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ca nos vengados somos de la deshonra que nos fizo en Valencia con el Leon.“ E fueron su carrera, e bien cuydavan que muertas las dexavan.

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CAP. CCXL. Despues que los Infantes fueron ydos de aquel logar onde dexaron sus mugeres, Ordoño, sobrino del Cid , que les venia a guardar, e oyera las vozes que ellas davan, fué contra ellas: e quando las falló yaziendo en tierra tan mal trechas, ovo muy grand pesar, e fizo muy grand duelo por ellas, diziendo: „Non plaze a Dios de tan gran deshonra como vos, mis primas e mis sobrinas, havedes rescebido: ca nunca vos merescistes tal cosa, nin venides de tal logar para fazer porque este mal nin otro ninguno vos deviesse venir, nin fazer vuestros maridos lo que fizieron.“ Temiendose que los alevosos tornarian a ellas a fazerles mas mal, asmo de las traer a otro logar, onde las pudiesse encobrir: e tomó a doña Elvira, e pusola a sus cuestas, e levóla grand pieça por el robredo, por donde vido el robredo mas espesso, fasta que fué alongado de aquel logar: e pusola en tierra, e tornóse por doña Sol, e levóla acuestas fastas aquel logar. Despues que las tovo hy, fizoles camas de fojas, e de yervas, e echólas en ellas, e cubriólas con ellas, e de una capa que traya. E de sí començó de cuydar e a llorar, por la grand cuyta en que estavan, que non sabia que fiziesse con ellas, que non havria que comer para sí, nin para ellas: e si lo fuesse buscar a algun poblado, que las dexaria a grand aventura, como estavan feridas e sangrientas, que vernian las bestias bravas e las aves e que las matarian: otrosí, si non fuesse al Cid, su tio e su señor, a dezirle, en como acaesciera aquel mal, que non lo podia saber por otro, nin tomaria la vengança ende que devia tomar.

CAP. CCXLI.

Cuenta la historia , que mientra Ordoño, sobrino del Cid, estava en aquel pensamiento e grand cuyta, los Infantes de Car

rion llegaron a sus compañas, las espuelas sangrientae, e las manos cubiertas de sangre, de las feridas que dieron a sus mugeres. E quando los vieron ansi venir, e que non trayan consigo a sus mugeres, e que trayan las mulas e los paños, entendieron el mal fecho que fizieran: e a los buenos e cuerdos pesóles de coraçon, e fuése faziendo el ruydo. E quando Martin Pelaez e Pero Sanchez oyeron esto que havian fecho los Infantes a sus mugeres, ovieron ende grand pesar, e bolvieron a los Infantes muy sañudamente: e ellos havian ya lavadas las manos, e las espuelas ; pero quando vieron las mulas e los paños de sus señoras, apartaronse con sus cien cavalleros, e dixeron: „Amigos, estos Infantes algun mal fecho fizieron en sus mugeres e nuestras señoras, por quien fezimos omenage al Cid, nuestro señor, que nos fizo cavalleros a los mas que aqui estamos: e para guardar todos estos debdos que havemos con su padre e con ellas, es menester que nos armemos, e que nos pongamos con estos Infantes, ó nos matemos con ellos, ó nos den nuestras señoras : que non ay otra cosa; e sinon, non somos para el mundo: ca derecho faremos: e si lo non fiziessemos, serianos mal contado, ca la deshonra del Cid, nuestro señor, nuestra es, e tenernos lo ha por mal: pues nos aqui tan cerca estamos, e lo non demandamos.“ E esto que Martin Pelaez dixo, tovieronlo todos por bien : e los Infantes quando los vieron venir, e oyeron lo que dieron, tovieronse por muy agraviados, e temiendo dellos, dixeron: „A la fuente de los robredos de Torpes yd, que hy las fallaredes, que las dexamos vivas e sanas, que les non fezimos mal ninguno, mas non las queremos levar con nusco: pero si quisieredes las mulas e los paños, tomadlos.“ E ellos dixeron, que non quisiesse Dios, que tales mulas nin paños que ansi fuessen tomados ellos resceviessen: ca loado sea Dios, e la merced del Cid, mulas, e palafrenes, e paños para las tornar honradamente para su padre non les menguaria: mas vos fezistes mal sin guisa en deshonrar tales mugeres, fijas de tal padre: e non puede mucho tardar, que grand mal non vos venga por ende: e de aqui adelante vos tornamos amistad, e vos desafiamos por el Cid, e por nos, e por quantos tovieren la su

carrera;“ e a esto non respondieron los Infantes. E despues que vieron que non respondieron los Infantes, dixeron: „Yd vos como alevosos e malos: e non ha carrera en el mundo porque vos podades salvar desta enemiga que havedes fecha:“ mas por todo esto non respondieron, e començaron de yr su camino.

CAP. CCXLII.

Cuenta la historia, que Martin Pelaez e Pero Sanchez con sus compañas, que se tornaron para el robredo donde fincaron las dueñas: e quando llegaron a la fuente, fallaron enderredor todo sangriento de las feridas dellas, e non fallaron las dueñas, e ovieron grand pesar, e non sabian a qual parte yrlas a buscar. E començaron de andar por el robredo, llamando e dando muy grandes vozes, e faziendo muy grande duelo, por el mal que les havia acaescido, e porque las non podian fallar. E ellos andando en esta cuyta, las dueñas e Ordoño oyeron las vozes que davan, é ovieron muy grand miedo: ca cuydavan que eran los Infantes con su compaña que tornavan a matarlas; e con el grand miedo que havian, quisieran ser alongados de aquel logar: e andandolas buscando, non las podian fallar. Estonce dixo un cavallero, que havia nombre Martin Fernandez, que era natural de Burgos: „Amigos, mas valdria que fuessemos empos ellos, por el mal fecho que fizieron, ca non nos es honra de nos tornar assi para el Cid: e a menos de tomar ende vengança, non somos para ante él: e si los non podieremos alcançar en el camino, vayamos al Rey don Alfonso, e mostremosle este mal fecho, e digamosle toda la verdad desto, porque faga ende aquella justicia que se deviesse fazer sobre tal fecho como este: ca ciertos sed que le pesará desque lo sopiere, e estimarlo ha mucho, ca él gelas pidió al Cid para dargelas por mugeres: e nos non partamos de casa del Rey, fasta que el Cid haya derecho qual deve sobre esto.“ E todos lo tovieron por bien, e fizieronlo ansi: ca entendieron que dezia verdad: e tomaron el camino e punaron de yr empos de los Infantes quanto mas podian, que se non davan vagar: mas ellos eran ydos a mas andar, e non los podieron alcançar. E desque vieron que eran ydos, fueronse para el Rey don Alfonso, e llegaron a él a Palencia , e besaronle las manos con muy tristes coraçones: e Martin Pelaez e Pero Sanchez contaronle el mal e la deshonra que los Infantes havian fecho al Cid e a sus fijas : e pidieronle merced que le pesasse dello, e que lo estrañasse. E quando el Rey lo oyó, pesóle mucho de coraçon, como a aquel que lo tenia por mal fecho, e que havia grand parte en esta deshonra. E dixo assi: „Oyo lo que vos dezides, e non puede ser que antes de pocos dias non ayamos mandado del Cid campeador: por la qual querella nos avremos mas razon de entrar por este fecho, en manera que aya cada uno complimiento de derecho.“ Estonce Martin. Pelaez e Pero Sanchez besaron las manos al Rey don Alfonso por lo que dezia , teniendogelo en grand merced: e fincaron en la corte fasta que don Alvar Fañez e Pero Bermudez venieron, como la historia vos lo contará adelante.

CAP. CCXLIII.

Cuenta la historia, que depues que Ordoño e las dueñas vieron que las vozes eran quedadas, e non sonavan, que fué Ordoño a una aldea que era cerca a buscar de comer para las dueñas, e para sí: e desta guisa las mantuvo este dia. E en aquella aldea falló un ome bueno labrador, que vivia con su muger e con sus fijas buena vida: e este ome bueno conoscia al Cid Ruydiez: ca hy posara en su casa, e oyera dezir los buenos fechos que él fazia. E departiendo Ordoño con aquel ome bueno, porque lo veya tan bueno, e dezia tanto bien del Cid, ovole contar el fecho de las dueñas como acaesciera: e como las tenia en aquel monte. E el ome bueno quando lo oyó, pesole mucho del su mal: pero que se tovo de buena ventura, porque les podria fazer servicio: e estonce tomó una azemila e fuése con Ordoño para el monte donde estavan las dueñas, e llevó consigo dos fijos mancebos que él havia. E quando las dueñas vieron el ome bueno, ovieron muy grand vergüença, e quisieronse encobrir dellos, mas non podieron. E el ome bueno

fincó los finojos ante ellas llorando mucho, e dixo: „Señoras, yo so a merced del Cid, vuestro padre, que muchas vezes posó en mi casa, e servilo quanto yo pude, e él fizome siempre merced. Agora acaesció estando en mi casa, fabló comigo este mancebo, que dize que ha nombre Ordoño, e començóme a dezir el mal e la deshonra que a vos fizieron vuestros maridos, los Infantes de Carrion. E, señoras , quando lo yo oí, ove ende muy grand pesar: pero con grand sabor que ove de servir al Cid e a vosotras, soy aqui venido con este acuerdo : levarvos he para mi casa, si fuere la vuestra merced, en esta azemila, en que podedes yr amas a dos: e non finquedes en esta montaña yerma, do vos comerán las bestias bravas que aqui andan: e desque allá fueredes, yo e mi muger e mis fijas servirvos hemos quanto mas podieremos. E de hy podedes embiar este escudero a vuestro padre con mandado: e yo vos guardaré muy encubiertamente e muy bien, fasta que vuestro padre vos embie mandado en como fagades: ca este logar en que estades non es para vosotras, ca moriredes de fambre e de frio.“ E a estas palabras que el ome bueno dezia, tornóse doña Sol contra doña Elvira, la mayor, e dixo: „Hermana, bien dize este ome bueno, e mas valdrá que vamos allá e que vivamos, que non que muramos aqui: e nosotras veremos la vengança, que yo fio en Dios que nos dará nuestro padre: e gradezcamos mucho a Dios, e a este ome bueno lo que nos dize.“ E estonce subieronlas en el azemila , e levaronlas pora el aldea, a la casa del ome bueno, e entraron de noche muy encubiertamente, que non sopo ome parte de ellas, si non el ome bueno e su conpaña, a quien él castigó, que lo non dixessen a ningun ome del mundo, e fueron muy bien rescebidas de la muger e de las fijas. E destas dueñas feridas e deshonradas fizo Dios muy honradas dueñas e Reynas depues, segun que la historia la contará adelante.

CAP. CCXLIV.

La historia cuenta, que desque las dueñas fueron en casa del ome bueno, que las servia sin arte, fizieron una carta para

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