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Harto conocido está el aplauso e interes con que las literaturas mas cultas del Europa recibieron de la castellana las tradiciones y poesias que se refieren al Cid — aquel heroe appellidado por antonomasia el castellano. No averiguarémos pues si ha sido por cierta simpatia nacional, que ya siglos atras dió origen entre Alemanes y Españoles a aquel casi proverbio de: somos hermanos; o si mediaria una analogia del caracter nacional aleman con ciertos rasgos del caracter del Cid, como lo es talvež su disposicion, digamoslo asi, casera; aquella terneza matrimonial, que tanto distingue los amores del Cid y de Xi. mena de aquellos amores tan libres, fantasticos y aun lascivos que abundan en otras aventuras cavallerescas, fingidas o verdaderas. Lo cierto es que en aquella simpatia general para el heroe castellano la de nosotros los Alemanes se ha mostrado la primera, la mas constante y activa. Esto lo prueba el gran numero de obras relativas al Cid publicadas entre nosotros desde la primera y decisiva introduccion de los romances del Cid por el inmortal Herder, hasta la presente obra, la cual, si no nos engañamos mucho, no ha de quedar la ultima"). Y

*) No dejará de tener algun interes para el lector español el tener presente lo que sobre el Cid se ha publicado en Alemania y otros paises. Abrió pues esta carrera Herder con una traduccion bastante libre de unos setenta romances (der Cid, nach spanischen Romanzen) escogidos del Romancero del Cid, y no se ignora la parte que tuvo este nuevo elemento de poesia popular en el desarollo de

siendo esto asi, no deja de ser mui notable la coincidencia, de que hasta la conservacion y primera publicacion de uno de los monumentos mas interesantes de la antigua literatura castellana, no solo relativo al Cid sino mirado en general, se debe en la mayor parte a un principe aleman, salido de la esclarecida casa imperial de Habsburgo, la cual se honra en numerar al mismo Cid entre sus abuelos de parte de la casa de Aragon. Hablamos de la primera edicion de nuestra Chronica del Cid publicada en - 1512 por orden y bajo los auspicios del Infante, hermano del

Emperador Carlos V y su sucesor en el solio imperial con nombre y apellido de Fernando primero *). Lo dicho no solo bastará para autorizar la nueva edicion de la Chronica del Cid que presentamos a todos los aficionados del Cid y de la literatura

nuestra poesia nacional en aquella crisi tan importante. Varias ediciones y entre ellas una mui esplendida con ilustraciones que ha salido en 1840 dan testimonio del aprecio duradero que se ha grangeado esta traduccion, a pesar de dos nuevas y completas de todos los romances del Cid, la una publicada en 1836 por Duttenhofer y la otra en 1842 por Regis. Pero al mismo original tampoco le han faltado ediciones en Alemania , publicandose una en 1826 por Julius, y otra 1840 por A. Keller. En cuanto a historias del Cid se publicó una del celebre Juan Müller junto con una de las ediciones del romancero traducido de Herder, de que tambien se halla una traduccion castellana en dicha edicion española del Romancero de Julius; y en 1839 el editor de la presente obra publicó una nueva historia del Cid. Ya se ve pues si los Alemanes han contribuido su cuota para aumentar la literatura del Cid! De los Ingleses no sabemos que hayan contribuido otra cosa qne una traduccion libre de la chronica del Cid por Southey (The chronicle of the Cid, 1808). Entre los Franceses en estos ultimos años o no solo Romey y Rosseuw St. Hilaire en sus respectivas historias de España, sino el segundo tambien en una obra particular han tratado mas larga que acertadamente del Cid, y Antonio Renal acaba de publicar una traduccion de Romances del Cid con el texto en regard. De las otras naciones no sabemos nada que aqui sea de mencionar, sino es un tratado del Olandes Le Clerk en que pone al Cid como modelo de heroe de la edad media.

*) Añadirémos aqui (y valga lo que valga) que hasta el impresor de la primera edicion fué Aleman —- verdad es que lo mismo sucedió con la mayor parte de las ediciones incunables, o casi incunables en España. ·

castellana tanto dentro como fuera de España, sino tambien la oportunidad de salir esta obra bajo los auspicios de otro Emperador Fernando primero, cabeza actual de la misma ilustre casa de Austria y por ella nieto tambien del Cid, como aquel primer patrono de su cronica. Dexando pues a parte el interes que se funda en el heroe de esta cronica y en las circunstancias extrinsecas que acabamos de mencionar, no nos parece necesario alargarnos sobre el merito intrinseco tanto literario como poetico de este monumento, cuya suma escasez sola puede explicar lo poco conocido que está aun entre aquellos que se precian mas o menos de versados en la literatura castellana ; y no dudamos un momento de que en solo discurriendo por algun que otro capitulo al juicioso lector no le harán falta alabanzas nuestras para aficionarse con el buen cronista, y convencerse que su obra tiene mejores titulos a aplauso general que la mayor parte de lo que hasta ahora se ha publicado en este genero y asunto, y particularmente la mayor parte de los tan decantados romances del Cid.

Concediendonos pues la utilidad y oportunidad de la presente republicacion, el lector benevolo no podrá menos de tambien reconocernos el derecho, para no decir la obligacion de hacerla preceder de alguna que otra observacion critica sobre las cuestiones que naturalmente se ofrecen en la materia ; que donde quier que se fijare el interes, el amor de nosotros los Alemanes, luego le seguirá la investigacion, la critica, el deseo, la necesidad de saber. Asi solo nos queda declarar nuestra conviccion de que, pues por varias razones (o bastante claras, o de poco interes para el lector), hemos preferido el exprimirnos en la lengua castellana , a los defectos inseparables en un forastero no les faltará la indulgencia de los lectores paisanos de nuestro heroe – conviccion fundada en la siempre grata memoria de tantos favores que, en un tiempo ya harto lejos, debimos a aquella cortesia, honradez y franqueza tan caracteristica de la nacion española.

Nadie, no digo de los versados, sino hasta de los aficionados en esta materia , ignora que tanto respeto a la historia

a *

como a las tradiciones y poesias del Cid quedan varias cuestiones mas o menos interestantes y en el mismo grado dificultosas que resolver. Siendo pues nuestro proposito contribuir, en cuanto nos fuere posible, a la solucion de estas que llamarémos quaestiones Cidiacae, debemos desde el principio declarar que aqui nos limitarémos en las cuestiones relativas a las tradiciones y poesias del Cid, dexando de una parte las propriamente historicas, o tocandolas solamente en lo general y ocasionalmente, puesto que no se pueden separar absolutamente las unas de las otras, y reservandonos otro tiempo y lugar para tratar estas tambien mas a fondo. Non obstante este presupuesto, y sin querer aqui apurar la cuestion general de las diferencias y analogias que existen entre la historia y la tradicion“), y entre las dos y la poesia, no podemos menos de entrar nuestra protestacion mui formal contra ciertas operaciones hostiles y sentencias veramente aniquiladoras de la hipercritica (para no decir pseudocritica) de nuestros dias. O quien ignora el consistir gran parte del interes de toda tradicion y poesia tradicional, (a distincion de otros generos de poesia) en el suponerle el lector u oydor fondo o cierto nucleo, para decirlo asi, de verdad historica ? Faltando pues poco para que algunos historiadores y criticos nos nieguen hasta la existencia del Cid, o por lo menos nos lo reduzcan a una mera sombra (vox praeterea que nihil!) bien se ve que, aun tratandose aqui solo de la parte tradicional y poetica de nuestro asunto, tenemos un derecho y hasta un empeño de volver por el Cid histo

*) Bien sabemos que talvez no corresponde absolutamente la voz castellana tradicion, con la alemana Sage, que hubieramos de poner aqui; pero hemos de atenernos a aquella, mientras los Españoles no siguieren el ejemplo de los Franceses, emendandolo algun tanto; pues estos han prestado la voz Saga de los Escandinavos, cuando quieren designar lo que nosotros llamamos Sage, aunque no dejan de mediar ciertas diferencillas entre el significado de las dos voces. El hecho es que probablemente nuestros vecinos de allende el Rin creen buenamente haber cogido la voz alemana en trabando de la escandinava - como les suelen suceder tales epuivocaciones por aquella amable ligereza que tienen. Todo es le nord, y no andar bagatelas !

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