absurdos y estrafalarios, de que en los campos de la Mancha, del Alcarria, de Castilla la vieja, en las montañas de Asturias etc. etc. ni se tenia la menor noticia, ni, si se tuviese, se tomaria algun placer — sino que al contrario él que los quisiese introducir alli lo haria a costa de su pellejo. Por otra parte los romances antiguos,

*) Imposible seria por supuesto fijar el tiempo en que este o aquel romance se pondria primera vez por escrito; y sobre esto solo observarémos que la opinion de haberse todos los del Cancionero de Romances de 1555 tomado inmediatamente de la boca del pueblo, aunque repetida mui expresamente por el senor Duran en su Romancero (Parte I. p. I.), no está conforme a la declaracion del mismo editor de aquella coleccion, pues dice, disculpandose de algunas faltas que se notarian en su obra: „pero esto se deve imputar a los exemplares de donde las saqué, que estavan mui corruptos, y a la flaqueza de la memoria de algunos, que me los dictaron, que non se podian acordar dellos perfectamente." Que de esto resulte perjuicio ninguno a la autenticidad de estos romances, nadie por cierto lo pensará ; pero sí resulta imposibilidad de fijar el tiempo en que se escribiria y fijaria el texto que se nos da.

rusticos, toscos de que se pagaban aquellas buenas gentes o ya estarian del todo olvidados en la corte y demas grandes ciudades, o si se oian alguna vez, seria mas para reirse de ellos como de tantas otras cosas de aquel buen tiempo pasado de Maricastaña, y de la gente del campo tan ridiculizada hasta en los entremeses y loas de entonces con su Juan Rana y otros personages de este genero *). Admitiendo pues la posibilidad de haberse cantado por las calles y plazas todos los romances de la clase segunda y tercera — pues el cantarse por supuesto que es conditio sine qua non para el caracter de poesia popular – de esta posibilidad, queremos decir, no se sigue la realidad de tal popularidad general, sino que otra vez tenemos que valernos de las distincciones. Y el fundamento para

*) El poco respecto con que el publico cortesano trataba y miraba aquellos venerables monumentos de la antigüedad se ve bien claramente de las alusiones y citas burlescas que ocurren en las loas de Luis Quiñones de Benavente mui a la moda en el siglo diez y seis, y de que hemos visto una coleccion impresa en Valladolid 1653. Los romances a que se alude en varias de ellas son los siguientes y, como se ve, precisamente todos antiguos: 1) Con los mejores de Asturias — Sale de Leon Bernardo. 2) Con la mucha polvareda - Perdimos a Don Beltrane. 3) Helo, belo por do viene - El moro por la calzada. 4) En figura de Romero — No me conozca Galvane. 15) Mala la huvistes Franceses — La rota de Roncesvales. 6) Oid señor Don Gayferos — Lo que como amigo os fablo. 7) Rey Don Sancho, Rey Don Sancho — No digais que no os aviso. 8) Antes que barba tuviesse — Rey Don Sancho me jurastes. 9) Juramento llevan hecho -- todos juntos de una voz. El 3 y 7 son del Cid. Pero mas flagrante todavia es el abuso que se hace de uno de los mejores y mas autenticos romances del Cid - él de: afuera, afuera Don Rodrigo — en aquella por lo demas excelente Ensaladilla del Romancero general de 1604: Un lencero portugu ez etc. Y en el romance satirico de: Tanta Zaida y A dalifa etc. entre los romances viejos y olvidados pero buenos se cita él de: Por el val de las estacas, que pertenece a los del Cid, como acabamos de convencernos por la noticia que nos da el señor Wolf del Romancero de Joan de Timoneda, donde está entero. Los dos otros citados son: Nuño Vero, Nuño Vero, y: Buen conde Fernan Gonçalez.

esto se halla en los mismos romanceros. En cuanto a los romances antiguos y rusticos, el cantarse va por decontado, y hemos dicho mas de lo bastante y aun citado a Sandoval y Sarmiento en prueba de que se cantaban, y algunos de ellos hasta en el siglo diez y ocho. De los demas no afirmarémos lo mismo sino en los casos donde nos conste expresamente por alguna prueba o algun testimonio ; pues el estilo y tono de muchos es tal, que por mas concesiones que se quiera hacer al gusto cortesano y a la posibilidad, la apariencia no es nada favorable a la suposicion de haberse ellos efectivamente cantado por otros que el autor; pues por supuesto no se trata de lo que harian uno, o dos, o tres, o diez, sino de lo que se hacia generalmente y publicamente. Y asi lo mas que podamos admitir es que se cantarian aquellos romances, por mas cultos o culterizantes que fueren, que contiene el Romancero general de 1604; y aun esto mas bien se puede concluir del caracter general de aquella coleccion que no de alguna prueba o testimonio particular, pues el mismo titulo dice: „Romancero general en que se contienen todos los Romances que andan impresos;“ y el prologo en este respecto no dice otra cosa sino que contiene: ,,los romances que han sido o idos y aprovados generalmente en España“; y aunque añade que los quiere exponer „a la mas rigorosa censura, que es la de la leccion, pues agora escritos y desnudos del adorno de la musica, por fuerza han de valer por sí solos, no por eso hemos de concluir que todos hayan sido populares, y siempre nos quedaria el recurso de enteramente excluir de esta categoria uno que otro que nos pareciere por otras razones demasiado sospechoso en este respecto. Añadirémos a esto que de los cuarenta y un romances del Cid que contiene este romancero solo tres o cuatro (y aun estos algo dudosos) pertenecen a la primera clase, y de los demas el un tercio poco menos a la segunda y los dos a la tercera. En cuanto al Romancero del Cid, el hallarse en él un romance o no hallarse no prueba absolutamente nada en punto de popularidad, pues alli ya se ve que se han recopilado todos los que se podian alcanzar cantados, impre

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