La Celestina: tragicomedia de Calisto y Melibea

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Editorial "Saturnino Calleja", 1876 - 326 páginas
 

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Página 29 - Comienzo por los cabellos. ¿Ves tú las madejas del oro delgado que hilan en Arabia? Más lindos son y no resplandecen menos. Su longura hasta el postrero asiento de sus pies; después crinados y atados con la delgada cuerda, como ella se los pone, no ha más menester para convertir los hombres en piedras.
Página 18 - Elicia, me debría guardar de peligros. Pero si se mata sin otro testigo, yo quedo obligado a dar cuenta de su vida. Quiero entrar; mas puesto que entre no quiere consolación ni consejo.
Página 317 - Yo pensaba en mi más tierna edad que eras y eran tus hechos regidos por alguna orden; agora, visto el pro y la contra de tus bienandanzas, me pareces un laberinto de errores, un desierto espantable, una morada de fieras, juego de hombres que andan en corro, laguna llena de cieno, región llena de espinas, monte alto, campo pedregoso, prado lleno de serpientes, huerto florido y sin fruto, fuente de cuidados, rio de lágrimas, mar de miserias, trabajo sin provecho, dulce ponzoña, vana esperanza,...
Página 199 - CELESTINA —Es un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce amargura, una delectable dolencia, un alegre tormento, una dulce y fiera herida, una blanda muerte.
Página 93 - ¿Mías, señora? Antes ajenas, como tengo dicho ; que las mías de mi puerta adentro me las paso, sin que las sienta la tierra, comiendo cuando puedo, bebiendo cuando lo tengo, que con mi pobreza jamás me faltó...
Página 87 - CELESTINA. — ¿Tal, señora? Tal sea mi vida y mi vejez y la de quien parte quisiere de mi jura. Delgado como el pelo de la cabeza, igual, recio como cuerdas de vihuela, blanco como el copo de la nieve, hilado todo por estos pulgares, aspado y aderezado.
Página 66 - Señor, porque perderse el otro día el neblí fue causa de tu entrada en la huerta de Melibea a le buscar...
Página 19 - Y aún, si delante me tiene, más conmigo se encenderá, que el sol más arde donde puede reverberar. La vista a quien objeto no se antepone, cansa; y cuando aquél es cerca, agúzase.
Página 90 - CELESTINA. — Tan presto, señora, se va el cordero como el carnero. Ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan mozo que hoy no pudiese morir.
Página 42 - Venían a ella muchos hombres y mujeres; y a unos demandaba el pan do mordían, a otros de su ropa, a otros de sus cabellos; a otros pintaba en la palma letras con azafrán, a otros con bermellón; a otros daba unos corazones de cera llenos de agujas quebradas, y otras cosas en barro y en plomo hechas, muy espantables al ver. Pintaba figuras, decía palabras en tierra.

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