Romancero de romances caballerescos e históricos anteriores al siglo XVIII: (XLII, 224 p.)

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Agustín Durán
Imp. de Eusebio Aguado, 1832 - 247 páginas
 

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Página xlii - La jarcia de un cendal, Marinero que la manda Diciendo viene un cantar Que la mar ponía en calma, Los vientos hace amainar, Los peces que andan al hondo Arriba los hace andar, Las aves que andan volando...
Página 189 - Ayer era rey de España, hoy no lo soy de una villa; ayer villas y castillos, hoy ninguno poseía; ayer tenía criados, hoy ninguno me servía, hoy no tengo una almena que pueda decir que es mía.
Página 130 - Oh Belerma ! ¡ oh Belerma ! Por mi mal fuiste engendrada, Que siete años te serví Sin de tí alcanzar nada. Agora que me querías Muero yo en esta batalla: No me pesa de mi muerte Aunque temprano me llama, Mas pésame que de verte Y de servirte dejaba. ¡ Oh mi primo Montesinos...
Página 137 - Alda adormido se ha: ensoñado había un sueño, un sueño de gran pesar. Recordó despavorida y con un pavor muy grande, los gritos daba tan grandes que se oían en la ciudad. Allí hablaron sus doncellas, bien oiréis lo que dirán: —"¿Qué es aquesto, mi señora, quién es el que os hizo [mal?
Página 137 - Allí habló su camarera, Bien oiréis lo que dirá: — Aquese sueño, señora, Bien os lo entiendo soltar: El azor es vuestro esposo Que viene de allende el mar, El águila sedes vos, Con la cual ha de casar, Y aquel monte es la iglesia Donde os han de velar. — Si así es, mi camarera, Bien te lo entiendo pagar.
Página 138 - Marlotes con gran enojo en cárceles lo manda echar con esposas a las manos, porque pierda el pelear; el agua fasta la cinta porque pierda el cabalgar; siete quintales de fierro desde el hombro al calcañar. en tres fiestas que hay en el año le mandaba justiciar; la una Pascua de Mayo, la otra por Navidad, la otra Pascua de Flores, esa fiesta general.
Página 10 - ... olvidar la memoria de su amiga, que murió sin la gozar. Va buscar las tierras solas para en ellas habitar. En una montaña espesa no cercana de lugar, hizo casa de tristura, que...
Página 136 - En París está doña Alda, la esposa de don Roldan, trescientas damas con ella para la acompañar; todas visten un vestido, todas calzan un calzar, todas comen a una mesa, todas comían de un pan, si no era doña Alda, que era la mayoral.
Página 192 - Despertó muy congojado con aquella voz que oía; con cara triste y penosa d'esta suerte respondía: —"Mercedes a ti, Fortuna, d'esta tu mensajería.
Página 67 - No me pesa de mi muerte porque es cosa natural, pésame de la criatura, porque es hijo de buen padre...

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