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la furia , el livor , la tirria
con que el bueno de Antioro
tragóla bufia maldita?
Pero por fin , reparado
de su vergüenza, á la liza
vuelve, diciendo al endriago
estas dulces palabritas:
«'Ya, ya conozco, espantajo,
tus mágicas arterías,
y estoy bien seguro de ellas
por la estafeta Mambrina;
mas no te valdrán por cierto ,
pues juro á la charca estigia
de no rizarme los tufos
en mas de cuarenta días ,
hasta poner fin y postre
á tu duendesca estantigua.»
Dijo, y ya iba el lanzon
á alzar , cuando una neblina
( que no sé. de dónde diablos
bajó) robó de su vista
el burro , el flebotomiano ,.
la guitarra y la bacía;
y en su lugar , oh portento!
quedó un ciego romancista
con su garrote , su perro ,
lazarillo y sinfonía.
Válame Dios, y qué burla
tan pesada y tan rolliza!
Viste alguna vez chasqueado
por la astucia peregrina
de Pepe Hillo un torazo
deGijon, cuátlas sortijas
del negro testud encrespa ,
brama , bufa , y con la vista
torva al débil enemigo,
impropera y desafia?
Pues así, ni mas ni menos ,

Antioro, ardiendo en ira, y echando trinos y tacos, por la estrada corre y brinca como un sandio, y al trasgiielo quiere engullir con la vista. Inpertérrito entretanto el ciego á la sinfonía, cantaba la horrenda rota de las huestes cisalpinas , y el lazarillo hacia el son con su vara y sortijillas. De tan desigual combate bien quisiera la indecisa suerte evitar Antioro, ó que una bruja maldita, súbito le trastrocase en Beréber de Numidia , en Hebrea Toledana, ó en Orate de Chinchilla; mas reparóse,, y membrando de corazon la alta estima de su nombre , el juramento que jurara , y la rechifla de todo el género humano; pues nada, dijo , me auxilian, . ni el valor, ni tan tremendas armas contra una estantigua, mágicamente endiablada, venza otro encanto sus iras , que industrias contra finezas, dijo una pluma erudita; y al punto arrojó la lanza tan veloz , que por la limpia region del aire crujiendo , fué á dar á la puerta misma tle la tienda de Copin , donde hasta hoy se divisa profundamente clavada,

y aun hay quien diz que se cimbra.

Ahora las habrá conmigo,

dijo entonce al sinfonista;

y qué hace ?... Quién lo creyera!

Toma, y coge... Oh maravilla!

el prólogo del Teatro

con toda su ortografía

preñada de HH y XX

de tal temple y con tan finas

puntas armadas, que un muro

de diamante herir podrían:

añadióle por contera

la advertencia de Xaira,

las obras sueltas, el pedo

dispersador (53), y una ristra

de romanzones heróicos

y jácaras, embutidas

con desvergüenzas tamañas

como el puño. A tan dañina

metralla , qué hombre , qué ángel,

qué dios resistir podria 1

y porque á ningun ensalmo

se doblase, la exorciza,

leyendo en alto el romance

de las playas de Numidia,

con sus horrendos conjuros

y sus nombres de paulina.

Conoció el riesgo el gigante,

y la mortal batería

temiendo , vuelve á su forma ,

y se presenta á la liza.

Empero viendo la rabia

con que hácia él se movía

su fiero rival, turbóse,

y con voz interrumpida ,

puesto en cuclillas el burro ,

y él de hinojos encima:

«Bravo campeon , le dijo ,

en vano la industria mia contra tu invencible diestra se movió, cuando aturdidas no quieren venir las hadas á darme ayuda: en tal cuita duélete por Dios, y triunfa de mí, y mis hechicerías, que yo juro de no ser á tu pesar Helenista , ni Volterista, ni brujo en los dias de mi vida.» Qué corazon tan guijarro , qué alma tan diamantina á tan modesta plegaria no envainara su ojeriza! Pero al contrario Antioro, regoldando nuevas iras, y con voz aun mas tremenda que la del trueno, decia: . « No , juro á Dios , no me duelo de tu susto ni tus cuitas, follon , y haz cuenta que ya te cayó la lotería.» Viendo por fin que al combate se preparaba su ruina temió Polifemo, y para evitarla , con gran prisa dió de varazos al burro , y acá y acullá la brida moviendo, pensó burlarse de la cólera huertina; pero Antioro , echando rayos por la boca y por la vista , le enderezó su metralla con tal tino y con tal dicha , que en la frente del gigante encajó una octava rima enredada entre dos ////,

y la X de Xaiira

con que le estrelló , y dejóle

tuerto por toda su vida.

Desconcertado, sin pulsos,

sin voz, y al golpe rendida

su fuerza, y las de sus magos ,

sobre la arena batida

cayó de su burro el triste

Polifemo, y con su ruina

acreditó al orbe entero,

que no hay ni en las hondas simas

del averno , ni en la tierra

ni en el cielo , tan divina

pujanza , que á la pujanza

de Antíoro no se rinda.

Jácara en miniatura á D. fícente García de la Huerta.

Desde este desvan
ó caramanchon,"
donde una gran vida
papándome estoy,
veo cuanto pasa ,
señor D. Simon ,
por toda la tierra
medida alredor.
De Lima á Madrid ,
de Roma al Mogol,
no hay corte , villorrio,
cabaña ó rincon ,
do no se haya entrado
do hoz y de coz
la envidia, y metido
su jurisdiccion.
Qué estragos no causa!
Qué desolacion!
Soy duende y con todo
me lleno de horror.

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