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escuelas generales los principios del dogma y la moral pública y privada , venid vosotros á estudiar la naturaleza : poned loa ojo» en este gran libro que la Providencia abrió ante todos los hombres, para que continuamente le ley osen : bascad en su inmenso volumen aquellas páginas que el dedo de la verdad ha seúalado: anmeotad este patrimonio , todavía pequeño , pero muy precioso; y este sea el fin de vuestras tareas, este el de vuestra ambicion y vuestra gloria.

So temo yo , amados compatriotas, que le menosprecieis. Dolados de una razon clara y penetrante, y de un espíritu capaz de remontarse á los altos principios de las ciencias, mi voz no se ocupará tanto en escitar vuestra aplicacion , como en recomendaros la modestia con que debeis entraren esta nueva senda de la sabiduría. No tanto en aguijaros para que corrais inconsideradamente por ella, cuanto en señalaros los riesgos y precipicios que están en su orilla , y las oscuras é intrincadas trochas en que podeis estraviaros. La verdad y la utilidad, que son objeto de este Instituto , lo serán hoy de mis exhortaciones. ¡Dichoso yo si el celo que me las dicta lograse inspiraros aquella sobriedad, aquella constancia, sin la cual no puede ser alcanzado objeto tan sublime!

Sin duda que el hombre nació para estudiar la naturaleza. A él solo fué dado un espíritu capaz de comprender su inmensidad, y penetrar sus leyes ; y él solo puede reconocer su órden, y sentir su belleza ; él solo entre todas las criaturas. ¿Hay otra por ventura capaz de abrasar este sistema de union y de armonía en que están enlazados todos los entes , desde los brillantes escuadrones de estrellas que vagan por el inmenso cielo , hasta el mas pequeño átomo de materia que duerme en el corazon de los montes? Hay otra que pueda columbrar en esta armonía , en este órden , en esta grandeza , la mano sapientisima del Criador; ó que absorta en la contemplacion de tantas maravillas, pueda subir hasta su trono , y entonarle ardientes himnos de gratitud y de alabanza? Ved aquí, amados compatriotas , señalada la vocacion; ved aquí indicado el objeto de vuestro estudio.

Pero estos dones preciosísimos, dados al hombre para conocer la naturaleza y poseerla , ¿serán convertidos por su orgullo en instrumentos de opresion y de ruina? A. la verdad que cu ellos se encierra , por decirlo así , el título de su soberanía. Pero si el hombre hubiese de ejercerla segun su albedrío,ósus pasiones, ¿ nacería tan débil y desnudo, tan tímido y desarmado como sale al mundo? Sin duda que entonces la Providencia le habria dotado de mas vigor y agilidad que á las otras criaturas, y dádole una Tuerza superior á la fuerza y poder de los elementos. Entonces no le hubiera cercado de tantos peligros, ni sujetado á tantas necesidades y miserias. Reconozcamos, pues , que no teniendo otra superioridad que la de nuestra razon, si por ella dominamos en la naturaleza, debemos tambien dominar segun ella.

Empecemos , pues , perfeccionando esta razon, cuya escelenqia no se cifra tanto en su vigor , cuanto en la facultad de adquirirle; no tanto en su perfeccion, cuanto en su perfectibilidad. Débil y tenebrosa mientras se abandona á su natural pereza , se fortifica y estiende en el ejercicio de sus facultades, hasta que remontada sobre la naturaleza, se lanza ála contemplacion de las verdades mas sublimes y mas distantes de ella.

Pero en este progreso la imaginacion suele engañarla, y las pasiones la estravian á cada paso. ¡ Qué de precauciones , qué de apoyos no necesita para seguir constantemente el único camino que guia á la verdad , y para no perderse en los infinitos senderos del error! Busquemos , pues, estos apoyos, y trate mos de perfeccionar nuestra razon antes de llamar á las puertas de la sabiduría.

Cultivemos primero el don de la palabra; cultivemos este admirable instrumento de perfeccion y comunicacion , dado al hombre solo para analizar y ordenar sus pensamientos , para sacarlos de los íntimos escondrijos de su alma, para imprimirlos en las de sus semejantes, para estenderlos por toda la tierra , y transmitirlos de generacion en generacion hasta la mas lejana posteridad. Por su medio se hacen comunes todos los bienes y todas las verdades. Ah ! ¿Por qué la ambicion , por qué las frenéticas pasiones , multiplicando este instrumento, le han inutilizado? Por qué han levantado en la diferencia de idiomas , nn muro de separacion mas insuperable al hombre que los montes y mares? Por qué han dividido'en pueblos y naciones, por qué han condenado á perpetua discordia , la gran familia del género humano? Pero cediendo á tan poderosa necesidad, tratemos de disminuirla. Estudiemos las lenguas delas naciones cultas: estudiemos por lo menos aquellas que atesoran las riquezas de la antigua y moderna sabiduría; y adquiriendo las que hablaron Newton y Priestley , Buffou y Lavoisier , traslademos á nuestra patria los grandes monumentos dela razon humana.

¿Y por ventura reputaréis indigno de su grandeza el arte del diseño? Si el lujo le esclavizó á los placeres de la imagina' cion,la sabiduría aplicándole al socorro de la razon y de nuestras necesidades , ennoblecerá su ministerio. Toda la naturaleza pertenece á su jurisdiccion. Capaz de imitarla, capaz por decirlo así, de mejorarla, de criarla de nuevo, servirá á las ciencias demostrativas como fiel depositario de sus verdades , y servirá á las ciencias naturales y á las artes útiles , como primera guia en sus operaciones. Sus signos hablan con todos los pueblos y á todos los hombres, y espresan las producciones de todos los climas y todos los tiempos. Cultivadle, pues, y los rasgos de vuestra mano presentarán un dia, así á los ojos del Malabar y el Samoyedo, como al sabio inglés y al industrioso chino , las ricas producciones de este suelo.

Ni os contenteis con estos auxilios. El ejercicio de vuestra razon necesita de mas firmes apoyos. Buscad el primero , el mas seguro de todos en aquellas ciencias , que solo dan culto á la verdad demostrada: ciencias que el hombre mismo inventó y llevó á la mayor altura. Ellas son el grande, el poderoso instrumento de la razon humana: son las precursoras de la verdad , y sus inseparables compañeras. Nada hay en su jurisdiccion de ambiguo ni dudoso. Nada que no sea cierto y demostrado. El sceplicismo se postra ante su imágen , y el error huye avergonzado de sus confines. Con estas alas vuela seguro nuestro espíritu desde los principios mas sencillos indicados por la naturaleza , hasta las verdades mas altas colocadas sobre sus inmensas regiones. Ningunas perfeccionan tanto nuestro ser, ningunas le ennoblecen mas. ¿Hay por ventura un objeto mas grande, mas digno de nuestra contemplacion , que ver el débil espíritu del hombre levantado por esas ciencias á tanta altura , pesando las inmensas aguas del Océano, averiguando el tamaño , la distancia y el movimiento de los planetas, midiendo su luz y sus espléndidos caminos, y sujetando á sus cálculos el infinito mismo?

Pero guardaos, amados compatriotas, de abusar de este precioso instrumento : guardaos de aplicarle á objetos que no sean dignos de su escelencia y nuestra vocacion. No olvidemos jamás que nos fué dado para mejorar nuestra existencia , y concurrir al bien del género humano; y que si somos llamados al estudio de la naturaleza, no es para satisfacer nuestro orgullo, sino para socorrer nuestra miseria. Qué , ¿no será en el hombre necia temeridad arrojarse á medir la inmensa estension de los cielos, sin conocer la tierra que habita y le alimenta?

Y ved aquí una ventaja de que ciertamente se puede gloriar nuestra edad. Sin duda que tendrémos pocos nombres que oponer á los claros nombres de Euclidesy Arquímedes: ellos fueron los maestros del mundo, y son todavía sus guias en el estudio de las verdades abstractas. Pero ¿qué fruto sacó de ellas la presuntuosa antigüedad? Levantada sobre la naturaleza, apenas se dignó de observarla, y mientras indagaba desvanecida las propiedades abstractas de los cuerpos yacía en la mas' grosera ignorancia de su esencia y destinos : como si tantos bienes derramados por la sobrehaz de la tierra fuesen indignos de su contemplacion, ó como si pudiese llamarse sabiduría la que no se consagra al bien y al consuelo de los mortales.

Concluyamos de aquí, que perfeccionando el órgano de nuestra comprension, debemos aplicarle al conocimiento de los entes que nos rodean : que no debemos contentarnos con averiguar las propiedades de los cuerpos como separadas, sino tambien como inseparables de ellos. Este es el carácter de aquellas ciencias que entre las exactas se llaman físicas: de aquellas que conduciendo el espíritu humano á la observacion y haciéndole bajar de las obscuras regiones en que andaba estraviado , le forzaron , por decirlo así, á seguir los lentos pasos de la esperiencia, y le introdujeron poco á poco en el alcázar de la naturaleza.

Con tan poderoso auxilio, ¿qué progresos no hicieron las ciencias naturales? Qué progresos tan portentosos, despues que el hombre unió la observacion al raciocinio, se sujetó á la esperiencia y al cálculo, y se acostumbró á caminar continuamente á su lado? Los antiguos filósofos cultivaron tambien estas ciencias; pero desconfiando de sus sentidos , se entregaron del todo á su razon, y la física no fué para ellos mas que una ciencia especulativa , eternamente ocupada en el estudio de las propiedades abstractas de la materia. El gran genio de Aristóteles , que tanto ennobleció el espíritu humano , acabó de tiranizarle; y su prodigiosa comprension , asombrando á los sabios, subyugó á su autoridad los sabios y la sabiduría. ¿Qué de siglos no corrieron en que su solo nombre establecía los dogmas de la física , como los de la dialéctica y ontología ? Y si Descártes y Newton , sacudiendo estas cadenas , no hubiesen sometido su doctrina al criterio de la esperiencia, ¿cuán lejos no vagaría todavía nuestra razon de los umbrales de la naturaleza?

Entremos por ellos, amados compatriotas, y sigamoslas huellas de estos ilustres genios, nacidos para conocerla y honrarla. Estudiemos como ellos la naturaleza, uniendo la esperiencia al raciocinio , y haciendo que la observacion sea perpetua compañera de entrambos. Pero guardémonos de seguir esta sola guía , de entregarnos ciegamente á ella. Si los antiguos filósofos, asustados de la falibilidad de sus sentidos, se fiaron solo de su razon, y privados del auxilio de la esperiencia, cayeron en la vanidad y el error, ¿ cuántos de los que ahora filosofan , desconfiados de su razon , pretenden esclavizar la verdad á la tiranía de los sentidos? Qué de sistemas absurdos, qué de hipótesis atrevidas y locas no ha producido esta manía, este nuevo frenesí en el estudio de la física ? Pero acaso puede desconocer el hombre su propio sér ? Puede ignorar que le fué comunicado este destello de la luz celestial para socorro de sus débiles y falaces sentidos ? O puede olvidar que su espíritu fué atado á la materia, y como aherrojado en medio de ella para que recibiese las ideas por medio de las sensaciones, y para que no pudiese percibir sin sentir , ni pensar sin haber sentido? Huyamos, amados compatriotas, de tan funestos, de tan locos estremos. Respetemos este vínculo con que la Omnipotencia , ennobleciendo nuestro sér, quiso distinguirnos entre todas las criaturas; este vínculo admirable, que al mismo tiempo que nos ata á vivir en medio de ellas , nos levanta á la

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