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Comoquiera que sea , ¿quién podrá conocer estas leyes sin el auxilio de la historia? Y dónde sino en ella se hallará una idea cabal de su espíritu y caracter? Si los profesores del Derecho no las estudian con este auxilio, ¿cuántos principios erróneos y funestos no podrán deducir de ellas? Ved aquí por que me he detenido mas particularmente en descubrir las relaciones que se hallan entre la historia y las leyes de aquellos tiempos. Pero otra razon mas urgente me hubiera obligado á hacerlo así. Nosotros veremos en la siguiente época de nuestra legislacion empeñados los príncipes en renovarlas , y á pesar de las mudanzas que padeció la constitución por las revoluciones que acaecieron , veremos tambien conservado hasta nuestros dias el respeto que estas leyes se habian conciliado desde su origen. . .

Con efecto, los tiempos que siguieron á la inundacion de los árabes vieron renacer la legislacion Visigoda , y con ella la antigua constitucion, que no perdió su forma sino muy'poco á poco. Para demostrar esta alteracion , me es forzoso seguir, aunque rápidamente, la historia de los tiempos que la produjeron , y descubrir en ellos la naturaleza y carácter de la nueva constitucion y de las nuevas leyes que obedeció la España durante un largo período de siglos.

Mientras los Godos y Españoles , hechos ya una nacion y un solo pueblo , gozaban de la proteccion de estas leyes que acabamos de describir, la eterna sabiduría que preside á la suerte de todos los imperios habia señalado en el reinado de Don Rodrigo el término á la dominacion de los Godos. El siglo VIII vió en sus primeros años el amago y el cumplimiento de esta revolucion. Los Arabes que habitaban la Mauritania, atraídos quizá por los Judíos, cuya suerte habian hecho demasiado dura en España las leyes conciliares, ó acaso llamados por los hijos de Witiza , que no pudiendo sufrir á otro sobre el trono de su padre, habian formado una conspiracion para destronar á Rodrigo , cayeron de repente sobre la España , é inundaron casi todas sus provincias , á guisa de un torrente impetuoso que destruye cuantos estorbos se oponen á su furia. Todo desapareció entonces bajolas huellas del pueblo conquistador: nacion, estado, religion, leyes, costumbres, todo hubiera perecido enteramente, si aquella misma Providencia que enviaba esta calamidad no hubiera preparado en los montes de Asturias un asilo á las reliquias del antiguo imperio de los Godos.

Estas reliquias, reunidas bajo la proteccion del cielo y la conducta del invencible Don Peiayo, no solo detuvieron por aquella parte la irrupcion, sino que ayudaron al establecimiento de un nuevo imperio , destinado á reparar las pérdidas del antiguo, y aun á llevar mas adelante su gloria y esplendor. Con efecto, Don Peiayo, cuyas heróicas virtudes premió el cielo con altos y señalados beneficios , echó en Asturias los fundamentos del nuevo trono. Ocupóle por espacio de veinte años, y en ellos logró fijar la suerte de aquella pequeña nacion, acogida á su sombra , para que no volviese á temer jamás las cadenas que le preparaba el Sarraceno. Don Alfonso el Católico, su yerno, y su nieto Don Fruela, agregaron al nuevo reino de Asturias la mayor parte de Galiciay Vizcaya,y aun de Portugal y Castilla. Don Alfonso el Casto, biznieto, llevó sus victoriosas banderas hasta las orillas del Tajo , y en un reinado de medio siglo , en que brillaron igualmente la gloria de sus armas y la sabiduría de su gobierno , logró restituir la antigua constitucion á su esplendor primitivo.

Con efecto, este habia sido el principal designio de sus predecesores. Pero parece que la Providencia detuvo de propósito á Don Alonso sobre el trono para que le llevase al cabo. Desde su tiempo vemos consolidada una forma de gobierno del todo semejante á la constitucion visigoda: los empleos y oficios de la corte y del Palacio se distribuyen , y el ceremonial y la etiqueta se arreglan segun la norma de la corte antigua : la gerarquía civil se establece á semejanza de la de los Godos: se divide en condados el pais reconquistado, y se fian á cada conde la jurisdiccion y defensa de su distrito.

Renuévase el uso de aquellas asambleas, que eran á un mismo tiempo córtes y concilios , y en ellas los grandes y preladosarreglau los negocios delEstadoy dela iglesia. Finalmente, restitúyese su autoridad á las leyes godas , conocidas desde estos tiempos con el nombre de Fuero de los Jueces , y se gobiernan segun ellas los negocios públicos y privados, en cuanto permiten las circunstancias de aquella época.

Desde entonces todos los lugares que se iban agregando á la corona de Leon , recibian para su gobierno las leyes godas: leyes que aun en tiempos mas recientes se dieron tambien á muchos lugares de la corona de Castilla. Y este es un claro é irrefragable testimonio del respeto que se adquirieron entre nosotros desde el principio de la restauracion.

Como quiera que sea , lo dicho hasta aquí demuestra que los primeros reyes de Asturias pensaron seriamente en restablecer la constitucion Visigoda. Pero este designio era en aquel tiempo casi impracticable: una constitucion perfeccionada en el espacio de dos siglos, y cuyo objeto era conservar un imperio estendido, mantener un gobierno pacifico , y reunir dos pueblos diferentes, no podia acomodar al nuevo estado ; esto es, á un estado pequeño, vacilante, rodeado de poderosos enemigos , falto de fuerzas y recursos, y donde la poblacion y la defensa nacional debian formar su principal objeto.

Esto se conoció muy bien cuando los Castellanos empezaron á sentir la fuerza de los Moros de Leon , y cuando, sacudiendo el yugo que los oprimía , empezaron á reconocer á sus condes, como á soberanos independientes; asegurando por este medio su libertad misma. Este suceso por mas que fuese una consecuencia natural del estado mismo de las cosas, debia causar y causó con efecto una considerable alteracion en el antiguo sistema de Gobierno. Por eso vemos despues consolidarse poco á poco otra constitucion notablemente diversa de la antigua, y cuyo principio merece tambien de nuestra parte algun exámen por la influencia que tuvo en las leyes que nacieron de ella. ¡Ojalá que á mi pluma le fuera dada aquella feliz energía que sabe pintar de un rasgo las ideas mas complicadas, para poder descubrir sin molestaros la esencia de esta constitucion y los progresos por donde fué pasando desde su principio hasta su complemento!

A los reyes de Asturias, que empezaron á recobrar del Sarraceno los pueblos invadidos , no les era tan fácil mantenerlos como conquistarlos. Don Alfonso el Católico estendió tanto su dominacion , que le fué necesario abandonar una parte de sus conquistas , por no aventurarlas todas. Poco á poco se fueron estableciendo presidios en algunos pueblos, en otros se capituló con los Moros y antiguos habitantes establecidos en ellos , y los demas quedaron abandonados á la fidelidad de los pocos españoles que habia preservado del estrago el mismo interés del vencedor.

Pero cuando la victoria habia afirmado ya los fundamentos del trono de Leon ; cuando acudieron de todas partes españoles y estranjeros á vivir á su sombra , y á tener alguna parte en la fatiga y en el premio de las nuevas conquistas: entonces solo se pensó en repartir las tierras ocupadas, y establecer en ellas nuevas poblaciones. Los grandes y señores de la corte, los nobles , los caballeros , los estranjeros y voluntarios que asistían á los reyes en la guerra , obtenían de ellos lugares y términos , sin mas cargo que el de poblarlos y el de concurrir con sus personas y las de los nuevos vecinos á la defensa del estado. Los príncipes, cuya liberalidad hallaba abundante materia para estos dones , á nadie dejaban descontento. Su piedad y celo por la religion estendió tambien á las iglesias y monasterios los efectos de su munificencia. De tan remoto origen se derivan las grandes riquezas que hoy admiramos en muchos monasterios de antigua fundacion. En fm , los reyes despues de haber recompensado á los compañeros de sus victorias, reservaban muchos pueblos para su propio patrimonio , y deja« han á otros la facultad de vivir libres de obligaciones y servicios , ó de elegir el dueño y protector que les pluguiese.

De aquí nació aquella obligacion casi fendal que descubrimos en la historia de estos primeros tiempos. Los repartimientos de tierras y lugares eran de parte de los príncipes mas que un don , una paga de los servicios de sus vasallos. Un ejército compuesto de hombres libres pedia con justicia en recompensa de sus fatigas una porcion del terreno sobre que habian derramado su sudor y su sangre. Los condes de Castilla tuvieron mayor necesidad de seguir esta máxima; por lo mismo que habian fundado sobre ella su independencia. Foresto lavemos uniformemente seguida desde los tiempos mas remotos , y por esto debemos mirar á los nobles castellanos como á los primeros qne aseguraron los privilegios, libertades y franquicias que concedió la constitucion á su clase.

Seria cosa demasiado prolija indagar toda la estension de estas mercedes reales, asi en cnanto á su esencia, como en cuanto á su duracion. Pudieron al principio ser vitalicias; pudieron tener algunas restricciones , pero tardaron poco en ser abso. lulas y perpetuas. Los señores , no solo poseian el suelo, sino tambien la jurisdiccion, los tribuios, los servicios y los demas derechos dominicales de las tierras repartidas, y sus habitadores. Parece que los príncipes se habian visto forzados á partir su soberanía con los que les ayudaban á estenderla. Los mismos señores particulares, las iglesias y monasterios subdivi, «iian tambien su propiedad , y repartiéndola en menores porciones, criaban vasallos que los asistiesen en las guerras comunes y privadas. Tal vez estos vasallos se erigían en señores , repartiendo á otros sus tierras , con el cargo de asistirlos en la guerra. Tal era la condicion de aquellos tiempos , que nunca se separaba el derecho de poseer de la obligacion de militar. De aquí nació aquella multitud de clases subordinadas unas á otras , y todas al monarca; de aquí aquella diferencia de señoríos, realengos, solariegos , abadengos y de behetría; de aquí, en fin , aquella diferencia de estados , ricos.omes, hi, jos.dalgo , infanzones , señores , deviseros , caballeros , vasallos , subvasallos , y otros muchos, que todos dicen relacion á un mismo tiempo al derecho de poseer y á la obligacion de servir y militar: relacion que solo puede enseñar el estudio de la historia y de las leyes , y para cuya comprension apenas son bastantes las mayores tareas.

La legislacion siguió siempre lo.s progresos de este sistema de poblacion y defensa , que fomentaba la constitucion , y era en todo conforme á ella. Dejemos á un lado las leyes que obedeció el reino de Leon, y se habian desviado menos de la constitucion visigoda, cuyas huellas siguieron mas de cerca los Leoneses , y hablemos solo de la legislacion de Castilla. Yo la encuentro en un código , cuyo origen se pierde en la oscuridad de los primeros tiempos de la restauracion. En él estan señaladas las obligaciones y derechos de las clases altas , y los cargos y deberes de las inferiores; en él se halla una coleccion de fazañas , albedríos , fueros y buenos usos , que no son otra cosa que el derecho no escrito, ó consuetudinario , por que se habian regido los Castellanos cuando se iba consolidando su constitucion; en él, en fin , están depositados los principios fundamentales de esta constitucion, y Je la legislacion que debia mantenerla. No debo advertir que hablo del Fuero viejo de Castilla: tesoro escondido hasta nuestros tiempos, mirado

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