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E desque ovieron assi andado; assentaronse a comer en la tienda del Rey don Alfonso, que era muy grande. E estando comiendo, mandó armar el Rey en poridad quinientos cavalleros, e que cercassen la tienda enderredor. E el Rey de Toledo quando vido los Cavalleros armados e la tienda cercada, ovo muy grand miedo, e preguntó al Rey don Alfonso, que que queria ser aquello? E el Rey don Alfonso le dixo: que comiesse, que despues se lo dirian. E desque ovieron comido, dixo el Rey don Alfonso al Rey de Toledo: „Vos me fezistes jurar e prometer quando me teniades en Toledo en vuestro poder, que nunca vos veniesse mal de mí: e pues agora sodes en mi poder, quiero que me soltedes la jura e el pleyto que con busco fize.“ E el Rey de Toledo dixo, que le plazia, e que non le fiziesse otro mal: estonce dióle por quito por tres vezes. E desque esto fué fecho, mandó el Rey don Alfonso traer el su libro de sus Evangelios, e dixo al Rey de Toledo: „Agora pues vos sodes en mio poder, quierovos yo jurar e prometer de nunca yr contra vos, nin contra vuestro fijo, e de vos ayudar contra todos los omes del mundo; e fagovos esta jura porque avia razon de quebrantarla, e yr contra ella, porque la fize estando en vuestro poder: e agora non hé razon de la quebrantar nin de yr contra ella, pues la fago vos estando en mi poder, como agora estades, que puedo fazer de vos lo que quisiere.“ Estonce puso las manos en el libro, e juró de nunca yr contra él, e de lo ayudar, segun que de suso contámos. E desque esto ovo fecho, dixole en como queria yr fazer mal al Rey de Cordova, por el mal que a él avia fecho e mandó a sus cavalleros que se fuessen a sus posadas: e mucho fué alegre el Rey de Toledo por lo que el Rey don Alfonso fizo, e por la lealtad que mostrara contra él. E essa noche fincaron amos en uno, e otro dia fuése el Rey Alimaymon para Toledo mucho alegre, por el bien que Dios le avia fecho, e de aver bien con el Rey don Alfonso, e tan complidamente.

CAP. LXXXV.

Cuenta la historia, que otro dia de grand mañana mandó mover el Rey don Alfonso toda su hueste contra Cordova, e fué el Rey Alimaymon con él, e corrieron toda la tierra, e quemaron villas e aldeas, e destruyeron castillos, e robaron quanto fallaron : e tornaronse con muy grandes ganancias para sus tierras. E de alli adelante non osó el Rey de Cordova fazer mal al Rey de Toledo.

CAP. LXXXVI.

Cuenta la historia, que en este mesmo año sacó el Rey don Alfonso muy grand hueste contra los Moros, e corrió toda la tierra , e quemó e estragó quanto falló: e tan grand miedo fué él que metió en ellos, que todos los Moros de España le pecharon tributo. E del tercero año del Reynado del Rey don Alfonso, non fallamos ninguna cosa que de contar sea que a la historia pertenezca : si non tanto, que morió en este el Papa Alexandro, e fué puesto en su logar Hildebrando, que fué llamado Gregorio: e fueron con él ciento e sessenta Apostolicos. E en este año lidió otrosí el Cid Ruydiez con un cavallero de los mejores de Navarra , que avia nombre Ximen Garcia, uno por otro, por mandado del Rey don Alfonso su señor: e lidiaron sobre el castillo de Pazluengas, e sobre otros dos castillos, e venció el Cid, e ovo el Rey don Alfonso los castillos. Despues desto otrosí lidió el Cid en Medina Celi con un Moro que avia nombre Faris, que era buen cavallero de armas, e vencióle el Cid e matólo.

CAP. LXXXVII.

Andados quatro años del Reynado del Rey don Alfonso, que fué en la Era de mil e ciento e onze años, embió el Rey don Alfonso al Cid a los Reyes de Sevilla e de Cordova por las parias que le havian de dar. E Almocanis Rey de Sevilla e Almundafar Rey de Granada avian en aquel tiempo grand enemistad, e avian grand guerra el uno contra el otro. Con Almundafar eran estos omes estonce de Castilla: el Conde don Garcia Ordoñez, e Fortun Sanchez el yerno del Rey don Garcia de Navarra, e Lope Sanchez su hermano, e Diego Perez uno de los mejores omes de Castilla: e ayudavanlo quanto podian, e fueron sobre Almocanis Rey de Sevilla. E Ruydiez mio Cid quando sopo que venian sobre él, seyendo él vassallo de su señor el Rey don Alfonso, pesole mucho, e tovolo por mal : e embióles rogar que non quisiessen yr contra el Rey de Sevilla, nin destruyrle la tierra por el deodo que avian con el Rey don Alfonso, cuyo vassallo él era : si non que el Rey don Alfonso cuyo él era gelo ternia por mal, e en cabo que ampararia sus vasallos. E el Rey de Granada e los ricos omes que con él eran non dieron por las cartas del Cid nada, e entraron muy atrevidamente por la tierra de Sevilla, e llegaron bien fasta Cabra , quemando e estragando quanto fallavan. Quanto esto vido el Cid Ruydiez, tomó todo el poder quanto pudo haver de Christianos, e fué contra ellos. E el Rey de Granada e los Christianos que eran con él embiaron a dezir al Cid, que non saldrian de la tierra por él. E el Cid tomó saña desto, e fué contra ellos, e lidió con ellos en campo, e duró la batalla desde hora de tercia fasta hora de sexta : e morieron hy muchos de parte del Rey de Granada, e al cabo venció la batalla el Cid, e fizolos fuyr del campo. E fueron hy estonce presos el Conde Garcia Ordoñez, e Lope Sanchez, e Diego Perez, e otros cavalleros muchos, e tanta de la otra gente, que non avian cuenta : e los muertos non avian quien contarlos podiesse. De si mandó a los suyos coger el robo del campo que fue muy grande: e tovo presos aquellos omes buenos tres dias, e de si mandólos soltar. E tornóse el Cid con toda su compaña con grand honra e con grandes riquezas para Almocanis Rey de Sevilla, que lo rescibió muy honradamente. E Almocanis dióle estonce muy ricas donas para él, e dióle las parias complidamente para el Rey don Alfonso : e tornóse para Castilla al Rey don Alfonso muy rico e mucho honrado. E el Rey rescibiólo mucho bien , e fué mucho pagado de quanto le

avia acaescido, e por todas las buenas andanças que le acaes. cian de dia e dia. E querianlo mucho mal algunos por ello, e buscavanle mal con el Rey.

CAP. LXXXVII.

Cuenta la historia, que despues desto que juntó el Rey don Alfonso todo su poder muy grande, e fué sobre Moros, e el Cid Ruydiez havia de yr con él, e enfermó muy mal, e non pudo yr con él, e fincó en la tierra: e el Rey don Alfonso entró por la tierra de Moros, e destruyóles mucha tierra e fizoles mucho mal. E él andando por el Andaluzia faziendo mucho de lo que queria, juntaronse desta otra parte muy grandes poderes de Moros e entraronle por la tierra, e cercaronle el castillo de Gormaz, e fizieron mucho mal por toda la tierra. E en esto yva ya el Cid enforçando, e quando oyó dezir que los Moros andavan faziendo tanto mal por la tierra, ayuntó la gente que pudo aver, e enderescó en pos ellos: e los Moros sopieron como venia, e non le quisieron atender, e començaronle de fuyr. E el Cid enderescó en pos ellos fasta en Atiença, e a Ciguença, e a Fita, e a Guadalfajara , e a toda la tierra fasta en Toledo , matando, e quemando, e robando, e estragando e cautivando quanto fallava, que le non fincó ninguna cosa que todo non fuesse a mal: en guisa, que sin los muertos traxo onze mil cau- * tivos, entre omes e mugeres. De si tornóse para Castilla muy rico él e todos quantos con él hy fueran.

CAP. LXXXIX.

Cuenta la historia, que el Rey de Toledo quando oyó dezir el gran daño que avia rescebido del Cid Ruydiez, pesole mucho, e embiose querellar al Rey don Alfonso: e el Rey don Alfonso quando lo oyó pesóle mucho. E estonce los ricos omes que querian mal al Cid, ovieron carrera para le buscar mal con el Rey don Alfonso, diciendole: „Señor, Ruydiez quebrantó vuestra fé, e la vuestra jura e paz que aviades con el

Rey de Toledo, que vos tanto amavades: e non lo fizo por ál, si non porque vos matassen acá a vos, e a nos.“ E estonce creyólos el Rey, e fué mucho ayrado contro el Cid: ca él le queria mal, por la jura que le tomara mucho afincadamente: e vinose quanto pudo venir para Burgos, e quando llegó embió dezir al Cid que veniesse a él. E el Cid sabia muy bien en como era mezclado con el Rey don Alfonso, e embióle dezir que se veria con él entre Burgos e Bivar. E el Rey salió de Burgos e llegó cerca de Bivar: e el Cid quisole besar la mano, mas el Rey non gela quiso dar. E dixole sañudamente: „Ruydiez, salid de mi tierra!“ Estonce el Cid dió de las espuelas a un mulo en que estava e saltó en una tierra que era su heredad, e dixo: „Señor, non estó en la vuestra tierra, ante me estó en la mia.“ E dixo el Rey estonce muy sañudamente: „Salid de todos mis Reynos, sin otro alongamiento ninguno.“ E dixo estonce el Cid: „Señor, dadme plazo de treynta dias, como es de derecho de fijos dalgo. E el Rey dixo que lo non faria , mas que dende a nueve dias que se fuesse dende, si non que lo yria él a catar. E desto plogo mucho a los Condes, mas mucho pesó - a los de la tierra comunalmente a todos. E alli se partieron el Rey e el Cid.

CAP. XC.

Cuenta la historia, que embió el Cid por todos sus amigos e sus parientes e sus vassallos: e mostróles en como le, mandava el Rey don Alfonso salir de la tierra fasta nueve dias, e dixoles: „Amigos, quiero saber de vos quales queredes yr comigo, e los que comigo fueredes de Dios ayades buen galardon: e los que acá fincaredes, quierome yr vuestro pagado.“ E estonce salió don Aluar Fañez , su primo cormano: „Conbusco yremos, Cid, por yermos e por poblados, ca nunca vos fallesceremos: en quanto seamos vivos e conbusco despenderemos las mulas, e los cavallos, e los haveres, e los paños: siempre vos serviremos como leales amigos e vassallos." Estonce otorgaron todos quanto dixo Alvar Fañez: e mucho les gradesció

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