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de Dios e la vuestra buena ventura, otros fechos mas grandes que non este havedes vos acabados: e por ende fio en la merced de Dios que ansi acabaredes este. Mas si vieredes que es bien, mandadme dar trezientos cavalleros, e saldremos de Valencia quando cantare el gallo, e meternos hemos en celada en el val de Albuhera : e desque vos mezclaredes la batalla , e nos vieremos tiempo, saldremos de la celada, e feriremos en ellos: en esta manera fio yo por Dios que los arrancaremos.“ Mucho plogo al Cid de lo que don Alvar Fañez dixo, e mandó que lo fiziessen assi: e mandó que diessen luego cevada, e cenassen temprano: otrosi mandó a todos los otros, que quando oyessen la señal, que cavalgassen todos. Otrosi mandó a todos los omes de pie, que veniessen con sus armas a la yglesia de san Pedro, e oyrian la Missa , e cavalgarian en nombre de la santa Trinidad, porque él que moriesse en la fazienda, fuesse mas desembargadamente a parayso: e estonce derramaron a sus posadas.

CAP. CCXX.

Cuenta la historia, que otro dia ante del alva fizieron la señal de la campana, e ayuntaronse todos en san Pedro: e el Obispo don Hieronymo cantóles la Missa, e manifestaron, e comulgaron, e el Obispo absolviólos e acabó su officio, e demandó al Cid la delantera de la batalla : e él otorgógela en el nombre de Dios. E salieron por la puerta que llaman de la culebra, que era contra el poder de los Moros: e el Cid bien armado en su cavallo Bavieca. E don Alvar Fañez, que era ya salido, fuése muy encubiertamente para su celada: e el Cid con toda la otra gente fueron saliendo de vagar, porque non era aun de dia. E desque todos fueron bien fuera, ovo de amanescer, e salieron de todas las estrechuras, e de todos los malos passos: e fué dexando la celada a mano yzquierda, e fueron saliendo a manderecha, e fueron metiendo los Moros entre sí e la villa. E ordenó el Cid sus hazes muy apuestamente, e mandó a Pero Bermudez que tomasse la seña. Quando los Moros esto

vieron, fueron maravillados, e armaronse mucho apriessa, e sus hazes paradas salieron de las tiendas. Estonce mandó el Cid mover la su seña adelante, e el Obispo don Hieronymo empos

ella con su compaña: en guisa que en poca de hora fueron todos mezclados. Hy vierades de cada parte salir cavallos sin dueños, las sillas so los vientres , e los dueños dellos fincavan mal trechos. E mucho fué ferida esta fazienda en poca de hora, e como los Moros eran muchos, tenian mucho afrontados a los Christianos, e estavan en hora de los vencer. E el Cid empeçó a enforçar a los Christianos a muy grandes vozes, llamando el apellido de Santiago: e en esto salió don Alvar Fañez de la celada, e feriólos muy denodadamente de parte de la mar: e los Moros cuydaron que era muy grand gente que venia en acorro del Cid, e desbarataronse; e començaron de fuyr, e el Cid e los suyos castigandolos de mala manera, e los Moros fuyendo contra un castillo que llaman Torrevera : e fueron fuyendo, e matando, e feriendo en ellos, que non les davan vagar ninguno. E yendo en alcance, alcançó el Cid al Rey Juñez, e feriólo: mas el Moro estava bien armado, e el cavallo del Cid salió mucho adelante, e el Moro bolvió al diestro, e por esto non lo pudo alcançar: e metióse el Moro en el castillo, e fasta hy duró el alcance: assi que de los cincuenta mil que hy estavan e venieron, a mala vez escaparon quinze mil ende. Los que estonce estavan en las naves, quando vieron que su señor era vencido, fueronse fuyendo para Denia : mucho ovo el Cid grand plazer, porque fallava el su cavallo Bavieca a plazer de sí. E tanto bien fizo el Cid aquel dia, e tan grand mortandad en los Moros, que le corria la sangre por los cobdos ayuso. E quien vos podria dezir de los Christianos cada uno como fizo? Esto non ha guisa como podiesse ser contado: ca todos fizieron tanto bien , que non ha ome que lo podiesse contar. E desque él e toda su compaña ovieron los Moros vencidos e embarrados, tornaronse para el campo.

CAP. CCXXI.

Dize la historia, que el Cid e los suyos tornaronse robando el campo: e a tan grande fué el despojo, que non podian dar cabo al haver en oro, e en plata, e en cavallos, e en armas, que non sabian qué dexar, nin qué tomar. E fallaron una tienda entre todas las otras, que era del Rey Juñez, que nunca ome tal noble cosa vido como aquella tienda era: e fallaron en ella haver muy mucho : e fallaron en ella a Alvar Salvadorez, él que fuera preso ante dia, segun que vos lo contamos en la historia. Mucho plogo al Cid, quando lo vido vivo e sano, e mandóle sacar de las presiones: e a tan grande fué el robo, que le non podian dar cabo al coger bien en tres dias. Mucho ovieron grand alegria doña Ximena Gomez e sus fijas, quando vieron entrar al Cid con su cavallo por la villa : pero que fueron todos maravillados en como venia todo ensangrentado: e sus fijas besaronle las manos. E en esta fazienda deste Rey Juñez ganó el Cid a la su noble espada, a quien dizen Tizoną: e el Rey Juñez salió del castillo muy quebrantado: e dezian a aquel castillo Torrevera, e fuése para Denia, e metióse en las naves, e tornóse para Marruecos. E cuydando cada dia en la andança mala que le acaesciera, e como fuera vencido de tan poca gente, e en como perdiera mucha de la suya, dexóse morir: mas ante que moriesse, conjuró a un su hermano, que havia nombre Bucar, que por el debdo que con él havia, que lo fuesse vengar de la deshonra que rescebiera del Cid campeador ante Valencia: e Bucar prometiógelo, e jurógelo sobre su Alcoran, que es libro de su ley. E de hy a tiempo passó aqnende el mar con veynte e nueve Reyes, assi como lo contará la historia adelante en su logar.

CAP. CCXXII.

Cuenta la historia, que a cabo de veynte e cinco dias que el Cid venció al Rey Juñez, embió a Pero Bermudez e a don Alvar Fañez con mandado al Rey don Alfonso, su señor: e embióle con ellos trezientos cavallos ensillados, e enfrenados,

e en cada silla una espada colgada del arçon, e la muy noble tienda que vos contamos, que fué del Rey Juñez: e esto le embiava por la honra que mandara fazer a doña Ximena Gomez, e a sus fijas. E don Alvar Fañez e Pero Bermudez fueronse para Castilla , e fallaron al Rey don Alfonso en Valladolid: e quando fueron cerca, embiaronle mandado en como venian: e como tenia por bien que fiziessen, e el Rey embióles dezir, que non entrassen fasta otra dia que él saliesse a ellos. E otro dia el Rey cavalgó con grand gente: e eran hy los Infantes de Carrion, Diego Gonzalez, e Fernan Gonçalez, fijos del Conde don Gonçalo. E fué a recebir los mejores e los mas honrados mensageros que el Cid tenia: e fallólos ya cerca de la villa : e don Alvar Fañez e Pero Bermudez venian mucho honradamente en esta guisa. Los trezientos cavallos venian delante, sus espadas colgadas de los arçones, e a cada uno dellos levava un donzel por la rienda: e empos dellos venian los pages de todos los cavalleros, las lanças en las manos: e luego don Alvar Fañez e Pero Bermudez con sus compañas: e empos ellos ciento pares de armas enfiestas. E los cavallos passando, el Rey estavalos mirando : e tanto que llegaron don Alvar Fañez e Pero Bermudez, besaronle las manos por el Cid, e dixeronle: „Señor, el Cid se encomienda en la vuestra merced, como de señor natural: e vos'tiene en merced quanto bien e quanta honra mandastes facer a doña Ximena Gomez su muger, e a sus sijas. E, señor, despues que yo me parti de vos, venció el Cid una grand fazienda, que ovo con Moros, de que era caudillo el Rey Juñez de Marruecos, lijo del Miramamolin: que lo ovo cercado en la cibdad de Valencia con cinquenta mil cavalleros. E el Cid salió a ellos, e venciólo en campo, e de su quinto embiavos, señor, estos trezientos cavallos. E el Rey fué mucho alegre por la buena anďança del Cid, e por el presente que era muy noble, e assi començó a dezir, e que gelo gradescia mucho: e que nunca ome en España viera tan noble presente que embiava vassallo a señor. E estonce dixo don Alvar Fañez: „Señor, aun vos embia una tienda la mas noble que nunca ome vido, que ovo desta batalla.“ E el Rey mandóla luego armar, e descendió, e entró en ella con toda su gente: e desque la vieron, dixeron, que nunca tan noble tienda vieran: e el Rey fue muy pagado della , e dixo: que nunca tan noble tienda viera; e cavalgó, e fueronse tornando fazia la villa, loando mucho el Rey al Cid, e a todos los suyos: e gradesciendole mucho el presente que le embiara. E mandó dar mucho buenas posadas a don Alvar Fañez, e a Pero Bermudez, e tanto quanto ovieron menester a ellos e a sus compañas.

CAP. CCXXIII. Dize la historia, que los Infantes de Carrion, quando vieron que la honra del Cid crescia cada dia en ser rico e poderoso, como vencia cada dia a Christianos e a Moros, quantos con él havian guerra, e como era señor de Valencia: e desque esto ovieron pensado, ovieron su consejo, que si el Cid les quisiesse dar sus fijas, que serian bien casados con ellas; e que por esta razon serian ellos ricos e honrados. E acordaron que lo fablassen con el Rey en poridad. E luego fueronse para él, e dixeronle: „Señor, pedimosvos por merced, que nos ayudedes, e será vuestra honra, ca vuestros vassallos somos: e quanto mas ricos fueremos, mejor vos poderemos servir.“ E el Rey preguntóles, que qué era lo que querian ? E ellos contaronle todo su fecho, e el Rey començó de cuydar, e tornó contra ellos, e dixo: „Este pleyto en el Cid es, e non es en mi: mas empero por vos ayudar, embiaremosgelo dezir.“ Eestonce los Infantes besaron las manos al Rey por la ayuda que les prometia. Estonce el Rey embió por don Alvar Fañez, e por Pero Bermudez, e salió con ellos a parte, e començó de loar al Cid, e de le gradescer como lo amava servir, e dixo en como lo havia grand sabor de ver; „e dezidlle: que le ruego que venga a vistas comigo a Requena, que quiero fablar con él en su bien e en su honra: los Infantes de Carrion me dixeron, que casarian con sus fijas, si él quisiesse, e a mí pareceria que serian bien casadas con ellos. Quando esto oyeron don Alvar Fañez e Pero Bermudez, respondieron al Rey: „Señor, cier

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