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jimandose a poemas epicos pequeños, como lo vemos en algun que otro de los mas largos de los romances de los doce pares del Cancionero de 1555. Y aqui entra mui legitimamente la suposicion de que estos romances efectivamente fuesen compuestos originariamente en alejandrinos bajo el mismo impulso que ya hemos visto produjo el Poema del Cid, con que en cierto sentido quedaria autorizado el imprimirlos del modo que se hizo en la Silva de Romances de 1813; aunque por otra parte el mismo texto que alli tenemos seria en esta suposicion la prueba mas clara y evidente de la transformacion del alejandrino al redondillo segundario. Y con esto darémos fin a este excurso demasiado prolijo talvez en el concepto de algunos lectores harto superficiales, pero que no hemos podido ahorrar en tratandose de los primeros acentos de la poesia castellana para celebrar las hazañas del Cid.

Aunque el Poema llamado por antonomasia del Cid no pueda aspirar a tal antigüedad primitiva, pues no hay la menor duda de que le hayan precedido cantares populares, o romances de los que hemos llamado primitivos, no deja de ser no solo el monumento mas antiguo *) de poesia y lengua castellana que se nos haya conservado, sino que bajo varios otros respetos es uno de los que mas merezcan la atencion del amigo de la poesia, historia e literatura castellana; y siendo ademas nuestro Cid el heroe, no podemos menos de alargarnos algun tanto sobre él. Sin embargo habiendo este poema logrado ser el objeto de observaciones bastante circumstanciadas de parte de unos literatos mas competentes que nosotros, como los señores F. Wolf en Viena (Beiträge zur Geschichte der spanischen

*) No repetirémos aqui lo que ha sido dicho por Sanchez y otros sobre el tiempo en que se habria compuesto este Poema, pues no cabe duda pertenecer a mitades o fines del siglo doce. Solo advertirémos que a caso del modo que en el verso 3014: a queste fué padre del buen Emperador, se hace mencion del Rey Alfonso VII. se podria concluir haberse escrito en tiempo de su vida, o luego despues de su muerte, lo que cuadraria mui bien con las demas señas que se encuentran para formar una opinion sobre este punto.

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Literatur. Viena 1813).y E. de Tapia en Madrid (Historia de la civilisacion en España), y habiendo nosotros ya en lo precedente expresado nuestra opinion sobre un punto de los mas interesantes relativos al Poenia, es decir su caracter medianero entre los romances primitivos y segundarios, nos podremos restringir a algunas observaciones sobre dos puntos, que nos parecen aun bastante obscuros.

El primero se reduce a la cuestion si el Poema del Cid se ha de considerar como una especie de mosaica, compuesta en gran parte de romances juntados, o ensartenados, por decirlo asi, sin haber padecido su texto notable modificacion, o si al contrario forma un todo homogeneo y compacto, aunque el autor se aprovecharia mas o menos de uno que otro romance u otras tradiciones populares ? No ignoramos que jueces mui respetables y entre ellos el señor de Tapia inclinan a declararse por la primera alternativa, fundandose ellos en ciertos vestigios mas o menos visibles de las junturas de aquellas partes constitutivas y hasta en cierto numero de versos de redondillos que han sacado y restituido de entre los alejandrinos del Poema; ni nosotros negarémos ser esta opinion ademas, generalmente hablando, mui probable y mui conforme a la natura de las cosas, como resulta de ciertos hechos analogos de poesia contemporanea de otras naciones. Harto conocido (para no hablar de la tan variamente tratada cuestion de la unidad o pluralidad de epopeas homericas) está entre los aficionados à la antigua literatura alemana el resultado de las sagacisimas investigaciones del erudito señor Lachmann, el que ha logrado descomponer el grandioso poema epico de los Nibelungos en los cantares que forman sus partes constitutivas, del mismo modo que se supone lo eran ciertos romances populares del Poema del Cid; cuyo descubrimiento ingeniosisimo, mui lejos de quitarnos el poema epico, ni hacerlo desaparecer como una ilusion (como algunos dan á atender) ha enriquecido nuestra poesia con aquellos trozos de poesia primitiva, sin que a nadie sea prohibido gozar lo mismo que antes de la formacion segundaria en que fueron reunidos por un ingenio poetico no por cierto indigno de semejante empresa. Nosotros sin embargo no nos atreverémos a pronunciarnos tan positivamente sobre este punto, pues por mas que nos hayamos trabajado, no nos ha sido posible descubrir en el Poema del Cid señas equivalientes en lo claro y positivo a las que en aquella epopea nacional alemana, una vez indicadas por mano experimentada y de maestro, ya saltan a los ojos hasta del mero aficionado. Puesto que se trate de comparaciones y analogias, las encontramos mucho mas evidentes en las mas antiguas de las chansons de geste franceses, como la de Roncevaux, d'Ogier le Danois (no la mas moderna de Adenez le Roi, sino la antigna publicada poco ha), de Raoul de Cambray, de Parise la Ducisse y la des Loherains. En estos como en aquel la impresion general es que en la composicion de los diferentes ramos o cantares *) (branches) el autor, o los autores (porque tampoco queda probado haber sido uno solo) se han valido de o han tenido presentes los romances que en aquel tiempo andaban en boca de los joglares y del pueblo; pero averiguar (ni aun por asomo y en uno que otro caso) hasta qué punto se haya conservado o transformado el argumento o las expresiones de estos romances – esto nosotros por lo menos no lo podemos. Cual seria el resultado que se pudiera sacar de una comparacion de aquellos romances mas antiguos, que en el argumento corresponden a

*) Ademas del verso 2280 del Poema

Las coplas deste cantar aqui s' van acabando — solo el verso 1093 (o mas bien 1094, porque está evidentemente trastornado el orden de este y el siguiente verso): A qui s' compieça la gesta de Mio Cid el de Bibar parece indicar con alguna evidencia el fin y el principio de lo que podriamos llamar un ramo del Poema del Cid. En lo demas no faltan por cierto pasos donde se pudiera presumir por algunas señas la juntura de dos ramos o por lo menos de dos romances; al contrario la dificultad consiste en ser estos lugares demasiado frecuentes y aquellas señas demasiado vagas para legitimar una conclusion siquiera casilegitima , y esto tanto menos que casi nunca se ven coincidir las junturas del argumento (por decirlo asi) con los mudamientos de la asonancia.

ciertas partes del Poema, no lo sabemos, pues por desgracia se ha perdido la primero mitad del Poema, cuyo argumento (como lo verémos mas adelante) corresponde con él de varios de aquellos romances, y de los romances antiguos que correspondian con la segunda mitad del Poema uno solo (que sepamos) se ha conservado, y es el ya mencionado de „Tres cortes armara el Rey.“ Comparando pues este con los versos 2984

-3169 del Poema, cuyo argumento corresponde en lo general poco mas o menos con él del romance, se notan sin embargo tantas y tan esenciales diferencias, que nadie por cierto se atreverá a decir, que este romance haya servido de material para la composicion de esta parte del Poema. Con el gran numero de romances del Cid y otros que desde principios del siglo diez y seis se fabricaron del texto de las cronicas, como lo veremos mas adelante, no tenemos que ver aqui, pues no es posible que tengan la menor conexion inmediata con el Poema. Asi no nos queda en este particular otro recurso que la paciencia de esperar por si acaso seamos socorridos por algun hallazgo inesperado de romances de aquellos antiguos.

La segunda cuestion relativa al Poema del Cid en que nos queremos detener un momento siquiera es: si hai alguna relacion inmediata entre dicho Poema y la Historia latina ? Y a esto no podemos responder sino en la negativa; pues aunque gran parte del argumento de ambos les sea generalmente hablando comun, faltan enteramente aquellos rasgos de analogia en los pormenores que solo pueden autorizar la conclusion de que el autor del uno haya tenido presente y se haya servido de la obra del otro para componer la suya propia. Al contrario no faltan pasages en que las dos tradiciones, o por decir mejor, en que la historia difiere positivamente o negativamente de la tradicion. Asi, por ejemplo, en el Poema el conde de Barcelona queda prisionero del Cid solo una vez, y no dos como en la Historia; en el Poema la toma de Murviedro precede la de Valencia, mientras en la Historia es posterior, y lo mismo se observa respeto a la batalla de Jativa ; asi el Poema no dice nada del socorro de los Almoravides sobre Valencia etc. Si añadimos a esto que todas aquellas aventuras que se refieren al casamiento de las hijas del Cid con los infantes de Carrion y algunas otras, como la de los Judios, las tomas de Castrejon y Alcocer, la batalla con Galves y Fariza, son exclusivamente propias del Poema, bien se puede afirmar en conclusion, que estos dos monumentos se han de considerar como enteramente independientes el uno del otro; y de esto nos parece resultar no solo mayor autoridad historica para el uno, sino tambien mayor presuncion de antigüedad y popularidad para el otro.

Dejando empero de una parte algunos puntos de importancia segundaria, ya hemos llegado al objeto principal de nuestra tarea – es decir la Chronica del Cid, publicada primera vez (como ya queda dicho) en 1512 por el abad de San Pedro de Cardeña, Don Frei Juan de Vellorado.“) La primera cuestion pues, de que nos hemos de ocupar, es de las relaciones que existen entre esta nuestra particular y la Chronica general de Don Alonso el Sabio, publicada primera vez en 1541 por el maestro Florian de Ocampo; pues harto conocido está que la historia del Cid ocupa mas de la mitad de la llamada cuarta parte de dicha Chronica. Este hecho solo ya basta para provocar varias cuestiones y dudas, de modo que hasta no falta quien (con Risco) quiera que a toda esta cuarta parte se deba mas bien el titulo de una Chronica del Cid que otra cosa. Otros al contrario han levantado algunas sospechas de que la llamada Chronica del Cid no sea otra cosa que un trozo de alguna Chronica general y acaso la misma cuarta parte de la general de Don Alonso el Sabio. Nosotros pues, no contentandonos con lo que salta a los ojos, y despues de haber comparado mui por menor las dos obras, podemos en primer lugar asegurar que en efecto el contenido de nuestra Chronica es esencialmente el mismo que él de la cuarta parte de la general, desde fol. 193 hasta fol. 316. Decimos esencialmente el mismo; y debemos añadir que esta identidad no excluye inumerables diferencias en los

*) Sobre esta y las siguientes ediciones vease el apendice.

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