Imágenes de página
PDF
ePub

semblante, y no sé como una ausencia de tan pocos dias, y que por otra parte es voluntaria, te puede costar tanto desasosiego. ToRcUATo, se levanta mirando di todas partes. Ah! ¿cómo se lo diré? LAURA, asustada. ¿Pero, qué es esto, Torcuato?. Tú suspiras? Nada me respondes? (Levantándose). Querido esposo... ToRcUATo, con pasion. ¡Ah, Laura LAURA, con blandura. Querido amigo, ¿qué es esto? Tú desconfias de tu esposa ? ¿Puede haber en tu pecho alguna pena de que Laura no participe? Ah! yo he perdido tu confianza... Sí, tú me aborreces. TORCUATO, ¿Yo aborrecerte? Oh Dios! No, tierna esposa, no : jamás mi corazon te ha querido con mas ardor, ni con mayor ternura. LAURA, con inquietud. Pues bien, ¿qué es lo que te aflige ? ToRcUATo, con estremo dolor. El temor de perderte. LUARA, con sobresalto. ¿ De perderme ? ToRcUATo, como arriba. Sí, Laura mia , y de perderte para siempre. LAURA, asustada. ¡Oh , Dios! Qué oigo TOR (:UATO. Mi corazon, querida esposa, no siente sus tormentos. Es muy digno de los que sufre, y de los que le aguardan. Pero la afliccion que te preparo... ah! esto, esto es lo que me tiene sin sentido! LAURA, con resolucion. Ahora bien , Torcuato, el cielo por rumbos muy estraños me ha conducido hasta tu lecho. Mil veces me has oido que vivo contenta en este destino, y que en él he encontrado mi felicidad. Desde que un santo nudo unió nuestros corazones, nuestros gustos y nuestras penas deben ser comunes, y si yo fuese capaz de ocultarte alguno de mis cuidados, creeria faltará la fidelidad que te debo. Háblame claro: descúbreme tu alina; y líbrame de las angustias en que me tiene tú silencio. TORCUATO. Sí, Laura mia : voy á satisfacer ese justo deseo. Tu virtud y tu candor lo merecen ; y ojalá mi corazon les hubiese hecho en otro tiempo tanta justicia como ahora Pero ya no hay remedio... Preven el tuyo para el terrible golpe que va á descargar en él este bárbaro esposo... Ah! cuánto dolor me cuesta el afligirte ! LAURA, sobresaltada. Mi alma se estremece al escuchar te. TORCUATO. Ya ves con cuanto ardor se busca al matador de tu primer marido, y cuántas, y cuán vivas diligencias se practican por descubrirle. El brazo de la justicia está levantando contra su vida miserable; el Soberano ha empeñado su augusto nombre en esta pesquisa ; tu padre, y los parientes del muerto están se dientos de su sangre; y tal vez tú misma ofreces el deseo de su muerte á la buena memoria de tu primer amor: pues este delincuente, este hombre proscrito , desdichado, aborrecido de todos, y perseguido en todas partes... soy yo mismo. LAURA, cae sobre su silla. ¡Oh, cielo ! TORCUAT0. Sí, adorada Laura, yo soy ese objeto miserable de la ira del cielo y de los hombres; y sin embargo viviría tranquilo, si no mereciese serlo tambien de la tuya... Pero yo te he ofendido, y lo conozco. Ocultándote mi situacion , hice á tu alma inocente el mas atroz agravio, y esto solo me hace digno de los mayores suplicios. No : la muerte de tu esposo fué de mi parte un delito involuntario. El cielo es testigo de cuanto hice por evitarla. Pero misilencio... mi perfidia... haberte engañado... Ah En vano querrá perdonarme tu alma virtuosa; yo no puedo perdonarme á mí mismo. LAURA, con sumo abatimiento. Mujer desventurada, qué es lo que acabas de saber TorcUATo, con despecho. Pero, Laura, consuélate : yo voy á vengarte. No, mi perfidia atroz no quedará sin castigo. Voy á huir de tí para siempre y á esconder mi vida detestable en los horribles climas donde no llega la luz del sol; y donde reinan siempre el horror y la obscuridad. Y no creas que voy huyendo de la muerte. ¿Qué hay en ella de horrible para los desdichados ? Ah! lejos de tu vista, el dolor de haberte ofendido será para mi alma un suplicio mas duro y mas terrible que la muerte misma. LAURA, como arriba. Buen Dios, ¿porqué delito castigas á esta desdichada ? TORCUATO, i Triste esposa! Yo soy el único autor de tus desdichas... Soy un monstruo que está envenenando tu corazon y llenándole de amargura. (Aparte.) Ah! mi silencio !... A lo menos, si despues de perderla conservase su estimacion...

ESCENA SEXTA.

FELIPE, Los DICHos.

FELIPE, asustado. Señor, señor... TOR CUATC). Qué? qué quieres? - FELIPE, Acaban de traer preso al señor Don Anselmo á una de las torres de este alcázar. Yo estaba sobre el foso disponiendo las zagas, y le ví entrar. Tambien me vió su merced , y me dijo al paso: corre, Felipe, corre, dile á tu amo lo que pasa; que vaya sin cuidado; que no se detenga , y que me escriba desde Madrid. ToacUATo, con notable admiracion y susto. ¡Oh , Dios qué golpe tan terrible - FELIPE. Dicen los que le trajeron , que es quien mató al señor Mar. qués, y que Juanillo lo ha declarado. TORCUATO. Bien está: vete. (Se va Felipe.) , o

ESCENA SÉPTIMA.

TORCUATO Y LAURA.

ToRcUATo, resolviéndose despues de una gran pausa.

No; yo no sufriré que padezca un momento por mi causa.

El está inocente, y voy á socorrerle.
LAURA, deteniéndole.
¡ A socorrerle ! ¿Y podrás hacerlo sin esponer tu vida?
TORCUAT.O.

Pero, Laura, ¿cómo he de sufrir que padezca mi amigo por mi culpa ? Le veré arrestado, deshonrado, y tenido por delincuente, sin correr á ayudarle, siendo el único autor de su calamidad ? No, no: voy á delatarme, á librar su preciosa vida, y á morir; pues solo soy digno de este infortunio.

LA URA.

¿Y las lágrimas de tu esposa, hombre cruel, no podrán reprimir tus ímpetus violentos ? Quieres esponer mi triste vida á nuevos desconsuelos ? Sosiégate, desdichado, y ten compasion de esta infeliz. Don Anselmo está inocente; el cielo velará sobre su vida, y nos dará medios de conservársela. Salva ahora la tuya, pues nos importa tanto. Huye, huye al instante de este funesto clima, donde te persigue el infortunio, y deja á nuestro cuidado la libertad de tu amigo.

TUR CUATO.

No, querida Laura, no puedo obedecerte. Las cosas han tomado otro semblante, y ya no puedo separarme de aquí sin hacer traicion al mas honrado y digno amigo. Anselmo está preso por mi causa. Conozco su corazon: es incapaz de descubrirme; y antes correrá mil veces á la muerte, que contribuya á la desgracia de un amigo. Yo no espondré temerariamente mi vida: no, Laura mia, tuí me la haces amable; pero tampoco puedo abandonarle. Voy á enterarme de todo, á poner en salvo su vida y su reputacion, y en fin, si no pudiere conseguirlo, á tomar el partido que me dicten el honor y la amistad.

ESCENA OCTAVA.
LAURA., sENTADA, Y MUY AFLIGIDA.

Yo no sé donde estoy... El cielo sin duda se complace en llenar mi corazon de susto y desconsuelo... Desventurada Aun no ha dos horas que gozaba de la dicha mas pura, y ahora rodeada de aflicciones, me veo espuesta á perder lo que idolatro. ¡Cruel esposo Tu silencio... ¿Era indigno mi corazon de tu confianza? Ah! si conocieras la ternura con que te ama !... Pero yo soy injusta: tú me amabas tambien; temias perderme, y un esceso de armor te hizo conmigo delincuente... ¿Y sufriré que tu vida en tan urgente riesgo se vea ?.... (Levantandose.) No : corro á defenderte ... ( Deteniéndose.) ¿Y á quién acudiré con mis lágrimas?... Mi padre... Ah ¿podrá sufrir mi padre que interceda por el matador de mi esposo ? (Con resolucion.) Pero este mismo ¿no es mi esposo tambien ? Sí : ya reconozco mi primera obligacion. (Piendo á su padre.) Padre....

ESCENA NONA.
SlMON Y LA URA.

s Mon, desde la puerta.

¡Vaya , vaya , que la hemos hecho buena ! Laura, ¿no sabes lo que pasa? Jesus Jesus ! Estoy aturdido. El amigote de tu marido está en la torre , y dicen es quien mató al Marqués. ¿Quién lo creyera? ¡sobre que no se puede fiar de los hombres! Pero á fe que no le arriendo la ganancia. Ya, ya el amigo Don Justo le dirá cuantas son cinco. Que vaya , que vaya ahora á defenderle tu marido con sus filosofías. ¿Qué, no hay mas que andarse matando los hombres por frioleras, y luego disculparlos con opiniones galanas ? Todos estos modernos gritan : la razon, la humanidad , la naturaleza. Bueno andará el mundo cuando se haga caso de estas cosas. Pero Don Justo..

« AnteriorContinuar »