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pueden haber entrado en la composicion de nuestra Chronica, es decir las tradiciones populares en la forma mas inmediata y primitiva de los romances, creemos poder desde luego presumir que el lector participe en la opinion generalmente recibida de consistir la Chronica en gran parte de romances, y no ser, por decirlo asi, otra cosa que una especie de mosaica de romances amplificados y vueltos en prosa. No negaremos pues tener esta opinion a primera vista mucha plausibilidad, y nosotros mismos la hemos seguido antes de haber examinado el asunto mas de cerca y mas por menudo. Este examen pues no ha dejado de levantar grandes dudas sobre las relaciones que mediarian entre la Chronia y los romances. Y en primer lugar de lo que hasta aqui se ha dicho respecto tanto a los elementos y fundamentos historicos de la Chronica, es dezir la Historia Roderici Campidocti, y las fuentes conocidas de la general (Roderigo Toletano, Lucas Tudense), como las relaciones entre la Chronica y el Poema, ya se ve que el terreno que posiblemente quedaria para los romances se halla ya mui reducido. No negaremos sin embargo que a no mediar otras razones, ademas de muchos rasgos que ni en las fuentes historicas, ni en el Poema se encuentran, se podria decir que las coincidencias de hechos y expresiones entre la Chronica y el mismo Poema no prueba necesariamente haberse sacado de este, sino que tanto el Poema como la Chronica pudieron valerse de los mismos romances anteriores a ambos. Pero ademas de militar reglas generales de logica y critica contra este modo de explicar el hecho de la conformidad de la Chronica y del Poema, por ser en sí mismo mucho menos sencillo y cercano que él adoptado tambien por nosotros cuando tratámos esta cuestion, todavia hai otra cosa que reparar. Y es que las mismas Chronicas (tanto la general, como la del Cid - lo que en este respecto lo mismo es) varias veces se pronuncian mui decididamente contra los romances y cantares por mentirosos y dignos de ninguna fe“), y tanto de estas, como de otras expre

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*) Ademas del siguiente pasage de nuestra Chronica, que se refiere al cerco de Zamora: ,e dicen en los cantares que la tovo cercada siete años; mas esto non podie ser, ca non reynó él mas de siete años, segun que fallamos en las cronicas etc.,“ citarémos otro todavia mas concluyente de la general relativo a la batalla de Roncesvalles y Bernardo del Carpio (Chr. gen. Parte tercera, fol. 33 y 3): E agora sabedlos que esta istoria oydes, que los joglares en sus cantares cantan e dizen sus fabras que Carlos etc. Mas esto non podrie ser etc., pues mas debe home creer lo que semeja con guisa e con razon, e de que falla ome escripto e recado, que non a la fabla de los que non saben.

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siones se echa de ver que ellas pretenden a un caracter y autoridad cientifico e historico, que tienen bona fide la voluntad de no valerse sino de testimonios fidedignos y serios, y la buena conciencia de haberlo hecho asi. Y el lector, por poco que conozca las ideas de aquellos tiempos, no extrañará esta (si la quiere calificar asi) afectacion, pues es mui comun a todos los autores de la edad media y mas a los prosaistas desde el momento que no confiesen buenamente su intencion de presentarnos meras ficciones poeticas. Y es de reparar que mientras protestan con cierto desprecio critico contra toda relacion con la tradicion popular y mas en forma poetica, toman con credulidad absoluta por probado y seguro todo lo que encuentran por escrito, y mucho mas siendo en latin. En vista de esto no nos parece ser dable el suponer a la Chronica un fundamento tradicional y de romances o cantares populares, por lo menos en todos aquellos casos donde algun otro fundamento se pudiere indicar, aunque no fuere sino con alguna probabilidad; e ya hemos dicho que del modo que hablan las Chronicas de los cantares se puede concluir que el Poema ya no se cantaba al tiempo que el cronista se dignó echar mano de él. Y esto nos parece tan evidente, que aunque no nos sea dado comparar aquella parte de la Chronica que precede el destierro del Cid con la parte correspondiente del Poema, por faltar esta , sin embargo nos creemos mas bien autorizados de concluir del contenido de la Chronica al del Poema, que no de suponer que aquella se funde en los pocos romances viejos, en que se cantaban las mismas aventuras -- pues los demas romances no hacen al caso, como veremos luego. El encontrarse en la prosa de la Chronica alguna que otra frase que haya un redondillo de romances no prueba absolutamente nada, pues dificil seria y mas entonces evitarlos del todo. Sin embargo de todo esto no podemos menos de reconocer que hai en la Chronica algun que otro rasgo que no está fundado ni en las autoridades historicas que sigue, ni en el Poema — como ya lo hemos advertido respecto a la parte conservada, de donde debemos concluir seria lo mismo con la parte perdida; y que en esto no solo se trata de ciertos pormenores, sino que entran aventuras enteras, se ve en aquella bastante conocida de Martin Pelaez. Asi siempro se habrá de proponer: esta cuestion de donde sacaria la Chronica estas y semejantes cosas, sino de romances o de la tradicion popular ? A esto responderémos en primer lugar que no es todo uno romance y tradicion popular, pues el espiritu del siglo permitia mucho mas facilmente al cronista recibir algun que otro rasgo de la boca de algun hombre de bien referido en sobria prosa, que no de romances cantados por esos campos, calles y plazas. En segundo lugar nos queda todavia una suposicion que lo explicaria todo con mas conformidad al uso y espiritu de aquellos tiempos, y es que todos los materiales que hemos distinguido en la Chronica no entrarian ahi de primera, sino de segunda mano, y por el medio de una historia latina. En este caso no seria de extrañar aun mucho mayor proporcion de elementos, cuyo origen se hubiera de referir a los romances y cantares; pues los autores latinos se valian de estos con mucho mas libertad y mucho menos escrupulos criticos que los vulgares, como por ejemplo se ve respecto a las cosas de Carlo Magno en la famosa cronica del Pseudoturpino, en la del monge Sangallense, a que se podrian añadir varios otros, aunque dejemos a parte las legendas de santos propiamente dichas. Una vez puestas en latin, lo demas ya estaba corriente ; pues no habrá especie por mas fabulosa que se atreveria a poner en duda un autor vulgar, luego que se habia encontrado en la lengua de la iglesia y de la ciencia. Que nuestro cronista y aun el autor de la general tendrian presentes algun original en latin que traducirian con mas o menos libertad, acaso se podria concluir hasta de la tan frecuentisima recurrencia de la frase: „dice la historia“

- ,, cuenta la historia" - ,, cuenta la Chronica." Pues qué significaria esto? Que el bueno del cronista quisiese hablar de la historia en sentido mas general, o como quien diria personificada, no seria nada conforme al genio de aquel tiempo y a la sencillez general de su estilo. Tampoco nos parece probable que asi designaria con una espresion general los diferentes autores que tendria presentes, y que algunas veces no deja de citar con su nombre. No podemos por lo menos de entender asi frases como la siguiente en el capitulo 97, donde tratando del rei de Sevilla, y llamandolo segun la historia Alcamin, se añade luego: „, aunque dice la historia en otro lugar que se llamara Abubecar.“ Por mas que se diga, no creemos que, mirando semejantes pasages sin preocupacion, se pueda formar de ellos otro concepto, sino que hablan de alguna distinta historia, y eso siempre de la misma. Que esta autoridad se tratase con bastante libertad en amplificaciones y aun interpolaciones, no lo negamos, y hasta concedemos de buenisima gana que ahi entraria alguna que otra especie de romances o de tradicion popular que al cronista le vendrian en la pluma, sin saberselo él mismo de donde. Y de este modo tambien se explicarian ciertos pasages donde se observa confusion y contradiccion evidente en los pormenores de la relacion, resultando de que el cronista no quiso dejarse en el tintero alguna especie de estas, aunque no irian bien con lo que hallaba en su historia, como por ejemplo en la relacion de la huida de Toledo del rei Don Alfonso. Del mismo modo explicarémos ciertas alusiones a sucesos tradicionales que no se refieren ni en la Chronica del Cid, ni en la general, como por ejemplo a ciertos dichos de Arias Gonzalo sobre la particion del reino y la guerra entre los hermanos, a haberse criado el Cid con Doña Urraca en Zamora en casa de Arias Gonzalo; y aun mas de notar es el modo de hablar de Vellido Dolfos y de sus antecedentes y parientes como de cosas conocidas. En todo esto y algunos otros pasos semejantes se deja sentir inmediatamente el influjo, o por decirlo asi, el aire de

los romances; pero en lo demas y generalmente no entró en la Chronica sino por algun intermedio.

Pero, y los muchisimos romances del Romancero del Cid y otros, cuya conformidad con las cronicas hasta en las mismas frases es notoria? A esto la respuesta se hallará en lo que nos falta que andar del camino al fin que nos hemos propuesto en esta introduccion. Pues aunque ya hemos tratado bastante largamente de los romances del Cid, nos hemos entonces restringido a lo que llamamos romances primitivos, lo que casi viene a ser un objeto fictivo. Ahora pues se trata de los romances verdaderos, como nos quedan conservados en los romanceros; y no se negará por cierto que esta parte tan interesante de la literatura del Cid no merezca un examen mas aprofundado. Y aunque en esto no podamos menos de tocar algun que otro punto relativo a los romances castellanos en general, debemos sin embargo prevenir al lector, que esto nunca será de proposito, ni con la pretension de apurar la materia general, pues es argumento que requiere mucho mas tiempo y espacio de lo que le podriamos dar aqui, y al que nos reservamos tratarlo mas a fondo en otro tiempo y lugar.

El haberse cantado romances del Cid en Castilla antes de escribirse la Chronica , lo tenemos ya comprobado arriba; y el haberse cantado despues, es decir desde principios del siglo quince, acaso no se necesita probar, pues nadie lo duda. Sin embargo no faltará quien mas se pagará con alguna que otra autoridad, aunque supererogatoria; y asi citarémos la de Sandoval para el siglo diez y seis, la del romancero general para el diez y siete, y la de Sarmiento para et diez y ocho *). En cuanto

*) Sandoval en la historia del rei Don Sancho (p. 113 de la ed. de 1792) dice: „Acuerdome que solian cantar en Castilla, que la Infanta Doña Urraca se quejó de Rodrigo Diaz, haciendole cargo de las mercedes que por su causa habia recebido de sus padres, y que ella le habia honrado, calzandole la espuela dorada, quando le armaron caballero, y todo con pensamiento de casar con él; pero que no habia querido su fortuna, y que, aunque Rodrigo habia casado bien con

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