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yor dificultad de este arte en reducir á práctica sus principios, tendrían la ventaja de promover á un mismo tiempo una y otra enseñanza. Entonces los teatros privados, en que la gente noble y acomodada, que compondría estas academias, presentase á la imitacion los mejores y mas dignos modelos , propagarían facilísimamente el gusto de la declamacion y el conocimiento de sus principios, descubriendo muchos talentos nacidos para ella, que están ahora del todo ignorados y per. didos.

No seria tampoco á mi juicio cuidado indigno del celo y la prevision del Gobierno el buscar maestros extranjeros, ó enviar jóvenes á viajar é instruirse fuera del reino, y establecer despues una escuela práctica para la educacion de nuestros comediantes; porque al fin si el teatro ha de ser lo que debe , esto es , una escuela de educacion para la gente rica y acomodada , ¿qué objeto merecería mas su desvelo, que el de perfeccionar los instrumentos y arcaduces que deben comunicarla y difundirla?

Esta enseñanza haria desaparecer de nuestra escena tantos defectos y malos resabios como hoy la oscurecen : el soplo y acento del apuntador, tan cansados como contrarios á la ilusion teatral; el tono vago é insignificante, los gritos y aullidos descompuestos, las violentas contorsiones y desplantes > Jos gestos y ademanes descompasados que son alternativamente la risa y el tormento de los espectadores; y finalmente aquella falta de estudio y de memoria, aquella perenne distraccion , aquel impudente descaro, aquellas miradas libres, aquellos meneos indecentes, aquellos énfasis maliciosos, aquella falta de propiedad , de decoro, de pudor, de policía, y de aire noble que se advierte en tantos de nuestros cómicos, que tanto alborota la gente desmandada y procaz, y tanto tedio causa á las personas cuerdas y bien criadas.

Algunos premios anuales destinados á recompensar los actores mas sobresalientes en talento , juicio y aplicacion ; algunas gratificaciones extraordinarias repartidas en casos de particular y sobresaliente desempeño; algunas distinciones de honor á que no serán insensibles , cuando pasando el teatro á ser lo que debe ser , dejen nuestros cómicos de ser lo que son; y en fin , alguna colocacion ó decente destino fuera del teatro,

dado á los mas eminentes, por recompensa de largos y buenos servicios hechos en él, acabarían de honrar y mejorar esta profesion , hoy tan atrasada y envilecida entre nosotros.

3." En la decoracion.

Aun no bastaría esta reforma: el cuidado de mejorar la decoracion y ornato de la escena merece y pide tambien la atencion del Gobierno. Si en nuestros corrales, en medio y á vista de la corte, apenas hemos llegado á conocer, no digo la ostentacion y la magnificencia , mas ni aun la decencia y la regularidad, ¿qué será de los demas teatros de España? Ciertamente que , á juzgar por ellos del estado de nuestras artes, se podria decir con justicia que estaban aun en su rudeza primitiva. Tales son la ruin , estrecha , é incómoda figura de-Ios coliseos; el gusto bárbaro y Ribercsco (96) de arquitectura y perspectiva en sus telones y bastidores; la impropiedad, pobreza y desaliño de lostrages;la vil materia , la mala y mezquina forma de los muebles y útiles; la pesadez y rudeza de las máquinas y tramoyas; y en una palabra , la indecencia y miseria de todo el aparato escénico. ¿Quién que compare con los grandes progresos que han hecho entre nosotros las bellas artes este miserable estado del ornato de nuestra escena, no inferirá el poco uso y mala aplicacion que sabemos hacer de nuestras mismas ventajas? El teatro es el domicilio propio de todas las artes: en él todo debe ser bello , elegante, noble, decoroso, y en cierto modo magnífico; no solo porque así lo piden los objetos que presenta á los ojos , sino tambien para dar empleo y fomento á las artes de lujo y comodidad, y propagar por su medio el buen gusto en toda la nacion.

4.' En la música y baile.

¿ Y qué dirémos de la música y el baile, dos objetos tan atrasados entre nosotros , y capaces de ser llevados al mayor punto de mejoramiento y esplendor? Qué otra cosa es en el dia nuestra música teatral , que un conjunto de insípidas é incoherentes imitaciones , sin originalidad, sin carácter, sin gusto, y aplicadas casual y arbitrariamente á una necia é incoherente poesía? Qué otra cosa nuestros bailes, que una miserable imitacion de las libres é indecentes danzas de la ínfima plebe? Otras naciones traen á danzar sobre las tablas los dioses y las ninfas, nosotros los manolos y verduleras. Sin embargo, la música y la danza no solo pueden formar el mejor ornamento de la escena, sino que son tambien su principal objeto; porque al fin entre los concurrentes al teatro, siempre habrá muchos de aquellos que solo tienen sentidos.

5." En la direccion y gobierno.

Para dirigir esta reforma es preciso encargarla á personas inteligentes. ¿Qué se podrá esperar de la escena abandonada á la impericia de los actores , á la codicia de los empresarios , ó á la ignorancia de los poetas y músicos de oficio? En tales manos todo se viciaría, todo iria de mal en peor. Blas si uno ó dos sujetos distinguidos de cada capital, dotados de instruccion y buen gusto, de prudencia y celo público, y escogidos no por favor, sino por tales dotes , se encargasen de este ramo de policía, y cuidasen continuamente de perfeccionarle, todo iria mejor de dia en dia. Donde hubiese academia dramática podría fiársele sin recelo este cuidado , y el de nombrar entre sus individuos los directores del teatro. Cuantos sirven en la escena deberán estar subordinados á estos caballeros directores : su voz ser decisiva para la disposicion , ornato y ejecucion de los espectáculos, y sus facultades amplias y sin límites para cuanto diga relacion á ellos. Semejante objeto que abraza una muchedumbre de menudos é impertinentes cuidados, seria demasiado embarazoso para los magistrados municipales, y bastaría por lo mismo que los directores procediesen de acuerdo con ellos; reservándoles siempre cuanto tocase al ejercicio de jurisdiccion contenciosa, y pidiese procedimiento formal, discusion , conocimiento di causa, ejecucion ó castigo. De este modo trabajarían unos y otros de consuno para conseguir el decoro y buen orden en esta general é importante diversion.

La intervencion de la justicia en ella se ha mirado siempre como indispensable, y á nadie dejará de parecerlo á vista de la inquietud, la gritería, la confusion y el desórden que suele reinar en nuestros teatros. ¿ Pero quién no ve que este desórden proviene de la calidad misma de los espectáculos? ¡Qué diferencia tan grande entre la atencion y quietud con que se oye la representacion de Athalía, ó la del Diablo Predicador! Qué diferencia entre los espectadores de los corrales de la Cruz y el Príncipe, y los del coliseo delos Caños, aun cuando sean unos mismos! El hombre se reviste fácilmente de los afectos que se le quieren inspirar, y de ordinario la disposicion de su ánimo no es otra cosa que el resultado de las sensaciones que producen en él los objetos que le cercan , combinado con su situacion y deseos momentáneos. Así que la forma bella y elegante del teatro, la magnificencia de la escena , la gravedad é interés del espectáculo, le inspirarán infaliblemente aquella compostura que exige la concurrencia á toda diversion pública donde pagando todos para lograr un buen rato, son perfectamente iguales los derechos y obligaciones de cada uno á la conservacion del buen órden.

Falta sin embargo una providencia para asegurar esta tranquilidad^ es bien estraño que no se haya tomado hasta ahora. No he visto jamás desórden en nuestros teatros que no proviniese de estar en pie los espectadores del patio. Prescindo de que esta circunstancia lleva al teatro , entre algunas personas honradas y decentes, otras muchas oscuras y baldías, atraidas allí por la baratura del precio. Pero fuera de esto, la sola incomodidad de estar en pie por espacio de tres horas, lo mas del tiempo de puntillas , pisoteado, empujado, y muchas veces llevado acá y acullá mal de su grado, basta y sobra para poner de mal humor al espectador mas sosegado. Y en semejante situacion , ¿quién podrá esperar de él moderacion y paciencia ? (97) Entonces es cuando del monton de la chusma sale el grito del insolente mosquetero, las palmadas favorables ó adversas de los chisperos y apasionados, los silbos y el murmullo general que desconciertan al infeliz representante, y apuran el sufrimiento del mas moderado y paciente espectador. Siéntense todos, y la confusion cesará ; cada uno será conocido , y tendrá á sus lados , frente y espalda cuatro testigos que le observen, y que sean interesados en que guarde silencia y circunspeccion. Con esto desaparecerá tambien la vergonzosa diferencia que la situacion establece entre los espectadores: todos estarán sentados, todos á gusto , todos de buen humor; no habrá pues que temer el menor desórden.

Arbitrios para costear esta reforma.

Una reforma tan radical y completa pide sin duda grandes fondos, mas yo creo que el teatro los producirá. Cuando se inviertan en él todos sus rendimientos , el mas pequeño y pobre podrá ser tan decente y bien servido, como convenga á las circunstancias del pueblo en que se hallare. ¿En qué consiste pues la pobreza de nuestros mejores teatros? Quién no lo vé? En haberse hecho de ellos un objeto de contribucion. ¿Qué relacion hay entre los hospitales de Madrid , los frailes de San Juan de Dios, los niños desamparados, la secretaría del corregimiento , y los tres coliseos? Sin embargo he aquí los partícipes de una buena porcion de sus productos. Otro tanto sucede en los que existen fuera de la corte, y sucedía en los que no existen ya. La consecuencia es que los actores sean mal pagados , la decoracion ridicula y mal servida , el vestuario impropio é indecente, el alumbrado escaso, la música miserable y el baile pésimo ó nada. De aquí que los poetas, los artistas los compositores que trabajan para la escena sean ruinmente recompensados, y por lo mismo que solamente se vean en ella las heces del ingenio. De aquí filialmente la mayor parte de la indecencia y lastimoso atraso de nuestros espectáculos. ¿ Qué no se podría hacer con los abundantes productos de los corrales de Madrid, distribuidos con discernimiento y buen gusto? A qué punto de magnificencia no podrían elevare! aparato escénico? Y aun así, ¡cuánto quedaría distante de la que buscaban los antiguos en sus espectáculos! En cien millones desexterciosse calculó la pérdida causada por el incendio de un teatro provisional, que Emilio Scauro hizo erigir en Roma para celebrar la entrada de su magistratura. Y en el glorioso tiempo de Atenas , la representacion de tres tragedias de Sófocles costó á la república mas que la guerra del Peloponeso. No pedimos tanto: lloraríamos ciertamente al ver consumida en tan locos excesos de profusion la renta pública formada con el sudor del pueblo; pero deseamos á lo menos que los productos del teatro se inviertan en su mejora , y que lo que contribuye la ociosa opulencia, sirva para entretenerla y divertirla.

La reforma de la escena aumentará por otras razones los

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