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non dedes por esto nada, que bien vos digo, que si yo he a Çamora, yo vos faré mayor de ella, e mejor, assi como lo es agora Arias Gonçalo.“ Estonce Vellido besóle la mano, e dixole: „Señor, dévos Dios vida por muchos años e buenos : e dexe complir lo que desseades.“ Mas ál traya el traydor en su . coraçon.

CAP. LXII.

Cuenta la historia, que despues desto apartóle Vellido al Rey, e dixole: „Señor, si vos toviessedes por bien, cavalguemos amos solos, e vayamos a andar en derredor de Çamora, e veremos vuestras cabas, que mandastes fazer: e yo mostrarvos he el postigo, que llaman los Camoranos de la Reyna , por do entremos la Villa , ca nunca se cierra aquel postigo: e desque anocheciere darme hedes cient cavalleros fijos dalgo, que vayan comigo bien armados de pie: e como los Camoranos estan flacos de fambre e de lazeria, dexarse han vencer: e nos abriremos la puerta e entraremos, e tenerla hemos abierta fasta que entren todos los de la hueste: e assi ganaremos la Villa de Çamora.“ E el Rey creyó quanto dezia muy bien, e cavalgaron amos, e fueron andar en derredor de la Villa , arredrados de la hueste, catando el Rey por do la tomaria mas ayna. E catando sus reales, mostróle aquel traydor el postigo, quel dixera, por donde entraria a la Villa. E despues que la Villa fué andada en derredor toda, ovo el Rey de descender en ribera de Duero : e andando asolazandose, el Rey traya en la mano un venablo pequeño dorado, como lo trayan los Reyes, onde él venia, e diógele a Vellido que gelo toviesse. E el Rey apartóse a solazarse, e a fazer lo que los omes non pueden escusar: e Vellido Dolfos, quando vido al Rey de aquella guisa , tirole el venablo, e dióle por las espaldas, e salióle de la otra parte por los pechos : e desque lo ovo ferido ; bolvió las riendas al cavallo, e fuése quanto pudo para aquel postigo que él mostrara al Rey. E ya ante de esto fiziera otra traycion, ca matara al Conde don Nuño, como non devia. E el Cid quando lo vido yr

fuyendo assi, preguntóle porqué fuya, e non le quiso dezir nada: e el Cid entendió en esto estonce que avia fecho ene- , miga, e cuydando lo que era, que avia muerto al Rey, demandó

el cavallo a muy grand priessa, e en quanto gelo davan alon·gose Vellido: e con la grand quexa que ovo de yr empos él,

non fizo ál si non tomar la lança e fué empos él, e non atendió espuelas. E estonce dixo el Cid: que maldito fuesse el cavallero que cavalgasse en cavallo sin espuelas. Pero que dize el Arcobispo don Rodrigo: que lo non podiera alcançar aunque toviera espuelas, mas fué empos dél fasta la Villa. Otrosí sabed, que nunca fallaron al Cid en cobardia, que nunca fiziesse en todos sus fechos, si non en este logar, porque non entró empos Vellido dentro de la Villa: pero que lo non fizo él por cobardia, nin por miedo ninguno de muerte nin de presion, más por trascuerdo, e cuydando que el Rey non era muerto: e que yva fuyendo por maestria del Rey, o por su mandado: ca si él sopiéra cierto la muerte del Rey, non le toviera cosa ninguna que non entrara en la Villa pos él.

CAP. LXII.

Cuenta la historia, que despues que Vellido Dolfos fué encerrado en la Villa, con el grand miedo que avia de los de la Villa e de fuera, fuése meter so el manto de la Infanta. E quando lo sopo don Arias Gonçalo, fuése para la Infanta e dixole: „Señora, pidovos por merced, que dedes este traydor a los Castellanos: si non, sabed que vos verná ende daño: ca los Castellanos querrán reptar quantos yazen en Çamora: e será mayor deshonra para vos e para nos.“ E dixole estonce doña Urraca Fernando: „Consejadme vos de guisa que non muera él por esto que ha fecho.“ Respondió estonce don Arias Gonçalo: „Pues daldo vos a mí, e yo mandarlo he guardar fasta tres dias: e si los Castellanos nos reptaren, nos dargelo hemos: e si nos non reptaren a estos plazos, echarlo hemos de la Villa, de guisa que non parezca ante nos.“ E de alli tomólo don Arias Gonçalo e echólo en dos pares de fierros, e guardólo muy bien.

CAP. LXIV.

Cuenta la historia, que los Castellanos fueron buscar a su señor, e fallaronlo ribera de Duero, do yazia muy malferido de muerte: mas.aun non avia perdido la fabla, e tenia el venablo en el cuerpo que le passó de parte en parte: mas non gelo osavan sacar por miedo que moriria luego. E un maestro de llagas que andava en su casa que sabia mucho de esto, mandóle serrar el asta de amas las partes, porque non perdiesse la fabla, e mandóle confessar: ca non avia en él ál si non muerte. Estonce el Conde don Garcia dixole: „Señor, pensad de vuestra anima, ca mucho tenedes mala ferida.“ E dixole el Rey: „Bendicho seas, Conde, que me tan bien consejas, ca bien creo que muerto so: e matome el traydor de Vellido: e bien creo que esto fué por mis pecados, e por las sobervias que fize, e passé el mandamiento e la jura que fize al Rey don Fernando, mi padre.“ E esto diziendo él, el Cid Ruydiez llegó, e dixo: „Señor, yo finco desamparado e sin consejo, mas que ninguno de España: ca por vos gané por enemigos a vuestros hermanos, e a todos los del mundo, que contra vos fueron, o vos contra ellos quesistes yr: porque yo ove vuestros hermanos por enemigos, que tambien me acomendó el Rey vuestro padre a ellos, como a vos. E quando partió los Reynos, de todos perdi amor por vos: e fizeles mucho daño. ' E agora non me es menester de yr a los Moros ante el Rey don Alfonso , vuestro hermano, ni fincar con los Christianos ante doña Urraca Fernando, vuestra hermana: ca bien tiene que quanto vos le fezistes, que yo vos lo ove consejado : e, señor, membradvos de mí antes que finedes.“ E el Rey mandó estonce que lo assentassen en cabo del lecho: e estavan al derredor Condes e ricos omes, e Obispos, e Arcobispos, que venieran hy estonce por meter paz entre él e su hermana doña Urraca Fernando, e muchos buenos vassallos: e entendieron todos, que en quanto dezia el Cid, que dezia verdad: ca todas quantas buenas andanças oviera él, todas las oviera por el Cid. E dixo estonce el Rey: „Porende ruego yo agora aqui a todos los mis altos omes, assi Condes como ricos omes, e a todos los otros mis vassallos: que si mi hermano el Rey don Alfonso viniere al Reyno de tierra de Moros, que le pidan por merced por vos, Cid, que vos faga siempre bien, e vos resciba por su vassallo: e si él esto fiziere e vos creyere, non será mal aconsejado.“ Estonce devantóse el Cid e fuéle besar la mano, e con él todos los otros altos omes que hy estavan. E despues dixo el Rey a todos quantos hy estavan: „Ruegovos que roguedes a mi hermano el Rey don Alfonso, que me perdone por quanto tuerto le size: e que ruegue a Dios que aya merced a la mi alma.“ E desque esto ovo dicho demandó la candela, e saliógele luego el alma: e alli fizieron todos gran duelo por él. E dize el Arcobispo don Rodrigo, que desque el Rey fué muerto, començaronse a derramar las gentes de los concejos, e dexar sus tiendas e sus posadas, e que yvan fuyendo: e que perdieron en esto muy grand haver: e que los nobles Castellanos parando mientes a lo que devian guardar, como aquellos que luengamente guardaron siempre señorio e verdad, assi como fizieron los, onde ellos venian, non se quisieron apartar nin descercar la Villa, mas estovieron muy fuertes, aunque tenian su señor muerto. E fizieron llamar todos los Obispos, e tomaron el cuerpo del Rey su señor, e embiaronlo mucho honradamente para el monesterio de Oña: e enterraronlo hy, assi como convenia a Rey: e todos los mas e los mejores quedaron en su Real sobre Camora.

CAP. LXV.

Cuenta la hisstoria, que despues que el Rey don Sancho fué enterrado, tornaronse los perlados e los omes buenos a la hueste: e ovieron su consejo en como embiassen dezir mal a los de Çamora. E levantóse entonce el Conde don Nuño, e el Conde don Garcia de Cabra, e dixeron: „Amigos, ya vos vedes que havemos perdido a nuestro señor el Rey don Sancho, e matóle el traydor de Vellido, seyendo su vassallo , e los de Çamora rescibieronlo muy bien en la Villa: e assi como nos cuydamos e nos fué dicho, fizolo por consejo dellos. E si aqui oviere quien les diga mal por ello, todos nosotros faremos quanto él mandare, porque él salga con su honra, e complirle hemos todo lo que oviere menester fasta que el riepto sea complido.“ Estonce devantóse un Cavallero Castellano, a quien dezian don Diego Ordoñez de Lara, ome de grand guisa e mucho esforcado, fijo del Conde don Ordoño de Lara, e dixo: „Si me otorgades todos lo que avedes dicho, yo faré este riepto a los de Çamora, por la muerte del Rey don Sancho nuestro señor.“ E ellos otorgarongelo de lo complir.

CAP. LXVI.

Cuenta la historia, que don Diego Ordoñez que se fué para su posada, e armóse muy bien de todas armas, e el cuerpo del cavallo, e fuése contra Camora. E quando fué cerca la Villa encubrióse del escudo, porque non le feriessen del muro: e començó de llamar a muy grandes vozes: si estava hy don Arias Gonçalo, que queria dezirle un mandado. Un escudero que guardava el muro fuése para don Arias Gonçalo, e dixole: como estava cerca de la Villa un cavallero bien armado, demandando a grandes vozes por don Arias Gonçalo: „e si tovieredes por bien que le tire de la ballesta, o feriré el cuerpo, o le mataré el cavallo.“ E don Arias Gonçalo defendióle que le non tirasse, nin le feriesse por ninguna guisa. E don Arias Gonçalo con sus fijos, que lo guardavan, subióse en el muro por ver quien lo llamava, o por ver lo que demandava el cavallero, e dixole: „Antigo, qué demandades ?“ E respondióle don Diego Ordoñez: „Los Castellanos han perdido su señor, e matóle el traydor de Vellido seyendo su vassallo, e vos los de Çamora acogisteslo en la Villa: e porende digo, que es traydor quien traydor tiene consigo, si sabe de la traycion, e si lo consiente. E 'porende riepto a los de Çamora, tan bien al grande como al chico : e al muerto como al vivo: e ansi al nascido como al que es por nascer. E riepto las aguas que bevieren, que corren por los rios, e rieptoles el pan, e rieptoles el vino: e si alguno ay en Çamora que desdiga lo que yo digo, lidiargelo he, e con

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