Imágenes de página
PDF
ePub

Justo prontamente.

¡Hijo mío!

TORCUATO.

Yo estoy fatigado , y el peso de los grillos no me deja llegar á vuestras plantas... Mi hora se acerca... Dignaos de bendecir por la última vez á este hijo desgraciado.

Justo acercándose y tomando su mano.

¡ Hijo mio! Tus angustias se acabarán muy luego, y tú irás á descansar para siempre en el seno del Criador. A.I1Í hallarás un padre que sabrá recompensar tus virtudes.

TORCUATO.

Sí, venerado padre: voy á ofrecerle mi espíritu , y á interceder en su presencia por los dulces objetos de que me separa su justicia... ¡Padre mio! Vuestro corazon y el de Laura, llenos de pureza y rectitud, tendrán todo su valor ante el Omnipotente. Ah! qué consuelo! Esperar en el seno de la eternidad la compañía de dos almas tan puras!

JUSTO.

Tú has cumplido, hijo mio , con todos tus deberes, y puedes creerte dichoso, pues vas á recibir el galardon. Ah! nosotros, infelices, que quedamos sumidos en un abismo de afliccion y miseria , mientras tu espíritu sobre las alas de la inmortalidad va á penetrar las mansiones eternas, y á esconderse en el seno del mismo Dios qí.e le ha criado! Procura imprimir en tu alma estas dulces ideas, que ellas te harán superior á las angustias de la muerte. (A este tiempo se oye el reloj que da las once: Torcuato se estremece; fasto, horrorizado se aparta de él, volviendo el rostro A otro lado, é inmediatamente entra el Escribano.J

ESCENA SEGUNDA.

ESCRIBANO, i.os Dichos, Escribano desde la puerta, y con voz tímida.

Señor... la hora ha dado ya.

TORCUATO asustado.

¡Oh Dios!... Esta es la última de mj vida... ¿Con qué no hay

remedio? (Resignado despues de alguna pausa.) Vamos

pues á morir.

Justo con estrema inquietud , paseando por el frente de la escena.

Este Don Anselmo... Don Anselmo!.. Gran Dios ! ¿Así abandonais al inocente?.... (Hace .teña al Escribano, que se habrá mantenido á la puerta.)

ESCENA TERCERA.

LOS DICHOS.

El Escribano sin salir hace una seña desde la puerta , v á ella entran sucesivamente el Alcaide, la tropa y los ministros de justicia. El Alcaide despoja á Torcuato de sus prisiones , los soldados con bayoneta calada le rodean por todos lados, y la gente de justicia se coloca parte al frente y parte cerrando la comitiva. El Escribano precede á todos. En e3te orden irán saliendo con mucha pausa , y entretanto sonará á lo lejos música militar lúgubre. Justo se mantiene inmoble en un estremo del teatro con toda la serenidad que pueda aparentar, pero sin volver el rostro hacia el interior de la escena.

Torcuato mientras le quitan las prisiones.

Querido padre , yo os recomiendo á la inocente Laura: sustituidla el lugar de este hijo que vais á perder.

JUSTO.

Hijo mío: ella será mi único consuelo en las angustias que me aguardan.

Torcuato empezando d salir.

Padre! A. Dios, querido padre. (Justo no le puede responder por el esceso de su dolor: se arroja en una silla, luego se reclina sobre la mesa, cubriendo su rostro con las manos, y entre' tanto acaba de salir todo el acompañamiento.) Justo levantando las manos al cielo.

Este Don Anselmo í ...

TORCUAToyiitfrti de la escena.

\ A. Dios, querido padre!

(Justo al oirle se vuelve á cubrir el rostro, y reclinado como antes, guarda silencio por un rato).

ESCENA CUARTA.

JUSTO, CON VOZ INTERRUMPIDA.

¡Hijo infeliz !... Yo soy quien te priva de tu inocente vida... Loque hice para salvarte ha sido tan poco... 1Qué idea tan horrible ! Pero no hay remedio... Bien presto la ftinebre campana me avisará de su muerte... (Levantándose asustado.} Ya parece que suena en mis oidos. ¡Santo Dios! (Paseándose por la escena con suma inquietud.) No hallo sosiego en parte alguna. ¡Hijo desdichado! ¿Es posible?... Conqué tu inocencia, tus virtudes , los ruegos de un amigo, los tiernos suspiros de una esposa, las lágrimas de un padre , y el sentimiento universal dela naturaleza, nada pudo librarte de la muerte? De una muerte tan acerba, y tan ignominiosa?... ¡Buen Dios! ¿Por qué no le socorres?... ( Asustado. ) Pero qué ruido se oye? Si estará ya espirando?

ESCENA QUINTA.

SIMON , LAURA , JUSTO.

i«u«i, «i /.i en la eterna corriendo, desgreñada y Ibraia, y tu ¡t»die deteniéndola.

v , detde el fondo.

Señor, señor, no puedo detenerla. Un solo instante que nos descuidamos...

Lauba, mirando á todaa partes.

No, no: todos me engañan. Crueles! ¿porque me quitais á mi esposo? Dónde está? Qué, no parece? Se le han llevado ya? ¡Verdugos! Crueles verdugos de mi inocente esposo! ¿Estaréis ya contentos?... No: él no ha muerto aun , pues yo respiro. Dejadme, dejadme que vaya á acompañarle; que la sangrienta espada corte á un mismo tiempo nuestros cuellos... ¡Querido espoto! Ah! Tú lucharás tambien con tus verdugos por venir á unirle con tu Laura. ¿Por qué no quieren que espiremos juntos?

Justo, procurando templara Laura.

Bija...

Laura, mirándole con horror.

Yo no soy vuestra hija , cruel ! yo no soy vuestra hija. Vos me habeis quitado mi esposo: sí, vos me le habeis quitado. Y no o.s disculpeis con las leyes , con esas leyes bárbaras r crueles, que solo tienen fuerza contra los desvalidos.

JUSTO.

¡Qué alma podrá resistir á tantas aflicciones! (.Se oye á lo lejos una con/usa gritería,y casi al mismo tiempo el toque de campana que se acostumbra en semejantes casos.) ¡ Pero qué

oigo'. Qué rumor! Oh santo Dios! Recibe su espíritu. {Se

vuelve d arrojar en la silla, tomando la misma situacion en que antes estuvo. Laura corre como furiosa; su padre manifiesta tambien mucho dolor,y la sigue sin hablar).

LAURA.

¿ Qué , ya espiró? No , uo puede ser... Mi esposo... ¡ Oh triste, oh desdichado esposo!... tú sangre corre ya derramada... Ah! voy á detenerla. {Hace un esfuerzo por salir de la escena, y cae al suelo oprimida del dolor).

SIMON.

¡ Hija mia ! Hija de mi vida!... Ah! que no respira. ( Aquí se hace una larga pausa , y durante ella continua el sonido de la campana.)

JUSTO.

Este melancólico silencio llena mi alma de luto y de pavor. ¡ Eterno Dios! Tií has recibido ya su espíritu en la morada de los Justos!

SIMON.

Hija mia... ¡ Oh padre desdichado!

LAURA, volviendo Cn SÍ.

¿Con qué ya no hay remedio ? Con qué el golpe fatal?... No: yo no puedo vivir. ¡Querido esposo! Ah, bárbaros ! Ah, crueles verdugos!

JUSTO.

Buen Dios, pues nos envías esta tribulacion , conforta nuestras almas para sufrirla.

SIMOIt.

¡Hija mia! Querida Laura !...

Laura, levantándose conjurar.

¿Y el justo cielo no vengará la sangre del inocente? ¡Oh Dios! atiende á mi ruego, y haz que pere7.can los verdugos que le han asesinado; que la triste sombra de mi inocente esposo llene sus corazones de susto y de zozobra; que los gritos, los atroces lamentos de su viuda infeliz resuenen siempre en sus almas impías; que sean eterno objeto de tu terrible cólera. (Vuelve á caer en los brazos de su padre como antes.)

SIMON.

Hija... El dolor la tiene sin sentido. Hija mia...

JUSTO.

Ah ! su dolor es muy justo! Desventurada 1 ¿Pero qué nuevo rumor ? que habrá sucedido?

(El Alcnyde, el Escribano , Eugenio f algunos otros domésticos salen apresurados á la escena, diciendo iodos é una voz.)

ESCENA SEXTA.

I.OS DICHOS.

Albricias, albricias.

Simon.

¿ Pues qué? qué hay?

ESCRIBANO.

Albricias: el Rey le ha perdonado.

JUSTO Y SIMON.

Oh Dios!

Laura, corriendo hdcia el Escribano.

¿ Pues qué? Vive: vive todavía? Amigo...

ESCRIBANO, fatigado.

Si el señor Don Anselmo tarda un instante mas , todo se ha perdido; pero el cielo le trajo á tan buen tiempo... Sí, señores: vive aun , y está perdonado: este es su indulto. (Entrega un pliego á Justo.)

LAURA.

¿ Y dónde está ? Vamos á verle. (Simon la detiene).

Justo , abriendo el pliego besa la real fiama, la pone sobre la cabeza ,y se retira d leer, diciendo '.

Al fin, ¡ buen Dios: los clamores de un padre desdichado no han sido vanos eu tu adorable presencia.

Simon, al Escribano.

Pues vaya, hombre, cuéntenos lo que ha pasado, y saqueóos de dudas.

Escrirano , mientras lee Justo.

Yo no sé si podré, porque estoy tan alterado , tan gozoso...

« AnteriorContinuar »