Íntimo desorden

Portada
Fundación Jorge Guillén, 8 sep. 2005 - 58 páginas

 Los versos que fluyen por este poemario evocan situaciones en las que la intimidad y la soledad funcionan como un hilo conductor a través de paseos, trabajo, lecturas y ensoñaciones, actos a menudo asociados al mundo cromático del gris que ahonda en la rutina: “No hay placidez en mi camino / la única presencia la mía / el único color el gris”, mientras que los ocres y azules magnifican un paisaje casi siempre otoñal: “quiero el ocre y el azul / el sol y el trigo”. Desde la primera página nos encontramos con el espíritu que atraviesa toda la obra: la dedicatoria a los koalas pretende ser la metáfora de un tipo de personas, únicas, de una pieza, que se encuentran en extinción, pero deciden agarrarse a la vida y permanecer como koalas sujetos a una rama, con su intimidad y su tiempo lento.


El poemario podría leerse como un diario sin fechas, pero que, por lo demás, respondería a las características esenciales de ese tipo de escritura, en la que la intimidad es protagonista indiscutible del desorden de la vida diaria: “vuelvo a llenar los vasos / de todas formas la cena se ha quedado fría”, con los objetos cotidianos, esos que vemos constantemente pero que un día se convierten en objeto de reflexión: “mi pecera / colgada sobre la noche”, con las aficiones: “Vengo de dar un paseo por el sol / de mirar con avaricia la vida ajena”, o los gustos personales: “no me gusta llevar ropas ceñidas / ni pintarme las canas o la cara… llevo gorras de colores / jerseys muy grandes”. 
 

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Índice

cada mañana
7
qué será de este otoño
20
vuelvo a llenar
31
había flores frescas
37
tienes para vivir
43
detrás de algunas
49
Página de créditos

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