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todos los de la Villa. E quando fueron allegados, dixo don Arias Gonçalo: „ Amigos, ruegovos que si aqui algunos de 1 vos hay que fuessen en consejo de la muerte del Rey don Sancho, ó lo sopiessen, que lo digan, e non lo nieguen; que ante me quiero yo yr con 'mis fijos a tierra de Moros, que non ser vencido en el campo, e fincar por alevoso.“ Estonce respondieron todos, que non avia hy ninguno que lo sopiesse, nin fuesse en consejo de fazer tal cosa: nin ploguisse a Dios. E desto plogo mucho a don Arias Gonçalo, e mandó que se fuessen todos a sus casas, e a sus posadas. E él con sus fijos fuése para su casa, e escogió quatro dellos para que lidiassen, e él que fuesse el quinto : e castigólos como fiziessen quando fuessen en el campo, e dixo como queria él ser el primero: „e si verdad fuesse lo que dize el Castellano, yo quiero morir primero, por non ver pesar: e si él dize mentira, vencerlo he, e seredes siempre honrados vosotros.“

CAP. LXXI.

Cuenta la historia, que quando el plazo fué llegado a que havian de lidiar, que fué el primero dia de Enero, que fué en la Era de mil e ciento e siete años, don Arias Gonçalo armó sus fijos de gran mañana, e sopo como andava ya don Diego Ordoñez en el campo. E estonce él e sus fijos cavalgaron para yr allá : e en saliendo por las puertas de sus casas llegó doña Urraca Fernando con pieca de dueñas consigo: e dixo a don Arias Gonçalo llorando: „Vengasevos mientes de como mi padre, el Rey don Fernando, me vos dexó encomendada, e vos jurastes en las sus manos que nunca me desamparariades, e agora queredesme desamparar. Ruegovos que lo non querades fazer, e que finquedes, e que non vayades a lidiar, que assaz hay quien vos escuse: e non querades passar contra la jura que fezistes a mi padre.“ E estonce travó del que lo non dexó yr allá, e fizolo desarmar. E estonce vinieron muchos cavalleros a demandar las armas a don Arias Gonçalo, e que lidiarian en su logar, mas él non las quiso dar a ninguno, e llamó a su fijo Pedrarias,

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que era muy valiente cavallero, aunque era de pocos dias, e aviale antes mucho rogado que le dexasse yr lidiar por él. Estonce armólo de todas armas él por su mano, e castigóle como fiziesse, e dióle su beudicion con su mano diestra , diciendole: que en tal punto fuesse salvar los de Çamora , como veniera nuestro Señor Jesu Christo en santa Maria, por salvar los del mundo, que se perdieran por nuestro padre Adan. E de si fuése para el campo do estava atendiendo ya don Diego Ordoñez muy bien armado: e de si metieronlos en el campo e partieronles el Sol, e dexaronlos e salieronse fuera.

CAP. LXXII.

Cuenta la historia, que bolvieron las riendas a los cavallos uno contra otro, e fueronse ferir muy bravamente como buenos cavalleros, e dieronse cinco golpes de las lanças: e metieron mano a las espadas, e davanse grandes golpes que se cortavan los yelmos, e esto les duró bien fasta medio dia. E quando don Diego Ordoñez vido que tanto se le tenia, e non lo podia vencer, vinole en mientes en como lo castigaran, e que lidiava por vengar a su señor, que fuera muerto a muy grand tray. cion: e enforçóse quanto mas pudo. E alçó la espada, e ferió a Pedrarias por encima del yelmo que gelo corto, e la loriga, e el tiesto de la cabeça. E Pedrarias con su rabia de la muerte, e de la sangre que le corria por los ojos, abraçó la cerviz del cavallo, pero con todo esto non perdió las estriveras nin la espada. E don Diego Ordoñez quando lo vido ansi estar pensó que era muerto, e non le quiso mas ferir, e dixo a grandes vozes: „Don Arias, embiadme acá otro fijo!“ Pedrarias quando esto oyó aunque era mal ferido, alimpióse la cara con la manga de la loriga, e fué muy de rezio contra él. E tomó la espada con amas las manos cuydandole dar por encima de la cabeça, e erróle e dióle en el cavallo un grand golpe, que le cortó las narizes a buelta con las riendas: e el cavallo començó luego de fuyr con la grand ferida que tenia: e don Diego Ordoñez non aviendo riendas con que lo tomar: quando vido que lo queria sacar del campo, dexóse caer en tierra. Pedrarias en esto cayó luego muerto fuera del campo: e don Diego Ordoñez echó mano de la vara, e dixo: „Loado sea el nombre de Dios, vencido es el uno!“ Los fieles venieron luego, e tomaronlo por la mano, e levaronlo para la tienda e desarmaronlo, e dieronle de comer e de bever: e folgó un poco. E despues dieronle otras armas, e dieronle otro cavallo muy bueno , e fueronse con él fasta el campo.

CAP. LXXIII.

Don Arias Gonçalo llamó luego otro fijo suyo que llamaron Diego Arias, e dixole: „Cavalgad, e yd lidiar por librar este Concejo, e para vengar la muerte de vuestro hermano.“ E él le respondió: „para esto soy aqui venido.“ El padre echóle la bendicion, e entró en el campo con Diego Ordoñez, e rompieron las lanças el uno contra el otro, e combatieron grand pieca de las espadas. E a la fin Diego Arias fué ferido de tal manera cerca del coraçon, que cayó muerto en tierra. E luego fué don Diego a tomar la vara, e los fieles le levaron a la tienda, e le dieron de comer e de bever como ante avian fecho: e le dieron otras armas e otro cavallo, e embiaron dezir a don Arias Gonçalo como su fijo era muerto, e que embiasse otro.

CAP. LXXIV.

Cuenta la historia, que don Arias Gonçalo, con la grand rabia e con la grand cuyta que ovo, llamó a un fijo suyo que llamavan Rodrigo Arias, que era muy buen cavallero e mucho enforçado e valiente, e era el mayor de todos quinze hermanos, e acertarase ya en otros torneos do fuera mucho aventuroso, e dixole: „Fijo , ruegovos que vayades lidiar con Diego Ordoñez, por salvar a doña Urraca vuestra señora, e a vos, e al Concejo de Çamora; e si los vos salvaredes, fuestes en buen punto nascido.“ Estonce Rodrigo Arias besóle la mano, e dixole: „Padre, mucho vos lo gradezco quanto avedes dicho; e sed cierto

que los salvaré, ó yo tomaré muerte.“ E de si armólo luego, e cavalgó en el cavallo, e dióle el padre su bendicion, e fuése para el campo, e tomaronlo los fieles por la rienda, e metieronlo dentro en el campo. E desque los fieles fueron salidos, dexaronse yr el uno para el otro, e erróle don Diego el golpe, mas non lo erró Rodrigo Arias, que le dió tan grand ferida de la lança, que le falsó el escudo, e le quebrantó el arcon delantero de la silla, e le sizo perder los estrivos, e abraçó la cerviz al cavallo. Mas como quier que don Diego fuesse maltrecho del golpe, enforçóse luego e fué contra él muy bravamente, e dióle tan grand golpe, que luego quebrantó la lança en él: e falsóle el escudo, e todas las otras armas, e metióle grand pieca de la lança por la carne. Empos esto, metieron mano a las espadas, e davanse muy grandes golpes, e muy grandes feridas. con ellas. E dió Rodrigo Arias una ferida a tan grande a Diego Ordoñez, que le cortó todo el braço siniestro fasta el huesso; e don Diego Ordoñez quando se sentió mal ferido, fué contra Rodrigo Arias, e dióle una ferida por encima de la cabeça , que le cortó el yelmo, e el almofar con la meytad de la cabeça. Quando Rodrigo Arias se sentió mal ferido, dexó las riendas al cavallo, e tomó la espada con amas las manos, e dióle a tan grand golpe en el cavallo, que le cortó la meytad de la cabeça. E el cavallo con la grand ferida que tenia començó de fuyr con don Diego Ordoñez, e sacólo fuera del campo: e Rodrigo Arias yendo empos don Diego Ordoñez, cayó del cavallo muerto en tierra. E estonce don Diego quisiera tornar al campo, e lidiar con los otros; mas non quisieron los fieles, nin tuvieron por bien de juzgar en este pleyto, si eran vencidos los Çamoranos, o si non: e de essa guisa fincó el pleyto. Mas agora dexa el cuento de fablar desto, e torna a fablar del Rey don Alfonso.

CAP. LXXV.

Cuenta la historia, que despues que el Rey don Alfonso llegó a Camora, fincó sus tiendas en el campo de Santiago, e. ovo su consejo con su hermana. E luego la Infanta doña Urraca

que era muy sabia e muy entendida dueña, embió sus cartas por toda la tierra, que le veniessen a cortes, e lo rescebiessen por señor. E quando los Leoneses e los Gallegos sopieron en como era el Rey don Alfonso su señor venido, fueron ende muy alegres, e venieron a Camora, e rescibieronlo por Rey e por señor. E despues desto llegaron los Castellanos e los Navarros, e rescibieronlo por Rey e por señor, con tal pleyto que jurasse que non fuera en consejo de la muerte de su hermano, el Rey don Sancho. Pero al cabo non quiso ninguno tomar la jura si non Ruydiez el Cid, que non le quiso besar la mano fasta que le fiziesse jura.

CAP. LXXVI. Cuenta la historia, que quando el Rey don Alfonso vido que el Cid non le quiso besar la mano, nin rescebirlo por señor, como todos los otros omes altos, e los perlados, e los concejos, dixo a sus amigos: „Pues todos me recebides por señor e me otorgastes señorio, querria que supiessedes del Cid Ruydiez, porqué non me quiso besar la mano, e rescebirme por señor? ca yo siempre le faré algo, assi como lo prometí a mi padre el Rey don Fernando , quando me lo encomendó a mi e a mis hermanos.“ E el Cid se levantó, e dixo: „Señor, quantos vos aqui vedes, han sospecha que por vuestro consejo morió el Rey don Sancho, vuestro hermano , e porende vos digo, que si vos non fizieredes salva dello, assi como es de derecho, yo nunca vos besaré la mano, nin vos rescebiré por señor.“ Estonce dixo el Rey: „Cid, mucho me plaze de lo que avedes dicho; e aqui juro a Dios e a santa Maria, que nunca lo maté, nin fui en consejarlo, nin me plogo ende, aunque me avia quitado mi Reynado. E porende vos ruego a todos, como amigos e vassallos leales, que me aconsejedes como me salve de tal fecho.“ Estonce dixeron los altos omes que hy eran: que jurasse con doze cavalleros de sus vassallos, de los que venieran con él de Toledo, en la yglesia de santa Gadea de Burgos, e que dessa guisa seria salvo. E al Rey plogo desto que los omes buenos juzgaron.

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