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e trayan ante sí cien cavalleros armados, los escudos a los arcones aviessas, e todos los cavalleros con capas pardas, e las capillas descosidas: e doña Sol vestida de estameña, e todas sus donzellas esso mesmo: ca cuydavan que havian de fazer duelo; mas fallaron el pleyto de otra guisa. E quando llegaron a media legua de Osma, vieron venir el Cid e toda su compaña, mucho apuestamente vestidos. E quando llegaron unos cerca de otros, vieron que lloravan, e non fazian otro duelo: e quando vieron al Cid en el cavallo, fueron mucho maravillados, que tan apuestamente venia : e començó el Infante de llorar, e toda su compaña. E doña Sol, quando vido a su padre, derribó las tocas en tierra, e començó de messar los sus cabellos, que havia tales como un filo de oro. E estonce doña Ximena Gomez, su madre, travó della , e dixo: „Fija, mal fazedes, que passastes el mandamiento de vuestro padre, que dió maldicion a todos los que por él fiziessen duelo.“ E estonce doña Sol besó las manos al Cid e a su madre, e puso las tocas, e dixo: „Madre e señora, yo non só en esto culpada, ca non sabia del mandamiento de mi padre." E en esto fablando, tornaronse para Osma: e mucho fué grande la gente que fallaron que venian de todas partes, porque oyeran dezir en qual manera trayan al Cid Ruydiez, por lo ver, que lo tenian por estraña cosa: e en verdad ansi era, ca en ninguna historia fallamos, que a ningun cuerpo de ome finado fiziessen tan noble cosa nin tan estraña. E de sí movieron de Osma, e fueronse para san Estevan de Gormaz. Despues a cabo de quinze dias llegó el Rey don Ramiro de Navarra, e su muger doña Elvira: e trayan ante si dozientos cavalleros armados, e escudos a los arcones non abiessas, porque les embiaron dezir, que non havian de fazer duelo. E quando llegaron a media legua de San Estevan, salieronlos a recebir, e non fizieron otro duelo , si non que lloravan con doña Elvira: e quando llegó al cuerpo de su padre, besóle las manos, e a doña Ximena Gomez, su madre. Mucho se maravillava el Rey de Navarra e los que con él venian del cuerpo del Cid Ruydiez, porque tan bien parescia: ca semejava mas vivo que muerto: e de si movieron de San Estevan e fueronse para San Pedro de Cardeña. Mucho era grande e sin mesura la gente que estava hy de toda Castilla por ver al Cid Ruydiez en qual guisa venia: e quando fueron hy e lo vieron , fueron mucho maravillados: e por cierto cuydavan que non era muerto.

CAP. CCLXXXVII.

Cuenta la historia, que el Rey don Alfonso era en Toledo, e quando vido las cartas en como era finado el Cid campeador, e en qual guisa venciera al Rey Bucar, e como le trayan tan apuestamente encima de su cavallo, movió de Toledo a grandes jornadas, fasta que llegó a San Pedro de Cardeña, por honrar al Cid a la su sepultura. E el dia que llegó a San Pedro, salieron a él el Rey de Navarra, e el Infante de Aragon, e levaron al Cid en su cavallo fasta el monesterio de San Christoval de Ybeas, que es una legua de San Pedro de Cardeña: e trayan el cuerpo entre sí el Rey de Navarra de un cabo, e el Infante de Aragon del otro. E quando el Rey don Alfonso vido a tan grandes compañas e a tan apuestas, e vido venir al Cid Ruydiez en su cavallo tan noblemente vestido , fué mucho maravillado. E estonce besaron las manos al Rey don Alfonso don Alvar Fañez e todos los otros en logar del Cid Ruydiez, e ansi gelo dixeron. E el Rey don Alfonso catava al Cid al rostro, e veyale tan fresco e a tan liso, e los ojos a tan claros, e a tan fermosos, e a tan yguales, e a tan abiertos, que non semejava sinon vivo, e maravillavase ende mucho. Mas despues que le dixeron, que siete dias beviera Balsamo, e Mirrha, e non comiera otra cosa fasta que muriera, e como fuera despues untado e balsamado, non lo tovo por tan grand maravilla: ca oyera dezir , que en tierra de Egypto lo fazian ansi los Reyes. E desque fueron tornados al monesterio de san Pedro de Cardeña, descendieron al Cid del cavallo, e posieronlo en su logar como solian ante el altar. Mucho fueron grandes las honras que el Rey don Alfonso fizo al Cid, en cantar muchas Missas, e en vigilias, e en las otras cosas que convenian al cuerpo e al anima. E otrosi fizo mucha honra al Rey de Navarra, e al Infante de Aragon: ca les man

dava dar todo quanto havian menester a ellos e a sus compañas que trayan consigo.

CAP. CCLXXXVIII.

Cuenta la historia, que al tercero dia despues que el Rey don Alfonso llegó a San Pedro de Cardeña, quisiera enterrar el cuerpo del Cid, e supo el Rey lo que dixera doña Ximena Gomez sobre ello, que non queria que se enterrasse, e tovolo por bien: e mandó traer el su escaño, que él levara a las cortes de Toledo, e mandólo poner a la mano derecha del altar de San Pedro: e pusieron sobre él un paño de oro muy noble, e sobre el paño pusieron un cabeçal de floxel, cubierto de un tartari muy noble: e mandó fazer un tabernaculo sobre el escaño, muy noblemente labrado, con oro e azul: e pintadas en él las señales del Rey de Castilla, e de Leon, e del Rey de Navarra, e del Infante de Aragon, e las del Cid Ruydiez campeador. E de si el Rey don Alfonso, e el Rey de Navarra, e el Infante de Aragon, e el Obispo don Hieronymo, por fazer honra al cuerpo del Cid , llegaron a ayudar a sacar el cuerpo del Cid de entre las tablas en que lo metieran en Valencia. E desque lo ovieron sacado, estava el cuerpo a tan yerto, que se non doblava a ningun cabo: e su carne a tan lisa e a tan colorada, que non semejava que era muerto: e tovo el Rey que se podria fazer bien lo que queria e que havia començado. E vestieron el cuerpo de un tartarí muy noble, e de unos paños que le embiara el grand Soldan de Persia, e calçaron de unas calças de aquel paño mesmo, e assentaronle en el escaño que el Rey don Alfonso mandara guisar: e pusieronle en la mano yzquierda la su espada Tizona con su vayna, e con la manderecha tenia las cuerdas del manto. E ansi estudo de esta guisa en aquel logar el cuerpo del Cid diez años e mas, fasta que lo quitaron dende, segun que la historia lo declara: e quando los unos paños eran gastados, vestianle otros buenos. E moraron los Reyes e todas las otras compañas en San Pedro de Cardeña, faziendo honra al Cid, tres semanas: e el Obispo don Hieronymo e otros Obispos que venían hy, dezian cada dia sus Missas, e acompañavan el cuerpo del Cid hy donde estava assentado : e echavanle agua bendicha, e el encienso, assi como es costumbre de lo fazer sobre la sepoltura. E despues de las tres semanas, fueronse cada uno a sus logares: e de la compaña del Cid, dellos fueron con el Rey de Navarra e con el Infante de Aragon: e fincaron con el Rey don Alfonso todos los mas dellos, e los mas honrados, cuyos naturales eran. E doña Ximena Gomez e sus compañas, e Gil Diez, fueron en San Pedro de Cardeña, assi como el Cid Ruydiez mandara. E otrosí fincaron hy el Obispo don Hieronymo, e don Alvar Fañez, e Pero Bermudez con doña Ximena Gomez, fasta que pagaron lo que el Cid Ruydiez campeador mandara en su testamento.

CAP. CCLXXXIX.

Cuenta la historia, que despues que doña Ximena Gomez fincara en San Pedro de Cardeña, Gil Diez siempre cató por la servir, assi como el Cid, su señor, le mandara: e servióla a tan bien e a tan honradamente, que ella era mucho pagada. E doña Ximena Gomez cumpliólo todo muy bien quanto el Cid mandara: e duró quatro años, que siempre fazia cantar muchas Missas e vigilias por el alma del Cid, e de sus defuntos. E esta era su vida , fazer mucho bien por el amor de Dios, donde entendia que era menester: e yva siempre a estar con el Cid a todas las horas, que non se partia dende sinon a comer e de noche, que la non dexavan hy estar, si non quanto fazian vigilas por honra del Cid. E otrosí Gil Diez tomava a tan grand sabor en mandar pensar el cavallo Bavieca, que era grand maravilla: assi que las mas vezes él lo levava al agua, e lo tornava al establo. E Gil Diez, por haver linage del cavallo del Cid, compró dos yeguas las mas fermosas que pudo fallar, e echaronlas al cavallo por cabresto: e desque fueron preñadas, guardaronlas muy bien, e la una parió macho, e la otra parió fembra. E dize la historia, que de hy se levantó linago deste cavallo en Castilla , que ovo muchos cavallos, e buenos, e muy preciados, e por ventura los ay oy en dia: e vesquió despues de la muerte del Cid dos años, e luego morió: e segun cuenta la historia, duró bien quarenta años: e desque morió, soterrólo Gil Diez ante la plaça de la puerta del monesterio a manderecha: e puso hy dos olmos, uno a la cabeça, e otro a los pies, que son oy dia muy grandes.

CAP. CCXL.

Cuenta la historia, que a cabo de quatro años derechamente que el Cid finó, ovo de finar la noble dueña, doña Ximena Gomez, muger que fuera del noble varon Cid Ruydiez campeador, en aquel mesmo tiempo. E otrosi en aquel mesmo tiempo era Abad del monesterio don Garcia Tellez, un muy noble religioso, e era ome fijodalgo. E este Abad e Gil Diez embiaron por sus fijas del Cid, e de doña Ximena Gomez, que veniessen a honrar a su madre al su enterramiento, e a heredar lo suyo, e doña Sol, la menor, llegó hy primero, e esto era porque ya era biuda, ca finara ya el Infante. don Sancho, con quien ella era casada, que non visquió mas de tres años despues de la muerte del Cid Ruydiez, e non le fincara dél fijo, nin fija: e luego llegó el Rey don Ramiro con la otra dueña, doña Elvira , su muger: e vino hy muy grand gente con él, por honra de su muger e de su suegra: e traxo consigo el Obispo de Pamplona, para honrarla a su enterramiento. E la Reyna doña Elvira traxo consigo al Infante don Garcia Ramirez, niño de quatro años: e de otras partes venieron hy muy grandes gentes, de parientes e de amigos; e muchas otras gentes por ver el cuerpo del Cid. E sin esto cuenta la historia, que de todas partes venian hy de cada dia por ver como estava el cuerpo del Cid tan honrado. E desque todas estas compañas fueron ayuntadas, enterraron el cuerpo de doña Ximena Gomez a los pies del escaño en que el Cid estava assentado: e dixo la Missa el Obispo de Pamplona, e officióla el Abad don Garcia Tellez. E despues que fué enterrada, moraron hy siete dias, faziendo cantar muchas Missas, e faziendo mucho bien por su alma. E

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