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tragedias de Fernan Perez de Oliva, prueban que el buen gusto dramático rayó muy temprano entre nosotros. Es bien sabido que la primera fué escrita en el siglo xv, aunque continuada y acabada mucho despues, y que Bartolomé de Torres Naharro publicó su Propaladia en Roma bajo de Leon X, protector de toda buena literatura. Acaso allí escribió tambien su Agamenon y su Hécuba el maestro Oliva , que estuvo así mismo en la familia y en el favor de aquel Mecenas. Mas aunque las comedias de Naharro fueron representadas con mucho aplauso en Nápoles, donde pudieron verlas y admirarlas tantos ilustres españoles como llevaba entonces la guerra por aquellas partes, no sabemos que ni ellas, ni la Celestina, ni las tragedias de Oliva hubiesen subido jamás á nuestras tablas; y la imperfeccion en que permaneció nuestra escena por mucho tiempo, hace creer que no era capaz todavía de tanta cultura y artificio.

Sea como fuere, los testimonios que acreditan su establecimiento á los fines del siglo xv, parecen claros y positivos. Agustín de Rojas dice expresamente en su Viaje entretenido: que los Reyes Católicos, conquistada Granada , fundaron la comedia y la inquisicion. Y en otro lugar , que la comedia empezaba en España , cuando Colon descubría las Indias, y Córdoba conquistaba el reino de Ñápoles. En efecto, por el mismo autor y por otras memorias consta que Juan de la Encina , que en la boda de los mismos reyes habia compuesto y representa, do una muy ingeniosa pastoral, compuso despues tres églogas ó dramas pastorales, y los representó al almirante de Castilla y á la duquesa del Infantado; que en 1526 tenia ya el hospital de Valencia coliseo y casa de comedias de su propiedad; que en 1534 se publicó la pragmática de trajes contenida en la ley 1, tít. 12, lib. 7 de la Nueva Recopilacion; comprendiendo expresamente á los comediantes de ambos sexos , músicos y demas personas que asistían en el teatro á cantar y tañer: que en 1548 se representó en Valladolid al Príncipe Don Felipe una comedia del Ariosto con muy lucidas decoraciones , de que da noticia Calvete de Estella en el Viaje de aquel Príncipe; y fi nalmente, que el célebre Antonio Perez habia visto tambien muchas representaciones anteriores á las de Lope de Rueda, segun se colige de una de sus cartas escrita en Paris.

Con todo, pop mas decisivos que sean estos hechos para probar la continuacion de nuestra escena desde el reinado de Don Fernando y Doña Isabel , hasta el de Felipe II, no bastan para privará aquel célebre comediante de la gloria que le da Miguel de Cervantes. No dice este que Rueda hubiese fundado la comedia, ni de esto se trataba en la conversacion que refiere. Tratábase solo de quién fuese el primero que en España la había sacado de mantillas, puesto en toldo y vestido de gala y apariencia; y esto es en lo que al parecer da Cervantes la primacía á Lope de Rueda. El lugar de la fama de este autor fué sin duda Madrid, porque Antonio Perez dice en otra de sus cartas , que este comediante era el embeleso de la corte de Felipe II, y la época de su gloria coincide tambien con la entrada del mismo reinado, pues que Cervantes le vió representar siendo muchacho , y precisamente tendría entonces de nueve á diez años, habiendo nacido en 1574.

Ahora bien; analizando las comedias que se conservan de Rueda , y lo que refieren de él y de ellas el mismo Cervantes y Agustín de Rojas, es sin duda que las dejó todavía en mucho atraso. ¿ Quién se atreverá á compararlas ni en invencion , ni en disposicion, ni en regularidad con las de Naharro? No se podrá por tanto establecer una distincion entre los talentos del poeta y del representante? Y suponiendo que las composiciones de Rueda fuesen las mejores que salieron á la escena , ¿ no se podrá fijar su mérito en la verdad , en el chiste y en la gracia de sus representaciones? Y qué otro se puede á vista del sencillo y grosero aparato de s»i escena, cual es descrita por Cervantes?

Así es que los demas accidentes que la fueron ennobleciendo se atribuyen á otros autores. Segun Rojas, Berrio introdujo en ella moros y cristianos: Juan de la Cueva, Reyes y Príncipes: Rey de Artieda, encantos y tramoyas ; y Per Jodar, santos , apariciones y milagros. El mismo Cervantes, el comendador Vega, Juany Francisco de la Cueva y Loyola ennoblecieron el estilo , y Lope de Vega, que habia admirado las máquinas, las decoraciones', y la música de los teatros de Italia , y cuyo ingenio jamás pudo sufrir la sujecion de los preceptos , llevó por fin la comedia á aquel punto de artificio y gala , en que la ignorancia vió la suma de su perfeccion , y la sana crítica las semillas de la depravacion , y la ruina de nuestra escena.

No era por cierto la de Madrid la única en que brillaban los ingenios de aquel tiempo. Sevilla, Valencia , Zaragoza, y otras ciudades, tenian tambien teatros y representaciones, en nada inferiores á las de Madrid, que apenas elevada á corte permanente , no podia competir en grandeza con tan ricas y populosas ciudades. Pero cuando Felipe III hubo restituido allí el asiento de su trono , que por corto tiempo trasladara á Valladolid ; cuando toda la nobleza de su séquito se avecindó á su lado ; cuando la ambicion , las artes y el ingenio, buscando su alimento se colocaron en derredor; entonces la escena se fijó allí permanentemente , y su policía fué arreglada y mejorada segun las ideas del tiempo. Con todo, la preferente inclinacion del Monarca á la diversion de la danza, y su cuidado en aumentar la pompa de otros espectáculos mas populares y devotos , retardaron todavía sus progresos y el momento destinado á su gloria.

Llegó por fin en el reinado de su hijo Felipe IV, llamado por los poetas el Grande, príncipe jóven, dado á la galantería, á los placeres y á las musas , que alguna vez se ocupó en hacer comedias y en representarlas , y que las protegió acaso mas apasionadamente de lo que conviniera. Todo se mejoró bajo sus auspicios; y el magnífico teatro que hizo levantar en el Buen Retiro , abrió una escena muy gloriosa á los talentos y á las gracias de aquel tiempo (90). Dirigido por dos hombres insignes, primero el marqués de Eliche , y luego aquel gran protector de las bellas artes el almirante de Castilla, no hubo alguna que no llevase sus dones á este ejemplo de la ilusion y del placer. La música, reducida primero á la guitarra , y al canto de algunas jácaras entonadas por ciegos , admitió ya el artificio de la armonía , cantándose á tres y á cuatro, y el encanto de la modulacion aplicada á la representacion de algunos dramas, que del lugar en que mas frecuentemente se oian tomaron el nombre de zarzuelas. La danza añadió con sus movimientos medidos y locuaces nuevos estímulos á la ilusion y al gusto de los ojos. La pintura multiplicó los objetos de esta misma ilusion , dando formas significantes y graciosas á las máquinas y tramoyas inventadas por la mecánica , animándolo y vivificándolo lodo con la magia de sus colores. Y la poesía , ayudada de sus hermanas, desenvolvió sus fuerzas , desplegó sus alas, y vagando por todos los tiempos y regiones, no hubo en la historia ni en la fábula , en la naturaleza, ni en la política, acciones y acaecimientos, vicios ó virtudes, fortunas ó desgracias, que no se atreviese á imitar y presentar sobre la escena.

Entonces fué cuando lodos los ingenios se ciñeron para buscar en ella su interés ó su aplauso. Los empleos , la profesion y el estado no detenían á ninguno en esta senda de gloria; y animados todos por la proteccion y la recompensa, se vió hasta donde podía llegar aquella sazon el talento ayudado de la opinion y del poder. De innumerables dramas que se presentaron á esta competencia , oimos todavía algunos con gran deleite sobre nuestra escena ; pero los de Calderon y More lo, que ganaron entonces la primera reputacion, son hoy, á pesar de sus defectos, nuestra delicia, y probablemente lo serán mientras no desdeñemos la voz halagüeña de las Musas.

¿Quién creyera que habian de enmudecer casi del todo en el siguiente reinado? Pero la menor edad de Cárlos II fué demasiado agitada, triste, supersticiosa, para que pudiese prestar su oido á tan dulces acentos. Se puede decir que en ella la Talía española habia pasado los Pirineos para inspirar al gran Moliere, pues entretanto que Paris admiraba sus divinos dramas, sabemos por testimonio de Candamo, el mas distinguido y menos mal premiado ingenio de aquel tiempo, que á duras penas se formaron en Madrid tres compañías para celebrar las bodas del Monarca; de aquel Monarca tan enfermizo de espíritu como de cuerpo , y que hecho por la educacion mas pusilánime, estuvo siempre de parte del bien sin poderle hacer jamás, y amó siempre el teatro sin atreverse á protegerle ni disfrutarle. Pero sin tan buen testigo como Candamo, era fácil adivinar la parte que debió caber á los espectáculos públicos en el desaliento y decadencia general de aquella época.

La que sucedió despues, si muy gloriosa para las artes y las ciencias, no lo fué ciertamente para la escena española. Fuera de algunos bellos dramas con que la enriquecieron Zamora y Cañizares, continuó por largo tiempo en la misma oscuridad y abandono en que la dejara Cárlos II. Fuéle muy funesta la generosidad con que Fernando VI proteguió y llevó á la mayor pompa la escena italiana, que su padre habia acogido y dado á conocer entre nosotros. Bajo Cárlos III el Bueno ganó algo la música, y mucho la decoracion, rayando mas de una vez la esperanza de que se reformasen las demas partes de este esped. táculo. Aun hubo un dichoso instante en que pareció que nuestra escena caminaba ya al mayor esplendor; pero una suerte aciaga detuvo aquel impulso. Competencias, disgustos, persecuciones, tristes accidentes que quisiéramos borrar de nuestra memoria, volvieron á sepultarla en mayor abandono. Sucesivamente se fueron cerrando los teatros de las provincias ; y el espectáculo que las habia entretenido casi por el espacio de tres siglos, vino al fin á formar la diversion de tres solas capitales.

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Acaso estaba seservada la gloria de reformarle al augusto Cárlos IV. ¿Por qué no lo esperaremos así, cuando el gobierno vuelve su atencion á un objeto tan descuidado antes de ahora? Cuándo nos convida á tejer la historia de este importante ramo de policía pública, sin duda para ponerle en la mayor perfeccion ? La Academia no puede dejar de concurrir á tan justo y provechoso designio; pero antes de discurrir sobre este punto, examinaremos los dos principales obstáculos que han retardado tan deseada revolucion.

¿ En qué puede consistir el encono con que ciertas gentes, al parecer sabias y sensatas , se han empeñado en combatir el teatro desde sus primeros ensayos? No hablemos de las censuras canónicas , solo aplicables á la escena de las antiguas, ó á las torpes truhanadas de la media edad (01); hablemos solo de los ataques con que han combalido la escena moderna muchos de nuestros teólogos. Felipe II sobresaltado con sus clamores, hubo de recurrir á las universidades de Salamanca y Coimbra, sin cuya aprobacion hubiera acaso enmudecido la Talía castellana. En tiempo de su hijo solo se salvó de la proscripcion, al favor de los reglamentos de policía que reprimieron sus excesos. ¿Con qué vehemencia no declamó contra ellos el P. Mariana , cuando ya no salian mugeres á las tablas? Con qué calor no se encendieron de nuevo las disputas teológicas en los reinados de Felipe IV, de Cárlos II, y del presente siglo? E[ problema parece indeciso aun en nuestros dias, y mientras el

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