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cuento. E desque todo lo ovo sacado ante el Cid , dixole: „Señor, todo esto te embia mi señor, el Soldan de Persia, con aquellas animalias que tú viste, por la grand bondad e lealtad que oyó dezir de ti: e, señor, ruegate de allá do está , que lo recibas por su amor.“ E el Cid gelo gradesció, e tomó ende muy grand plazer, e dixo: que le queria fazer honra, qual nunca fiziera a ome desque supiera entender. E estonce abraçólo en nombre del Soldan, e dixole: que si fuesse Christiano, que le daria paz: e preguntóle, que si entre aquellas cosas si trayan alguna cosa que fuesse del cuerpo del Soldan, e que por honra dél que besaria en ella: e en señal que si él estudiesse delante, que lo besaria en el ombro, segun uso de los Moros: porque entendia que su señor era uno de los mas nobles omes que eran en el Paganismo. Quando esto ovo entendido el pariente del Soldan, ovo muy grand plazer, porque tanta mensura le dezia el Cid: e entendió bien que era noble ome, é dixole: „Cid señor, si tú presente fuesses ante mi señor, el Soldan, él te faria muy grand honra, e darte hya a comer la cabeça del su cavallo, segun la costumbre de nuestra tierra: mas porque en esta tierra non es costumbre, dóte el mi cavallo vivo, que es uno de los buenos cavallos que son en Suria: e tú mandalo tomar por honra de mi señor, el Soldan, que es mejor que la cabeça cocha : e a ti, señor, besaré las manos, e tendréme ende por bienandante e por mucho honrado.“ E el Cid tomó el cavallo, e consentió al Moro que le besasse la mano. E estonce mandó llamar su Almoxarife, e mandóle que levasse consigo a aquel pariente del Soldan, e que lo serviesse e le feciesse mucha honra: e que le diesse posada en la huerta de la Villanueva, e le feziesse tanta honra e tanto bien como faria a él mesmo.

CAP. CCLXXII. Cuenta la historia, que el Almoxarife levó consigo al pariente del Soldan, e servióle e honróle tanto como si fuesse su señor, el Cid. E desque ovieron estado unos dias en su deporte e en su solaz, començó el pariente del Soldan a preguntar por

el Cid de que costumbres era. E el Almoxarife començó de contarle toda su fazienda: e dixole, en como era el mas enforçado cavallero de todo el mundo: e el mayor cavallero de armas, e él que mejor mantuviesse su ley: e en palabra que ponga nunca ha de mentir, e es el mas amigo de amigo, que ay en el mundo: e a las cosas vencidas muy piadoso e de merced: es muy sesudo e embizo en todas las arterias, ha brava catadura: e el ome que lo non conosce, quando lo vee primeramente, toma grand miedo del. „E esto veo yo de cada dia, que quando vienen a él algunos mensageros de los Moros, quando llegan ante él, fincan espavoridos, que non saben do se están.“ E quando esto oyó el mensagero del Soldan, vinole en miente como acaesciera assi a él, e fué tan maravillado, que dixo contra el Almoxarife: que le rogava, que pues eran ambos de una ley, que lo toviesse en poridad, e que diria lo que aconteciera a él: e el Almoxarife prometióle que lo faria: e él començó su razon, e dixo: „Que se fazia maravillado de lo que le havia dicho, ca bien ansi como dezia él que acaesció a los mensageros, que ansi acaesciera a él la primera vegada que lo viera: que tan grande fuera el miedo que oviera de su catadura, que por una grande piesa non le podiera fablar: e que segun el pensava, que esto non era si non gracia de Dios, que le diera contra sus enemigos, que tomavan miedo de la su catadura. E desque todas estas razones ovo dichas el pariente del Soldan, començo de preguntarle el Almoxarife (porque le semejó ome entendido e sabio, porque ansi parava mientes en las cosas), e dixole: que si le diria lo que le queria preguntar? e el mensagero dixo, que gelo diria. E el Almoxarife començóle de preguntar: que si sabia qual era la razon porque se moviera el Soldan, su señor, de embiar a tan grand presente al Cid campeador, o qual razon era, porque queria haver amor con él, estando tan lexos, e tan arredrado de Ultramar? E el mensagero del Soldan presumió que el Almoxarife queria saber como estava la tierra de Ultramar: e recelóse que gelo demandava por mandado del Cid, e començó a dezir: que a tan grande era la nombradia, e el grand prez de armas, e los muchos nobles fechos que oyeran del Cid en la tierra de Ultramar, que por aquella razon se moviera el Soldan a le embiar aquel presente, por haver su amor con él. E quando esto oyó el Almoxarife, dixo: que non creya que aquella era la razon: mas que otra era la razon e la entencion del Soldan. E quando el mensagero vido que lo entendia, e que havia sabor de saber todo el fecho, dixo que gelo diria , mas que le rogava que lo toviesse en poridad, e él prometiólo. E él estonce començó su razon, e dixole: Que la tierra de Ultramar estava en tal estado, que cuydava que se perderia, e que la cobrarian los Christianos: ca tan grand Cruzada passara de Alimania, e de Francia, e de Lombardia, e de Cecilia, e de Calabria, que havian ganado la cibdad de Antiochia, e muy grand parte de la tierra, e yazian sobre la cibdad de Hierusalem : e oyendo mi señor, el grand Soldan de Persia, la grand nobleza del Cid, cuydando que queria passar allá, se movió a le embiar este presente, por ganar su amor: porque si por aventura allá passasse, que lo toviesse por amigo, e que fiziesse por él. E estonce dixo el Almoxarife: „ Creotelo esto todo.“

CAP. CCLXXIII.

Cuenta la historia, que aquel mensagero del Soldan de Persia moró en Valencia ya quanto tiempo, e entre tanto llegó mandado al Cid en como venian los Infantes de Aragon e de Navarra a fazer sus bodas en Valencia con sus fijas, assi como era parado en las cortes de Toledo. E estos Infantes, él de Navarra casó con doña Elvira, la mayor; e havia nombre don Ramiro, fijo del Rey don Sancho, que mataron en Roda: e el Infante de Aragon casó con doña Sol, que havia nombre don Sancho, fijo del Rey don Pedro. E este Rey don Pedro fué él que prendió el Cid Ruydiez en la batalla, assi como lo ha contado la historia: mas catando quanta mesura fiziera el Cid contra él en lo soltar de la presion, e como le mandara dar todo lo suyo, e acatando quanta mesura e quantos bienes havia en el Cid, e los grandes fechos dél, tovo por bien que casasse su fijo con su fija, porque de tan noble ome fincasse linage en Aragon: mas non fué su ventura que oviesse fijo en doña Sol, ca morió ante que reynasse, nin que oviesse fijo, nin fija. Quando el Cid supo que venian los Infantes, salió a recebirlos fasta seys leguas con toda su gente, todos muy bien guisados de corte e de guerra: e mandó fincar sus tiendas en un campo muy fermoso, e hy los atendió fasta que llegaron. E luego el primera dia llegó el Infante don Sancho de Aragon, e atendieron hy al Infante don Ramiro: e despues que todos fueran llegados en aquel logar, venieronse para Valencia. E el Obispo don Hieronymo saliólos a recebir con toda la gente, e con la procession, mucho honradamente. E grandes fueron las alegrias que en Valencia fizieron con los Infantes: e esto duró bien ocho dias, ante que començassen las bodas. E el Cid mandó dar posadas a los Infantes en la huerta de la Villanueva, e mandóles dar quanto oviessen menester, bien e complidamente.

CAP. CCLXXIV.

La historia cuenta, que desque los Infantes llegaron a Valencia, dende a ocho dias el Obispo don Hieronymo traxo matrimonio a los Infantes de Aragon e de Navarra, con las fijas del Cid, en esta manera: al Infante don Ramiro con doña Elvira, e al Infante don Sancho de Aragon con doña Sol. E desque fueron desposados, otro dia tomaron las bendiciones en la yglesia mayor de san Pedro, segun manda la ley de Jesu Christo: e dixo la Missa el Obispo. Quien vos podria contar qué tamañías fueron las alegrias e las noblezas que en aquellas bodas fueron fechas ? esto seria mucho de contar: ca en ocho dias, que ellas duraron, davanles muchos comeres de cada dia, e mucho bien adobados, e mucho honradamente: e todos comian en plata, e matavan muchos toros de cada dia, e corrian e matavan muchas animalias estrañas que el Solda'n le embiara : e fazian muchos nobles guarnimientos a los juglares: e los Moros fazian sus juegos e sus alegrias de tantas maneras, que non sabian los omes a quales yr primero. E tantas fueron las gentes que hy fueron juntadas, que fueron asmadas ocho mil personas de fijosdalgo.

E desque las bodas fueron acabadas, tomó el Cid a sus yernos, e levólos por las manos ante doña Ximena Gomez, e mostróles todas las noblezas que le embiara el Soldan: e ellos quando vieron tan grand haver e tantas noblezas, fueron maravillados, e dixeron: que cuydavan que en España non havia ome tan rico de haver como el Cid, nin que tantas nobles cosas toviesse. E ellos estando assi maravillados onde veniera a tan grand haver e tantas noblezas de oro, e de plata, e de piedras preciosas, e de aljofar, e el Cid començolos de abraçar, e dixoles: „Fijos, para vos e para vuestras mugeres quiero yo esto, e todo lo al que yo he: e por ende quierovos dar las mas nobles e mas preciadas cosas que nunca fueron dadas con mugeres: ca vos quiero dar la meatad de todo quanto vos aqui vedes: e yo e doña Ximena Gomez viveremos en la otra meatad, e despues de nuestra muerte todo lo quiero para vos, ca yo ya encima de mis dias só.“ E los Infantes dixero: que les diesse Dios vida por muchos tiempos e buenos, e que le gradescian quanto dezia , e que le tenian en logar de padre: e que siempre catarian la su carrera, e serian a su honra e a su mandamiento, como a tan honrado e a tan acabado ome como él era: de que se tenian por mucho honrados del deodo grande que con él havian.

CAP. CCLXXV.

Aqui cuenta la historia, que tres meses duraron estos Infantes con el Cid en Valencia, muy viciosos a grand sabor de si. E de sí despidieronse del Cid, e de doña Ximena Gomez, su suegra: e tomó cada uno su muger, e tornaronse para sus tierras muy ricos e muy honrados. E el Cid les dió granadamente todo lo que les prometiera: e dióles de aquellas animalias estrañas que le embiara el Soldan: e el Cid fué con ellos bien doze leguas. E quando ovieron a partirse, dió el Cid muy grand algo a cada uno delos fijos dalgo que venieron con los Infantes: en cavallos, e en mulas, e en paños, e en dineros, en guisa que todos fueron pagados: e dió la bendicion a sus fijas, e encomendólas a Dios que las guiasse: e de sí tornóse para Valencia,

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